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Estereotipos y muñequitos Participa

Nota: Esta es la sección de libre publicación en la que promovemos la participación de las lectoras. Publicamos contenidos que nos parecen interesantes aunque no coincidan con nuestra línea editorial ni con nuestros criterios de edición. Máximo 3 folios.

Encarna Sant-Celoni i Verger, escritora y traductora

«Dios, ya sé que eres un chico,

pero, por favor, intenta ser justo».

Cita original y traducción extraídas de El diario violeta de Carlota,
de Gemma Lienas. Pertenecen a una recopilación «de cartas
que niños y niñas escribieron a Dios» 

De vez en cuando, de pequeña, me gustaba jugar con muñequitos de aquellos de plástico que representaban a indios y vaqueros; mi preferido era un guerrero azul con tocado de plumas y armado con arco y flechas. Por eso, no he tenido nunca ningún problema en regalar a mis sobrinas y sobrinos (4 y 2) figuritas –klickys– de Playmobil; procurando siempre, por supuesto, que hubiera alguna muñequita, y eso por una razón muy simple: que yo sepa, el género humano está compuesto por hombres y mujeres, y, por consiguiente, hombres y mujeres componen también la sociedad…; no valen masculinos genéricos. Es decir, que, desde que el mundo es mundo, las mujeres han formado parte de la historia al lado de los hombres, y no solo como floreros.

Bien, como podéis suponer, sé perfectamente que las figuritas de Playmobil no han destacado nunca por ser igualitarias –ni las barbies ni otras muñecas anoréxicas–; pero, como la gran mayoría son barbilampiñas, pueden pasar perfectamente por andróginas y hacer el papel que las criaturas –y los adultos– les obliguen a representar. También sé que el coleccionable “LA AVENTURA DE LA HISTORIA” de Planeta de Agostini y Playmobil no es el primer anuncio ni producto dirigido a público infantil sexista y que, desgraciadamente, no será el último –recuerdo el de un monstruo de unos cereales que se dedicaba a torturar muñecas, por ejemplo–; no obstante, enterarme de su existencia ha sido la gota que ha colmado el vaso, porque dicho coleccionable no trata de una parte del saber humano –como las matemáticas o la arquitectura– o de una época concreta –las cruzadas, pongamos por caso–, sino de la HISTORIA, de TODA LA HISTORIA, desde la edad de piedra hasta la actualidad, y la historia, como muy bien sabemos, lo incluye todo: ciencia, arte, literatura, música, política, filosofía, deporte, ocio, trabajo, geografía… Y por lo tanto, como es un coleccionable, se pasará sesenta semanas (60) dañando la imagen de la mujer y la dignidad femenina de una manera absoluta, invisibilizándola; se pasará sesenta semanas (60) silenciando el papel de la mujer en la historia, en todas las ramas del conocimiento; se pasará sesenta semanas (60) perpetuando los roles y estereotipos de género que tantos y tantas nos esforzamos a erradicar día a día…

La colección, publicitada como “ÚNICA PARA DIVERTIRSE JUGANDO Y APRENDIENDO”, una introducción a épocas y personajes de la historia que sueño de mayor interés para los niños”, es, como podéis comprobar en las fotos, la obra dirigida a público infantil más infamemente sexista que he visto en mucho tiempo: un total de 60 fascículos ignorando que las mujeres somos la mitad de la población mundial; un total de 60 muñequitos y ni una sola muñequita, ni tan siquiera la princesa, la santa o la puta, sin ir más lejos. ¡Zas!, ¡de un plumazo, todas las mujeres borradas de la historia por obra y gracia de una editorial y una juguetera!

Puede parecer un juego inocente, a primera vista, por el que no haría falta gastar ni una gota de saliva. Y no. Es mucho más grave de lo que parece, porque –aparte de las personas de más o menos años que puedan coleccionarlo– el juego pretendidamente ‘educativo’ se dirige específicamente a los más pequeños, los más influenciables y maleables, las y los que en teoría deberían ser educados en la igualdad y el respeto, si es que realmente queremos derrocar algún día este sistema patriarcal que corroe nuestra humanidad.

¿Cómo reaccionarán las niñas al no encontrar modelos a imitar –referentes– en dicho producto? Pues, pensando que la historia nada tiene que ver con ellas porque la historia es cosa de hombres; ellos la guisan y ellos se la comen.

¿Cómo reaccionarán los niños al no encontrar ni una mujer en dicho producto? Lo verán tan normal, porque, a pesar de los esfuerzos de muchas personas por extirpar el machismo de cada día –en casa, en la escuela, al trabajo–, a la hora de la verdad nuestra sociedad tiene una mirada androcéntrica cuyo reflejo es que el hombre es el centro del mundo y siempre, siempre, será superior a cualquier mujer, y la imagen que da de las mujeres es que, por mucho que estudiemos, por mucho que sepamos, por mucho que luchemos, e incluso por mucho que mandemos, al final solo seremos recordadas como el reposo del guerrero, del rey, del tenista, del astronauta, del científico, del pintor, un simple anexo para perpetuar la especie o/y obtener placer.

No sé de quién es la responsabilidad final de tan gran cagada, si de Playmobil o de Planeta de Agostini: no me importa; quieran o no quieran, las dos son responsables. Tampoco sé si ha habido mala voluntad o no –¡peor sería que no se hubieran percatado hasta ahora! Lo que sé es que rectificar es de sabios, dicen, y están a tiempo.

Es cierto que son empresas privadas, pero al anunciarlo como juego educativo infantil, entran en terreno público y, en mi opinión, TODOS Y TODAS podemos pedirles explicaciones, y exigirles disculpas y que reparen el error cometido. Desde que el ser humano existe, la historia la han hecho mujeres y hombres; hombres y mujeres de cualquier clase social, de la más baja a la más alta: hay reyes y reinas, soldados de ambos sexos, sacerdotes de ambos sexos, deportistas de ambos sexos, comerciantes, artistas, pastores, labradores, revolucionarios, incluso payasos y piratas de ambos sexos. En fin, todo lo que hace un hombre puede hacerlo una mujer, con ayuda o sin ayuda de máquinas, porque la mente humana no tiene sexo, ni el corazón, ni el hígadoº, como decía Charlotte Perkins Gilman.

Estereotipos y muñequitos
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