Permiso de paternidad igual e intransferible: sí, pero… Debate, En red

¿Es esta medida una solución para lograr la corresponsabilidad y mejorar la conciliación entre la vida familiar y laboral de hombres y mujeres? ¿O es solo una tirita para detener una hemorragia? De momento, la demanda de un grupo de padres que quiere responsabilizarse (y que claramente representan a una minoría) puede mover una pieza sobre el tablero.

La Plataforma de Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA) está muy activa en su demanda de que el Gobierno acceda a la equiparación de los permisos laborales por maternidad y por paternidad. Hemos propuesto a dos feministas de corrientes diferentes, María Jesús Ortiz y Alicia Murillo, que argumenten si les parece que esta es una propuesta clave para avanzar en corresponsabilidad. Lee también el artículo de Murillo, “¿Y dónde está el padre?” Por una corresponsabilidad social y no heterosexual

Convocatoria de prensa de la PPiiNA a las puertas del juzgado para exigir a la Seguridad Social permisos de paternidad de 16 semanas./ Igualeseintransferibles.org

Convocatoria de prensa de la PPiiNA a las puertas del juzgado./ Igualeseintransferibles.org

El permiso de paternidad ha llegado a los tribunales. Un grupo de padres, junto con la Plataforma de Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA), ha demandado a la Seguridad Social para reclamar las mismas dieciséis semanas por nacimiento que disfrutan las madres.

Recordemos que las madres disponen de seis semanas para la recuperación y de otras diez que pueden ceder al padre en parte o en su totalidad, mientras este tiene derecho a dos semanas propias opcionales (alrededor de un 14 % no las solicitan). Al reclamar el mismo periodo por discriminación se está obviando que ellos ni se quedan embarazados ni dan a luz, por lo que no requieren periodo de recuperación. Hecha esta aclaración, que me parece relevante, cuanto más tiempo se disponga para atender al bebé y más equitativo sea el reparto entre ambos progenitores, más igualitario será el proceso de crianza.

Conseguir la aprobación de este permiso de paternidad exclusivo, intransferible y por el mismo periodo que el de maternidad, es una reivindicación que lleva años sobre la mesa, impulsada entre otras organizaciones por la propia PPiiNA. Su propuesta, que fue recogida en el Parlamento, plantea dos semanas tras el parto y el resto finalizado el de maternidad, admitiendo una implantación progresiva.

Pero a pesar del reconocimiento de este derecho paterno, y de sus ventajas de cara a la igualdad de género y la conciliación, por la mayoría de partidos, su aplicación permanece en cuarentena. La resistencia a su aprobación es más grave aún si tenemos en cuenta que la mera entrada en vigor de las cuatro semanas, ya reconocidas legalmente, se ha pospuesto durante cinco años por razones presupuestarias. “El coste económico” es ese comodín que, junto con las “razones de oportunidad”, ha servido siempre para mantener en el congelador político, hasta mejor ocasión, la aplicación de derechos y medidas que mejoren la igualdad real. Cabe pensar que si la función reproductiva la llevaran a cabo los bancos o las grandes corporaciones hace mucho que el Estado habría puesto todos los recursos necesarios para facilitarla.

Conviene especificar que cuando se habla de permisos de paternidad iguales e intransferibles se está hablando de tres aspectos diferenciados:

– El derecho de los y las recién nacidas a tener la atención de sus progenitores durante el mayor tiempo posible. Hay consenso en que las dieciséis semanas (más las dos exclusivas del padre) de que disponen ahora las familias es un periodo muy escaso, y uno de los más reducidos en la Unión Europea, donde la media es de 28 semanas.

– El derecho de las mujeres a que la maternidad no siga siendo un obstáculo en su vida profesional y a no ser las únicas depositarias de la responsabilidad de los cuidados familiares. Objetivo que, pese a los discursos oficiales y los múltiples planes de igualdad, está todavía lejos de conseguirse.

– El derecho de los padres a disfrutar en la misma medida que las madres de la crianza y atención de las criaturas.

Sí, pero… 

¿Es esta medida una solución para lograr la corresponsabilidad y mejorar la conciliación entre la vida familiar y laboral de hombres y mujeres? ¿O es solo una tirita para detener una hemorragia?
La hemorragia de un mercado de trabajo cada vez más exigente, en un panorama de elevado desempleo y gran precariedad y de restricción de los derechos de las personas trabajadoras; con un discurso omnipresente, por encima de cualquier otra consideración, del imprescindible incremento de la productividad –es decir, más horas de trabajo- para favorecer el crecimiento –es decir, los beneficios empresariales-.

La hemorragia de la falta de corresponsabilidad en el hogar, en el que las mujeres (madres o no) aún se ven obligadas a realizar todas o la mayor parte de las tareas domésticas y/o gestionar la logística imprescindible para que cada miembro de la familia –fundamentalmente los miembros masculinos- pueda concentrar su tiempo y su energía en otras actividades.

Todavía una gran parte de la sociedad considera que el hecho de que las mujeres trabajen fuera del hogar es un obstáculo para la correcta educación de la infancia. No se culpa a las excesivas jornadas laborales (no siempre enteramente remuneradas) o a la falta de corresponsabilidad de los varones o a la dejación institucional de su obligación de invertir en políticas sociales para mejorar el bienestar de la población.

Los permisos iguales e intransferibles para los padres son un paso que puede iniciar un cambio de tendencia. Pueden contribuir a que se normalice que éstos se impliquen más en las tareas de cuidados, cambiando la cultura de roles sociales; a que haya un mayor equilibrio de usos del tiempo entre mujeres y hombres, permitiendo a las primeras participar más en otros ámbitos; y a que las empresas no rechacen sistemáticamente a las jóvenes por tener que enfrentarse a posibles permisos de maternidad si van a tener que hacerlo igualmente con los de paternidad.

Pero es solo un paso, porque esta medida no garantiza que durante el tiempo de permiso exclusivo los padres vayan a asumir además de los cuidados todo el resto de tareas del hogar. Ni que una vez acabado el permiso la implicación en dichas tareas se mantenga al mismo nivel y no vuelva a recaer casi exclusivamente sobre las madres.

Tampoco asegura que vaya a disminuir significativamente la discriminación en la contratación o promoción de las mujeres, ya que los prejuicios empresariales no se producen únicamente por la baja maternal, sino por la creencia de que las mujeres reducen drásticamente su interés por el trabajo desde el momento en que se convierten en madres. Porque a sus ojos (los del empresariado) ese sigue siendo su principal objetivo en la vida, más allá de las dieciséis semanas de permiso. Síndrome del que creen que los hombres están completamente liberados, y que tras ejercer momentáneamente su función paterna volverán a concentrarse en “lo trascendente” (para la empresa y para sus carreras).

En cuanto al cuidado del bebé, el reconocimiento del permiso paterno igual e intransferible (siempre que sigamos hablando de otras dieciséis semanas y no de un reparto del actual permiso materno) le proporciona más tiempo bajo el cuidado directo de sus padres y madres. Pasar de cuatro a, por ejemplo, seis u ocho meses, dependiendo del disfrute simultáneo o no, es una diferencia tranquilizadora, aunque no definitivamente satisfactoria. Pero también se convierte en un beneficio del que no podrían aprovecharse las familias monoparentales.

¿Y después de los permisos qué?

A pesar de que la conciliación entre la vida personal, familiar y laboral es una necesidad que se aborda continuamente en los discursos y los programas políticos, solo se han llegado a establecer medidas que alivian la tensión familiar en las situaciones más complicadas: nacimiento, lactancia, enfermedad u hospitalización. Aparte de estas circunstancias especiales, el día a día solo se contempla con licencias no remuneradas, como la reducción de jornada o la excedencia, cuando no el abandono definitivo del puesto de trabajo, que suponen una importante mella en los ingresos familiares (justo cuando los gastos se incrementan) y en la trayectoria profesional de las mujeres, ya que son las que se siguen acogiendo mayoritariamente a estas opciones (casi el 98 % de las excedencias por cuidados).

Las consecuencias de esta dificultad para conciliar son sobradamente conocidas: elevación de la edad media del primer parto hasta casi los 31 años, de momento, y envejecimiento de la población por el drástico descenso de la tasa de natalidad. Sin entrar a analizar los efectos sobre la calidad de vida de las mujeres enfrentadas a la discriminación y la estresante doble jornada.

Es evidente que la tasa de natalidad no va a aumentar porque exista un permiso de paternidad igual e intransferible. La población en edad de procrear se enfrenta a un contexto laboral cada vez más difícil: escasas oportunidades de empleo, contratos precarios y sueldos de subsistencia. Situación que no parece que vaya a mejorar a corto y medio plazo y que, por tanto, va a convertir en una odisea cumplir el deseo de maternidad o paternidad. ¡Y cómo renunciar a uno de los sueldos familiares! Las licencias no remuneradas pueden ser cada vez menos utilizadas y una vez finalizados los permisos por nacimiento el problema no solo no se reduce, si no que puede agravarse.

Los responsables políticos dan largas a esta situación, porque las mujeres (las madres, las hijas, las hermanas, las abuelas, las empleadas domésticas…) siguen resolviendo, a su costa, una cuestión que es de interés social: la natalidad y el cuidado de personas dependientes.

El fondo de la cuestión

A la vista de que el permiso de paternidad igual e intransferible solo afronta una situación concreta (nacimiento) y en un modelo de familia determinado (con padre y madre), de que lleva más de diez años atascado a pesar de los beneplácitos de la mayoría de partidos (sobre todo en periodo electoral, que en los pactos de investidura la cosa se tuerce con permisos transferibles, que sabemos quienes los van a solicitar), y de la batalla que supone cada pequeño avance en las políticas públicas de conciliación y cuidados (que afectan principalmente a las mujeres)… la pregunta es: ¿las reivindicaciones no deberían ir más al fondo de la cuestión?

El fondo de la cuestión es que mientras hombres y mujeres dediquemos dos terceras partes de nuestra vida a generar riqueza para otros, con jornadas laborales de ocho, nueve, diez y hasta más de doce horas diarias (insisto, muchas veces sin cobrarlas todas), no es que no podamos conciliar la vida privada con la vida laboral, es que no tenemos vida. Mientras la demanda de horarios de trabajo más razonables no se convierta en una reivindicación general, que nos permita disponer de tiempo libre para desarrollar actividades personales, incluidas las familiares, la conciliación seguirá consistiendo en un conjunto de parches para resolver situaciones críticas.

Para quienes este objetivo les parezca una entelequia, deberían reflexionar acerca de cómo otros países de nuestro entorno, a los que tantas veces se hace referencia, son productivos y generan riqueza a la vez que hacen posible que las personas terminen su trabajo a las cuatro o las cinco de la tarde. No es una cuestión de volumen de población, ni de nivel de desarrollo, es una cuestión de equilibrio entre el interés económico de las empresas y el bienestar social.

Las jornadas de seis o siete horas diarias tienen ventajas: hacen menos necesarias la jornada a tiempo parcial, la reducción horaria o las excedencias; hombres y mujeres afrontarían en mejores condiciones ambas responsabilidades; y las mujeres no tendrían una espada de Damocles sobre su trayectoria profesional.

Pero en España, en los últimos años, la dirección es la contraria: reducciones de plantilla, incluso en empresas con buenos beneficios, y sobrecarga de trabajo para quienes conservan su empleo. Es decir, pocas personas trabajando demasiado y muchas personas sin trabajo. Distribuir el empleo también es una forma de distribuir la riqueza.

Bienvenidas sean las dieciséis semanas de permiso paterno, si por fin se consiguen, pero sabiendo que solo es otro pequeño paso.

Permiso de paternidad igual e intransferible: sí, pero…
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Periodista especializada en igualdad y comunicación.

    Comentarios recientes

    1. Mariano Nieto

      Estimada María Jesús,
      Soy miembro de la PPIINA y me he desanimado al leer tu artículo, que parece apoyar la reivindicación de los permisos iguales e intransferibles pero a la postre la minusvalora y la descalifica en cierto sentido. Con amigas como tú…
      Por supuesto, la consecución de nuestra reivindicación sería “otro pequeño paso”. Creo que nadie que defienda esta medida la considera “la solución” al problema de la conciliación o al problema de la disminución de la natalidad. Lo mismo que las sufragistas no consideraban el derecho al voto de las mujeres como “la solución” al problema mucho más profundo y complejo de discriminación legal y política que sufrían.
      Pero hay medidas que, más allá de los meros beneficios materiales -por otro lado, muy sustanciales- que pueden reportar, tienen un impacto simbólico extraordinario porque cambian el imaginario colectivo. El voto femenino fue una medida así, que trajo después un largo rosario de reformas legales para acabar con la minoría de edad de las mujeres a efectos jurídicos y políticos. Igualmente, la equiparación de los permisos cuestiona de tal forma los estereotipos de género que propiciará otras muchas reformas para acabar con la división sexual del trabajo. La resistencia a implantar una medida aceptada por todos los partidos y aparentemente tan “nimia” es indicativa de hasta qué punto toca aspectos profundos del patriarcado.
      Por otro lado, creo que no te has informado lo suficiente respecto del alcance de la medida y sus efectos demostrados. La medida está pensada para situaciones de nacimiento, adopción y acogida. Para cualquier persona en cualquier tipo de familia (si los progenitores son del mismo sexo, se aplica igual). Las familias monopamarentales, es cierto, deberán recibir ayudas o permisos adicionales a las que ya existen para este tipo de familias, pero eso no invalida la eficacia de los piina. Y, por ejemplo, los estudios científicos han demostrado que, en aquellos países (nórdicos) donde se ha avanzado más hacia la equiparación de los permisos, se produce una mayor implicación del padre no ya durante el permiso sino después durante toda la crianza y educación de las criaturas. Y se constata una disminución de la discriminación en la contratación de las mujeres. Y un aumento de la natalidad. Y muchos otros efectos, algunos de los cuales pones en duda. Es verdad que son efectos no solo de los piina, sino en conjunto con otras medidas como la universalización de la educación infantil, la racionalización de los horarios y jornadas de trabajo, etc. Por tanto creo que no se pueden minusvalorar, como haces en tu artículo, ni los efectos directos ni, sobre todo, el efecto catalizador de los piina.
      Por supuesto, además de cambiar la estructura patriarcal es preciso cambiar las estructura capitalista, la racista y la neocolonialista que están en la base de otras tantas desigualdades y discriminaciones que sufrimos los seres humanos. Pero hasta que consigamos la enmienda a la totalidad -si la conseguimos algún día-, no despreciemos los “pequeños pasos” y sus efectos simbólicos.
      Un cordial saludo.

    2. Mel

      Yo supongo que los que reivindican la baja paternal lo hacen porque ya han empezado a cambiar pañales,bañar niños, hacer lavadoras,compras,cocinar,fregar,etc,etc y entonces se han dado cuenta de que necesitan mas tiempo..no?

    3. bac

      ¡¡Permiso de paternidad igual e intransferible: sí!!
      Los peros … sí, también, pero en otro artículo, por favor.
      No entorpezcamos una medida que sí o sí nos interesa y favorece a todos.
      Besitossssssss

    4. Mariano Nieto

      En el subtítulo de este artículo se hace mención a otro de otra autora sobre el mismo tema. Sin embargo, el otro artículo no tiene habilitada la posibilidad de hacer comentarios: ¿por qué?

    5. Irene

      ¿En qué país nórdico la parte instrasferible es igual para ambos progenitores, Mariano? ¿En ninguno? La realidad de este país que los hombres no se cogen ni la parte transferible de la baja maternal, ni se acogen al derecho de excedencia o de reducción de jornada en su mayoría. Por no hablar de que jamás he visto ninguna plataforma de hombres luchando por su derecho de cuidar a su suegra, que eso también son cuidados y también nos toca a nosotras. La educación y la realidad social no se cambia alegando que nuestra baja maternal es el motivo por el que los empresarios nos discriminan, que es la base de vuestra argumentación. Eso nos impedirá pedir un aumento de la baja maternal indefinidamente a menos que haya dinero para aumentar las dos simultáneamente. Nadie se opone a vuestro derecho de estar con vuestros hijos, pero no a costa de la baja maternal. Son dos derechos diferentes, porque nuestro papel y nuestra inversión en la reproducción son diferentes.

    6. Mariano Nieto

      Este comentario no tiene que ver directamente con este artículo, sino con la entradilla que entiendo es de la Redacción de Píkara: creo que si esta web quería dar una visión amplia del tema de los piina, debería haber invitado también a escribir sobre el asunto a alguna feminista de la PPIINA.

    7. Irene

      Lo que estáis haciendo es competir directamente con el derecho de las madres a tener bajas maternales decentes. Y eso no se hace.

    8. Mariano Nieto

      Irene, gracias por entrar en la conversación.
      En primer lugar, hay muchos países (no solo nórdicos) donde la parte intransferible es igual para ambos progenitores. El problema es que en todos sigue existiendo una parte transferible (o de “asignación opcional” o “a compartir”), más o menos larga, que, como tú misma indicas para el caso de España, se toman abrumadoramente las madres. Por eso desde la PPIINA reclamamos acabar con los permisos transferibles (o de “asignación opcional” o “a compartir”), que son una entelequia porque en la realidad son una parte más del permiso de maternidad, y que lo que se de a los hombres (permiso de paternidad) esté igualmente pagado al 100%, precisamente para que los hombres se lo tomen, porque ese es el comportamiento comprobado en todos los países: los hombres solo se cogen los permisos intransferibles y bien pagados. Es la única forma de “obligar” a los hombres a tomarse estos permisos. La buena noticia es que todos los estudios indican que la abrumadora mayoría de los hombres que se toman el permiso de paternidad (en España y en todos los países donde lo hay) lo usan realmente para cuidar y hacer tareas domésticas y no para irse de cañas con los amigotes.
      En segundo lugar, la discriminación del empresariado hacia las mujeres no es a causa de la baja maternal sino a causa de que la baja paternal no sea igual a la maternal. De ahí nuestra reclamación de que la baja paternal sea, además de intransferible y pagada al 100%, igual en duración a la baja maternal. En realidad lo que pedimos es un derecho individual para cualquier trabajador/a para el cuidado de criaturas recién llegadas al hogar (por nacimiento, adopción o acogida) por el hecho de haber cotizado a la Seguridad Social, y acabar con la distinción de permiso de maternidad y de paternidad. Yendo más lejos, personalmente opino (esto no es una posición de la PPIINA) que después de haber universalizado la educación infantil gratuita de 0 a 3 años y después de haber alargado convenientemente el permiso individual para cuidado de criaturas recién llegadas, habría que eliminar la posibilidad de reducción de jornada y de excedencia, porque estas reducciones solo las hacen las mujeres por presión social (falta de alternativas) a costa de ellas mismas. Pero esto es otro debate.
      En tercer lugar, estoy de acuerdo contigo en que la educación y la realidad no se cambian con “alegaciones”. Desde la PPIINA queremos cambiar ambas cosas, educación o mentalidad y la propia realidad, pero no con alegaciones sino con una reforma legal. Salvando todas las distancias, sería algo parecido a lo que pasó con la ley del tabaco: las campañas educativas y de concienciación no dieron muchos resultados, y fue la aplicación de la ley la que tuvo un efecto pedagógico y de cambio de la realidad que mucha gente decía que era imposible por la “cultura” del cigarrillo pre-existente.
      En cuarto lugar, desde la PPIINA no pedimos la equiparación de los permisos a costa del permiso de maternidad. Imagina que estuviéramos al principio de la revolución industrial y que una parte de la población trabajadora hubiera conseguido el derecho a disfrutar de una semana de vacaciones anuales: el hecho de que la otra parte de la población reclamara también poder tener una semana de vacaciones no descartaba ni impedía la lucha de toda la población por conseguir alargar el periodo de vacaciones más allá de una semana, por entender que una semana de descanso anual era muy insuficiente. En este caso es lo mismo: estoy de acuerdo en que las 16 semanas del permiso de maternidad son bien poco para atender a las necesidades de cuidado de los y las recién nacidos/as. Y mucho más insuficientes son las 2 semanas del permiso de paternidad. Pero en la PPIINA creemos que es un error en la lucha por la igualdad de género el extender el permiso de maternidad sin que se haya equiparado antes con el de paternidad, porque eso condena a las mujeres al eterno papel de cuidadoras principales y a seguir siendo discriminadas por maternidad en el mercado de trabajo. Igualemos los permisos y luchemos después por alargarlos, pero si mantenemos la disparidad mantenemos la discriminación de las mujeres, en casa y en el trabajo remunerado.
      Y así llego a mi última respuesta a tu comentario: las mujeres madres hacéis una inversión física en la reproducción, que normalmente se recupera con descanso de calidad durante una o dos semanas, como quien ha corrido una maratón. No me negarás que el descanso de calidad se consigue mejor si tienes a tu lado a alguien de confianza que te cuide y cuide de la criatura recién nacida. En caso de problemas de salud, lo que es necesario es una baja por enfermedad, no por maternidad. El resto de “inversiones” en la reproducción (inversión psicológica, de tiempo, económica, etc.) creo que se pueden y se deberían compartir al 50% con la pareja, para que ninguna persona se vea obligada a cargar con más de lo que equitativamente le corresponde. Si alguien quiere cargar con más que sea por opción personal, no por presión u obligación social (falta de alternativa). En resumen: no creo que existan dos derechos diferentes, porque no creo que los papeles deban ser diferentes; desafortunadamente en la realidad sí lo son, pero es por construcción social, no por “naturaleza”. Mantener que sí son papeles diferentes y que existe una mística de la maternidad (o una mística de la paternidad o de la masculinidad o de lo que sea) supone, para mí, seguir manteniendo uno de los pilares del patriarcado como es la división sexual del trabajo.
      Un cordial saludo.

      1. María Esther Fernández

        Mariano, desde el respeto y sin acritud… como se decía antiguamente: La lectura de tus comentarios me produce la sensación de que desconoces todo acerca de la maternidad, del puerperio, de la realidad de un bebé recién nacido… No sabría por donde empezar, y no doy doctrina a quien no me la pide. Pero, y siento empañar tu visión de un futuro feliz, más bien de “un mundo feliz”, a algunas personas la visión de la educación gratuita de 0 a 3 años nos parece la definición del infierno. Entre esas personas a las que les parecería lo peor incluyo sin lugar a dudas a los bebés, pobrecitos. Al menos sin discusión alguna a los menores de un año. En fin…

      2. LCDF

        Cito “…las mujeres madres hacéis una inversión física en la reproducción, que normalmente se recupera con descanso de calidad durante una o dos semanas, como quien ha corrido una maratón. (…) El resto de “inversiones” en la reproducción (inversión psicológica, de tiempo, económica, etc.) creo que se pueden y se deberían compartir al 50% con la pareja, para que ninguna persona se vea obligada a cargar con más de lo que equitativamente le corresponde. Si alguien quiere cargar con más que sea por opción personal, no por presión u obligación social (falta de alternativa). En resumen: no creo que existan dos derechos diferentes, porque no creo que los papeles deban ser diferentes; desafortunadamente en la realidad sí lo son, pero es por construcción social, no por “naturaleza”.”

        Creo que esta cita resume bastante el problema central en toda esta cuestión. Remarco esto, sobre todo: “En resumen: no creo que existan dos derechos diferentes, porque no creo que los papeles deban ser diferentes; desafortunadamente en la realidad sí lo son, pero es por construcción social, no por “naturaleza”.”

        Aquí hay una SERIA confusión entre “realidad” y “sociocultural”. Hasta el día en que inventen el útero artificial, las diferencias entre maternidad y paternidad NO son socioculturales, sino reales y biológicas. Hay cosas que son socio-culturales, claro que si. Pero el acto de procrear entraña profundas diferencias entre las hembras y los machos mamíferos, y el ser humano no es la excepción: El bebe se gesta dentro de la mujer, no puedes transferir el embrión al interior de otra persona (no todavía, al menos.) El bebe se alimenta del cuerpo y los nutrientes de la madre, no puedes darle tu calcio al embrión, por más que quieras. El bebe se desarrolla durante 9 meses en el interior de la mujer, y es ella la que tiene que cargar con los cambios hormonales, el sobrepeso, la perdida de nutrientes, etc etc. El bebe humano nace de la vagina de una mujer. No puedes “transferir” el parto, ni sus dolores, etc..

        TODAS estas cosas, que constituyen lo que significa traer una criatura al mundo, son muy pero muy diferentes según la mujer. A cada mujer la afectan de manera diferente y no se puede generalizar como los has hecho al declarar que “un embarazo es como correr una maratón” del cual te recuperas en “una o dos semanas” (!!!)

        Aquí lo que hay es, una vez mas, un fuerte desencuentro entre igualdad teórica e igualdad real. La igualdad teórica parte de la idea de que todos somos iguales (principio liberal por excelencia) y por lo tanto debemos recibir el mismo trato por parte del estado. Todo esto suena muy bien, teóricamente, pero cuando choca contra la dura y “des-igual” realidad, se evidencia la injusticia.

        Para no irme por las ramas, sobre este este tema en particular resumiré mi opinión: La maternidad y paternidad NO son iguales. No son experiencias simétricas y proporcionales. Y lo mas importante, NO son experiencias TRANSFERIBLES. Yo puedo querer ser “padre”, esto es, tener un hijo sin gestarlo y parirlo y sin embargo, a menos que adopte, alquile un vientre o sea lesbiana, no podré hacerlo. Un hombre puede querer ser madre y sin embargo, no podrá librar a la mujer del embarazo, el parto y la lactancia, si ella decide amamantar. Simplemente no podrá. Podrá compartir la carga y acompañar, pero no lo es lo mismo, por mas buenas intenciones que se tengan. La maternidad le ocurre A la mujer, dentro de su cuerpo. La paternidad es una experiencia extremadamente diferente la cual, tanto hace mil años como en la actualidad, le sigue dando al varón una mayor movilidad y desapego con respecto a los hijos. El instinto materno podrá ser algo socio-cultural, pero el funcionamiento del acto de gestar y parir es algo biológico. He ahí la equivocación en tu planteo.

        Así que, personalmente, entiendo la diferencia en el trato estatal entre la paternidad y la maternidad. Habiendo dicho esto, estoy de acuerdo en que los hombres tengan licencias de paternidad también. En todo caso, lo que se debería pedir es que se extiendan ambas licencias, pero equipararlas me parece injusto por las razones explicadas: No es “igualdad” igualar dos realidades diferentes. Tratar a la maternidad de la misma forma que a la paternidad, cuando entrañan tantas y TAN grandes diferencias, no es justicia. Un hombre se puede dar el lujo de exigirle al estado los beneficios de la maternidad, pero las madres no puede exigir los beneficios de la paternidad. ¿Se entiende el problema?

        Este tema resalta, mas que ningún otro, el problema con la idea de igualdad liberal. ¿Cómo igualar dos realidades dispares? ¿Como igualar a personas que son diferentes entre si? La respuesta es siempre la misma: Se iguala en favor de algunos, y en contra de otros. Con el tema de la paternidad y la maternidad, lo que se esta tratando de hacer… es amoldar la maternidad a la paternidad. Tarde o temprano los niños pasaran a maternales desde el nacimiento (ya esta ocurriendo) ignorando o incluso prohibiendo el apego emocional y físico de las madres, ignorando el proceso y sacrificio biológico de la mujer para traer ese niño al mundo. Se les pedirá el desapego propio de la paternidad, para poder ser “ciudadanas productivas” que es lo único que le interesa al sistema. Y algunos llamaran a esto progreso e igualdad. Otros no.

        ¡En fin! me fui por las ramas de todos modos. Un tema complicado, sin duda.

        1. Mariano Nieto

          Gracias por tu réplica a mi comentario LCDF. Efectivamente ya decían los romanos que justicia es dar a cada uno/a lo suyo y tratar de forma diferente lo que son situaciones diferentes. En el caso de los permisos de maternidad y paternidad, hay que atender al hecho biológico y al hecho laboral. Ambos progenitores necesitan tiempo para cuidar de la criatura. Las madres, además, necesitan recuperarse del embarazo y parto, y también prevenir su eventual pérdida de empleo, carrera laboral, cotizaciones y prestaciones sociales (principalmente la pensión). Los padres necesitan librarse de la presión de la empresa y del mandato de género que los encadena incluso mentalmente a sus trabajos remunerados, y la sociedad necesita que no saquen ventaja laboral (y por tanto vital) por el hecho de que son la mujeres las que conciben y paren. Todas estas necesidades se cubren con permisos iguales, intransferibles y pagados al 100%.
          No se trata de amoldar la maternidad a la paternidad sino al contrario, amoldar la paternidad a la maternidad, incorporar a los hombres al trabajo de cuidado en la misma medida que las mujeres se han incorporado al trabajo remunerado, conseguir que los varones suministren también apego físico y emocional, y liberar parcialmente a las madres, que así lo deseen (quien no lo desee puede seguir con su papel de toda la vida), de la pesada carga de ser las principales y a veces únicas suministradoras de esos cuidados y apego. Y a la vez proteger la autonomía personal de esas madres mediante el mantenimiento de sus empleos, sus cotizaciones a la SS y sus jubilaciones propias. .
          Es verdad que el liberalismo del siglo XIX luchó por la individualización de los derechos, pero el neoliberalismo actual prefiere derechos “familiares”, esto es, permisos desiguales y transferibles, para asegurarse de que las mujeres siguen cargando con todo el trabajo de cuidado de forma gratuita para el sistema y que los hombres sean “productivos”. Creo, LCDF, que la amenaza liberal que ves en los piina no es tal: al neoliberalismo le interesa que los hombres no se incorporen al trabajo de cuidado y que las mujeres les sigan cubriendo las espaldas.
          En tu comentario, al igual que en el de otras como Irene, percibo un recelo, totalmente justificado desde mi punto de vista, a que los hombres “fagocitemos” un espacio (el de los cuidados y la crianza) que para muchas mujeres puede que sea el último reducto de poder vital y de realización personal. Pero me temo que, si cuesta trabajo, a los hombres no les va a interesar “conquistar” ese terreno. Solamente “forzándoles” con los piina irán entrando a compartir esas tareas. Los piina son para acabar con la injusta distribución de la carga de trabajo de cuidado, para reducir la discriminación laboral de las mujeres, para posibilitar otra vivencia de la paternidad, y en ningún caso para acabar con la experiencia de la maternidad y todas sus vivencias únicas e intransferibles.

          1. LCDF

            Hola

            Mi pregunta sigue en pie ¿qué hacer con las diferencias biológicas? Lo que PPiiNA y PLENT proponen… es ignorarla como si no existiera. “To imagine a society of earning/caring people in complete equality is like imagining a society in which only individual differences exist but there are no sexual differences. A society in which people are not reduced to the role of being mothers, workers, carers, masculine, feminine, married, single, native, immigrant… To imagine such a society is possible.” (De la página de PLENT)

            Se muy bien que hoy en día todo se trata sobre “igualdad de genero” y “construcciones socio-culturales” pero en cuestiones de sexo y reproducción, siempre terminan chocando contra un muro que no logran sortear.

            También me ha llamado la atención el hincapié que hacen en rechazar la idea de incrementar la licencia por maternidad antes de haber igualado la licencia por paternidad. Si la licencia por maternidad no alcanza, y se le quita la porción transferible, esto resultará en una reducción. También dudo de la interpretación que le dan al hecho de que los padres le cedan la parte transferible a las madres. Repiten una y otra vez que esto ocurre por prejuicio y adoctrinamiento patriarcal. Sin embargo, si las madres aceptan las licencias aun cuando la paga es baja (a diferencia de los hombres) ¿no será que simplemente quieren y/o necesitan pasar más tiempo con sus hijos del que tienen, y están dispuestas a tomar cualquier clase de licencias para conseguirlo, por mas perjudicial que sea?

            No dudo que hay una gran cantidad de mujeres que las tomas porque creen que ese es su deber, y los hombres se las ceden porque “eso se espera de ellos”, pero también hay que considerar a las madres que optan por la lactancia y/o necesitan estar cerca de sus hijos durante los primeros meses de vida. No todas las mujeres que toman las licencias transferibles lo hacen por adoctrinamiento. Muchas simplemente quieren estar con sus hijos.

            Pero concuerdo en varias cosas: Los padres deberían, sin lugar a dudas, estar presentes en el cuidado de los hijos. Apoyo la creación de una licencia no transferible, pero sigo pensando que la licencia por maternidad debería ser mas amplia que la de paternidad en proporción. Te diré porqué: la maternidad, a diferencia de la paternidad, se podría dividir en varias licencias. Por ejemplo: licencia post-parto, licencia de lactancia, y finalmente, licencia parental. Las dos primeras deberían ser intransferibles, ya que el parto y la lactancia lo son también, y le pertenecen exclusivamente a la mujer (a menos que opte por no amamantar, en tal caso la licencia de lactancia se podría transferir al hombre). Luego debería haber una licencia de paternidad para cada cónyuge, iguales e intransferibles. Esto es solo un ejemplo de planteamiento, pero dime ¿acaso no seria mas justo? ¿en qué se basa la demanda de igual licencia, cuando la maternidad es casi siempre mas agotadora física, emocional y psicológicamente que la paternidad?

            En fin, apoyo la moción, pero con reparos. La ampliación de la licencia por paternidad no se debería hacer a costa de la de maternidad, y ésta última debería ser, en mi opinión, proporcionalmente mas amplia que la del hombre. Aunque hipotéticamente, si un pais lograra otorgar una baja por maternidad lo suficientemente amplia, no sería negativo que la de paternidad la igualara. El tema es que no veo a los gobiernos siendo tan altruistas. Creo que optarán por reducir la baja de maternidad para ampliar la de paternidad, para terminar de deshacer el lazo entre la madre e hijo. Un paso previo a la familia estatal.

            O tal vez es que soy apocalíptica qué se yo. Saludos.

            1. Mariano Nieto

              Gracias por tu réplica, LCDF. No es que quiera tener la última palbra, solo puntualizar un par de afirmaciones que haces que son inexactas en relación con los piina.
              Dices: “si la licencia por maternidad no alcanza, y se le quita la porción transferible, esto resultará en una reducción.” La propuesta de la PPIINA no contempla quitar a las madres nada de la parte transferible del permiso de maternidad (10 de las 16 semanas). Lo que proponemos es hacer intransferibles todas las 16 semanas de las madres e incrementar el permiso de paternidad desde las 2 actuales hasta 16 semanas intransferibles también, y por último ampliar ambos permisos a 18 semanas. Y una vez conseguido esto, pedir la ampliación de ambos (o del único permiso resultante “por crianza” para cualquier trabajador/a), porque 18+18 semanas sigue siendo poco para atender a las necesidades de cuidado de las criaturas. Por tanto, en la PPIINA estamos de acuerdo en que “la ampliación de la licencia por paternidad no se debería hacer a costa de la de maternidad”.
              Dices: “la maternidad, a diferencia de la paternidad, se podría dividir en varias licencias. Por ejemplo: licencia post-parto, licencia de lactancia, y finalmente, licencia parental”. La propuesta de la PPIINA divide así los permisos para ambos progenitores:
              – el primero, llamado ‘permiso parental inicial’ será de dos (2) semanas obligatorias a disfrutar a partir del hecho causante (nacimiento, adopción o acogimiento). Será por tanto simultaneo en caso de existir dos progenitores.
              – el segundo permiso, llamado ‘permiso parental para la crianza’, será de dieciséis (16) semanas, de las cuales cuatro obligatorias.
              El permiso para la crianza podrá disfrutarse en un bloque o, previo acuerdo con la empresa, en varios, pero siempre dentro de los 18 meses posteriores al hecho causante. Así pues, se configura un sistema de permisos en el que se asegura la concurrencia de ambas personas progenitoras durante un periodo razonable de dos semanas (coincidente con los estándares internacionales), a la vez que se permite a las familias organizar el periodo posterior de crianza de acuerdo con sus necesidades específicas.
              La insistencia en que los permisos de ambos progenitores sean iguales no es por desconsideración hacia las diferencias biológicas sino al contrario: la recuperación de la madre será mejor si se le garantiza un descanso de calidad, y qué mejor forma que tener a una persona de confianza (su pareja) cuidándola a ella y al bebé durante ese tiempo de recuperación. Además, así se consigue que la ausencia del puesto de trabajo de ambos sea igual y que por tanto la discriminación laboral de las mujeres por causa de la maternidad se reduzca.
              Dices: “si un país lograra otorgar una baja por maternidad lo suficientemente amplia, no sería negativo que la de paternidad la igualara”. Pero si piensas que el cuidado y apego lo pueden suministrar ambos progenitores, no tienes por qué asignar a las madres exclusivamente ese papel (excepto que ella y él así lo quieran). Por tanto, no se trata de tener un permiso de maternidad muy largo pensando en que la madre será la única en cuidar de la criatura, sino de tener permisos individuales de mapaternidad suficientes para que, sumados, sean equivalentes a una baja de maternidad larga.
              Dices: “no veo a los gobiernos siendo tan altruistas. Creo que optarán por reducir la baja de maternidad para ampliar la de paternidad, para terminar de deshacer el lazo entre la madre e hijo.” En el caso de España, ningún partido político ha propuesto reducir el permiso de maternidad para ampliar el de paternidad, y la PPIINA, como ya he explicado, tampoco. No hay ninguna amenaza de deshacer el lazo madre e hijo ni de familia estatal.
              Un cordial saludo

          2. LCDF

            Gracias por responder tan detalladamente!
            Hay cuestiones que no me cierran pero creo que son cosas que ya trascienden a PPiiNA, y tienen mas que ver con el rumbo en que está tomando la sociedad capitalista. Creo que la incompatibilidad entre maternidad y trabajo seguirá siendo un problema, a pesar de las medidas como la licencia igualitaria. Creo que hay cierto idealismo en considerar que la igualdad de licencias resultara en igualdad de oportunidades laborales y que éstas resultaran, a su vez, en más trabajo. El mercado laboral no esta diseñado para satisfacer la demanda de trabajo (si fuera así, todos tendrían una ocupación) sino que es al revés. Somos nosotros los que debemos adaptarnos a un mercado cada vez más exigente y excluyente. Si los hombres se convierten, como padres potenciales, en un riesgo económico para una empresa, es probable que ésta, en lugar de contratar mas mujeres, opte simplemente por contratar personas jóvenes y solteras. El sistema se adaptará, siempre lo hace, y no en favor de nadie mas que de si mismo.

            Sin embargo, como dije antes, esto trasciende a la demanda de PPiiNA. La igualdad de licencias parece ser el siguiente paso a tomar, en muchos sentidos. Tiene lógica. Y es probable que logre un mayor grado de igualdad, aun si solo se trata de igualdad ante la discriminación laboral.

            Es curioso que todo este problema parte del hecho de que las personas tienen que pasar largas jornadas fuera del hogar, lo que es incompatible con cuidar a un recién nacido (en realidad no es compatible con cuidar a niños de cualquier edad). El debate actual se centra sobre cómo incorporar a la mujer en el mercado laboral y cómo equilibrar el trabajo con la maternidad y la paternidad… pero no se habla de otras alternativas, cómo traer el trabajo a la casa. Gracias a las tecnologías actuales sería posible realmente trasladar muchos de los trabajos a nuestros hogares, y realizarlos a través de redes sociales e redes empresariales internas. Ya hay muchos que lo hacen, aunque por lo general de manera freelance y con salarios bastante precarios. Pero creo que se debería hablar mas de estas alternativas, o complementos al problema “trabajo versus familia”. Acortando o eliminando la necesidad de desplazamiento para poder trabajar, estimulando el derecho a trabajar de manera des-centralizada, independiente y/o a distancia, se podría ayudar a reconciliar lo domestico con lo laboral. Pero bueno ¡estos son solo divagues míos!

            Saludos!

    9. Mariano Nieto

      ¡Ah! Y una última cosa, Irene: en la PPIINA, desafortunadamente, estamos muy poquitos hombres. La plataforma la constituyen fundamentalmente organizaciones feministas de mujeres. Es verdad que no verás una plataforma de hombres luchando por su derecho de cuidar a su suegra. Como tampoco verás una plataforma de ricos luchando por su derecho (y obligación) a pagar más impuestos. Los privilegiados no renuncian voluntariamente a sus privilegios, es la sociedad a través de las leyes quien puede obligarles a prescindir de esos privilegios. Los piina son un instrumento para forzar a los hombres a abandonar su privilegio de no tener que cuidar. Por eso hay tan pocos hombres en la PPIINA.

    10. Jaime

      Yo tengo una duda, a ver si alguien me puede responder, en el caso de parejas homoparentales cuales son los permisos de baja cuando son dos madres o dos padres???

      1. Álvaro

        En caso de adopción, realmente sólo es una de las personas de la pareja quien adopta. Y es ésta quien se lleva las 16 semanas. Sí, es rarísimo, pero imita la desigualdad legal de los progenitores heteros genéricos.

      2. Aída

        Desde la plataforma PPIINA luchamos por permisos iguales, intransferibles (es decir, no puedes cedérselos a tu pareja porque se trata de un derecho individual) y pagados al 100% , independientemente del género y la orientación sexual de los progenitores. Esto es muy importante precisamente para cambiar los roles de género padre sustentador y esposa dependiente y cuidadora, así como para no hacer distinciones esencialistas entre familias heterosexuales y homosexualidad. Todos los hijos se merecen una implicación total por parte de sus padres, sea el tipo de familia que sea.

    11. Irene

      sí, bueno, Victoria Kent también era feminista. El modelo nórdico tiene bajas de m(p)aternidad larguísimas y funciona bien. Los suecos son los señores más implicados en el cuidado de sus hijos y las suecas las menos discriminadas laboralmente, vuestra propuesta es innecesaria existiendo ya modelos bien implementados en el mundo y que han demostrado su utilidad. Hacer bajas intransferibles no sólo perjudica a las mujeres que quieren tener bajas más largas, también a las que quieren tener bajas más cortas, como Chacón, que transfirió su parte a su pareja. Además es una propuesta intervencionista, yo prefiero que el estado no regule la forma en que gestiono mis asuntos domésticos. Las mujeres ya somos cuidadoras, somos nosotras las que pedimos excedencias y reducciones de jornada porque ningún hombre se acoge a estos derechos que ahora mismo son iguales para ambos progenitores, alargarnos la baja no sólo no nos perjudica sino que evita que tengamos que acudir a ese otro tipo de arreglos. Insisto, los hombres pueden exigir su derecho a ejercer de padres pero es un derecho independiente de la baja maternal. El argumento de la discriminación es torticero, un victim-blaming de libro. Lo de eliminar las reducciones de jornada directamente me parece horrendo, además de que se sustenta en un argumento paternalista. Oye, habeis pensado que algunas mujeres se cogen excedencias porque se quieren quedar con sus hijos? Que un hombre decida cuánto tiempo voy a tardar yo en recuperarme física y psicológicamente de mi embarazo y parto prefiero ni comentarlo, de verdad. ¿Una o dos semanas? No jodas. Lo dejo aquí.

    12. Paula

      Estimado Mariano: creo que tus intenciones son buenas, pero falta otra vuelta de tuerca en tu discurso (y en el la sociedad en general).
      Para mi aquí lo que hay que ver es: cuanto necesita estar un bebé con alguien que le materne? Las respuestas neurobiológicas nos dicen que no menos de dos años. Ok. De esos dos años, cuanto debería el bebé tomar leche materna en exclusiva (mínimo 6 meses y hasta el tiempo que madre y bebé deseen más allá de los 6 meses, uno, dos o siete años). Me dirás qué no todas las mujeres quieren dar la teta, y es verdad. Pero yo estoy hablando de lo que quiere un bebé.
      Luego, la neurobiología nos enseña que en condiciones normales (partos no medicalizados, mujeres sanas) la mujer que ha parido, desea estar con su bebé. Así que si le dejas elegir, la mujer dirá “yo deseo quedarme con el bebé” aunque en realidad ese deseo no es racional, sino biológico.
      Pero las mujeres decidirían esto si la crianza y los cuidados fueran un asunto social, donde la solución no sea guardar a tus hijos en guarderías, (en los que habiendo profesionales como la copa de un pino, no dejan de ser orfanatos a tiempo parcial) si no espacios de crianza, bajas remuneradas, crianza comunitaria…
      El papel del padre en toda esta historia, según la neurobiología sería: ser el sostén de la madre para que esta pueda “criar”, lo que se traduce en hacer comidas y poner lavadoras o coger al bebé mientras yo pongo una lavadora, y, a partir de los dos años (no es una ciencia exacta) ser el ” enseñador del mundo exterior”…
      Esto es para lo que están preparados los cerebros de madres y bebés, y esto se debería dar en una España idílica y respetuosa. Pero la realidad es otra, la realidad es que el que manda es el mercado y estamos jugando a ir contra natura… Y las consecuencias son palpables…

      1. Raquel RA

        Hola Paula, si no entiendo mal, argumentas que un padre no está capacitado neurobiológicamente para criar a su hijo como lo está una madre por el hecho de ser mujer. No creo que te refieras al hecho de dar el pecho, puesto que la leche materna se puede almacenar y suministrar más tarde.
        El caso es que tu razonamiento me resulta reaccionario, como el que argumenta que una pareja homosexual no puede criar a un hijo porque se pierde el equilibrio natural madre/padre, o cuando se denegaba el derecho al voto a las mujeres porque no estaban capacitadas intelectualmente para decidir quien las gobernaba. ¿Desaconsejarías entonces la crianza en una familia donde no hubiera mujeres, como en el caso de parejas gays o monoparentales?
        No soy madre por el momento, pero si decido serlo, me gustaría criar a mi hijo de la manera más cercana y beneficiosa para ambos, disfrutando de la experiencia y creando un vínculo que seguro será vital en su desarrollo, y si quiero a mi pareja, quiero a mi hijo y quiero que mi familia funcione de la manera más sana y fluida, me gustaría sin dudarlo compartir esa experiencia con él, no sólo creo que sería beneficioso para el bebé (el doble de amor), también para el padre, para mí y para mi relación de pareja (conozco algunas parejas rotas cuando nace el hijo y el padre comienza progresivamente a desapegarse del cuidado del bebé mientras la madre termina sobreimplicándose)
        Creo que compartir la experiencia tendría además una repercusión social sin precedentes: convertiría paulatinamente esta sociedad en la comunidad idílica y respetuosa que mencionas. No creo que la maternidad sea un privilegio biológico inherente a las mujeres, y menos en la actualidad. Yo estaría dispuesta a compartirlo (que no cederlo. Seguiría viviendo mi maternidad plenamente) Me parece la opción más sana, más justa, y tal y como está planteada esta sociedad actual en la que hombres y mujeres aspiran a tener las mismas libertades, derechos y deberes, más sensata y natural.

    13. Mariano Nieto

      Maria Esther, Irene: he tenido y criado (junto a mi pareja) a tres hijas y un hijo. Tengo 6 hermanxs más pequeños que yo. Algo sé por experiencia y por estudios de maternidad, paternidad, partos, puerperios, crianzas, etc.
      Estoy de acuerdo con Maria Esther en que mandar a un bebé de menos de un año a una escuela infantil no es bueno para la criatura, en principio. Los piina permitirían organizarse a las parejas de modo que 4 meses de cada uno, mas los meses de vacaciones de cada uno, más permiso de lactancia acumulado sumarían para poder cuidar a la criatura en casa más o menos el primer año. Y habría que seguir pidiendo y luchando, además, por la ampliación de los permisos iguales.
      Respecto del modelo sueco, los padres se implican más en la crianza porque tienen tres meses de permiso intransferible y bien pagado. Pero las madres se siguen tomando su permiso de maternidad intransferible y toda la parte transferible hasta llegar a un año. La consecuencia es que en la igualitaria Suecia, a las mujeres se les sigue obligando (a aquellas que no quieran) a asumir el papel de cuidadoras principales y todas siguen sufriendo la discriminación estadística en el mercado de trabajo. Luego el modelo sueco no funciona para alcanzar la igualdad. Y tienen el poblema de la “dependencia del camino” ya recorrido (path dependency lo llaman lxs expertxs), porque la equiparación de los permisos y hacerlos intransferibles se percibe allí mucho más como quitarle derechos a las madres.
      Respecto de que un permiso intransferible perjudica a quien quiere un permiso más corto, es evidente que quien lo quiera acortar lo puede hacer sin problemas, igual que hay trabajadores que pierden parte de sus vacaciones porque no se toman todos los días que les corresponden.
      Respecto al argumento del intervencionismo y de que el estado no se inmiscuya en los “asuntos domésticos”, es el feminismo el que nos ha enseñado que lo personal es político y hasta que punto las supuestas “opciones libres” de mujeres y hombres están condicionadas por los roles de género. La “libertad de elección” es la coartada del neoliberalismo patriarcal para asegurarse de que las cosas no cambien, porque la presión social sigue empujando en una sola dirección a las mujeres, con lo cual la libertad de elección se convierte en una falacia porque no hay alternativas reales para la inmensa mayoría de las mujeres y hombres.
      Los piina no quitan derechos a nadie, por más que Irene lo repita sin argumentos. Lo que hacen es añadir derechos y dar alternativas reales a quienes quieran hacer las cosas de otra forma; y no obliga a cambiar a quienes no quieran.
      Y una respuesta para Paula: lo primero que nos enseña la neurobiología es la plasticidad del cerebro humano y su transformación permanente en interacción con el medio. La leche materna se puede dar en biberón por el padre, no es preciso que todas las tomas sean directamente de la teta, y tampoco está demostrado que sea mejor la crianza con leche materia que con leche preparada (sí en el caso del tercer mundo por falta de condiciones higiénicas). Me asusta que lo que antes se atribuía a las mujees “por naturaleza” ahora se atribuya “por neurobiología”.

      1. Ana

        Mariano, gracias de verdad por explicarlo tan bien. A mí también me asusta cada vez más la “mística de la maternidad” y el “es así por naturaleza”.

      2. María Esther Fernández

        Mariano, me alegra de que estemos de acuerdo en que llevar a un bebé a una “escuela infantil” no es bueno, en principio. Ahora, por favor, no puedo pasar por alto esto que dices: ” La leche materna se puede dar en biberón por el padre, no es preciso que todas las tomas sean directamente de la teta, y tampoco está demostrado que sea mejor la crianza con leche materia que con leche preparada (sí en el caso del tercer mundo por falta de condiciones higiénicas). Me asusta que lo que antes se atribuía a las mujeres “por naturaleza” ahora se atribuya “por neurobiología”. Esto es totalmente falso, y hay centenares de estudios, yo no soy bióloga, y aún así he leído muchas veces extractos de muchos de ellos. Luego están las mil situaciones de las personas y su libertad, respetables, pero no se puede sostener una afirmación así, lo siento. Ana, no tengas miedo, se trata de libertad y de gozar (en la medida que las circunstancias lo permiten), de nuestra vida, incluyendo la maternidad, sí, gozar, vivir, amar.
        Me hace gracia que hables de las mujeres que quieren seguir con el “papel de toda la vida”, porque te estás perdiendo el meollo de la cuestión: muchas mujeres quieren estar con sus hijos, de una manera alejadíííiiiiiísima del modelo de toda la vida. Puesto que defienden el derecho a criar a sus hijos en libertad, como ellas quieran, repito, en libertad.. Me gustaría desde luego considerarme una de ellas.
        Tampoco quiero perder la oportunidad para reprocharte la pobre opinión que tienes de los hombres, que solo cojen una baja paternal si se la pagan de miedo. El mío (quiero decir el padre de mis hijos, nada de posesión) se la cogió perdiendo su trabajo, porque yo tenía que incorporarme o sí o sí al mío. Le voy a decir que de cursos: ibais a flipar. Y te aseguro que nunca ni por un momento pensó que tomar leche directamente del cuerpo de su madre fuera lo mismo que tomarla de un biberón para sus hijos, aunque les diera biberones (que nunca quisieron los niños….).
        Así que pensándolo bien, te tengo que dar las gracias a ti y al grupo al que representas. De repente me siento afortunada y me doy cuenta de que he disfrutado así sin despeinarme de un hombre 3.0 o 4.0 como mínimo. Que estamos en mi casa en estándares del siglo XXII por lo menos, con un padre que se ocupa de sus hijos porque le da la gana, pagando un alto precio laboral y social (los cuñados opinan, ya sabeis…) Lo dicho, creo que le voy a animar a que haga cursos, talleres y ponencias para hombres.
        Gracias por ocuparte también tu Mariano de este tema tan importante de cómo se crían los seres humanos. Me retiro seguramente del hilo porque me da que hay cosas que solo se entienden y conversan bien estando “de cuerpo presente”, con las miradas y los gestos oportunos.
        Un cordial saludo.

    14. María Esther Fernández

      Me alegra que estemos de acuerdo… quería decir XDD

    15. Javi

      Hola Maria Esther felicidades por tu hombre 3.0 o 4.0, ¿te has parado a pensar que no todas las parejas pueden permitirse prescindir de uno de los dos exiguos salarios que entran en casa? Me ha recordado a la solución que da el pediatra Carlos González de que “si la criatura tiene problemas para dormir que la madre se coja una excendencia”. Sinceramente, no en mi barrio…
      Haciendo un poco de revisión de la literatura de Castro y Pazos http://riemann.upo.es/personal-wp/congreso-economia-feminista/files/2013/10/Pazos-Maria-Castro-Carmen.pdf
      descubrirás cuál es el efecto que tiene comparativamente en Europa pagar o no pagar el 100% del permiso de paternidad (o el de maternidad) Mira el caso de Portugal, similar en términos socioeconómicos al nuestro. De tu comentario intuyo que esta decisión de no coger más tiempo por estar peor remunerado es una cuestión egoista y no dudo que en muchos casos sea así, pero por norma (roussoniana y no hobbesiana) los padres desean poder cuidar de sus hijos/as, pero el deseo entra en contradicción con la razón (osease las facturas) Estos permisos no son la panacea al sistema patriarcal, pero dejar a los hombres durante 16 semanas al cargo de los cuidados del hogar y de la criatura estoy convencido de que en poco tiempo ayudarían a cambiar la valoración de los cuidados tienen los hombres (como cuerpo social). Y todavía más llevaría a un cambio de mentalidad en el empresariado. No es cosa de dos días y en esto creo que acierta el artículo de Pikara, son las condiciones de vida las que deben ser cuestionadas, pero no me termina de convencer el enfoque de señalar que esta medida no “garantiza”, ninguna medida legislativa garantiza su cumplimiento legal y mucho menos si ademas pretende realizar cambios en la organización social en la esfera privada. Creo que los permisos parentales igualitarios si se logran son un paso importantísimo en el largo trecho hasta que los hombres se corresponsabilicen de los cuidados. La racionalización de horarios efectivamente es central en este debate.
      PD: Gracias Paula por enseñarnos nuestro papel en “toda esta historia”, poner lavadoras y a partir de los 2 años al bernabeu los domingos, si llego a saber que estaba neorubiologicamente incapacitado… Ese biologicismo esencialista mezclado con Laura Guttman es pura dinamita para reintroducir la división sexual del trabajo en el imaginario de la “izquierda”, la revidificación de las esferas privadas y públicas…de ahí a la vuelta a los cazadores recolectores un pasico…sin entrar mucho al trapo me parece que se relegitima desde tu postura la vuelta al hogar etc etc..
      Un saludo

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