Machismo, micromachismo… y ‘femichismo’ Opinión, Voces

María Jesús Ortiz propone acuñar este término para referirse a quienes, desde un machismo soterrado, camuflado, mantienen que la igualdad es una meta prácticamente conseguida y que las feministas son unas fanáticas que solo pretenden pasar a dominar y discriminar a los hombres.

Meme de David Ecuador Etxea

Meme de David Ecuador Etxea

Hablar de feminismo, hay que recordarlo demasiado a menudo, es hablar de tres siglos de lucha contra la dominación masculina del patriarcado. Es hablar de la conquista de derechos de las mujeres que hoy son incuestionables pero que ha habido que pelear uno a uno. Entre ellos el derecho a la educación, al trabajo remunerado, al voto, a la participación en la vida pública, a la emancipación y desarrollo personal, a la propia sexualidad, a una maternidad libre y deseada, a decidir sobre sus bienes y sus vidas, y a compartir en igualdad de condiciones con los padres las decisiones relativas a sus hijos e hijas, cuando optan por tenerlos.

El recorrido ha sido y es largo, lento y difícil. El patriarcado genera numerosas estrategias y crea continuas barreras para que los privilegios de los varones, aunque mermados, permanezcan. Una de las maniobras más recurrentes ha sido el desprestigio sistemático de las feministas, tachándolas de rencorosas, amargadas, vengativas e, incluso, desequilibradas y paranoicas. Y por supuesto, de muy feas. En cada etapa histórica se ha reproducido esta táctica, con argumentos diferentes pero con el mismo objetivo de ridiculizarlas y despojarlas de la más mínima autoridad y credibilidad.

En los últimos años, en este habitual contexto de desprestigio, se implanta el término feminazi para colocar a las feministas en una radicalidad agresiva, en un plano equivalente al del machismo más reaccionario y violento. Este calificativo, como bien afirma Ruth Toledano en su excelente artículo Machinazis, publicado en eldiario.es, es otra forma de agresión.

Femichistas son quienes condenan rontundamente los malos tratos a las mujeres, pero añaden que la violencia de género se da tanto hacia mujeres como hacia hombres

Es un hecho que el machismo, en tanto que actitudes y comportamientos sociales producto del patriarcado, ha ido perdiendo terreno ante el imparable avance de la igualdad de derechos y oportunidades. Pero ha resistido los embates mediante mutaciones que han cambiado su aspecto, pero no su esencia. Una de esas mutaciones es lo que podríamos llamar “femichismo”.

Poco a poco ha ido aumentando el número de personas que, con un tono razonable y siempre condescendiente, explican que igualdad entre mujeres y hombres sí, por supuesto, faltaría más, pero que feminismo… que eso ya es un exceso reprobable.

Son los y las que llamaría femichistas, quienes desde un machismo soterrado, camuflado, mantienen que la igualdad es una meta prácticamente conseguida (a pesar de la terquedad de los datos y las investigaciones que demuestran lo contrario) y que las feministas son unas fanáticas que solo pretenden invertir la situación de privilegios, pasando a dominar y discriminar a los hombres.

A diferencia del micromachismo, las actitudes machistas más cotidianas que por estar muy interiorizadas nos cuesta percibirlas, aunque sean igual de lesivas que el machismo más flagrante, el femichismo es una mascarada igualitaria, un lobo disfrazado de cordero.

Femichistas son quienes, cuando se habla de cuotas femeninas en los puestos de decisión y responsabilidad, contestan que están a favor del equilibrio, pero que hay que elegir por criterios de mérito y capacidad. Quienes solo por plantearse candidaturas femeninas cuestionan la cualificación. Criterios de mérito y capacidad ausentes, por cierto, en el juego de relaciones e influencias cuando se trata de elegir solo entre varones.

Femichistas son quienes condenan rotundamente los malos tratos a las mujeres, pero alegan que hay que reconocer que la violencia de género se da tanto de hombres hacia mujeres como de mujeres hacia hombres. Que ellas también maltratan o ponen denuncias falsas.

Femichistas son quienes dicen que la maternidad no debe ser un obstáculo para acceder o conservar un puesto de trabajo, pero que los permisos por embarazo y crianza causan mucho trastorno en la organización y la productividad de las empresas.

Y Femichistas son quienes defienden la participación de las mujeres en el mercado del trabajo, pero las convierten en una subcategoría laboral que sirve para mantener salarios bajos.

A los o las femichistas les parece justo que las mujeres tengan el mismo derecho a promocionar a los puestos más elevados, pero explican que si no llegan es porque en realidad ellas renuncian, porque no les compensa.

Femichismo es calificar de exageración las críticas a los piropos. Considerar que puede ser agradable la invasión de la intimidad y el espacio de las mujeres

Femichismo es escudarse en el rol de esposa ignorante para defenderse de acusaciones por presuntas prácticas corruptas familiares, calificando cínicamente de machistas a quienes las critican por ello.

El femichismo se da en las empresas que proponen financiación para congelar los óvulos de sus ejecutivas o que los y las trabajadoras se puedan ceder parte de sus permisos, presentándolo como medidas avanzadas para favorecer la conciliación.

Empresariado femichista es también el que condiciona los ascensos de las mujeres a las cúpulas directivas a una previa formación en liderazgo. Deben pensar que, a diferencia de los varones, no vienen equipadas “de serie” con la capacidad de ser líderes. A ellos no se les exige ese adiestramiento extra, que parece responder más a la intención de que las mujeres se adapten bien a los varoniles criterios de cómo ser dirigente en una economía neoliberal antes de que asciendan a las cimas del poder.

Femichismo es defender la concesión de la custodia compartida a padres maltratadores, aún a riesgo de la integridad física y psicológica de los y las menores, amparándose precisamente en el derecho a la igualdad y la corresponsabilidad en la crianza. Derecho que en todas las demás situaciones parece perder relevancia y tiempo de dedicación paterna, en pro de la reconocida vinculación natural madre-hijo/a.

Incurrir en el femichismo es decir que la publicidad no es sexista porque en algunas ocasiones también se utiliza el cuerpo del hombre como reclamo. O publicar reportajes contra la trata y explotación sexual de las mujeres al mismo tiempo que se obtienen réditos económicos de la publicidad de servicios sexuales con el argumento de que no puede saberse si los contratan o no organizaciones criminales.

Femichista es dar espacio al arte y la creatividad de las mujeres, catalogándolo como arte y creatividad de mujeres.

Femichismo es calificar de exageración las críticas a los piropos. Considerar que puede ser agradable la invasión de la intimidad y el espacio de las mujeres vía chascarrillo callejero. Pero aclarando, eso sí, que “siempre que no sea grosero”, sin que se defina cuál es la línea que separa lo grosero de lo aceptable y aunque suponga generalizar la valoración de las mujeres por su aspecto físico y perpetuar la tradicional potestad de los hombres a juzgarlo.

Para el femichismo el lenguaje inclusivo es otra excentricidad radical del feminismo, de la que se hace escarnio por la vía de reducir su aportación a la repetición del femenino y el masculino en una frase. Sin embargo se adaptan bien a titulares como “las mujeres mueren” para informar de los asesinatos machistas. O a enunciados tan generalizados como “médicos y enfermeras” o “directores y secretarías”.

Femichistas son quienes escuchan complacientes el calificativo feminazis, aunque jamás lo utilicen. Más que de las aguas bravas del exabrupto machinazi, ofensivo e indignante, hay que defenderse de las aguas mansas de los colaboracionistas que buscan retorcidas razones para frenar la corresponsabilidad, la paridad o el fin de las mil formas de hacer negocio con el cuerpo femenino.

El femichismo juega la baza de la moderación y “lo razonable”, como si los derechos de las mujeres fueran algo que se deben conceder cuando no perturban demasiado al sistema. Como si los 100 o 200 años más, calculados por Naciones Unidas o la OTI, que van a ser necesarios para lograr la plena igualdad al ritmo actual, fueran una corta espera, una pequeña molestia. Frente a ella, la persistente demanda feminista no sería más que un desbocado afán de dar la nota, una intolerable demostración de intransigencia y extremismo.

Con la pretensión de colocarse en una posición de equilibrio entre el machismo y el feminismo, el femichismo no es más que una nueva careta, un juego de trileros, para prolongar al máximo el statu quo patriarcal. Una trampa más grave aún en tiempos de desmantelamiento del Estado del Bienestar, en los que la dedicación de las mujeres a los cuidados vuelve a ser imprescindible para paliar los recortes de los servicios públicos y, de paso, mantener la paz social.

Machismo, micromachismo… y ‘femichismo’
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Periodista especializada en igualdad y comunicación.

    Comentarios recientes

    1. Genara

      Hola. Como mujer y filóloga creo que el problema no se resuelve inventando más palabros. Nos sobran los hechos y los motivos. Que sí, que hay muchas formas de machismo, en vez de inventar palabras, cambiemos el patriarcado con hechos.

      1. Liya

        Para cambiar algo es útil poderlo señalar y poder hablar de ello con exactitud, y los “palabros” sirven para eso, para dar fuerza a un concepto 🙂

    2. ingeniero

      ¿Por qué se mezcla siempre custodia compartida con violencia de género? Las separaciones no suelen ser procesos de vino y rosas, y es hasta normal que exista cierta conflictividad. A un divorcio se llega por lo general después de un largo desgaste donde la relación está muy deteriorada a nivel emocional, afectivo y de comunicación. Por tanto, es razonable que se produzcan desacuerdos importantes a la hora de establecer los términos de una nueva relación necesariamente obligatoria con la ex-pareja cuando hay hijos de por medio. El propósito de los femichistas como yo, es que la opinión, la palabra y la decisión unilateral de la madre no signifique (como hasta ahora ocurría) el punto final a toda pretensión legítima de compartir la custodia de los hijos.

    3. Ivan Beisel

      “mantienen que la igualdad es una meta prácticamente conseguida (a pesar de la terquedad de los datos y las investigaciones que demuestran lo contrario)” se debe referir a esto goo.gl/L1qlme

      “Femichistas son quienes, cuando se habla de cuotas femeninas en los puestos de decisión y responsabilidad, contestan que están a favor del equilibrio, pero que hay que elegir por criterios de mérito y capacidad.” De ninguna, manera también en la NBA discriminan a los no-negros. Pongamos cuotas de género para que los pobres asiáticos dejen de ser segregados en el deporte. Eso sí, si después todos piensan qué los asiáticos y caucásicos están ahí sólo por una cuota de género, el error no es nuestro. Nunca, de ninguna manera.

      “Femichistas son quienes condenan rotundamente los malos tratos a las mujeres, pero alegan que hay que reconocer que la violencia de género se da tanto de hombres hacia mujeres como de mujeres hacia hombres. Que ellas también maltratan o ponen denuncias falsas.” Sobre esto comentaré al final.

      “Femichistas son quienes dicen que la maternidad no debe ser un obstáculo para acceder o conservar un puesto de trabajo, pero que los permisos por embarazo y crianza causan mucho trastorno en la organización y la productividad de las empresas.

      Y Femichistas son quienes defienden la participación de las mujeres en el mercado del trabajo, pero las convierten en una subcategoría laboral que sirve para mantener salarios bajos.”

      Si se le diera los mismos derechos de paternidad al hombre desaparecería la diferencia y por lo tanto la “discriminación” que ejercen los empresarios. Y si hablamos de salarios bajos por qué no hablamos también de salubridad y más del 90 por ciento de muertes laborales que son todos hombres. Ah, y que las mujeres se jubilan antes cuando tienen una expectativa de vida más prolongada.

      Lo que sigue son cuestiones más de capitalismo que de sexismo.

      “Femichismo es defender la concesión de la custodia compartida a padres maltratadores, aún a riesgo de la integridad física y psicológica de los y las menores, amparándose precisamente en el derecho a la igualdad y la corresponsabilidad en la crianza. Derecho que en todas las demás situaciones parece perder relevancia y tiempo de dedicación paterna, en pro de la reconocida vinculación natural madre-hijo/a.” Era hora de que se saquen la careta. O sea que los padres que reclaman por igualdad de derechos son abusadores para ustedes. Claro todos, los hombres lo son. Que yo sepa las madres no están exentas de cometer la misma aberración. Más cuando suelen cometer mayor cantidad de infanticidios: http://goo.gl/aQr166

      Lo que sigue es una verdadera sarta de idioteces considerando los problemas más graves que afectan al género masculino y para eso está es el primer link que ofrecí. Si hay alguien que tiene menos derechos, ésos son los hombres.

      Volviendo a lo de la violencia doméstica: https://goo.gl/B3J2kO

      Si estuviéramos en colombiano, ustedes militarían por las 471 mujeres víctimas de los ataques por ácido. Nosotros militaríamos por esas 471 mujeres, y también los 455 varones que fueron atacados. No tengo nada más que agregar al respecto.

      1. Carmela

        Muchas gracias por el artículo, no siento lo mismo con tu respuesta.
        Cómo puede ser que siempre pase lo mismo! Siempre toman la palabra los de siempre, aquellos que en cuanto van a una charla o leen un artículo sobre género se sienten atacados y no pueden callarse. ¿Llegará algún día en el que sereis capaces de reconocer, aprender y asumir vuestra parte en lo que está pasando?

        *Entre todas podríamos poner otros mil enlaces a artículos que rebaten los datos que se han citado, pero estoy cansada. Os dejo tan solo un ejemplo de Esther Vivas: En los países del sur, todavía hoy, entre un 60 y un 80% de la producción de la comida se encuentra en manos de las mujeres. A pesar de esto, son las mujeres y las niñas, según datos de la FAO, las que más pasan hambre: un 60% del hambre crónica las golpea de lleno. ¿Por qué? Las mujeres trabajan la tierra, la cultivan, recolectan los alimentos, pero no tienen acceso a su propiedad, al crédito agrícola… y, consecuentemente, no reciben el fruto de lo que producen.

        1. Ivan Beisel

          ¿Cómo querés/quieres que no nos sintamos atacados? cada vez que hablan de “eseñar a los varones a no violar” como los racistas cuando hablan de enseñar a los negros a no robar. ¿No es más fácil enseñar a niños y niñas a respetar el derecho a decir “NO” de otra persona? y también enseñarles que la otra persona tiene deseos sexuales y que no es correcto jugar con ellos? No, prefieren inculcar culpa y segregar. Especialmente cuando siguen reforzando el “un hombre jamás le pega a una mujer”, lo mismo que se enseñaba hace 100 años… ¿pero enseñarles a las chicas a no abusarse de ese mandato de caballerosidad nada no? (Y no, no culpo a la víctima…. sentido común por favor). Convirtieron a la justicia social en un concurso de víctimas. Excluir y ningunear a los hombres muertos por violencia doméstica sólo por que no todos son víctimas de mujeres y son menos cantidad me parece aberrante. Bajo esa lógica podemos hacer lo mismo con las mujeres divorciadas que se suicidan (9 veces menos)… y escupiría en la cara a cualquiera que se atreviera a hacerlo. Defienden esa ley española prácticamente medieval, que encarcela a cualquier hombre sin ninguna necesidad de pruebas. Claro, esos 20 millones de españoles tienen que renunciar a un derecho humano básico por lo que hacen como mucho 80 asesinos al año (entre 20 000 000!!!!)… ¡pero las mujeres muertas! claro que sí, 1 sola al año sería mucho para mí. Eso no quita que los ciudadanos españoles hombres siguen siendo seres humanos también, se olvidaron de eso (a menos que crean en una supuesta superioridad moral de la mujer que NUNCA va a denunciar falsamente, claro).

          Y cuando se comprueba una denuncia falsa y la inocencia del acusado, marchan hasta el final para pedir su cabeza, como el caso de málaga ( https://goo.gl/Dbp1hU otro caso parecido en estados unidos). Ni hablar de cómo le hacen la guerra a los activistas de los derechos del hombre que sólo quieren que el sufrimiento masculino deje de ser invisible para la sociedad como lo fue siempre ( https://goo.gl/4mYLdG )… y después dicen que el germen de toda violencia es el machismo, entonces tampoco les falta su propia cuota es eso me parece.

          Pero sobre todo MIENTEN, hablan de brecha salarial (desmentida hasta el hartazgo, por dios), presentan estadísticas como “1 de cada 3 mujeres reconoce haber sufrido violencia de pareja” y no presentan los resultados de la misma pregunta a los hombres, hablan de la mujer “objetificada” cuando el marketing hace EXACTAMENTE lo mismo con el hombre (no sería problema de género no?), no hablan de la brecha penal que castiga más a los hombres por los mismos delitos, ni de la falta de fondos para el cáncer de próstata, la brecha de jubilaciones (a que no sabían que les dejan jubilarse antes eh?)…

          ¿En definitiva, cómo quieren que me una a ustedes si no les importo sólo por tener pene, niegan los problemas de mi género, y encima hablan de “privilegios”?

    4. Marikarmen Free

      Ivan Beisel, es difícil asumir la responsabilidad, y mas en el caso de ser un hombre y haber sido educado como tal, es difícil tener que aceptar que nosotros como hombres somos violadores en potencia, agresores muy conscientes, asumir que vivimos en un sistema en el que es imposible que existan las denuncias falsas en el contexto de genero básicamente porque es imposible una relación de equidad entre privilegiado y des-privilegiada, esto es algo que no nos cuesta de entender tanto cuando hablamos de otros sistemas, el capitalista en el ámbito laboral por ej…
      Lo se, es difícil, y lo se porque lo vivo, se que cuesta aceptar la responsabilidad y tambien se que tenemos que hacer como que no tenemos culpa, como que no entendemos de que nos hablan cuando nos señalan como al Opresor, pero como marikon te digo que no es una paranoia colectiva, ni una exageración, ni sacar de contexto las cosas, y se que tu lo sabes también, te lo digo como hombre marika porque algunas (pocas) de las cosas de las que hablan las feministas las he llegado a notar de lejos, y me han dado miedo, tanto miedo como me di a mi mismo al verme reflejado en ellas y sentirme responsable… Así que basta ya de victimismos verdugo, que cuando estamos a solas en nuestros pactos de hombres y aliados sacamos mierda a rebosar, nos quitamos la mascara y somos el monstruo del que hablan las feministas exageradas… vivido en primera persona.

      Es lo que tiene parecer un hombre, que cuando estamos solos apesta a machismo, yo incluido!

    5. Dani

      Esta corriente de pensamiento que describe Maria Jesús era prácticamente desconocida para mí hasta que los vi actuar en los foros de debate que tiene Eldiario.es. Yo allí les llamo negacionistas, porque lo que vienen a decir sobre, por ejemplo, los milenios de marginación femenina es que tampoco fue pa tanto la cosa. He dedicado muchas horas a debatir (lo de “debatir” entre comillas, porque esa palabra se les queda grande) con ellos. Creo que los conozco bien. O, mejor dicho, creo que conozco muy bien su discurso. Son especialistas en manejar todo tipo de falacias. Como sabéis, en la antigua Grecia se inauguró una escuela filosófica llamada ‘sofistas’. Allí -a cambio de los honorarios convenidos- se ensañaba cómo ganar debates haciendo trampas. A raíz de todo aquello, y desde entonces, existe una lista de falacias o sofismas bien conocidos y catalogados que resultan extremadamente útiles -a la vez que ruines- para ganar al adversario a base de golpes bajos. No se abren paso a base de argumentos ni de racionalidad, sino a base de golpes bajos y codazos. Si ponéis la palabra ‘sofisma’ en el buscador de internet y os metéis en la Wikipedia sin ir más lejos, ahí aparece una recopilación. Recuerdo ahora de memoria varios trucos sucios que recoge:
      -Poner en boca del interlocutor palabras que no ha pronunciado para vapulearle como si efectivamente las hubiera dicho o defendido.
      -Descalificaciones personales (falacia ad hominem).
      -Sobregeneralización: coger un hecho puntual y presentarlo como si fuera general.
      -Victimismo.
      -Argumentos circulares: los organismos y asociaciones por la igualdad de la mujer están chupando del bote de las subvenciones, como están chupando del bote, todas sus informaciones publicadas sobre violencia de género, etc., son falsas. Porque así siguen viviendo del cuento.
      En fin, la lista de falacias o sofismas es mucho más larga. Lo importante de todo esto, para mí, es que cuando alguien opta por jugar sucio en un debate, es, simplemente, porque carece de argumentos. Si los tuviera, no necesitaría recurrir a las trampas. Si uno tiene buenas cartas no necesita sacar ases de la manga.

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