En la piscina Opinión, Voces

Me resulta indicativo de muchas cosas que las calles rotuladas como de nado medio estén llenas de mujeres y las de nado rápido llenas de hombres. El día que le eché huevos y me metí a la de nado rápido, descubrí una verdad sorprendente.

Ilustración: Ana Penyas

Ilustración: Ana Penyas

Suelo ir a una piscina municipal a nadar (aprovecho para informarles de que Manuela Carmena, la alcaldesa de Madrid, ha bajado el precio de las piscinas y están llenas de pobres. Un horror. Jamás te lo perdonaré). El caso es que, como todas ustedes saben, que son buenas usuarias de piscinas y gimnasios sobre todo en enero (esos gimnasios son rentables gracias a esas cuotas anuales que ustedes pagan en un rapto de locura y que dejan de usar aproximadamente el 17 de enero), en las piscinas hay varias calles con unos rótulos que indican la velocidad aconsejada en cada una de ellas: nado lento, nado medio, nado rápido. (No sé si usar “nado” es gramaticalmente correcto, me temo que no, debe ser como “entreno” en lugar de entrenamiento, pero es lo que pone en mi piscina).

Me resulta indicativo de muchas cosas y es quizá un epítome de tantas otras que las calles rotuladas como de nado medio estén llenas de mujeres y las de nado rápido llenas de hombres. Ni qué decir tiene que yo mismo, pese a la tentación de meterme en las de nado rápido (una buena coz de un policía de Fuenlabrada con el culo duro como un balón medicinal sienta estupendamente), me solía sumergir en las de nado medio (las de nado lento siempre están llenas de personas que en vez de nadar se diría que están en infusión). Yo nadaba como una bestia, nadaba como podía, intentaba nadar a nado medio, pero no había forma, indefectiblemente me encontraba como cuando uno va por el carril de la izquierda a cincuenta por hora: luces, bocinazos, palabrotas. En este caso señoras que me tocaban los pies y que me adelantaban por arriba, por abajo, por la derecha y por la izquierda. Y hasta a través de mí, si eso es posible (que lo es, se lo digo yo).

Me cambiaba avergonzado a la calle de nado lento y me dedicaba a flotar como un paramecio en una charca, haciendo delicadísimos movimientos de sílfide para no hundirme y poco más. Hasta que un día, aburrido de tanta delicadeza, le eché un par de huevos (eso hacemos mucho los hombres, aunque solo se pueden echar una vez, debe ser que se regeneran): me metí en la calle de nado rápido. Mi sorpresa fue mayúscula cuando advertí que no solo no me adelantaba nadie, sino que yo mismo me tropezaba (a veces adrede, lo confieso), con alguno de esos mozalbetes que aspiran a ser bomberos, alféreces o policías y que se interponían en mi camino. Objetivamente (y que Einstein me perdone), la calle “rápida” era más lenta que la “media” (odio usar “comillas” porque me “imagino” haciendo el “odioso” gesto del que tanta gente “abusa”).

Todo esto tiene que ver con la autopercepción. Con lo que nos dicen de pequeños. Con lo de ¿quién es el niño de su mamá? Tiene que ver con todo, con tantas cosas. Con tantas cosas que uno se pone a escribir por no entrar a la piscina y decirles a todos esos berzas: pero ¿no veis que vais más lentos que ellas? ¿Qué os pasa, borricos? ¿Ni siquiera lo entendéis? ¿Y a vosotras? ¿Qué os pasa a vosotras? ¿Qué hemos hecho de vosotras? ¿Qué podéis hacer de lo que hemos hecho de vosotras?

Algún día de estos cambiaré el cartel (que es una especie de cono naranja de los que se ponen en la carretera) cuando no se den cuenta. A ver si se dan cuenta. Hasta que se den cuenta.

En la piscina
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José Luis Serrano

Matemático sin teorema, historiador sin publicaciones, inmigrante con papeles, poeta sin libro, director de cine sin película, eurofan sin bandera, católico sin iglesia, oso sin pelo, queer sin seminario sobre teoría de género. Nacido en Ciudad Real, a los dieciocho años emigró a Madrid a estudiar Matemáticas, donde descubrió a Gödel y Turing, perdió la fe en las ciencias y se dedicó a la contemplación de la perversa obra de Dios. En 2012 publicó su primera novela (Hermano) y una colección de relatos de viajes, cuentos y escritos contra la homofobia (La tumba del chicle Bazooka). En 2014 publicó su segunda novela, Sebastián en la laguna. En 2015 publicó su tercera novela, Lo peor de todo es la luz. Fue coordinador durante 10 años de la sección cultural de la web www.dosmanzanas.com, donde se dedicó cada viernes, con la columna Desayuno en Urano, a comentar películas y libros de temática LGTB.

Comentarios recientes

  1. Saris

    “¿Qué hemos hecho de vosotras? ¿Qué podéis hacer de lo que hemos hecho de vosotras?”

    Cuanta prepotencia masculina en solo una frase.

  2. BML

    Me ha encantado lo que has escrito. Tienes toda la razón. No te conocía y te seguiré a partir de ahora. 🙂
    Yo también nado en una piscina pública en Madrid y desde el primer día me había dado cuenta de esa diferenciación de calles según el sexo. Incluso a veces noto una mirada preponderante de estos individuos cuando estoy en la calle de nado medio.

  3. Morgana

    Yo tengo una teoría, si me la permitís.. A las mujeres se nos inculca la humildad y el agachar la cabeza hasta límites insospechados: desde el hecho de no poder expresar opiniones contrarias porque parece que estás loca, hasta los pequeños detalles como no poder decir que eres lista o que te consideras guapa (o afianzarte en creer que eres rápida nadando) porque automáticamente eres una creída. He llegado a ver casos de un hermano y una hermana con el mismo color de pelo y altura en la que aseguraban que él era más alto y más rubio. Hasta ahí…

    1. Roseta

      Totalmente de acuerdo contigo Morgana. Agachamos la cabeza en muchas ocasiones, en otras nos pasamos de guerreras de un modo desmesurado. Todo lo hecho por una mujer es cuestionable, sin embargo lo hecho por un hombre, no lo es tanto. Un saludo!

    2. Palomilla

      Estoy de acuerdo, y ya había pensado en ello alguna vez.

      Lo que nunca he visto, sin embargo, es una piscina dividida en calles más rápidas o más lentas. No sé si es cosa de vivir en Gijón y que aquí eso no se estila o qué.

  4. Sirenita cabrona

    Qué gracia. Una vez fui a una piscina con esa clasificación y me pareció un horror. En aquel caso, aquel día, la calle rápida estaba ocupada por olímpic@s y tiburones, la calle lenta era “remojo” y la media “nado un poquito para no estar en la lenta”. Y el resto cursillo.
    Bueno, donde yo voy, en Bilbao, las calles son de dos direcciones y mixtas. Un@ llega, observa un poco y elige.
    Me llama la atención que algunas mujeres, de 50 para arriba sobre todo, casi nunca entran en calles ocupadas únicamente por hombres. Así, si hay 3 chicas rápidas en una calle y dos señores lentos en otra, la mujer entrará con las chicas, y así hay 4 personas en una calle y 2 en otra.
    Con dos o tres olímpic@s, se nada mal igual que con dos o tres lent@s . Yo suelo escoger calles donde hay al menos una persona lenta, que hacen bulto pero estorban poco ya que tienden a quedarse en modo “remojo”, y en movimiento les rebaso fácil sin molestar al resto.
    Sobre el ritmo, en la bici de carretera me pasa igual que en el agua: si tienes que adelantar a un hombre, es fácil que éste se pique y empiece a “apretar” cuando te ve las intenciones. Más de una vez he pensado “a éste le va a dar algo”. Y alguna vez, lo he deseado.

  5. fanny

    jejeje. Me opuse rotundamente al primer artículo de JLSerrano pero éste me mola más, por lo menos ahora sí se ha ganao las lentejas. Buen experimento.

  6. Monique Witting

    Me he partido el culo de risa. ¡Buenísimo! Y la reflexión de fondo mejor ☺

  7. Mar

    La verdad es que llevo nadando toda la vida. A las piscinas que suelo ir existe calle rápida y calle lenta (primera vez en la vida que veo eso de nado medio, debe ser que hace pocos años que vivo en Madrid).Nunca he notado esa distinción por sexo en las calles y tampoco creo que sea así, al menos lo que he podido ver hasta ahora. Cada uno nada a su ritmo y te amolda a tus compañeros de calle o te vas a otra. La gente suele buscar las calles más vacías para entrenar a gusto, no la que tenga denominación por km/h.
    Por otro lado, espero que el comentario del precio de las piscinas sea ironía, porque me parecen caras para el poco uso de nado libre y los horarios restringidos que ofrecen.
    Slds

  8. Valle

    Buenas noches,me dirijo a ti, entendiendo la clave de humor de lo que escribes pero no compartiendo lo que dices.
    Vivo en valencia, trabajo de socorrista desde hace casi 8 años y otros tantos de nada. NUNCA he vivido lo que dices. Donde trabajo y nado, la gente se coloca por niveles, no por diferencias de género. Si una persona nada rápido, por lo tanto observará los diferentes carriles y en caso de nado rápido se colocará allí (si cuando entra en nado rápido resulta que hay demasiado lento dentro, el mismo socorrista es el que cumpliendo su trabajo los recolocará en las diferentes calles, o eso intento por lo menos yo hacer cuando el tiempo y las afluencias me lo permiten) y así a la inversa de baño lento y rápido.. No caigamos en burdas generalizaciones .

    Un saludo

  9. Pippi

    Estoy bastante de a cuerdo con este tema de la auto percepción que tenemos las mujeres, pero en este tema de la piscina entra en juego otro factor y es la intrínseca necesidad de los machirulos por la competición. Yo no me di cuenta que era buena nadando hasta que un monitor se interesó en mi y me dijo que si mejoraba la patada podía llegar a competir. Juego al fútbol americano y me gusta nadar como hobby, porque me relaja y para mantener un poco la línea. He estado en varias piscinas y para mí el carril rápido es una tortura. Siempre nado a un ritmo relajado y lo más cómoda posible. Sin embargo al meterme en la calle rápida me pongo de los nervios Y me crea ansiedad. Resulta que en cuanto estos chavales notan las cosquillas de una mujer en los pies empiezan a hacer el gilipollas. Dan unas coces que me dejan sin visibilidad o con las gafas incrustadas y en cuanto empiezo a rebasarles ocupan el medio de la calle. Me hacen perder el ritmo y la concentración porque entramos en una pugna para que no le adelante. Y así no se puede. Yo no voy a nadar para competir con nadie. Y no es que me haya pasado una vez ni dos. Siempre es el mismo rollo. A lo mejor por eso preferimos estar entre mujeres también. Porque no tenemos esa necesidad constante de autoafirmación.

  10. Elena

    Mucha mucha razón. Yo vivía en Oviedo, y pasaba justo lo mismo en la piscina municipal a la que fui durante 4 años. Ahora trabajo en Estados Unidos y voy a la piscina de la universidad. Aquí observo otro fenómeno, diferente pero relacionado. Como se da por hecho que todos somos jóvenes y atléticos, no hay señalización en las calles, pero el problema llega a la hora de compartirlas. Siempre que la piscina está llena, y hay que compartir calle, tanto hombres, como mujeres, prefieren siempre compartir con otras mujeres, cuanto más joven más te preguntarán. Si dices que no, por supuesto, te miran con cara de susto, pero es que parece que al ejercicio de los hombres hay que tenerles un respeto que el de las mujeres no merece. Yo me he hecho un propósito, decir que no y preguntar siempre a hombres antes que a mujeres. Supongo que soy de las que piensa que el cambio empieza por una misma…

  11. machilodelcopon

    Pues yo, machirulo, creo que quien va “por la rapida” (bomberos, polits etc) lo que va es a entrenar (a lo mejor 3000 metros o mas), mientras que quien va por la media y la lenta pues va para no sentirse mal y salir reventado o reventada y decir “uuuuuuuuuuuuffff todo lo que he nadado hoy” (600 metros a toda ostia sin tecnica ni nada).

    Por otro lado, creo que inconscientemente a ninguna mujer le gusta que un machirulo le vaya por detras con las gafas mirandole como abre las piernas cundo nada a braza…

  12. Matilde

    Con mujeres sumamente rápidas que superan a hombres que se entrenan para bomberos o policías en vez de lloriquear cómo siempre hacemos nosotras las mujeres, podríamos pedir las mismas pruebas físicas y así nos ahorramos ver carteles ofensivos que nos indican que las mujeres son lentas. A algunas les va bien ser rápidas o lentas cuando les conviene, somos muy listas. Y lo de desear mal a un hombre porq se pica en la piscina sin comentarios. Bufffff difícil digestión, mucho lloriqueo

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