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El verano del burkini Participa

Nota: Esta es la sección de libre publicación en la que promovemos la participación de las lectoras. Publicamos contenidos que nos parecen interesantes aunque no coincidan con nuestra línea editorial ni con nuestros criterios de edición. Máximo 3 folios.

Meme Mateo

Como cualquier occidental que se precie este verano he hablado, discutido y pensado sobre el dichoso burkini. Quería profundizar en el tema después de que la entrega de mi trabajo final de máster me liberara a mí, que sí que estoy oprimida (comentario occidentalista uno), pero acabo de leer el artículo “El día en que Huda Shaarawi se arrancó el velo” y me ha apetecido hacerlo ahora.

Hasta el momento, en mi entorno, quienes habían argüido eso de que el velo es machista habían sido hombres -cosa que, sepa mi novio lo o no, hace que le quite importancia-, mientras que todas las mujeres tenían claro eso de que el feminismo es primariamente igualdad de ser libres -de mi entorno, del mundo, se ve que no-. Porque se llega al feminismo cuando tu voluntad se encuentra con límites que razonadamente concluyes son artificiosos y, además, interesadamente artificiosos. Entonces, los “falsos límites” se multiplican a tu alrededor como las cucarachas en mi casa, o lo que es peor: descubres que siempre habían estado ahí. El “estás oprimida pero no lo sabes” es como “eres un obrero pero no lo sabes” o incluso el “eres de UPYD pero no lo sabes”. Poco efectivo, poco atractivo, odiosamente prepotente, aunque quizás razonable.

La opinión de Soledad Gallego-Díaz es sincera e interesante. Es obvio que el velo es razonadamente machista. El problema es que no llevar velo se ha convertido en una señal de sometimiento a occidente. Y nos guste o no, también eso es razonable. El aumento de la islamofobia -que, como el machismo o las cucarachas, siempre había estado ahí- parece haber convertido a occidente en un opresor más fuerte, o simplemente, evidente que el islam. E incluso parece haber convertido a occidente en menos seductor que el islam. Y digo parece porque es lo que yo -mujer, más o menos blanca y occidental- interpreto de una realidad ajena. No creo que llevar burkini sea necesariamente una reacción contra occidente, solo creo que occidente está haciendo que hasta a mí me entren ganas de llevar burkini.

Una amiga ha bromeado con comprarse un burkini y preguntarle al padre si así “va bien” porque este no le deja hacer toples (comentario occidentalista dos). Ya saben, eso es de guarras. Las “señoritas” hacen otras cosas, se visten o desvisten de otra manera. El mensaje de mi amiga a su padre sería claro: “Tu posición es igual de opresiva que la que tú consideras tienen los musulmanes”. Previsiblemente el padre le diría con mala cara que se quitase eso. Las “señoritas” tampoco llevan burkini. Porque las “señoritas” quieren ser “señoritas” y el burkini -como también ya saben- siempre es impuesto por un musulmán opresor (comentario occidentalista tres).

El tema importante no es si habría que prohibir el burkini. Es obvio que no. Y el argumento que da Soledad Gallego-Díaz me parece suficiente: no es delito. El tema es si es respetable y la primera pregunta a este respecto es sobre la motivación para llevarlo. Habría que contemplar la posibilidad de que se puede querer llevar, de forma voluntaria digo. Habría que aceptar que si esta motivación para llevarlo es cultural, religiosa o simplemente consciente, es una motivación legítima, respetable y defendible -sí, he dicho defendible-. Viviendo como vivimos en occidente donde la sociedad es “más libre” y “menos machista”, podría pensarse que es más frecuente y fácil que esta decisión sea voluntaria (comentario occidentalista cuatro). Pero automáticamente se asocia el burkini con una obligación, una imposición masculina externa (comentario occidentalista cinco) y, además, por esto se rechaza socialmente -¡qué feministas todos de repente! ¡Qué alegría! Perdonen el escepticismo-. Oficialmente se prohíbe alegando motivos de “seguridad”: “La ropa de baño que muestre ostentosamente la adscripción religiosa, cuando Francia y los lugares de culto son actualmente objetivo de ataques terroristas, puede crear situaciones que perturben el orden público”. ¿Evitar altercados protegiendo a la supuesta víctima de una opresión patriarcal? ¿Evitar altercados defendiendo la libertad de expresión? ¡NO! ¡JAMÁS! Culpar a la mujer siempre es mucho más sencillo.

Todos y todas hemos visto estas imágenes asquerosas en las que un grupo de policías se acercan a esta mujer en la playa y la obligan a desvestirse. Esta mujer estaba sola en la playa. Si alguien la obligara a ponérselo hubiera podido hacer como hacia yo en mi más temprana adolescencia que salía de casa con pantalón largo y la mini falda guardada en la mochila. Yo aquí veo que son otros los que obligan, no la veo siendo “liberada”.

Voy a citar a Aheda Zanetti, la diseñadora del burkini:

“He recibido mensajes de gente que se sentía ofendida porque yo había inventado el burkini y lo consideran una forma de oprimir a la mujer. ¡Incluso refieren motivos de seguridad! Como si fuésemos a esconder bombas bajo los burkinis. Yo creo que es al contrario, creo que he ayudado a muchas mujeres. Lo otro también es una imposición occidental: ¿las obligamos a llevar bikini?, ¿les negamos que vayan a la playa? Llevar velo o llevar burkini siempre, por supuesto, debe ser una decisión personal, y cuando no lo es se convierte en una opresión, y no estoy de acuerdo con eso. Pero hay que tener en cuenta que muchas mujeres lo llevan porque quieren y son felices”

Resulta que Aheda Zanetti pretendía liberar a la mujer. Resulta que más musulmanas han ido a la playa desde que existe el burkini. Es evidente que esto me plantea contradicciones. Me choca la defensa que hace del nombre. “[Burkini] Me pareció un nombre interesante que mezclaba la cultura islámica con la occidental”. Me choca que bañarse en la playa sea considerado occidental. Me choca pensar que ellas consideren el burkini como un progreso. Pero entiendo que nuestros mundos son diferentes. Me jode que desde occidente se estén dando lecciones de superioridad solo porque el burkini no sea la respuesta que hubiéramos dado. No puedo ni quiero defender que el burkini sea mejor opción que bañarse como las ‘no musulmanas’, pero si el burkini abre horizontes, bienvenido sea.

Lo único bueno que saco de la polémica es que por fin algunos medios han comenzado a dar voz a mujeres musulmanas, como Laila Rattab en cuya entrevista explica por qué usa el burkini, aunque voy a citar su opinión sobre el islam en general:

“El islam es una experiencia personal. El Corán dice que tanto mujeres como hombres deben vestir recatados. Y el profeta dijo [mandato conocido como hadiz] que a nosotras solo se nos puede ver la cara y las manos. Entiendo que haya quienes no estén de acuerdo con eso, pero a mí sí me convence y quiero hacerlo. No me molesta ni me resulta pesado ponerme el velo. De verdad, dentro de la ropa no me siento oprimida. Si así fuese, no lo llevaría. De hecho, tengo una amiga musulmana que no quiere llevarlo y no es menos musulmana por ello”.

O Najat Driouech Ben Moussa:

“Se asocia el velo a religión y retroceso, hay mucha ignorancia. Y esto duele. Incluso nos toman por sumisas… ¡que se lo digan a mi marido!”

Alguno habrá haciendo la lista de motivos de por qué estas mujeres están alienadas, a ver con qué argumento paternalista nos sorprenden ahora. A mí me alegra escucharlas y ese “y no es menos musulmana por ello” me parece todo lo que el mundo necesita. Podríamos probar a utilizar con más frecuencia “y no es menos feminista por ello”.

Voy a dejarlo, ya que mi trabajo final de máster me espera. Con una frase de Brigitte Vasallo: “No es que las musulmanas sean sumisas: es que son lo bastante rebeldes como para retar con sus cuerpos al Estado racista”.

A sonreír.

P.D: Hay burkinis a 20€ en aliexpress, por si alguien quiere regalarme uno.

El verano del burkini
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