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La igualdad y el profesorado Participa

Nota: Esta es la sección de libre publicación en la que promovemos la participación de las lectoras. Publicamos contenidos que nos parecen interesantes aunque no coincidan con nuestra línea editorial ni con nuestros criterios de edición. Máximo 3 folios.

Texto anónimo

Cuando pasan cosas como la ocurrida en ese colegio de Mallorca, donde una niña de 8 años ha recibido una paliza con graves consecuencias por chicos algo mayores que ella; la sociedad en masa se lleva las manos a la cabeza. El foco se detiene en los propios chicos, sus padres y, por supuesto, en el profesorado. Entonces se habla de crueldad, de la mala educación dada a sus hijos y de dejadez de funciones, respectivamente. Así, los medios de comunicación y el entorno escolar se preguntan si es un caso de bullying continuado o una agresión puntual. Parece como si todo el mundo obviara la cuestión principal para no llamarla por su nombre. Esta niña, al parecer, rompió los roles de género: jugaba al fútbol, la llamaban marimacho. Y eso, con frecuencia, tiene un coste. Sería pues, una agresión machista. Hay quienes también la han tachado de homófoba.

Haciendo esta lectura, si de nuevo ponemos el foco sobre todos los implicados, los agresores, los padres y madres y el profesorado, podemos hacer un análisis diferente. Aunque aquí falta un actor protagonista: la propia sociedad. Algo huele mal de pura podredumbre dentro de ella y el sistema educativo no es ajeno a ese mal.

El patriarcado unta su pegajosa sustancia en todas las parcelas de la sociedad. Su brazo alargado alcanza hasta los rincones más remotos y oscuros para que en todo el mundo se sepa bien quién manda, qué está bien y qué no. Pero, sobre todo, para que se reconozcan con facilidad las consecuencias de salirse del camino indicado y correcto. Para ello tiene una potentísima industria sexista con infalibles herramientas a fin de que nadie baje la guardia y le crezca la duda sobre los roles de género, con todo un ejército de ciudadanos/as que velan incansablemente por su salud… tod@s estamos bajo su paraguas.

Por lo tanto; ¿qué tienen en común la niña agredida, los agresores, los padres y madres y el profesorado? la sociedad patriarcal capitalista que respiran: un gobierno dirigido mayoritariamente por hombres y con un estilo de mandato tradicionalmente masculino, instituciones que ignoran las necesidades de las mujeres y en cuyo seno se cuece el mismo caldo machista que en todas partes, compañías privadas (grandes o pequeñas, cuyos directivos acatan las órdenes de los mercados dejando atrás los escrúpulos y los derechos de sus trabajadores, pero sobre todo los de sus trabajadoras ignorando la conciliación de la vida familiar y profesional, pagándoles menos por el mismo trabajo, permitiendo el acoso sexual en sus empresas, reforzando el techo de cristal para que las mujeres no suban demasiado arriba), medios de comunicación desinformados en cuestiones de género y feminismo –regentados por patriarcas de la información que igualmente están al servicio del patriarcado y del capitalismo, con falta de visión crítica–, la misoginia y los roles de género en el deporte (si esta niña hubiera estado haciendo gimnasia rítmica en lugar de jugar al fútbol, esto no le hubiera pasado), cuentos infantiles, series y programas de televisión, películas y canciones que refuerzan los roles de género, publicidad sexista que degrada y cosifica a las mujeres…, y la ausencia de referentes femeninos no estereotipados en todos los ámbitos de la sociedad. La diferencia es que la niña, a pesar de todo, creyó que era libre para hacer lo que quisiera sin dañar a nadie y jugó a fútbol que era lo que le apetecía. Se salió del paraguas.

Obviamente, de aquí se desprende que el sistema educativo no está fuera de ese paraguas patriarcal o lejos de ese unto machista. No trataré aquí la repercusión que los recortes han tenido en los centros: subida de ratio, reducción de personal y medios, etc. Ese tema, ya de por sí, da para mucho.

Así pues, veamos cómo se trata la coeducación en la práctica totalidad de los centros educativos:

Sin entrar en detalle con el marco legal, decir que tanto la actual LOMCE del Ministerio de Educación, como el Decreto de la Junta de Andalucía que la concreta para esta comunidad, recogen de forma específica el tratamiento de la Igualdad en los centros (tampoco entraré a debatir estas leyes por no ser el tema central que nos ocupa). Es decir, hay una normativa que obliga al profesorado a implantar la igualdad en sus clases. Yendo más allá, en Andalucía tenemos el II Plan Estratégico de Igualdad de Género en Educación, detallando objetivos y pautas a seguir… y luego está la realidad.

¿Tiene el profesorado conciencia o formación en género, así, por defecto? ¿la tiene el gremio perteneciente al taxi? ¿al de hostelería? ¿al de abogacía? ¿al de publicistas? ¿al de fontanería? ¿al de farmacia? ¿la tiene algún gremio por defecto? La respuesta es no. Y no la tienen porque no se enseña en los centros docentes, ni en casa, ni mucho menos se aprende en la calle. Establecer una normativa en igualdad en el sistema educativo sin obligar a la formación de las y los docentes, es papel mojado. Los colegios y los institutos no son una isla para la igualdad, son una parcela más donde el patriarcado está asentado; desde el equipo directivo hasta la última criatura en llegar. En la sala del profesorado se escuchan las mismas barbaridades que en la barra de un bar o en Twitter. Los corrillos de profesores comentan sin pudor cómo tiene el culo tal o cual profesora, tal o cual alumna o la madre de no sé quién. Hacen criticas sesudas y misóginas sobre temas de actualidad, respiran la misma homofobia que el resto de mortales y alardean de las mismas bravuconerías que los demás. Sinceramente, no encuentro diferencia entre sus creencias machistas y las de cualquier otro gremio. Eso sí, cuando salen hacia las aulas se envuelven en un halo de respetabilidad que les libra de toda duda. Saben de todo y con todo se atreven. Ser un respetable padre de familia sube puntos en su aplomo, en su credibilidad y en su profesionalidad. Nadie les cuestiona porque saben caminar muy erguidos dentro de ese caminito edulcorado del patriarcado. Todo es llanito para ellos, ninguna cuesta que les haga sudar.

Esto se traslada a las aulas; hablan en masculino, hablan de importantes señores que hicieron historia, transmiten valores patriarcales en ese currículo oculto que no pueden disimular y perpetúan los roles que otras se empeñan en derribar. No ponen límites a los alumnos que acaparan la palabra usurpando el espacio de expresión de las alumnas y subiendo sin pudor su ego masculino. Se da la paradoja de que estas personas, con cero formación en género (son de los que dicen que el feminismo es lo contrario del machismo), a veces imparten cursos de formación en género en los CEPs, por lo que reciben puntos y dinero. Los asesores de los CEPs (Centro de Formación del Profesorado, organismos públicos que agrupan por zonas a todos los centros de Andalucía para reciclar de forma gratuita a todo el profesorado que lo desee) no contrastan que la persona que imparte cursos sobre coeducación e Igualdad, tenga una formación mínima en la materia. También están bajo ese paraguas patriarcal.

Este perfil de profesores son los mismos que se permiten el lujo de darte consejos desde su pedestal, protagonizan mansplaining a mansalva y cuando hablan en los claustros acaparan la palabra y el espacio de expresión de las demás que, igual que las alumnas en clase, quedan en un segundo plano. Al estar libres de responsabilidad en casa, pueden pasar más horas en el centro o en actividades extraescolares. De modo que están mucho mejor valorados que las que tienen que salir pitando cuando toca el timbre porque tienen niñas/os pequeñas/os o personas mayores a las que cuidar. El mundo de los cuidados, ignorado para ellos, también recae sobre las profesoras. Nada nuevo bajo el sol.

Con esto no quiero terminar de tumbar el poco prestigio social que las personas docentes tenemos y romper lo que quede de positivo en nuestra imagen social; hay profesoras (y profesores) muy válidas y formadas en el feminismo que cada día se baten el cobre por una profesión en la que creen, tratando de bañarlo todo con una mirada violeta que cale en su alumnado y por ende en el resto del centro y de la sociedad. Soportan el desgaste y la hostilidad y, aun así, siguen fuertes sin intención de abandonar. Lo terrible es que este otro perfil existe, tiene el poder y zancadillea continuamente la labor de estas últimas. ¿Sería una solución incluir en el sistema educativo –íntegro– formación feminista? ¿lo sería cambiar el filtro obsoleto de oposiciones por las que se accede a la docencia pública? ¿y si combinamos el master en Educación Secundaria con uno de género como requisito imprescindible para optar a una plaza…? De nuevo, dejo este tema para no desviarme demasiado, pero aquí queda para cuestionar el sistema de formación y acceso docente. Todo suma, nada es casualidad.

Esta situación es especialmente sangrante en Educación Física, donde con frecuencia se premia la testosterona por encima del esfuerzo, los deportes en los que tradicionalmente han dominado los hombres por encima de los que lo han hecho mujeres, valores como la competitividad por encima de la cooperación… eso, aderezado con comentarios machistas y homófobos por parte de profesores como mariquita el último, nenaza, te pesa el culo, etc. Cuando alguna vez he llamado la atención a algún compañero, se escudan rápidamente en que ha sido una broma y que yo soy muy radical y muy pesada. Pero lo cierto es que, en Educación Física, más que en cualquier otra asignatura, lo femenino no vale igual que lo masculino. El alumnado no presupone a las profesoras el mismo grado de conocimientos que a los profesores, tenemos que ganarnos el respeto, clase a clase. El pánico que los niños tienen por ser peores que las niñas no lo sienten, por ejemplo, en lengua o matemáticas. Las niñas aquí, con frecuencia se sienten torpes, no porque lo sean, sino porque vienen con esa incompetencia aprendida que de antemano les dice que van a fracasar. Por eso y, a menudo, por una educación motriz pobre como corresponde a quienes se han criado sentadas con una muñeca en lugar de corriendo tras un balón.

Pero, ¿qué pasa si alguna se ha criado corriendo tras un balón? La presencia del fútbol en televisión y de sus héroes es brutal, así que no debería ser extraño. Pues, con este caldo de cultivo, tal osadía no pasa desapercibida ni se perdona. En las clases de EF los comentarios despectivos hacia las chicas motrizmente competentes y hacia los chicos motrizmente menos competentes, no son infrecuentes: marimacho y maricón respectivamente, son los adjetivos más socorridos. Soportar esa presión, es un infierno para ellas y ellos. Tratar el tema o reprender sin que después haya represalias, es sumamente complicado. A pesar de los años, las cosas no han cambiado tanto. Pero, ¿se ha formado al profesorado para resolver este tipo de conflictos? Supongo que lo mismo que al gremio de taxistas. Así que el daño está hecho y sin medios para repararlo. No sé dónde está la sorpresa luego. La inmensa mayoría de los componentes de la sociedad participa del machismo y de la homofobia, de uno u otro modo. Los frutos también les pertenecen, de una u otra forma.

La igualdad y el profesorado
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