Porno, sexo y feminismo Cuerpos, Opinión

La atención que el feminismo presta a la sexualidad y al deseo no ha sido siempre de la misma intensidad durante los últimos cuarenta años y, a juzgar por el interés que el tema despierta hoy en día, parece que hay ganas y necesidad de que hablemos bastante más de ello.

Clara Serra Sánchez

 

Ilustración de mujeres performando el papel de domina

 

“El problema que plantea el porno reside en el modo

en el que golpea el ángulo muerto de la razón”.

Virginie Despentes, Teoría King Kong

 

El pasado 31 de mayo La Morada de Madrid, sede cultural de Podemos, organizó el debate “Sexo, porno y feminismo” invitando a mi compañera Beatriz Gimeno, a la actriz porno Amarna Miller y a mí misma a charlar sobre el asunto. Dos horas antes de la charla ya había gente en La Morada y a las siete, hora del comienzo, tuvimos que pedir disculpas a las muchas decenas de personas que no pudieron entrar por falta de aforo. El debate sobre la pornografía ha ocupado a las feministas desde los años 80 y desde entonces se han dedicado kilos de páginas a pensar sobre ello.

Desde mi propia experiencia como feminista diría que me han faltado referentes feministas dedicados a abordar este problema, y no tanto en el mundo militante y activista, sino sobre todo en el ámbito del feminismo académico. Siempre me ha parecido que el deseo y sus vericuetos, especialmente el deseo constituido en un mundo de relaciones de poder patriarcales, era una excelente ocasión para considerar algunas de las problemáticas principales que la Academia debe pensar en la época contemporánea. Cuando se revisan autores de la filosofía de las últimas décadas que se hayan dedicado a pensar el deseo una se encuentra fundamentalmente con nombres masculinos, como de costumbre. Y no es que Deleuze o Derrida no sean o puedan ser feministas, pero creo que el patriarcado en toda su crudeza es el más difícil de todos los contextos –y por ello el más interesante– para pensar bien en el deseo y en toda la problemática política que el deseo comporta. Y esa crudeza la he encontrado más en la literatura erótica o en Teoría King Kong que en los ensayos canónicos.

Virginie Despentes escribía en Teoría King Kong: “La fantasía de la violación existe. La fantasía sexual. […] La idea de ser entregada, forzada, obligada era una fascinación mórbida para la niña que yo era entonces. Después esas fantasías me acompañan. Estoy segura de que son muchas las mujeres que prefieren masturbarse fingiendo que eso no les interesa, antes de saber lo que les excita. No todas somos iguales, pero no soy la única. Esas fantasías de violación, de ser tomada por la fuerza, en condiciones más o menos brutales, que yo declino a lo largo de mi vida masturbatoria, no me vienen out of the blue: “Se trata de un dispositivo cultural omnipresente y preciso, que predestina la sexualidad de las mujeres a gozar de su propia impotencia”. Esta no es una mirada acrítica sobre la pornografía y sus imaginarios, sino todo lo contrario. Estas páginas se han escrito con la voluntad decidida de pensar hasta el final y en toda su dificultad las contradicciones que nos encontramos cuando nos asomamos a la construcción del deseo en condiciones patriarcales. Una dificultad que se elude cada vez que consideramos que la pornografía no tiene nada que ver con el deseo femenino, que el porno es para hombres y que a las mujeres no nos gusta el sexo con humillación y violencia. Si eso fuera así, el problema sería bastante más sencillo, pero me temo que eso es nada más que esquivar acríticamente la dificultad del asunto.

Virginie Despentes lo aborda de lleno. Ella sabe que sus deseos, nuestros deseos, –y no los de todas las mujeres del mismo modo–, son resultado de los dispositivos patriarcales que han troquelado nuestra identidad. Lo dice una autora que unas páginas antes ha contado su propia violación como la experiencia más desgarradora y destructiva de su vida, lo dice una que ha vivido en sus propias carnes la bestialidad de la sexualidad patriarcal. Y, sin embargo, justamente desde la plena consciencia de que el patriarcado nos configura, se enfrenta al problema del porno, de la sexualidad y del deseo, con la convicción de que la solución no pasa por decretar, proponer o querer otros deseos para las mujeres que acaso pudieran disfrutar con la pornografía.

Una postura crítica con el porno no es la que afirma que el porno es indeseable e indeseado por las mujeres. Quizás nos quedaríamos más tranquilas con nosotras mismas diciendo que no nos gusta el porno, que ninguna mujer disfruta con ello y menos aun una feminista. Pero yo no llamaría a eso un enfoque crítico del problema. En realidad me parece enormemente ingenuo suponer que hemos sido inmunes al patriarcado y a su poder de configurar nuestra sexualidad, que los roles patriarcales nos han resbalado por una piel impermeable y que la sexualidad masculina nos violenta cuando vemos pornografía, pero nos violenta desde fuera, porque nunca nos ha calado dentro. Nos quedaríamos más tranquilas suponiendo que la violencia y la humillación forman parte de lo que los hombres de la industria pornográfica hacen para ellos mismos, para los hombres, y que más allá del porno, las mujeres no queremos un sexo donde aparezca violencia, dominación, humillación o donde seamos objetos.

El problema es que el deseo es ese punto ciego de la razón que siempre se encuentra constituido y moldeado por las relaciones de poder que preceden a los sujetos. El liberalismo construyó su proyecto teórico sobre la premisa de un sujeto hiperracional que se autoconstituye con plena transparencia y voluntad soberana. Pero frente a esa pretensión liberal y masculina, la filosofía contemporánea vino a recordar que los sujetos, todos ellos, están constituidos por mecanismos ajenos a su decisión y su voluntad y que ninguna teoría política que obviara este escollo sería un proyecto verosímil. En esa crítica a la Modernidad han sido fundamentales la crítica feminista y los y las teóricas del deseo, que, empezando por Freud, nos obligaron a pensar que hay lugares oscuros e inaccesibles que no pueden ser racionalmente edificados. El deseo es juntamente eso que no se decide y que, si se decide, se arruina por el camino. Para nosotras las feministas esto se plantea especialmente problemático, puesto que sabemos que esas relaciones de poder que imperan en el mundo son patriarcales y, por tanto, nos vemos en la aporía de reconocernos a nosotras mismas construidas por “el enemigo”.

La pregunta se plantea, entonces, a partir de esta consciencia, la de saber que no nos hacemos a nosotras mismas, que no elegimos nuestros deseos. Si ninguna de nosotras, tampoco nosotras, las feministas, podemos decidir qué deseamos ¿cuál sería, estando en esta encrucijada, una propuesta emancipatoria?

A veces vemos una salida del túnel cuando nos fijamos en las prácticas sexuales no normativas. Cuando decimos vale a que haya humillación, sadomasoquismo y violencia consensuada, pero siempre y cuando se haga rompiendo la normatividad, por ejemplo la heteronormatividad. Aceptamos las prácticas sexuales perversas, la escenificación de los roles de poder, solamente si son sujetos no normativos quienes las practican, si son sujetos marginales. La escena que nos provocaría rechazo en el caso de estar protagonizada por una mujer heterosexual en una película porno mainstream, nos resulta subversiva si la protagoniza una mujer trans, un cuerpo fuera de los cánones de belleza o una persona con diversidad funcional. No nos negamos a que exista humillación o dominación en el postporno porque le exigimos que sea revolucionario, que lleve lo marginal a escena y visibilice a los sujetos que Butler llama “abyectos”.

Creo que esta tarea, la de introducir la pluralidad, es fundamental para combatir una industria pornográfica hecha por hombres que tiende a homogeneizar los contenidos y deja de mostrar fantasías posibles. Multiplicar los contenidos de la pornografía es imprescindible para poder dar la oportunidad a todas las personas de ver representados sus deseos y para poder mirar críticamente a una industria monopolizada por hombres blancos heterosexuales al mando de uno de los negocios más lucrativos del mundo. Una de las tareas es la de pensar cómo hacer posibles las condiciones materiales en las que se puedan multiplicar los sujetos que hacen porno y, por tanto, los contenidos pornográficos, para que exista porno hecho por y para todas.

Ahora bien, reconociendo que la defensa de la pluralidad en la pornografía es una tarea feminista, creo que es importante decir que no lo es ninguna distinción entre un porno mainstream y un porno “feminista”. No estoy de acuerdo con la defensa de un porno que sería de suyo subversivo, ni siquiera con la exigencia a la pornografía de que para tener nuestro consentimiento tenga que llevar a cabo una intervención política. Y esta es una de las paradojas en las que cae el postporno, que es un discurso político más que interesante para reflexionar, pero es algo radicalmente diferente a la pornografía, ya sea en su formato audiovisual, escrita o dibujada. Si la pornografía excita lo hace porque apela a ese lugar oscuro que está previamente construido y que no puede ser explicitado. Dice Despentes que “el problema que plantea el porno reside en el modo en el que golpea el ángulo muerto de la razón. Se dirige directamente al centro de las fantasías, sin pasar por la palabra ni por la reflexión. Primero no empapamos o mojamos, después nos preguntamos por qué”. Un postporno que pretenda autogestionar nuestros deseos se verá irremediablemente conducido a la imposibilidad de activar nuestros deseos. Sin duda, es un discurso político y, como tal, puede ser un discurso subversivo. Pero siempre me acaba pareciendo algo más parecido a una instalación de un museo de arte contemporáneo –con lo minoritario y culturalmente elitista que puede ser eso– que a algo capaz de excitarnos. Porque creo que no hay deseo autoconstituido, creo que no hay una sexualidad autogestionada y desconfío de una concepción extremadamente racionalista y liberal que late en la voluntad de decidir políticamente sobre nuestros deseos.

Por eso, porque creo que el discurso político sobre el porno –incluyendo el postporno– no es porno, tendría mucho cuidado con hacer una distinción por la cual las feministas debemos impugnar el porno y quedarnos con el postporno. Básicamente porque me parece que eso es quedarnos sin pornografía. Y hay algo políticamente subversivo en el placer y la afirmación del deseo femenino que podría quedar arruinado por el camino.

Hace falta pornografía plural, para todos los sujetos y todos sus deseos, pero dentro de esa pluralidad deben estar también representados los deseos de las mujeres heterosexuales que disfruten siendo objetos en una relación sexual, los deseos de las mujeres que sean masoquistas o los de las mujeres que tengan como fantasía ser compartida por varios hombres. No creo que sea una vía emancipatoria ni feminista aquella que condene los deseos de tantas mujeres configuradas en coordenadas patriarcales. No veo que la vía de solución pueda ser la de tratar de disfrutar con un postporno que no interacciona con el deseo realmente existente. No entiendo que todas las mujeres tengan que esforzarse –en vano- por disfrutar con pornografía que da carta blanca a las perversiones sexuales siempre y cuando no sean heterosexuales o no sean coitocéntricas.

Creo que haríamos un pésimo negocio feminista apuntalando uno de los pilares del régimen patriarcal, que es la autocensura y la culpabilidad de las mujeres con respecto a su sexualidad activa. Cuando defendemos la libertad sexual de las mujeres lo hacemos en guerra contra un sistema patriarcal que siempre y en toda sociedad ha tratado de censurar, impedir o mutilar el placer femenino, que ha arrancado los genitales, ha santificado la virginidad y ha perseguido la promiscuidad femenina como enemigos del mantenimiento del orden. En el disfrute sexual individual de cada una de las mujeres, el de las mujeres lesbianas y las mujeres trans, el de las que desean sodomizar en vez de ser sodomizadas pero también en el disfrute de las mujeres que sí disfrutan dentro de su papel de objeto, hay una sacudida brutal de las relaciones de poder. En la libertad sexual de cada una de nosotras hay un significado político colectivo. Hay, por tanto, una tarea feminista, la de ser las mujeres, todas y cada una de nosotras, construidas todas por el poder y sus normas, sujetos activos que afirman su placer y lo defienden. Pensemos el porno dentro de esa tarea. Cambiemos el mundo y sus relaciones, combatamos el monopolio masculino y hagámosle la guerra al patriarcado en todos sus frentes –también en el del monopolio de una industria–, pero no renunciemos por el camino a nuestro placer sexual, no paguemos ese precio, no sacrifiquemos nuestras fantasías en nombre del feminismo, no nos sintamos culpables por nuestros deseos. Afirmemos que somos sujetos, también sujetos sexuales. Digamos al patriarcado lo que nunca ha querido oír, que a pesar de vivir aun bajo sus reglas y sus normas podemos, no obstante, ser dueñas de nuestro placer. No seamos aliadas del orden en la impugnación de nuestro deseo, seamos aliadas de nuestros deseos contra el orden.

Porno, sexo y feminismo
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Revista que ofrece periodismo y opinión con un enfoque crítico, feminista, transgresor y disfrutón.

Comentarios recientes

  1. VVVVV

    Me has dejado sin habla. No he entendido nada. Primero hablas de humillación , luego de porno para todos y todas…ni sé, no sé. En lo que respecta a mujeres hay muchas esclavizadas por un mundo excesivamente machista y no creo que el porno para todos ayude a liberarlas

  2. Prado

    Sí, te faltan lecturas. Para saber ” lo que les gusta a las mujeres” deberías de leer y estudiar todo lo que ha publicado Shere Hite. Entre otras. No te empeñes: puedo tener todas las fantasías: pero no la de la violacion.No la de la humillación y violencia.En un mundo donde tantas son violadas y asesinadas deberías de documentarte en serio antes de hacer esas afirmaciones. Que alguien lo desee, no te lleva a generalizar. Hay q trabajar con rigor antes de empezar a “vocear” que ese e un deseo generalizado en las mujeres.

    1. Alicia

      En ningún momento ha dicho que todas las mujeres tengamos la fantasía sexual de ser violadas. Habla de un caso en particular y de muchos otros casos (en los que me incluyo) en los que esa fantasía se ha vuelto normal en nuestras cabezas por la influencia patriarcal. Igual que hay muchas mujeres que no fantasean con esto, hay otras muchas que sí.

  3. YO

    No creo que sacrifiquemos nuestros deseos sexuales denunciando una industria que no sólo promociona un imaginario irreal del prototipo de mujer deseada (el porno educa a miles de adolecentes a querer mujeres con estándares físicos concretos, lo que lleva a muchas mujeres a querer cambiar su cuerpo), sino que esconde un mundo lleno de abusos laborales, trata, etc., como vimos recientemente con el caso Torbe. Hay excepciones, en ambos casos, pero la realidad es que es una industria que nació creada para el hombre y esa sigue siendo la norma. No entiendo como vamos a luchar contra el patriarcado aceptando que hemos sido “configuradas en coordenadas patriarcales” y dejando que la mercantilización y cosificación de nuestros cuerpos siga el camino que nos han establecido. Alda Facio decía que la prostitución es una de las formas más globalizadas y aceptadas de violencia contra las mujeres, aunque muchas feministas piensen que puede haber otro tipo de prostitución (lo extiendo al porno) aceptable. Y sí, el deseo es irracional y no debemos sentirnos culpables por desear ser humilladas o dominadas, pero eso no tiene por qué provenir de un estímulo visual y digital, la fantasía no debería sólo estar ligada a una pantalla.

  4. Teresa

    Clara, no logro entenderte. Dices que estamos configuradas por el sistema patriarcal y luego que no debemos reprimir nuestros deseos configurados en este contexto. Para mi tener deseos no tiene porqué ser llevados a la práctica, cuándo éstos pueden ser delitos. También me lleva a pensar por ejemplo en la esclavitud. Según tu relato algunas personas podían tener placer en el hecho de ser esclavas puesto que nacieron y se configuraron como personas dentro de un sistema de esclavitud.¿tratar de abolir la esclavitud era cercenar el deseo construido dentro de este sistema?
    No entiendo para nada tu reflexión, es aceptar nuestro deseo como mujeres que nos ha inculcado el sistema patriarcal. Aceptemos y disfrutemos de ello.

  5. Ignacio Calvo

    Quizá aclare algo el artículo de Clara en eldiario.es (http://www.eldiario.es/tribunaabierta/gusta-zorra-feminista_6_564553574.html), en donde explica que (según ciertas investigaciones) los deseos, una vez establecidos no pueden cambiarse. Si esto es cierto, reprimirlos sólo conduce a frustraciones, y de ahí vendría la defensa del deseo aunque éste haya sido diseñado por el patriarcado; lo cual no quita para que intentemos que en un futuro los deseos no sean diseñados de tal modo. DISCLAIMER: todo esto no son mis opiniones, sólo quería aportar informacion extra al debate.

  6. ALGUIEN

    No entiendo muy bien , dices que la fantasía sexual de ser entregada y forzada , es producto de vivir en una sociedad patrialcal?, es decir , si no viviéramos en una sociedad patriarcal dices que esas fantasías (Que las tienen algunas mujeres , no digo que todas) no las tendrían?. Me resulta un tema muy interesante , dado que como feminista también me genera a veces una cierta contradicción las ideas que se defienden de igualdad con respecto al deseo y las fantasías sexuales de las mujeres. Sin embargo no entiendo muy bien , si estás defendiendo que las mujeres feministas no tienen que evitar sus deseos sexuales aunque les pueda parecer que éstos chocan con su lucha contra el mundo patrialcal (entendiendo que estos deseos son naturales ) , o bien, si dices que pese a que no hay que evitarlos no son naturales sino producto de una sociedad pratrialcal.

    1. ALGUIEN

      EL comentario de Ignacio me ha resuelto la duda. Y con ello entiendo que , según tu postura , esto conllevaría a pensar que los deseos se construyen (o diseñan ) en gran proporción a partir del entorno , de nuestra sociedad. Yo acepto que nos vemos muy condicionados por la sociedad , pero creo que esos deseos no dependen totalmente de ella , y que en gran parte dependen únicamente de nosotros mismos.

      1. Marco del Campo

        Cierto, no depende todo de lo social o de la cultura. La fantasía de la violación, de ser entregada y forzada, tiene que ver con la naturaleza de los sexos. No es lo mismo penetrar que ser penetrado, ahí mismo ya hay algo de violencia. Normalmente, en el sexo hay un papel de dominio masculino.

      2. Marco del Campo

        De hecho, la debilidad femenina es un atractivo importante desde un punto de vista masculino.

      3. Marietta

        Y las fantasias ( en algunos casos, llevadas a la práctica) pedófilas?
        Deben las personas pedófilas vivir sus fantasias en libertad? No se trata de una líbido moldeada en el ser humano por una cultura castradora y patriarcal que busca su expresión en el abuso, en este caso, a un@ niñ@?

        1. Marco del Campo

          En cuanto a moral, hay un abismo entre la mera fantasía pedófila y la práctica, que supone un daño. En cuanto a lo que es ese tipo de deseo, no tiene nada que ver con lo patriarcal, puede ser resultado de adentrarse excesívamente en el componente de morbo que siempre tiene el sexo (como en cualquier parafilia), de una inmadurez sexual, o incluso de enfermedades de tipo nervioso u otras incapacitantes.

  7. Mar

    Lo que quiere decir Clara es simple visto desde la segunda tópica freudiana.
    El superyó está constituido por normas morales que censuran nuestro deseo, y nos habla desde el patriarcado más o menos así: “eres una puta por desear a los machos, la sexualidad solo te está permitida para la procreación”.
    Si sustituimos esta censura de nuestro deseo por otra norma moral rígida, esta vez feminista, el Superyó nos hablaría así: “eres una traidora a la causa por haberte excitado pensando en que un hombre te folla salvajemente.” Estoy de acuerdo con que esto sería un pésimo negocio tanto para el feminismo como para nuestra economía psíquica, ya que el Ello o deseo, siempre cabroncete e inadecuado, es el motor del psiquismo y la sal de la vida.

    1. Mar

      O dicho de otra manera: Freud le confesó a Marie Bonaparte que el deseo femenino se resistía al análisis. Es una auténtica caja negra que nadie, ni si quiera el patriarcado, ha conseguido nunca controlar, pues no en vano es la fuerza que da la vida al ser humano a través de la maternidad.
      Amarlo, protegerlo y cuidarlo es labor feminista.

    2. Marco del Campo

      Interesante, pero cuando hablas de esa normal moral del “patriarcado”, me parece que, como suele ocurrir, tomas ese concepto como un comodín opaco, sin ir más allá. No es “el patriarcado” quien dicta esa norma moral según la cual se censura la promiscuidad femenina frente a la masculina, sino que tal cosa tiene una base biológica en la diferencia de los sexos. Desde siempre, todas las sociedades han celebrado la fertilidad, porque es lo que hace perpetuar y crecer el colectivo ( de ahí el culto a diosas madres o al falo como símbolo en la antigua Roma, o la condena a la homosexualidad). Un solo hombre puede engendrar muchos hijos en poco tiempo. En cambio, una mujer solo uno cada 9 meses. Es esta gratuidad reproductiva lo que lleva a valorar de manera desigual la promiscuidad masculina y la femenina, a pesar de que no conduzca necesariamente a la reproducción, porque para el valor social basta con la potencialidad. Los promiscuos, los mujeriegos, los “machos alfa”, son lo que podrían reequilibrar una población mermada demográficamente por una guerra, por ejemplo. Además, por lo general, el varón se encuentra más predispuesto a tener sexo, mientras que las mujeres se guardan más, debido a que son ellas las que se quedan embarazadas y debido a unas hormonas en muy diferente proporción. Así, un hombre debe superar una barrera, y por eso es reconocido como un mérito. Todo esto lo sabe nuestro instinto, no tanto nuestra mente más racional, y por eso puede ocurrir que gente que critica en abstracto este tema como una muestra de mero machismo, cuando se encuentra con un caso real cercano, piense espontáneamente de muy otra manera.

      Por lo demás, en cuanto a la norma moral feminista que dice: “eres una traidora a la causa por haberte excitado pensando en que un hombre te folla salvajemente.”, son las cosas que ocurren en un movimiento que está plagado de mujeres muy poco femeninas, donde las lesbianas suelen ser la voz cantante y la fuente de la teoría.

  8. Mar

    Disiento en algunas cosas.
    No creo que las hormonas sean determinantes de ninguna conducta sexual, ni en un hombre ni en una mujer. Las mujeres somos menos promiscuas porque nos apegamos con mayor facilidad a una pareja sexual. Hasta las mujeres con un elevado número de parejas sexuales, como las prostitutas, solo tienen orgasmos con su novio.
    Y las feministas no solemos ser lesbianas. De hecho todo el artículo va de eso, de que nadie puede luchar contra su deseo. Si no nos pusieran los hombres, qué sentido tendría pensar sobre todo esto?

    1. Marco del Campo

      Pero Mar, precisamente esa diferencia de apego a una pareja tienen que ver con de la necesidad instintiva masculina de ir plantando la semilla. Es una estrategia biológica básica, y las hormonas por supuesto que intervienen, está demostrado su papel en el impulso sexual (de hecho se receta testosterona en medicina ante una falta de libido). No es que las mujeres seáis menos sexuales (diría que incluso todo lo contrario, no sé si has leido a Otto Weininger), sino que la sexualidad es diferente, más impulsiva en el hombre. Un hombre se excita muy fácilmente sólo con la vista, puede tener una erección solo viendo una mera foto. Esto es lo que hace que la pornografía sea de consumo mayoritario masculino, por ejemplo. En cambio, las mujeres entráis más en la excitación por cosas menos visuales, una fantasía, una situación, una lectura incluso, o cuando comenzáis a ser tocadas en el juego sexual. Y esto es así por un requisito básico de la naturaleza: para engendrar un hijo es necesaria esa excitación masculina previa y directa que haga posible la erección. De hecho solo es necesaria la excitación masculina.

      Respecto al lesbianismo en el feminismo, no me negarás que hay una proporción considerable. Muchas de las grandes teóricas del feminismo han sido lesbianas, o de una sexualidad ambigua: Adrienne Rich, Monique Wittig, Gayle Rubin, Judith Butler… Es perfectamente normal, porque gran parte de la condición lésbica se basa en un marcado carácter masculino, y quien no ha sentido la feminidad como algo propio es quien más ha podido sentir en cambio el peso de la normal social acerca de lo que se espera de una mujer y se ha rebelado contra ello, al tiempo que ha buscado una equiparación al hombre. Por eso suelen las lesbianas en el feminismo la parte más activa, las productoras de la teoría. El problema es que por eso mismo no pueden representar a todas las mujeres. En este caso concreto, por ejemplo, no entienden bien ciertos deseos genuinamente femeninos, como el de la fantasía de la violación, de ser forzada y “ser follada salvajemente” por un hombre, por ejemplo.

      1. Marco del Campo

        Quiero decir en la primera línea “…esa diferencia de apego a una pareja tiene que ver con la necesidad…” no sé por qué últimamente tengo bastantes errores tipográficos.

        1. Mar

          Ah, pues tampoco creo que las diferencias de apego tengan que ver con la necesidad.
          El apego es una característica de todos los mamíferos y a mayor grado de inteligencia y evolución de la especie, más desarrollada se tiene.

          1. Marco del Campo

            Ese fragmento de frase no es para tomarlo suelto, sino en la respuesta anterior sólo como corrección tipográfica, pero es interesante porque así conduce a otro tema. En realidad, todo lo fundamental en lo humano y en lo no humano tiene que ver con la necesidad. Porque nuestra esencia es el deseo, es el querer, es la voluntad, y no podemos dejar de hacer lo que queremos en cada instante.

  9. Marco del Campo

    Por cierto, y en relación al artículo, es cierto que últimamente se ve un esfuerzo feminista por centrar la práctica sexual donde intervenga una mujer en el sexo oral y reivindicar el clítoris como zona más sensible, con x terminaciones nerviosas… Este no es, por supuesto, un mensaje inocente, porque será perfecto para lesbianas y para impotentes, pero no para el deseo masculino, que se suele centrar en el coito y el pene. Lo que olvida esta visión del sexo simplista, reducida a la fisiología, a la sensibilidad orgánica, es que el sexo tiene lugar sobre todo en la mente, y que el deseo masculino de follar, de penetrar, incluso con algo de violencia, se corresponde con un deseo inverso femenino de ser follada y forzada, siempre que hablemos del juego sexual, del paréntesis consentido que el sexo supone dentro de la vida cotidiana.

    Por otra parte, cuando se habla de “un sistema patriarcal que siempre y en toda sociedad ha tratado de censurar, impedir o mutilar el placer femenino”, la autora incurre en una visión distorsionada de la realidad propia del feminismo, que es presentar siempre sólo a la mujer como la víctima de los sistemas sociales. No, es precisamente por la mayor tendencia natural masculina a la promiscuidad por lo que es el hombre quien se ve más perjudicado en la organización social, sobre todo a causa del matrimonio, que es la institución clave en la relación de los sexos.

  10. Mar

    El matrimonio no es machista ni hembrista, es una forma de garantizar los cuidados en la infancia. De hecho las sociedades monógamas son las más civilizadas y desarrolladas. El apego funciona a favor de la especie siempre.
    Pero sí es machista, y mucho, considerar que somos las mujeres las únicas guardianas de la moral sexual, y dejarnos a nosotras ese marrón amparándose en diferencias biológicas.
    Hay muchos hombres que no son promiscuos porque no quieren, o que se cansan de serlo e incluso que les aburre. Esos son para mí los hombres de verdad. A los otros les podemos llamar como quieras: inmaduros, Neardenthales, machirulado…Todos al final de sus vidas, cuando se mueren solos en la cama de un hospital se arrepienten de haber dado la espalda a los que tú consideras débiles y necesitados, sus mujeres y sus hijos

    1. Marco del Campo

      Me entiendes mal, de una manera extremista. Si sigues a Freud, deberías comprender fácilmente que mucho de lo bueno en la vida no se consigue sin un precio, por ejemplo, la civilización y la cultura a costa de reprimir instintos. Pues lo mismo con el matrimonio. No digo que sea ni machista ni hembrista. Por supuesto que el apego es bueno para la especie, nadie dice lo contrario, y los hombres también tenemos sentimientos que nos unen a una persona. Pero no se puede negar el conflicto interno de deseos y sentimientos que muchas veces sucede.

      Tampoco digo que tengáis que ser ningunas guardianas de nada, no me gusta hablar de lo que debe ser, sino de lo que es. Y lo que es, es que generalmente hay una menor promiscuidad femenina debido a las diferencias biológicas que ya han salido (y aquí incluyo la razón que dabas)

      Lo último te lo estás inventando No he dicho nada sobre una condición de “débiles y necesitados” de mujeres e hijos. Sí he mencionado un atractivo de la debilidad femenina, pero en el ámbito de la sexualidad. Se puede ver, por ejemplo, a una joven pareja de enamorados en la que ella está sentada en actitud cariñosa sobre las rodillas de él, como si fuese una niña. No veremos esta escena a la inversa. Ortega decía que la mujer es feliz sintiéndose débil. Esto me parece acertado dentro del ámbito sexual. Y qué le voy a hacer, no he creado yo lo que es la excitación sexual. Pero el caso es que ese deseo femenino de “ser follada salvajemente” al que tú misma aludías, se corresponde con uno inverso masculino. La dulzura, la suavidad de lo femenino es algo que nos atrae, que nos encanta, nos deleita, que admiramos incluso. Pero el sexo puede considerarse un paréntesis en la vida cotidiana, en el cual se produce una “trasmutación de valores” por la cual lo “malo” se convierte en “bueno” (por ejemplo, el ano, asociado a las heces, se hace deseable). Y en ese estado transitorio puede encontrarse placer precisamente en la violencia hacia lo delicado, en su degradación, su deformación.

      Pero todo eso no tiene mucho que ver con un “patriarcado”, sino más bien con nuestra propia naturaleza y con nuestros deseos, y cosas como las hormonas solo son un reflejo material del asunto. Penetrar ya es por sí solo un acto que divide en fuerte y débil. Hombres y mujeres somos como somos por nuestro propio deseo, porque el deseo es motor de la evolución.

  11. Dani

    “Virginie Despentes lo aborda de lleno. Ella sabe que sus deseos, nuestros deseos, –y no los de todas las mujeres del mismo modo–, son resultado de los dispositivos patriarcales que han troquelado nuestra identidad”.
    Bueno, esta es una pregunta que yo me he planteado en no pocas ocasiones. Ahora mismo, por ejemplo, no recuerdo ninguna amiga con la que haya hablado de sexo/amor y no me haya dicho: ‘me gustan un poco cabroncetes’. Entonces el tema es si este tipo de tíos gustan porque la mayoría del género masculino es así y entonces no queda más remedio que quererlos como son. O si simplemente ellas los prefieren así y punto, al margen de lo que haya ‘en el mercado’. No parece que tenga fácil respuesta, pero creo que sí conviene al menos cuestionarse el asunto.
    Una mujer con la que compartí varias noches de amor me dijo que una de las cosas que le gustaban en el sexo era sentirse utilizada. Yo no la utilizaba en el sentido de hacer que sólo me satisfaciera a mí o cosas por el estilo. Creo que sexo con ella fue genial por ambas partes. Pero sí me quedé con la impresión, al oír eso de sentirse utilizada, de que algo no iba del todo bien en su cabecita. En cambio me pareció sana e incluso graciosa la confesión de otra amante con la que estuve. Divertida porque se trata de una mujer con mucha iniciativa, con gran capacidad de organización y de mando y con las cosas claras. Pero me contó que en el sexo una cosa que le gusta es que la dijeran lo que tenía que hacer. Quizá en estas cosas a veces buscamos un poco el contrapunto. Como un chico o una chica tímida que a lo mejor una de sus fantasías es masturbarse en una sala llena de público, por ejemplo. Este tipo de historias sí las veo más libres y menos influenciadas por la cultura patriarcal. Con todo, creo que el sexo es un tema en el que es muy difícil atar cabos y sacar conclusiones claras. Sin embargo, una cosa de la que sí estoy convencido es que, si bien sexo y libertad deber ir unidos, en todo caso conviene poner ciertos límites que salvaguarden la dignidad humana.
    “En realidad me parece enormemente ingenuo suponer que hemos sido inmunes al patriarcado y a su poder de configurar nuestra sexualidad, que los roles patriarcales nos han resbalado por una piel impermeable y que la sexualidad masculina nos violenta cuando vemos pornografía, pero nos violenta desde fuera, porque nunca nos ha calado dentro”.
    Me parece que ya es hora de dejar de hablar de ‘sexualidad masculina’ y poner matices a las cosas. Una cosa es que se haya extendido histórica y socialmente un tipo de sexualidad masculina y otra que no sean posibles las alternativas. Referirse a ‘la sexualidad masculina’ no me parece acertado porque es como si cerrara puertas. El programa radiofónico de la UNED, por ejemplo, dedicó una emisión a la masculinidad en tiempos del imperio romano. Efectivamente, allí se sentaron o consolidaron las bases de lo que ha sido la sexualidad masculina predominante hasta hace dos días. El sexo como conquista. Un sistema jerárquico y cerrado en la asignación de roles a la hora de fornicar. Había prácticas consideradas casi crímenes, a menos que las realizara una mujer, un esclavo o un liberto (como ser la parte pasiva en el sexo anal o hacer felaciones). Creo que por ahí se explican varias de las cosas contra las que lucha el feminismo. Pero no nos dejemos llevar por la inercia. Demos cabida también en nuestro discurso a muchachos y hombres que no secundan la masculinidad del imperio romano. O, al menos, deslindar si hablamos de masculinidad estilo imperio romano u otras. La terminología es importante.
    “Porque creo que no hay deseo autoconstituido, creo que no hay una sexualidad autogestionada y desconfío de una concepción extremadamente racionalista y liberal que late en la voluntad de decidir políticamente sobre nuestros deseos”.
    A mí me pasa igual que a Lemmy Kilmister, el cantante de Mötorhead, que admiraba a las mujeres fuertes y valientes. No me dan miedo, como a otros tíos. Y eso, no sé en su caso pero en el mío sí, también tiene una traducción en el sexo: me ponen las chicas que toman la iniciativa, que se salen de los roles tradicionales, etc. Si eso no es auto-construir el deseo, ya me dirás tú. De hecho, creo que el deseo sí se puede moldear y en esto probablemente tenemos mucho que aprender de filosofías como el budismo. El deseo es un animal insaciable que puede consumirnos; debemos intentar emanciparnos de los deseos para ser libres, no unas simples marionetas en manos de nuestros propios instintos. Aquí mando yo, no mis instintos. Se pueden combinar filosofías orientales, pensamiento racional. Pensamiento racional: cuando uno desea a una persona, en realidad está deseando a la imagen que se tiene de la persona deseada, no a la persona en sí. En principio nos enamoramos y deseamos la representación mental que nos hacemos de esa persona. Luego ya iremos conociéndola y el deseo irá menguando. Tener esto en cuenta cuando nos sentimos irremediablemente atraídos por alguien hasta el punto de perder la cabeza, puede ayudarnos a controlar, por ejemplo, la dependencia emocional. En fin, se puede compaginar perfectamente lo carnal y lo espiritual, épocas en que uno ni mira a las chicas con las que se cruza por la calle y otras en las que está más caliente que el palo de un churrero. Y todo eso es un trabajo mental y de autoconstrucción. Tampoco vamos a esperar maravillas ni a pedirle peras al olmo, claro. Pero que se pueden modificar los canales de pensamiento, es algo que ha comprobado, por ejemplo, la neurociencia actual.

  12. Cristina

    La idea que trata de transmitir la autora con este artículo (y con el artículo que Ignacio Calvo ha referenciado de eldiario.es (muchas gracias! Todo ha quedado más claro), es, simplemente, que no se puede negar que la sociedad ha influido en la construcción de las fantasías sexuales en las que las relaciones de sumisión y poder son, en general, heteronormativas y en ejercicio de un poder del hombre sobre la mujer. Esto no significa que en la vida diaria una mujer que tenga fantasías en las que tiene un rol submisivo en la cama quiera ser dócil en todos los aspectos del trabajo, socialización, relación de pareja… Significa que el hecho de tener estas fantasías no te hace menos feminista, porque tratar de atacar el deseo sexual y refrenarlo es cargarse el deseo sexual por completo. El problema no es señalar al dedo que apunta hacia la luna; en vez de atacar la fantasía, debemos atacar la raíz de esa fantasía, la sociedad patriarcal, la heteronorma. El tema es complejo porque la excitación sexual ante ciertos estímulos y fantasías, que tiene un componente psicológico además de físico muy potente, se ha ido consolidando a lo largo del desarrollo de manera que los deseos son casi incorregibles. Por poner un ejemplo: la fantasía jefe-secretaria, profesor-alumna, desconocido atractivo que toca a desconocida, prácticas sexuales en las que el poder está en la otra persona…
    Por lo tanto se plantea un debate: ¿debería una feminista no tener tales fantasías, puesto que en ellas hay sumisión? Como las fantasías se han consolidado a lo largo de toda la vida, tratar de cambiarlas constituiría una autorepresión y el camino más rápido a la frustración y la represión de la propia sexualidad. Por lo tanto, una feminista puede tener ciertas fantasías sin sentirse menos feminista por ello, sabiendo que estas son fruto del patriarcado, considerando que al luchar contra este, las próximas generaciones tendrán otros tipos de fantasías; y en el caso de que el porno incluya además de hombres y mujeres heterosexuales mucha más diversidad de personajes, esto permitirá que esas relaciones de poder-sumisión ya no estén circunscritas y unidas a los géneros, sino que 1) represente a todos los colectivos “minoritarios”, de manera que se vean reflejados y también vean reflejadas sus fantasías no normativas y 2) permita que las relaciones poder-sumisión, al estar representadas por todo tipo de personas más allá de lo heteronormativo, se vean como tal, y no se unan expresamente a hombre dominante-mujer sumisa.
    Y por supuesto, tal y como he leído por los comentarios, no estoy nada de acuerdo con atribuir las fantasías a la “naturaleza” de los sexos. Son una combinación de la sociedad y de la personalidad de cada uno.

  13. Marco del Campo

    Respondo a Dani, pero vale también para contestar a Cristina:

    La razón de que les gusten “un poco cabroncetes” es que ese carácter de quien puede imponerse a los demás, de quien puede ser más agresivo defendiendo lo propio, de quien es más seguro de sí mismo, es un carácter más adaptado a la vida, y puede ser trasmitido a la descendencia. La naturaleza no pone nada en nosotros gratuitamente: el placer sexual está relacionado con la reproducción. La vida busca perpetuarse, eso es lo que hay detrás de todo.

    Esa sexualidad masculina a la que te refieres no es ni por asomo un invento del imperio romano. Nuestros deseos más íntimos, nuestros instintos, no son algo que dependa de inventos culturales, no pueden ser algo sometido al capricho cambiante de las ideas sociales, que hoy pueden ser unas y en el futuro otras, precisamente porque tienen que ver con aspectos básicos de la vida, con su perpetuación. Los chimpancés machos violan. La testosterona interviene en el impulso sexual, en el deseo de dominio, en la mayor actividad. De hecho, es probable que la menor fuerza física que las mujeres tienen de media, sea justamente la que le permite a un hombre violarla. La debilidad femenina, su suavidad, su dulzura, su delicadeza, es uno de los principales atractivos, como ya he dicho. Y es la evolución la que ha ido formando las todas esas cualidades relativas del sexo femenino, por selección natural, conforme a las preferencias masculinas. El pene es la “materialización” del deseo de penetrar, y penetrar es ya tomar una parte más activa y más agresiva que ser penetrado. Por lo tanto, no es algo que dependa de la sociedad o la cultura.

    No hay deseo autoconstituido o sexualidad “autogestionada”, uno no puede decidir cuáles son sus deseos, estoy de acuerdo. Yo no puedo decidir que me gusten los hombres de 80 años o los lagartos. Pero eso tampoco significa que seamos marionetas determinados por la cultura (“patriarcal” en este caso). El sexo está relacionado, repito, biológicamente con la perpetuación de la especie, pero es una fuerza irracional desbordante (precisamente porque solo así la naturaleza ha podido garantizar su funcionamiento), y susceptible de canalizarse a otras vias. Si a tí te ponen las fuertes y activas, puede ser porque en el sexo hay un fuerte componente de morbo, de transgresión, que puede encontrar satisfacción en una inversión de papeles. Este componente morboso es lo que lleva también a las parafilias, o lo que puede hacer probar la homosexualidad entre heterosexuales. Pero todo eso es algo que si no se manifiesta, es que está latente en nuestro interior, a la espera de encontrar una experiencia determinada, no es algo que pueda construirse de la nada. Que hayas dicho “a mí me pasa como a… “ es ya indicativo de lo poco que tú mismo decides en tus deseos.

  14. Dani

    Respuesta a Marco.
    Tu mensaje empieza con una expresión que tiene toda la pinta de ser errónea: “la razón de que les gusten un poco cabroncetes”, etc. ¿LA razón? Rojas Marcos explicó en una entrevista que rarísima vez un comportamiento humano tiene como causa un único factor. O, para asimilarlo a tu argumento, una única razón. La inmensa mayoría de las veces, en el cerebro se juntan varios vectores de cuya interacción surge un determinado comportamiento o acción. Varios vectores, no uno.
    Por otra parte, niego la mayor. Afirmo que sí se pueden modificar impulsos supuestamente inamovibles o naturales como sexo=relación de poder. Hablo por experiencia, no es -solo- que lo haya leído por ahí. Yo en cuento miro un vídeo porno donde se plantea una relación de dominio, dejo de verlo. Mi cuerpo dice no a ese tipo de estímulos. Y me da igual que sea un hombre dominante o una mujer. Vale. Pues supongo que según tu teoría, esto no debería ser así. Pero es. Y por dejar el asunto meridanamente claro: si en el momento de empezar a ver escenas de sexo y dominio estoy empalmado, me desempalmo. Esto también lo digo por experiencia.
    Niego también tu paradigma biologicista. Aún así, a continuación voy a seguir ese paradigma porque afirmas cosas que, a mi juicio, ni siquiera dentro de él se sostienen. Dices que todo depende de la necesidad de nuestros genes de reproducir la especie. Veamos. Los delfines practican sexo no reproductivo. Los bonobos, como sabemos, también. ¿Qué relación de dominio hay en una pareja de bonobos que se juntan para apaciguar ánimos y que la tensión entre ambos no acabe en agresión? ¿En ese caso también el macho estaría usando el pene, según dices, a modo de arma o de ariete invasor? Pero igualmente se aparean machos con machos y hembras con hembras. ¿Dónde está el ariete en el caso de dos bonobos hembras? ¿Qué sentido evolutivo tiene la masturbación, no sólo en bonobos, sino en otros primates?
    Podemos ir más allá del sexo. También en este caso, cuando nos acercamos a los animales más genéticamente parecidos a nosotros, se observan actitudes que dan que pensar. En un clan de suricatos, si uno nace con los ojos cerrados, cualquier miembro de la tribu se hace cargo de él, le alimenta, le guía para que no se haga daño. La compasión y la solidaridad no son patrimonio del género humano. Algunos científicos hablan de la ‘cultura chimpancé’. Los mayores enseñan a los pequeños cómo obtener termitas con un palo. Eso es tecnología -rudimentaria-. Eso es cultura. Quizá la frontera entre cultura humana y cultura de animales cercanos no sea tan cerrada como creemos. Hace poco se filmaron delfines en mar abierto con un pez globo en la boca. La piel de esta especie tiene veneno. ¿Lo usaban como anestésico para aliviar alguna afección? ¿Lo usaban como droga para divertirse? En cualquier caso, son pautas de conducta sospechosamente parecidas a las de los humanos. Y puede que todo ello nos dé una pista sobre la importancia de la cultura a la hora de configurar comportamientos, más allá de la biología. Puede que mirando a nuestros parientes más cercanos aprendamos cosas de lo más interesantes sobre nosotros mismos.
    A lo que voy. Las explicaciones biologicistas no prestan atención suficiente a la cultura. Ni a la capacidad autocreadora de la cultura humana. En Pompeya se descubrieron espejos en el techo de las habitaciones, para que los amantes se mirasen mientras hacían sus cosicas. Quizá también para que los contemplase un tercero o una tercera desde una perspectiva diferente de la habitual. ¿Quizá como al ver porno, podríamos decir?

  15. Dani

    Segunda respuesta a Marco (y ya corto el rollo, os lo prometo).
    “Que hayas dicho “a mí me pasa como a… “ es ya indicativo de lo poco que tú mismo decides en tus deseos”.
    Que haya dicho ‘a mí me pasa como a Lemmy Kilmister’ es un homenaje que he dedicado a mi añorado y querido Lemmy. Pero no sólo un homenaje. Es que me parece importante difundir y hacer saber a la gente que hay tipos con apariencia de duros y de, supuestamente, machos alfa, pero que no por ello prefieren mujeres con poca personalidad o reducidas al papel pasivo y sumiso de toda la vida. No. Según contaba una amiga personal de Lemmy en una entrevista, al viejo orco siempre le gustaron las mujeres con los huevos bien puestos. Y, como dijo una colega mía una vez que ella habló de los suyos propios y un chico le respondió ‘si tú no tienes huevos’: sí tengo, sólo que un poco más arriba que los tuyos.

    1. Marco del Campo

      Lo primero te lo concedo, es cierto. Normalmente, hay varios motivos para un comportamiento. Pero me basta con que la razón dada efectívamente explique el hecho junto con otras posibles.

      Respecto a lo segundo que dices, no sé muy bien qué contestar, porque una supuesta experiencia propia que no se puede probar no forma nunca un argumento válido, y la sinceridad es muy rara cuando se habla del porno que vemos. Dándolo por cierto, sería un caso raro. El porno es una buena medida de los deseos más inconfesables, porque suele transcurrir en privado y solitariamente, y precisamente la tendencia general desde hace un par de décadas es hacia una mayor violencia y morbo. Me puedo aventurar a explicar tu caso (que yo, lo siento, no acabo de creerme), haciendo uso de los términos freudianos que trajo Mar, de modo que quizás tu “Ello” (más ciego, más impulsivo, más morboso) se acalla fácilmente con tu “Yo” moralista.

      Por lo demás, si el sexo existe, ( y aquí hay que tomar distancia para mirar más allá de lo humano), es por la necesidad de perpetuación. Eso no significa que el sexo se agote en la reproducción, ni mucho menos. Verás que precisamente ya decía antes que es una energía desbordante, y que quizá debe ser así para que sea efectiva. No sé si la masturbación (sea en animales o en el ser humano) tiene un sentido evolutivo. Lo que sí lo tiene es la capacidad de sentir placer sexual. Igual que sentimos placer al beber agua fresca si tenemos sed, o sentimos dolor si nos hieren, o nos repugna un olor porque pudiera tratarse de una sustancia perjudicial para nuestro organismo, el sentido biológico es el de la conservación del individuo y de la especie. Buscar el placer y huir del dolor, ese es el motor de la vida y la esencia del individuo.

      Sobre clásico debate naturaleza/cultura, creo que es al revés, como advertía Steven Pinker, suelen ser las explicaciones “culturalistas” las que se olvidan de la biología, se olvidan de que somos una especie animal, y por eso haces bien acercando lo humano a lo animal. Sin ir más lejos, un poco más arriba mencionaba el trasfondo biológico de la diferente valoración de la promiscuidad según el sexo. Es como si hubiese un cierto rechazo a aceptar que somos animales, en tanto que eso supone un concepto más pesimista de la vida, porque se relaciona con lo que no puede cambiarse, con lo que nos ata a un destino, a una genética, y en cambio, la tendencia a vaciar al ser humano de todo lo a priori, de todo lo interior, la tendencia a considerarlo una “tabula rasa” que se va formando con la educación y la cultura, sería una visión más optimista por el hecho de que la cultura y la educación son susceptibles de cambiarse, y en última instancia, podría crearse “un mundo mejor”. Otra cosa es que desde otro punto de vista, ese supuesto mundo mejor suene a distopía, precisamente por esa primacía de “lo que debe ser” que olvide lo que “es”, que olvide torpemente nuestros instintos y aboquen a la infelicidad…

      En cualquier caso, lo que yo creo es que la cultura no es nunca un origen de lo básico en la vida. La gran mayoría de las especies animales son perfectamente viables sin necesidad de cultura. La cultura es algo surgido a posteriori por una necesidad especial, relacionada con una mayor inteligencia. La capacidad cultural es por eso, por ser una necesidad vital, una parte de la naturaleza, y por eso no son antagónicas. En el fondo, todo es naturaleza. La cultura regula, normaliza, hace uso de la razón, pero no crea de la nada, sino de deseos, necesidades y sentimientos anteriores a ella. Si tenemos un concepto del mal, por ejemplo, del asesinato, y un código moral y legal, eso es porque en nosotros hay un sentimiento de horror por la muerte. Y si tenemos ese sentimiento de horror es porque el asesinato el algo que va contra la conservación y perpetuación de los grupos humanos. Lo mismo con la belleza, por ejemplo. La cultura puede establecer cánones, pero siempre dentro de unos límites, no puede hacer que un signo claro de enfermedad resulte atractivo. La belleza está relacionada con la mejor adecuación a un fin (por ejemplo, un cuerpo bello masculino es el apropiado para el trabajo físico, la belleza femenina se debe mucho a atributos que indican fertilidad y descendencia sana: senos, caderas, curva de la columna lumbar, labios rojos, juventud, suavidad de la piel…)

      Por último, quién sabe, a lo mejor lo de Lemmy Kilmister se explica porque le ponía precisamente dominar (en el sexo) a esas mujeres que en el resto de su tiempo tienen un par de huevos.

  16. Dani

    En tu segundo párrafo empleas el paradigma psicoanalítico. Además de que desde que lo conocí hay algunas cosas que siempre me han chirriado, el hecho es que hoy en día la Psicología lo suele tener bastante desechado, así que no voy a seguir la argumentación por esa línea. A mí también me parece poco útil como método.
    Continúo con otros temas. Al contrario que la corriente dominante, la tuya incluida, me opongo a asociar las palabras ‘morbo’ y ‘sexo’. Creo que el morbo no es más que un efecto de la moral sexual judeo-cristiana. La filosofía que sustenta dicha moral establece una dualidad alma-cuerpo. El alma es fuente de perfección y el cuerpo, cómo no, fuente de pecado. Por lo tanto, la sexualidad -junto con la sensualidad, los valores sensoriales- se separa y se aísla de toda otra experiencia humana. Constituye ‘lo innombrable’. Y es pecado tanto practicarlo como hablarlo. Uno puede charlar de lo que le dé la gana: trabajo, gastronomía, aficiones, el precio del pan… de todo menos de sexo. De modo que la gente decía ‘hacerlo’, ‘el acto’, en vez de practicar sexo, follar, etc. Decía ‘la parte’, ‘abajo’, en vez de vulva, pene, polla, chocho, vagina, etc. Y, por supuesto, cuando alguien en público nombra alguna parte del cuerpo ‘inadecuada’ o algo relacionado con la sexualidad (esto sigue vigente), siempre se oyen por ahí unas risitas tontas. Todo ello es producto de la represión sexual. Y el morbo es un efecto rebote de la misma. Da morbo lo prohibido. La pregunta es: ¿por qué se prohibe? De hecho, mórbido significa ‘que padece enfermedad o la ocasiona’. Pues en eso nos ha convertido la moral judeo-crisiana: en unos enfermos. Ha problematizado y patologizado la sexualidad humana.
    Como yo me opongo a todo eso, me opongo al morbo. Yo prefiero hablar sencillamente de las cosas que me ponen. Y lo vivo como tal, con libertad y naturalidad. Mejor dicho, lo intento. Porque, como observó una vez el cantante de Doctor Deseo: “tenemos el sistema metido en el cerebro”. Pero vamos, que muchas parafilias, rarezas o como se quieran llamar, no existirían con tanto ahínco o intensidad de no ser porque esas cosas las prohíbe la moral. Y por eso mismo dan morbo. Evidentemente, cada cual puede vivir el sexo con el morbo, las parafilias y las movidas que le dé la gana. Faltaría más. Eso sí, siempre sin atentar contra la dignidad humana. Pero cuando nos pasamos de morbosos, para mí eso no es más que la otra cara de la moneda de unas ataduras morales tan impuestas como estúpidas. Eliminemos la moral represiva y el morbo se irá desvaneciendo casi por completo. Hombre, algo de morbo tiene que haber, también, si no vaya aburrimiento.
    Con respecto a que somos animales, es un hecho incontestable. La inteligencia es, simplemente, el instrumento que la evolución pone en nuestros cerebros para salir al terreno de juego de la lucha por la vida. Un oso tiene unas garras y en el lomo un haz de músculos, que te mete un zarpazo y te deja muñeco. Nosotros disponemos del cerebro más evolucionado del reino animal. Esa es nuestra arma. Pero es que ese instrumento evolutivo, a diferencia de los que tienen los animales no humanos, sirve para auto-construirnos. Todas las generaciones de osos que han habido en estado salvaje desde que empezaron a existir hasta ahora, han vivido igual y han actuado igual. No se puede decir lo mismo del ser humano. Bien es verdad que hay fronteras en ocasiones difusas entre los animales más próximos a nuestra especie y nosotros mismos. De eso ya hablé en un mensaje anterior. Pero parece que no llegan al grado de auto-construcción, es decir, de cultura evolucionada y evolucionando que tiene el ser humano.

    1. Marco del Campo

      No es que siga el psicoanálisis de Freud, pero la idea de que hay en nosotros una tendencia impulsiva a buscar un placer inmediato, y otra opuesta que evalúa consecuencias y considera la moral, es un pensamiento extendido, anterior y más general que la forma concreta que Freud le dio en una teoría que a mí también me chrirría en muchas cosas.

      Solo una cosa más sobre el morbo. Yo sí creo que es una parte intrínseca del sexo, y me resulta inconcebible de otra manera. Creo que la palabra no ayuda, por la etimología, y se podría hablar en vez de un componente mental de transgresión, que en mayor o menor medida siempre está presente. Incluso en el sexo que podemos considerar más “noble”, con la persona amada, ya hay un acceso a lo más íntimo, a partes relacionadas con fluidos genitales, con la orina, con heces. A partir de ahí, alimentándose este componente se llega a lo parafílico. La excitación sexual es un estado mental particular, en el que hay una inversión de valores, como ya dije: ¿cómo puede el ano, asociado a la mierda, algo normalmente desagradable, volverse deseable? En este “misterio” creo que reside en gran parte la fuerza irracional del sexo.

      Lo que tú planteas es una especie de “mundo mejor” sin tabúes, sin prohibiciones, sin censuras, sin cultura judeo-cristiana…que acabe con el morbo en el sexo. Pero tal cosa es imposible, porque el origen de eso “oscuro” del sexo forma parte de la condición humana. Si no damos el mismo valor y significación a los genitales que a los ojos, eso no es por la cultura, sino porque somos así. La mierda que excita morbosamente al coprofílico no puede ser entendida como algo agradable o neutro. Y si pretendes eliminar toda prohibición y toda moral que regule el sexo, tendrías que legalizar la pederastia o el maltrato animal (crush fetish), por ejemplo, y tenerlos por conductas aceptables. Si el sexo, una vez libre del tabú judeo-cristiano, pudiese ser algo por completo desproblematizado, inocuo, limpio, blanco, ¿por qué seguiríamos pensando que si un hombre folla con su hija de 8 años, hay algo que no está bien? Hay un reconocimiento general de que en el sexo hay algo que lo hace inadecuado para los niños, y en esto coincide la psicología en general, tanto aquí como en Japón, por hablar de un país que queda fuera del ámbito judeo-cristiano. La prohibición de la pornografía para niños es también universal, no restringida a una concreta herencia cultural.

      Además, tampoco me parece deseable ese supuesto mundo mejor sin morbo sexual, en tanto que va contra el sexo. El sexo es, como digo, un estado especial, distinto del cotidiano, en el que hay que entrar, y si se vulgariza y extiende el desnudo, si nos acostumbramos a que no hay nada íntimo y reservado, si valorásemos de igual manera cualquier parte del cuerpo, si follásemos en la calle como el que come en un bar, sin que tal cosa llame la atención, etc, se perdería algo que contribuye a hacer que ese estado de excitación sea en efecto un estado diferente, y que le da parte de su fuerza. Ya hemos hablado de esto en otra parte. Tú mismo admites al final de tu alegato contra el morbo que, sin embargo, “algo de morbo tiene que haber, también, si no vaya aburrimiento”.

  17. David

    El porno no es voyeurismo, ni libertad sexual ni promiscuidad.

    El porno es una industria de miles de millones de euros sin apenas regulaciones de ningun tipo. es una maquina insaciable de destrozar la vida de mujeres jovenes, sobre todo blancas, a las que roba la dignidad a cambio de unos pocos euros. Las mujeres jovenes parece queno saben lo que es la dignidad hasta que la pierden, vale mas que 300 euros, que es lo que cobra de media una actriz porno por una escena en la que cede de por vida su imagen.

    La pornografia el legal con la condicion de que sea comercializada a mayores de 18 anos, pero la realidad es que el 90% de todos los ninos y ninas del mundo occidnetal ven pornografia antes de los 15. Eso no puede ser bueno.

    La industria pornografica es propaganda de guerra, y antes de su consumo extendido en Internet se utilizaba en carceles como Guantanamo y en procesos de lavado de cerebro y adoctrinamiento terrorista.

    Yo recuerdo ser nino y asomarme al cuartito de la trastienda del videoclub, y me asustaba, y eso que de siempre me han apasionado las tetas…

    En el norte de Europa se habla abiertamente de una epidemia de salud publica a causa de la pornografia, y no es que sean mojigatos, el problema no es la promiscuidad o la libertad sexual, el problema son adolescentes con incapacidades sexuales, problemas de adaptacion social, trastornos, y relaciones hombre-mujer toxicas e insanas.

    La proxima vez que una feminista defienda el porno recuerdale que cuando su hija tenga 15 anos es posible que este viendo un video pornografico de una mujer a la que le mean 6 hombres con botas.

    dile que eso ppodria ser perfectamente una escena sacada de la guerra de los balcanes en las que 6 milicianos albaneses le mean a una nina croata en la cara, luego la violan la matan y la dejan alli tirada.

    A ver que dice.

    Tal cual, lo que antes era considerado porno hard,core hoy en dia se vende como mainstream. La pornografia funciona como una droga y reescribe la respuesta sexual en el cerebro en funcion de lo que se visiona.

    A los pederastas se les hacen una prueba llamada falometria, en la que se mide de forma fisica el crecimiento del pene en funcion de el visionado de escenas. Los pederastas se excitan ante imagenes de ninos, y los que ven pornografia acaban excitandose ante cosas que solo unos anos antes hubieran considerado una pelicula de terror.

    Si creeis que es sano reescribir la respuesta sexual de nuestros adolescentes para que se exciten ante el visionado de una violacion simulada en grupo en lugar de dejar que su respuesta sexual se desarrolle con naturalidad a la par que le crecen las tetas a sus amigas,

    PUES VALE

    El feminismo moderno esta tan perdido que no sabes si son monjas, prostitututas humilladas o esclavas sexuales de un playboy con viagra.

    1. Marco del Campo

      Coincido en que hay un peligro en el acceso tan fácil de los niños al porno mediante internet, y es algo de lo que se habla muy poco, y de lo que no parece haber mucha conciencia. Un niño de 11, 12 o 13 años no debería acceder solo a un ordenador o tablet, o lo que sea con conexión. Y no solo es cosa de niños y adolescentes, el porno puede crear adicción a cualquier edad.

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