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Locofobia Salida de socorro, Voces

No suelo leer los comentarios. Siempre me da miedo descubrir alguna verdad que digan sobre mí que me deje tocada. Pero esta vez me alegro. Me han afeado por banalizar sobre los diagnósticos psiquiátricos. Así que escribo este artículo a modo de recordatorio para no volver a hacerlo.

Meme sobre psicofobia

Meme de Elaine Barbosa que advierte sobre la banalización de términos como depresión, bipolaridad o ansiedad

No sé muy bien por dónde empezar a escribir, así que pido perdón de manera explícita por haber sido una locófoba asquerosa durante los últimos 24 artí-culos escritos en Salida de Socorro. El otro día empezaron las clases en la ikastola en la que estoy ahora sustituyendo y en Lengua tuve que hacer un parón para matizar  y reconducir un comentario de una estudiante de doce años. El caso es que dijo que su perro era muy mariquita. Cuando le pregunté si era de color rojo con motas negras ni siquiera entendió por dónde iban los tiros. Y me explicó que en vez de jugar con pelotas elegía Barbies. Era el primer día, pero me pareció necesario hacer mucho hincapié en el típico sermón sobre  a qué huelen las cosas que no huelen, la homofobia, la normatividad, la diversidad, el vocabulario  y el respeto. Volvía yo de clase con el pecho inflado y la cabeza bien alta por haber sentado cátedra de manera superprogre y moderna…y veo en mi nuevo móvil de última generación que odio sobre todas las cosas porque no para de vibrar, a June Fernández, la directora de Pikara, etiquetándome en Facebook en un comentario. Me pongo a leerlo porque tenía mucho trabajo que hacer. ¿¡Y acaso hay algo menos apetecible que ser responsable y preparar cosas que necesitas con antelación y calma?!  Procastinadoras del mundo, sabéis a qué me refiero. El caso es que una persona que no conocía se mostró molesta por algunos de mis comentarios en ‘Patetismo hardcore, la última joyita de la corona que llevo a cuestas. Creo que no precisamente de manera positiva, dejó caer el término «psicofobia» en relación a cómo me expresaba y romantizaba lo que hasta ahora me había dado por llamar “locura”. Luego matizo. Cuando alguien te critica, por mucho que no te creas la última Coca Cola del desierto y sepas que tus índices de coherencia están bajo cero, sientes que algo dentro de ti se pone nerviosito. Yo antes de nada me ruborizo y se me pone la cara total y absolutamente roja como un tomate. Por el cuerpo me suben calores desde los pies hasta la cabeza y me recorren los brazos a velocidades vertiginonas unos cosquilleos muy pero que muy raros. Cosquilleos muy raros que no sé interpretar demasiado bien, pero que juraría que me están gritando: PELIGROOOOOOO PELIGROOOOOO con el sonido de alarma nuclear de fondo. Y una jodida vocecilla interior traicionera me  susurra: “¡Defiéndete!” Al menos eso me pasa a mí. No sé a las demás qué leches os pasará.  En primer lugar que alguien hable de mí me altera. Pero me altera sean los comentarios para bien o para mal. Como he contado seiscientas millones de veces, mi autoconcepto y la poca autoestima que manejo se han creado hace relativamente poco tiempo y gracias a los comentarios que las personas que me conocen o no me conocen me han hecho a lo largo de estos años. Es decir, que yo hasta hace dos lustros no sabía quién era, cómo era, ni lo que hacía. Pero cuando vas dando tumbos de un lado para otro y no tienes nada mejor que hacer,  vas escuchando adjetivos sobre tu persona que se repiten, te hacen chistes una y otra vez, te regalan halagos o te escupen críticas que te suena haber oído antes… Y se te van quedando ahí. Almacenados. Y poco a poco supones que esa persona que describen las demás, eres tú. Podrá ser verdad, o mentira, pero acabas pasando por el aro. De ahí saqué que supuestamente soy perspicaz, inquieta, simpática, divertida, ingeniosa, buena actriz y entretenida. Pero también saqué que soy muy inculta, un desastre, vaga, no tengo fuerza de voluntad,  temo el contacto social no planeado y actúo de manera muy pero que muy rara demasiado a menudo incluso llegando a escaparme corriendo ante situaciones que no he previsto por incapacidad para gestionarlas. Y odio el verbo gestionar.  Pero tenía que ponerlo. Yo, insisto, que todo esto no lo sabía hasta que me fui a vivir fuera de casa con 21 años. En aquel entonces pensaba que todo Kiski era como yo, y al haberme rodeado de mi familia y amigas cercanas, muy en petit comité siempre, creía ¡¡os lo juro!! que todo el saaaaaanto mundo era exactamente igualito a mí, pensaba como yo y actuaba como la menda. Hoy tengo 31 y  la escandalosa certeza de que no es así. Tú me dirás. Llevo viviendo conscientemente dos telediarios. Y todo esto con bajones y subidones anímicos demasiado frecuentes como para mantener un nivel de sociabilidad “corriente”, muchos cambios de todo tipo, inseguridades que me impiden llevar a cabo tres cuartos de todo lo que tengo en mente y bastante angustia en general. Lloro cada vez que veo a mucha gente junta, cuando aplauden (a quien sea) o suena música de charanga. No sé saludar bien, no sé despedirme (en general). Evito hablar con casi todo el mundo, pero cuando hablo porque no hay manera de saltarse la interacción, quien me ve está convencida de que estoy la mar de a gusto. Literalmente tengo taquicardias. Una vez me puse tan nerviosa antes de quedar en grupo con una persona que no quería ver (sin ningún motivo racional, más allá de que no me gustaba su compañía porque me sentía muy incómoda y pequeñita) que me desmayé cuando apareció, convulsioné tirada en el suelo, vino la ambulancia y me tuvieron horas y horas en el hospital bajo supervisión. Diagnóstico: nada.  Tengo historias como estas a porrones. Al principio sufría mucho. Luego empecé a tener que llevarlas con humor. Por supuesto siempre he estado  currando, estudiando, con parejas, con amigas y actividades de ocio elegidas en mejor o peor manera. Pero los cambios tajantes y repentinos me caen encima como cubos llenos de piedras. En los último cuatro años he hecho doce mudanzas. Doce. Ni una, ni dos. Y quitando una persona, a la que le grité from the top o of my lungs cuando se metió cruelmente con la poca iniciativa por “integrarse” (whatever that means) de unas alumnas de Ghana a las que enseñaba español voluntariamente,  con el resto de la gente me llevo bien. O al menos tengo un trato cordial. En algunos casos eran y son amigas muy cercanas. Total, que me voy por los Cerros de Úbeda. Aterrizo. Retomo. El caso es que cuando alguien te critica con esta personalidad que yo tengo lo pasas mal. Da igual que tengan  más razón que una santa. Tú te metes entre pecho y espalda tu proceso de adaptación al nuevo input recibido. Negación absoluta al canto: “No no no, esta tía se equivoca. Esta  tía me ha entendido mal. Esta tía se piensa que voy de guay. No no no. No puede estar diciéndome lo que creo que me está diciendo”. Acto seguido te enfadas: “Bueno mira, yo ya paso, pues no escribo más en Pikara, total, sólo me trae disgustos, la gente me insulta” y, por supuesto: “Mira, ya sé, me quito de facebook  y así no veo cuando me etiquetan, y no tengo acceso a comentarios sobre mí”. Estás convencidísima de que “pirarte del mapa” es la solución. Cuando menos te lo esperas llega la fabulosa fase de negociación con su: “Bueno, a ver, no sé, lo mismo si le respondo personalmente se suaviza la cosa y lo retira…”. La fase dolorosa no te la quitan las cutre lecturas de Punset ni la madre que te parió tampoco. “Qué bochorno, qué vergüenza, ¿cuánta gente lo habrá leído?” y por fin paras en seco y dices: “A ver. So mema. ¿Y si tuviera razón? ¿¿Y si te estás pasando con los comentarios locófobos y las burlas a condiciones de personas que merecen tu respeto?” Todo esto lo pasas rodeada de personas que no te conocen, pero supones que te ven roja como un tomate, moviendo el pie con nerviosismo, bebiendo té de vainilla y caramelo mientras comes madalenas compulsivamente, resoplando y  amenizando el ambiente con una banda sonora de suspiros y “buf” varios.  Ojito que no es moco de pavo.  Ni de pava. Esta chica vuelve a dejar caer otro término en un nuevo comentario. Me siento un poco Paco Martínez Soria. No me entero de la fiesta.  Neurotipicismo. No sé ni repetir  la palabra sin mirar. Investigo. No aparece casi nada. Al menos nada que me sirva. En un momento de lucidez  no sé muy bien cómo me da por poner Locofobia en Google y aparece un blog de una chica muy clara. Pienso un rato. Todo esto en mi segundo día de curro con el cochino móvil supersónico entremanos y mucho trabajo por hacer. Yo soy muy lenta para estas cosas. Hago memoria. Pienso y repienso. Me da mucha vergüenza. Pero que muchísima vergüenza. Soy gilipollas. Llevo todos estos artículos “haciéndome la loca” entre comentarios chistosos sin percatarme de la falta de respeto monumental que eso significa. Definitivamente yo sólo escribo estas líneas porque me lo propusieron. Entiendo que no gusten a todo el mundo. Incluso que no gusten a mucha gente. Pero nunca, bajo ningún concepto, ni excusa, ni nada, he querido faltar el respeto o herir a nadie. Al menos a nadie que no sea machirulo. No voy a investigar mucho más porque no quiero sentimientos de culpa infinitos, ni actitudes obsesivas  internautas… o buscar la aprobación de todo el mundo haciendo chorradas. Que me conozco. Lo voy a dejar aquí. A partir del día de hoy, empezaré a revisarme las expresiones relacionadas con diagnósticos psiquiátricos que tan a menudo banalizo. Es más, me comprometo a señalarlos cuando los escuche de otras personas y a intentar contribuir a que mi entorno más cercano o alumnado tome conciencia de lo que significa hablar así. Yo ya me doy por enterada.  Reitero todas la veces que haga falta  que me siento absolutamente avergonzada por haber sido tan corta de miras como para no haberme dado cuenta de que estaba en una situación privilegiada y flaco favor estaba haciendo a las personas con diagnósticos psicológicos y psiquiátricos ridiculizando algunas de las actitudes que pueden o no pueden tener. Yo de verdad, que parezco nueva. Gracias. A veces Perfectas Desconocidas te enseñan un montón. Si te dejas.  No suelo leer los comentarios de nada. Así en general. Siempre me da miedo descubrir  alguna verdad que digan sobre mí que me deje tocada. Pero esta vez me alegro. Así que gracias, y perdón. Cuidemos el lenguaje. Revisémonos. Y aceptemos las críticas cuando pueden servirnos para mejorar.  Yo no doy consejos, pero escribo esto aquí a modo recordatorio por si vuelvo a columpiarme.

Locofobia
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María Unanue

Adoro aprender por ciencia infusa, las flores y las patatas en todas sus formas.

    Comentarios recientes

    1. AnaM

      Te admiro. El mundo necesita gente que sea capaz de escribir algo así.

    2. javier martinez sanz

      Hola buenas noches…..os acabo de oir en la ser ….soy de sabiñanigo y existe un grupo de mujeres q empezaron haciendo spinning y animandolas han salido en bici a la carretera.Son un grupo muy dispar….mujeres con sus trabajos……mujeres de todas las edades…..en definitiva luchadoras q hacen ciclismo como aficion …….seria bonito q las entrevistaran y conocieran sus inquietudes……..gracias y animo…..

    3. Montse

      Creo que por lo que comentas podrías ser una aspiegirl (chica con asperger). Te recomiendo que leas el libro Asperger en femenino por si te sientes identificada al leerlo. (El asperger se percibe diferente en hombres que en mujeres, y en mujeres está muy infradiagnosticado e invisibilizado). Por cierto, no soy psicóloga, solo soy otra aspiegirl 😉

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