Sexo no convencional y poder Cuerpos, Golfxs con principios

Ninguna tierra prometida va a hacer que cambien las dinámicas de poder. En los espacios que construimos quienes desobedecemos la norma heterosexual y monógama también entran en juego los privilegios y las desigualdades.

Collage de Señora MIlton

Collage de Señora MIlton

Ha costado muchas luchas, ideales, esperanzas, expectativas, utopías y esfuerzos llegar a tener unos espacios mínimos donde poder expresar una sexualidad no convencional, sea por nuestra identidad, nuestra orientación, nuestras prácticas o el tipo de relaciones que tenemos. Puede que en internet esos espacios parezcan inmensos, pero en el mundo real a veces se terminan a un kilómetro y medio de la plaza de Chueca. Esa es la distancia que hay desde allí hasta la Plaza España en Madrid, donde se insiste en recordar a hostia limpia que el hecho de que se note que eres alguien sexualmente no convencional sigue siendo un problema.

¿Qué es ser sexualmente “no convencional”? Durante siglos fuimos el pecado, la encarnación del diablo. Un día se dejó de condenarnos al infierno, hogueras y penitencia, y lo nuestro pasó a ser delito. En algunos países sigue siéndolo, en otros vuelve a serlo y en el nuestro dejó de serlo hace bien poco: el 26 de diciembre de 1978, cuando se derogó la ley 16/1970 sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social, la que desde 1933 se llamaba de Vagos y Maleantes. Por esa ley, gente con la que compartimos espacios fue encarcelada, torturada, sometida a salvajes tratamientos médicos y apartada de la sociedad. Tus amistades no podían ni admitir que eras gay, porque suponía su complicidad en no denunciarte. Hemos vivido en el infierno hasta hace bien poco…

Cuesta admitir que no podemos bajar la guardia donde pensábamos que ya podíamos descansar, porque ahí dentro van a seguir funcionando las relaciones de poder

Conseguimos escaparnos de los juzgados y las cárceles a costa de admitir que nuestra sexualidad era nuestra propia naturaleza, con lo que toda nuestra infinita diversidad se escapó del código penal para caer en los interminables listados médicos de perversiones, parafilias, disforias y desórdenes mentales… Las palabras para llamar a lo nuestro han ido cambiando con los años pero sigue la sospecha y el estigma sobre la sexualidad de esos bichos raros que no encajamos en ese molde tan estrecho que marca qué es ser hombre, o mujer, que impone la heterosexualidad y la monogamia. ¿Cuándo abandonaremos la medicina y podremos ser lo que queramos ser simplemente porque somos libres de hacerlo?

Somos esa gente rara que se empeña en querer vivir de otras maneras. Infinitas. Como ser lesbiana, gay, bisexual, pansexual, transexual, crossdresser, travesti, queer, fetichista, fan de la ropa de látex, de la lluvia dorada, de la saliva, de la momificación, del fisting, de los cuerpos velludos y los depilados, de los gordos y los delgados, de las tripas, de las tetas de todas las formas, de las pieles jóvenes y las arrugadas, de los cuerpos diversos, de las pieles de todos los colores, de los cuerpos viciosos. Somos quienes nos salimos de lo que llaman “normal” respecto a la promiscuidad, la masturbación, los gustos, las fantasías, los deseos, las prácticas, la manera en que expresamos nuestra sexualidad, o por cómo nos vestimos… La lista es infinita. Somos quienes no tenemos otro remedio que vivir en desacuerdo con esa norma heterosexual y monógama, a veces por imposibilidad de ser de otra manera y otras por elección propia, simplemente por propio deseo.

Para poder vivir más a gusto, se han creado desde hace décadas pequeños grupos, bares, espacios donde juntarnos y compartir nuestras maneras de vivir. Hemos querido sentirnos parte de colectivos donde no se nos mira raro por lo que hacemos. Espacios seguros donde poder encontrarnos.

Con el esfuerzo que nos ha costado crear y mantener esas pequeñas islas donde podemos hacer más visibles nuestras diferencias, cuesta admitir que en esos espacios somos tan vulnerables como fuera de ellos. Y a veces más. Es doloroso darse cuenta de que no podemos bajar la guardia donde pensábamos que ya podíamos descansar, después de haber remado tanto tiempo contracorriente. Porque ahí dentro van a seguir funcionando las relaciones de poder, igual que en cualquier otro espacio.

Esas relaciones de poder se darán todo el rato, también en lo íntimo, como en cualquier otra relación. Unas relaciones complejas, que van en muchas direcciones y que no son algo obvio y unidireccional. A la hora de conseguir lo que queremos, de cubrir nuestras propias necesidades para satisfacer nuestro deseo, nuestra idea de pareja, nuestros tipos de relaciones, entran en juego muchas maneras de comportarse, como en cualquier otra relación… pero conviene no bajar la guardia por el simple hecho de estar en nuestro colectivo soñado.

En nuestros queridos colectivos nos podemos encontrar la presión de acusarnos de ser demasiado “normales”, de no atrevernos a ir muy lejos

¿Qué debemos tener en cuenta? Pues las incógnitas de la ecuación que van a entrar en juego, por un lado la capacidad para presionar, convencer o seducir de cada persona. Por otro, las situaciones de ventaja que una persona puede tener. Y por último las posibilidades de manipulación o incluso maltrato psicológico que se pueden dar. Por supuesto que no todo el mundo maltrata. Pero esa tensión entre intimidad y poder es algo con lo que nos vamos a encontrar continuamente.

¿En qué situaciones nos podemos encontrar donde el poder se ejerza de manera desigual? En nuestros queridos colectivos, por ejemplo, nos podemos encontrar la presión ya sea del grupo o nuestras relaciones, de acusarnos de ser demasiado “normales”, de no atrevernos a ir muy lejos (sea en nuestras prácticas BDSM, en superar nuestros límites sexuales, en tener más o menos vergüenza en público…). Y quizá acabemos haciendo cosas que no nos apetecían demasiado simplemente porque creemos que es lo que deberíamos estar haciendo para que se nos admita como parte del grupo.

También, quien lleva más tiempo en un colectivo, nos puede convencer de que las cosas “tienen que ser” de una determinada manera porque “es lo normal entre lesbianas”, o porque “el BDSM es así”, o porque “no deberías tener celos”, dándonos a entender que hay una especie de normas que cumplir para comportarse “correctamente” en ese colectivo. Lo sabe desde hace tiempo la psicología social: si acabamos de llegar a ese colectivo, es más que probable que nos amoldemos a esas supuestas normas por mucho que no coincidan con nuestra manera de entender las cosas.

Puede pasar que la persona con quien estamos lleve mucho más tiempo en ese colectivo, sea alguien muy popular o que tenga un cierto reconocimiento, con lo que nos vamos a encontrar en desventaja si algo no cuadra entre nuestra experiencia privada y su imagen pública. Y si en privado lo pasamos realmente mal con esa persona por la razón que sea, si tenemos la impresión de que están pasando “cosas raras” o directamente llegamos a sentir que estamos en una relación “tóxica”, nos va a costar convencer a alguien de que lo que le estamos contando no nos lo estamos imaginando, que no nos estamos equivocando al valorar lo que pasa. Es algo que alguna gente hemos experimentado, que alguna gente nos ha ido comentando por mensajes privados en Facebook, Twitter, por email… Que se encuentran teniendo una relación con personas encantadoras en público, pero que son alguien muy distinto en privado, que no reciben ningún apoyo de su comunidad y que la única solución que acaban encontrando es aislarse de esa persona, alejarse lo más posible, huir. Una historia muy antigua ya pero que aún así no deja de repetirse una y otra vez.

Una relación tóxica va a seguir siendo tóxica, por muy moderno que sea ese tipo de relación, se llame poliamor, anarquía relacional o ‘swinger’

Incluso si es obvio lo que está pasando en esa relación, en el caso de ser alguien con prestigio o reconocimiento social, va a ser complicado que se pongan de nuestra parte quienes de entrada admiran a esa persona. E incluso podemos encontrarnos con situaciones más surrealistas: gente que admitirá que, a pesar de las evidencias que tienes, no pueden evitar ser parciales respecto a esa persona. Resulta poco creíble que algo así pueda suceder… pero sucede.

Siguiendo con las situaciones desiguales, no es complicado ver el desequilibrio que puede sentir alguien “sin papeles” frente a una pareja o grupo con residencia legal. O por origen étnico. O por la proximidad o lejanía de su círculo familiar o de sus amistades más cercanas. Por tener una situación económica muy diferente. Por tener mayores cargas familiares (como bien advierte Pamela Palenciano…). Por algún otro tipo de diversidad.

Todo un juego de privilegios y habilidades, algo que siempre nos vamos a encontrar en nuestro colectivo o nuestras relaciones, si queremos hacernos mínimamente vulnerables (porque la vulnerabilidad es la que construye la intimidad). Todo eso va a influir a la hora de encontrar nuestro propio hueco, de poder tomar nuestras propias decisiones, de ir eligiendo la vida que queremos vivir.

Es poco tranquilizador mantener esto en mente todo el rato, y en cierto sentido decepcionante darse cuenta que nuestros espacios seguros lo son en unos sentidos, pero no en otros. Por eso es algo que recordamos a menudo en los talleres y charlas de Golfxs con principios: ninguna tierra prometida va a hacer que cambien las dinámicas habituales entre la gente. Por eso enlazaremos a menudo este artículo, para recordar que sí, que vale la pena luchar por construir a nuestro alrededor el mundo en el que queremos vivir… sin olvidar que una relación tóxica va a seguir siendo tóxica, por muy moderno que sea ese tipo de relación, se llame poliamor, anarquía relacional, liberal o swinger, BDSM, queer, lésbica, gay o tenga el nombre que tenga.

¿Es esto tirar piedras sobre nuestro propio tejado, supone destapar tabúes que convierten nuestros colectivos en menos idílicos? Sinceramente creemos que no. El primer paso para solucionar un problema es admitir que existe, y el problema lo hemos ido comentando discretamente… pero ahí está. Lo que hacemos es admitir qué sucede realmente a nuestro alrededor e intentar contribuir a que sean unos ambientes más seguros, sabiendo que es donde queremos vivir toda nuestra vida, donde nos sentimos como en casa.

Golfxs con principios promueve una visión positiva del sexo no convencional —poliamor, swinger, BDSM, kink, LGBT y queer— a través de publicaciones, actividades y servicios. A partir de ahora escribirán también en Pikara Magazine sobre sexualidades e identidades no normativas.

Sexo no convencional y poder
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Miguel Vagalume

Activista de las identidades, prácticas sexuales y relaciones no convencionales como "la mosca cojonera" desde 2006 en su blog en Golfxs con principios. Ha traducido numerosos textos sobre sexualidad no convencional, incluyendo dos libros, 'Ética promiscua' (2013) y 'Opening Up' (2015), las dos únicas guías prácticas para las relaciones abiertas en castellano, publicadas por editorial Melusina. Terapeuta sexual y de relaciones.

Comentarios recientes

  1. Iris

    Me parece interesante el artículo: las relaciones de poder están presentes en todas las comunidades, y las normas asumidas por el grupo muchas veces pueden ser muy limitantes… Dicho esto: me llama la atención que entre todas esas relaciones de poder no se comente la que puede suceder entre varones y mujeres. Es claro que un hombre que tiene varias relaciones afectivo- sexuales a la vez (sea cual sea su orientación sexual) es visto socialmente como un machote y que una mujer que hace lo mismo sigue siendo vista socialmente (quizás no por esa comunidad- más bien al contrario- como comentas), pero sí en su entorno laboral, familiar, etc. como una “fresca”. Es decir, las mujeres que no asuman la monogamia vivirán en una esquizofrenia constante (sintiéndose partidas, como diría Marcela Lagarde): son admitidas en el grupo, pero muy mal vistas socialmente. Dicho lo cual creo que es muy sencillo entrar en una relación de poder dado que esta diferencia puede marcar impactos emocionales muy diferentes… bueno, ahí lo dejo, esta reflexión parte de mi experiencia personal, y espero que sirva para que se abra más debate.

  2. miguel

    Completamente de acuerdo. Siempre existe esa presión sobre la promiscuidad femenina, sobre la manifestación de su deseo.

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