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Viruta y el mundo grande Cuerpos, Entrevista

Viruta FTM es el autor de ‘Peras y manzas’, esa canción de amor feminista que nos tiene a todas enamoradas. Ya le entrevistamos hace años pero, entonces, su nombre de pila era Virginia; ahora es Víctor. En esta ocasión nos habla de su transición de género, de sus sueños y del proyecto #NoTetasNoDisco

Concierto de Viruta en Bilbo - Fotos de Ecuador Etxea

Viruta actuó en la Asamblea de Mujeres de Bilbao en el día contra la discriminación LGTBfóbica./ Ecuador Etxea

Lee la entrevista que le hizo Sofía A. en 2012

-Nací 24 horas antes de que muriese Elvis Presley, pero en el barrio madrileño de La Paz. El 15 de agosto de 1977.

-¿Por qué es importante la fecha?

-Porque si hubiera nacido en el 89, a lo mejor habría transitado antes.

-¿Y el sitio?

-En Namibia quizá no sería trans.

-¿La transexualidad es cultural?

“El binarismo es el mayor de nuestros problemas. Si los tíos no necesitasen ser tan tíos, el patriarcado se vería muy debilitado”

-No sé, pero creo que en otro lugar, en otro momento, mi vida sería distinta, incluyendo, casi seguro, mi condición de trans. Hay gente que está totalmente convencida de que es un patrón biológico, que es inevitable.

-¿Y es evitable?

-Es controlable. Yo lo he controlado durante 35 años.

“¡Ha sido niña!”, debieron gritar en su familia. El resto de sus hermanos, tres, habían nacido varones. “Tener una hija es una alegría si ya tienes hijos que perpetúen tus apellidos y hagan de hombres. La niña está bien para hacer bonito, que es para lo que venimos las niñas al mundo”, sostiene.

-¿Tú has sido una niña alguna vez?

-Debe ser que, de pequeño, con dos o tres años, dije que quería una cola para ser un niño. Yo no me acordaba. Mi familia me lo contó hace poco. Eso me hace replantear mi teoría sobre una transexualidad aprendida y cultural; pero es que igual unos días decía que quería ser niño y otros bombero.

-¿Y si hubieses insistido en que querías ser un niño?

-Si se detecta una causa trans, yo soy partidario de dejarlo fluir en el espacio y tiempo, pero lo cierto es que si la determinación de género de esa persona pasa por la modificación corporal, es mucho mejor hacerlo antes de la adolescencia. Si yo tuviera una criatura trans esperaría hasta la preadolescencia; pero hay quien lo quiere antes y, claro, también lo entiendo. Hay familias peleando muy duro por estos niñas y niñas, y estoy seguro de que están tomando las decisiones adecuadas. No es fácil.

-¿Hablas, entonces, desde un plano más teórico?

“Los espacios de baja cualificación en los que trabajo son muy machirulos y no quiero que sepan que tengo coño”

-Claro. Si el feminismo se interesase, la cuestión trans solucionaría unos 50 años de trabajo. El género binario es el mayor de nuestros problemas. Si los tíos no necesitasen ser tan tíos todo el rato, el patriarcado se vería muy debilitado. Educarte en los roles de género es lo que estropea todo porque determina lo que tienes que hacer y decir.

La niña que llegó para adornar la vida de una familia obrera nunca supo encajar en los patrones de la normalidad. Todo lo establecido le quedaba pequeño o grande. En el colegio era un bicho raro, que se relacionaba con otros personajillos que tampoco encajaban en el selecto grupo de los chicos y las chicas guais del instituto. De naturaleza torpe, no jugaba bien al fútbol y se enredaba al saltar a la cuerda. Luego, llegó la adolescencia con sacos de pluma y un lesbianismo imposible de ocultar. “Hija, ¿tú crees que tengo el dedo así de chupármelo?”, le dijo su madre al verle destrozado por su primera ruptura. Ahí, la primera salida del armario. Entonces aún era Virginia; no sabía que era posible inyectarse testosterona y se movía, como pez en el agua, como bollera por Chueca.

Era ella quien aún cantaba Tiempo presente, una de sus canciones, colgada en Youtube en 2011, en la que narra uno de los episodios más sorprendentes de su biografía. Una ruptura sentimental le llevó a vivir durante unos meses en las calles de Madrid. Recuerda,mientras habla con naturalidad de aquella época, que el romanticismo de la pobreza se disipa durante la primera noche que duermes entre cartones. Frente al drama y los lamentos, Viruta canta. Dice en la canción que jamás habría sobrevivido sin el apoyo de su gente, que entonces era un grupo de lesbianas que sólo tenían eso en común. Un cónclave de bolleras muy dispares: unas que vivían en chalés; otra, en la calle. “Una manada normativa”, que fue su salvavidas. La historia acabó con una neumonía en el hospital.

Concierto de Viruta en Bilbo - Fotos de Ecuador Etxea

Entre Virginia y Víctor median la testosterona y el feminismo

Convivir con Virginia

Concierto de Viruta en Bilbo - Fotos de Ecuador Etxea

En sus canciones, defiende el amor igualitario y la libertad sexual

Ha apostado por la visibilidad trans. No ha matado a Virginia, que aún es rastreable en sus redes sociales y, sobre todo, en su canal de Youtube: Virutilla2. Si buceas por allí, su transición es evidente. A primera vista, lo único que se repite en todos los vídeos es la guitarra. En los primeros temas, colgados en 2008, canta una joven lesbiana butch; que versiona temas de Rosana, Mecano o Luis Fonsi. En los últimas piezas publicadas, de producción propia la gran mayoría, nos encontramos con un tipo con barba, que se queja de los privilegios masculinos; que habla de amor igualitario y de putas. Entre unos vídeos y otros han mediado dos elementos: la testosterona y el feminismo. Virginia dio el relevo a Víctor, que mantiene intactos muchos rasgos de su antecesora. Quizá el más evidente, la sonrisa.

Víctor es un pequeño hombretón de 1,58. Virginia tenía una estatura media, él es demasiado bajito. Aún le queda aprobar Latín de COU, pero seguro que lo hablaría si la lengua no estuviera muerta. Tiene desparpajo e ironía para regalar; es ácido, pero no escuece; borroka en Madrid; y budista poco practicante porque le puede la pereza. ¿Qué le atrae de esa religión? Que es una forma de estar en el mundo sin repercutir en el resto. Dice perdonarlo todo. Quizá, se pregunta en voz alta, ha perdonado demasiado.

Escribe canciones desde la adolescencia y todas hablan de sí mismo, pero Viruta es una caja gigante de anécdotas. Las historias más increíbles caben en Madrid. Durante un tiempo se mudó fuera, pero sólo se alejó 54 kilómetros de la ciudad en la que sobrevive. En busca de unas condiciones de vida más dignas se instaló, junto a su pareja, en un pequeño pueblo de Toledo, el primer lugar en el que nadie supo de la transición. El resto de esta historia la cuenta en la canción ‘Entre el amor y la precariedad’.

-¿Tienes la paranoia de tener una doble personalidad?

-Claro. A veces, oigo “Virginia” y me doy la vuelta; y, al principio, me sorprendía a mí mismo hablándome en femenino.

-¿Sientes que has vuelto a nacer o algo así?

-Sólo en algunas cosas. De manera documental, por ejemplo, desapareces. Incluso desaparecen algunas multas. No sé si deberíamos decir esto muy alto no vaya a ser que todo el mundo se cambie de sexo y se peguen un tiro todos los conservadores del mundo. Bueno, igual es para planteárselo (Sonríe).

-¿Has cambiado mucho con la transición?

-Yo pensaba que no tendría que cambiar mi manera de comportarme, pero es que en algunos espacios tengo que parecer un muchacho.

“¡Puedo volver a casa solo de madrugada! Ahora entiendo por qué hay tipos que no entienden de qué les hablamos cuando decimos que son privilegiados”

-¿Por ejemplo?

-En los trabajos formales, que siempre son de baja cualificación, de machaca. Son espacios muy machirulos y yo no quiero que sepan que tengo coño.

-¿Tienes miedo a que te descubran?

-Todos los trans y las trans tenemos miedo a que nos descubran, despeloten, violen y peguen una paliza.

-Pero tú eres muy visible…

-No te creas, sólo en ciertos espacios. El mundo normal, el mundo grande, está muy lejos de mí, de ti, incluso de Pikara, y ahí nadie sabe quién soy. De todas formas, si lo tienen que descubrir, que lo descubran.

Viruta deseante

Los cambios físicos y hormonales, que describe como un viaje emocional impresionante, no sólo cambian la corporalidad de la persona que los vive, sino que determinan también los parámetros y el objeto de deseo.

-¿Te gustan las mujeres?

“Estoy luchando mucho para que la gente no tenga que operarse, pero yo no sé si veré los resultados de la lucha queer. Yo, ahora, necesito quitarme el pecho”

-Sí.

-¿Te gustan las mujeres trans?

-Sí.

-¿Los hombres trans?

-Sí, también.

-¿Cómo te sitúas ahora? Virginia era bollera, ¿y Víctor?

-Una experiencia trans, cercana o propia, te abre la mirada. Sé que me niego a ser hetero aunque, ahora, goce de los privilegios de la heterosexualidad porque estoy con una persona que es leída como una mujer. Las luchas de las lesbianas son las que más me visten porque, ¿qué luchas tienen los heteros? Soy lesbiano o algo así.

-Ahora pasas más desapercibido. Pareces más normal.

-La normalidad es sinónimo de cosas previstas, cotidianas, de las rutinas. Eso es cómodo porque no resultas llamativo, no estresas. Los chicos trans pasamos desapercibidos porque somos muy invisibles. Una chica trans, si entra en un vagón de metro, que es el mayor reducto de gente normal, es muy visible. La gente mira, comenta. A mí no me pasa.

-Y ahora que eres un chico, ¿no tienes miedo de reproducir los comportamientos que criticas en Privilegios masculinos?

-Hay privilegios que, ahora, los llevo puestos como la ropa. No tengo que hacer nada para perpetuarlos ni para atraerlos. ¡Puedo volver a casa solo a las cuatro de la mañana! Ahora entiendo por qué hay tipos que no entienden de qué les hablamos cuando les decimos que son privilegiados, ¡ellos no hacen nada para serlo! Sí, claro, tengo miedo a verme perpetuando ciertos comportamientos, pero también es verdad que estoy muy impregnado de feminismo.

-¿Te quedan miedos de Virginia?

-Sí. Vuelvo solo a casa y no cambio de ruta si hay cuatro tíos en una acera estrecha, pero el chip, de alguna manera, sigue. He sido socializado como mujer mucho tiempo.

Concierto de Viruta en Bilbo - Fotos de Ecuador Etxea

“Hay privilegios masculinos que ahora llevo puestos como la ropa, pero también estoy impregnado de feminismo”./ Ecuador Etxea

Mirarse al espejo

Virginia nunca se hubiese imaginado, cuando empezó a colgar vídeos en Youtube, los loopings que le daría la vida. Ahora, Viruta se ha convertido en un artista habitual en los espacios feministas y en un icono de visibilidad trans. Aún hoy, los referentes resultan indispensables para la supervivencia. Para serlo hay que ser muy valiente. El punto de partida para su éxito fue el documental El sexo sentido, de Televisión Española, protagonizado por niños y niñas trans. La productora quiso que una de sus canciones fuera la banda sonora. La elegida: Peras y manzanas. Una canción de amor sano, más allá de los corsés que significan los roles de género, que apuesta por un amor libre entre cuerpos que se desean. Un regalo para su compañera que forma ya parte de la banda sonora de muchísimas personas más. Además de valiente, parece que también hay que ser generoso.

-Viruta nos gusta, pero ¿se gusta a sí mismo?

-Antes de empezar con la transición no estaba muy cómodo con mi cuerpo, pero es que la mayoría de mis amigas tampoco están conformes con sus cartucheras; pero creo que ahora vivo peor la relación con mi cuerpo. Antes, al menos, ante el espejo había homogeneidad. Ahora estoy entre lo que soy y lo que debería. Esperaba tener otro aspecto.

-Si pudieras elegir un deseo…

-Sería algo inmediato: cenar esta noche macarrones, por ejemplo.

-¿Y un sueño?

-Uno, quizá un poco frívolo. A mí me gustaría quitarme las tetas. ¿Es horrible decirlo en una revista feminista?

-Claro que no.

-Estoy luchando mucho para que la gente no tenga que operarse, para que cada cual ame su cuerpo, para destrozar las barreras del género; pero yo estoy en torno a los 40 años y no sé si veré los resultados de la lucha queer. Yo, ahora, necesito quitarme el pecho. ¡Quiero ir a una piscina municipal en verano! Igual parece una chorrada, pero me está condicionando la vida.

Viruta FTM ha lanzado un proyecto de crowdfunding para poder publicar su primer disco de estudio y operarse el pecho. Os animamos a apoyar su campaña porque #notetasnodisco.

Viruta y el mundo grande
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Andrea Momoitio

Periodista. En la coordinación de Pikara Magazine. Adicta a los macarrones con tomate. Extímida, incombustible e indomable. Lesbiana y feminista, en ese orden. Contacto: andreamomoitio@pikaramagazine.com

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