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La contradicción entre el progreso del movimiento feminista y la publicidad de productos cosméticos Participa

Nota: Esta es la sección de libre publicación en la que promovemos la participación de las lectoras. Publicamos contenidos que nos parecen interesantes aunque no coincidan con nuestra línea editorial ni con nuestros criterios de edición. Máximo 3 folios.

María Frades

Últimamente es muy frecuente en la publicidad de los productos femeninos ponerse la máscara feminista y reivindicativa y elaborar anuncios enfocados a aumentar las ideas de aceptación y seguridad en una misma a través de anuncios con mujeres más “rellenitas” de lo que estamos acostumbrados a ver como modelos, mujeres con marcas propias de la edad o de diferentes culturas para romper con el ideal atractivo del mundo occidental, entre otros ejemplos.

Pretenden muchas veces con esos anuncios hacernos sentir mejores, más seguras de nosotras mismas, con una belleza más al alcance de nuestra mano en vez de una belleza que dependa del dinero que tengas para hacerte operaciones estéticas o ir semanalmente a la peluquería.
Se sienten que están rompiendo con todos los esquemas, que nos están haciendo sentir poderosas, que nos están enseñando a aceptarnos a nosotras mismas pero, ¿aceptarnos dónde y cómo? ¿Frente al espejo? ¿Es esa la aceptación que quiere y necesita una mujer?

El otro día viendo un anuncio que está siendo muy popular por internet de la marca de cosméticos DOVE, el cual era uno de esos experimentos reales que parece que están también de moda para que este sentimiento de empatía sea más real, me di cuenta del tremendo error que están cometiendo. El experimento en cuestión, para quien no lo conozca, consistía en poner dos puertas en varias tiendas propias de este tipo de productos poniendo sobre una de ellas un cartel que decía “guapa” y sobre la otra uno que decía “normal”. Esto hacía que las mujeres que querían acceder a la tienda tuviesen que decantarse por una de las dos puertas, lo que hacía plantearles la terrible cuestión de si se consideraban lo suficientemente guapas como para entrar por la primera de las puertas o no, y, en caso de decantarse por la de “guapa”, si la gente que las estuviese viendo entrar estarían de acuerdo con su decisión o si la tacharían de vanidosa.

Como parece evidente, la mayoría de las mujeres que se ven en el vídeo entraron por la puerta en la que se leía “normal” y luego explicaban que en muchos casos lo habían hecho porque era lo que pensaban que tenían que hacer de acuerdo con los patrones convencionales de belleza. El final feliz típico también de este tipo de anuncios eran casos de mujeres a las que su acompañante a la tienda les había impulsado a entrar por la puerta que decía “guapa” para hacerles sentir precisamente eso y darles seguridad en ellas mismas.

Pues bien, ¿sabéis con quién me sentí identificada yo? Con una de las que, seguro, pasó desapercibida ante los ojos de la mayoría de personas que vieron este vídeo. Hablo de la que, cuando se dirigía hacia la tienda y se dio cuenta de la situación de las dos puertas, se dio la vuelta y se fue. No solo no escogió ninguna sino que demostró estar tan en contra de ese proyecto que renunció a entrar en dicho lugar si eso implicaba que el mundo evaluase su belleza o su autoestima.

Y es que, al final parece que para aceptarse a una misma hay que empezar aceptándose físicamente, ¿por qué? Me apetecería decirle a todos esos anunciantes que quizá no sea guapa, o quizá sí, pero que mis categorías y mis opciones abarcan mucho más que una simple disyuntiva entre “guapa” y “normal”. Priorizar la belleza no está dentro de mis ideales de mujer del siglo XXI.

Ese irónico método de hacernos entender que la belleza no sigue patrones preestablecidos y que cada una debe de aceptarse y quererse tal y como es, se escapa así de la intención inicial de reivindicación feminista y termina siendo de nuevo un intento de introducirnos la idea en la cabeza de que la belleza es una cualidad fundamental para una mujer, para su autoestima y su felicidad.

Ha costado mucho esfuerzo, que medido en tiempo abarca siglos y medido en acontecimientos abarca vidas enteras de reconocidas personalidades dedicadas a la lucha por el desarrollo y la igualdad de la mujer como para que sigamos sin asumir la belleza femenina como una de las taras que sigue haciéndonos esclavas a los ojos de la sociedad.

La contradicción entre el progreso del movimiento feminista y la publicidad de productos cosméticos
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Revista que ofrece periodismo y opinión con un enfoque crítico, feminista, transgresor y disfrutón.

Comentarios recientes

  1. Anaïs

    Yo también me identifiqué con esa mujer, habría hecho exactamente lo mismo!!
    Totalmente de acuerdo en lo que dices, es un anuncio que busca tocar la fibra pero sin salirse del punto de vista de esta sociedad…

  2. María Bastarós

    Me ha gustado mucho el artículo. Me tiene muy molesta el hecho de que la belleza ha pasado a convertirse en una especie de cualidad interseccional que se retrata como capaz de resolver todos los conflictos que pueda tener una mujer. Que si una mujer abusada se ha convertido en modelo para demostrarle al mundo lo mucho que vale, que si una chica con una enfermedad cutánea se ha hecho modelo para decirle al mundo que ella también es guapa… Y bla, bla, bla. La democratización de la belleza no es más que la democratización de la opresión.

  3. Maia

    Muy buen artículo! El tema ese ese, parece que las mujeres tenemos que ser bellas ( super madres, super esposas, super secretaria ejecutiva) para solucionar el haber nacido mujes, entendido como handicap claro está. La pulblicidad de Dove huele a chamuscado hace rato.

    1. Ingenio

      El artículo me parece bastante esclarecedor. Ya está bien de la transversalidad del ser consideradas bellas o no, como solución de «premio de consolación» a cualquier problema que se nos pueda presentar. Otra vez poniendo la autoestima en línea con la belleza. Señoras, señores, somos muuucho más. Un abrazo.

    1. maria

      ¿¿porqué para los hombres no es tan importante ser guapo o feo?? sino ser rico/pobre, fuerte/débil, inteligente o culto/tonto o inculto?? éstas son facultades que otorgan poder en nuestra sociedad (rico, fuerte, listo), pero la belleza no otorga poder, nos cosifica, nos convierte en objetos para mirar (usar), nos hace más adaptadas al deseo masculino y nos relega para siempre a una posición de subordinación, porque dependemos de modas y cánones que dictan los verdaderos ostentadores del poder (los hombres como colectivo, en general, nunca en particular).

  4. ingeniero

    No, mira. Lo que hay que aceptar es que una es recontrafea. Y ya está!

  5. Pingback: David Ogilvy, crear y vender. Una visión de género | lamujerverdeverde

  6. Pilar

    Me ha gustado mucho este artículo, cómo María ha expuesto su punto de vista. La línea de comunicación adoptada por DOVE desde hace unos años, este «pseudo-feminismo», es perverso y demencial. Porque su mensaje final nunca es el que quieren hacernos creer (esta aceptación de una misma), si no el hecho de asumir que la belleza tiene que ocupar un lugar prioritario en la escala de valores de una mujer. Gracias por el artículo.

  7. Álvaro

    No había visto nunca este anuncio. No sé si se ha emitido en la TV de España y veo poco o nada la TV. Lo he visto y, sinceramente, me ha parecido una chorrada como una catedral, como tantas y tantas campañas publicitarias que intentan conectar con sus clientes potenciales de una forma ¿especial? ¿original? ¿íntima? En este caso, con una falso llamamiento a quererse a uno mismo tal y como es. En cualquier caso «pasar por el aro» (o puerta) para que uno se identifique a sí mismo, ya sea en un ámbito público o privado, como guapo, normal o feo es de por sí incorrecto y absurdo pues cada es algo meramente conceptual, abstracto y subjetivo. Pero con una tierna música de fondo, ¡todo mola más!

    En mi opinión voy a decir la frase tópica pero aún cierta de que cada uno debe quererse a sí mismo tal y como es, y dicho así, suena ideal. Creo que todos o casi todos tenemos algo que nos gustaría cambiar de nosotros mismos, ya sea físico, forma de ser, forma de pensar… Y de esas trabas que nosotros vemos en nosotros mismos (y quizá nadie más vea) habrán algunas que podamos cambiar si nos hace sentir mejor.

    Pero la base, el primer paso, para ser una persona de verdad, para tener una identidad propia y escapar de lo que nos venden o de cómo debemos ser supuestamente, es aceptarse uno tal y como es, sin necesidad de pasar por una puerta o poner etiquetas, independientemente de cuál sea ésta o de la que nosotros mismos consideremos que es.

    A todo esto, un anuncio, una campaña de marketing, un producto que no sabemos qué producto es, ni qué nos aporta, ni por qué no podemos vivir sin él… ¿A qué huelen las nubes?

    Yo de momento, me voy a comer una buena María a vuestra salud 🙂
    https://www.youtube.com/watch?v=wokf8V-mvRQ

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