Cristianismo, sexualidad y democracia en el África subsahariana: Ghana Análisis, Planeta

En Ghana y en otros países subsaharianos existe una tendencia reciente y muy exitosa encaminada a reforzar jerarquías de género y sexualidad a través de la religión y, muy en concreto, desde las iglesias evangélicas

Beatriz Celaya

No parece que los españoles sepamos mucho del África subsahariana, ni siquiera de Guinea Ecuatorial, hasta no hace tanto colonia española. Con suerte, una minoría habrá viajado o trabajado en alguno de sus países. Podemos conocer y apreciar a unos cuantos grandes músicos como Miriam Makeba, Manu Dibango o Salif Keita; reconocer la figura de Nelson Mandela; y, más raramente, habrá quien haya leído a Wole Soyinka, Mia Couto o Chimamanda Ngozi; o sepa del fallecimiento reciente de Chinua Achebe, uno de los fundadores de la literatura africana contemporánea. Sabemos muy poco de los africanos y africanas, y tendemos a considerar sus países dentro de una vaga noción de perpetua destrucción y desastre, percepción simplista y condescendiente de la que se suelen quejar ante las persoans extranjeras. 

Uno de los cambios más importantes  acaecidos en el siglo XX corresponde al rápido desarrollo del cristianismo en las sociedades no occidentales, como ha sucedido en un buen número de países subsaharianos. Fuera de África tendemos a ignorar la fuerte presencia de iglesias evangélicas de creciente creación, confesiones cristianas no tradicionales,  en todos los niveles y ámbitos políticos, sociales y culturales de muchos países subsaharianos. Tanto es así que el discurso religioso penetra y parece apropiarse del discurso no religioso en toda actividad y espacio público en un grado poco común en Occidente. Este es el caso de Ghana, país del África occidental, con 25 millones de habitantes, más del 60 por ciento de los cuales se declaran cristianos.

Estamos ante una imposición del discurso religioso,  principalmente del cristianismo, en espacios públicos que deberían ser, sin embargo, aconfesionales para así salvaguardar la libertad de culto y la participación democrática ciudadana en el devenir el país. Sin duda, es un problema presente también en Europa y otros países occidentales, aunque no en el mismo grado. Es importante entonces  calibrar la naturaleza e intensidad de esta falta de separación entre el discurso laico, incluyendo el que se refiere a los derechos civiles, y el religioso. Sin embargo, no cabe duda que, en tanto que aparece revestido de discurso único, ataca directamente la salud democrática del país. Al mismo tiempo, este mismo discurso religioso, como veremos a través de las nuevas leyes en contra de la homosexualidad,  representa un intento renovado de fortalecer y/o asegurar la organización machista de la sociedad y la heterosexualidad compulsiva como uno de sus elementos constitutivos. Además, mientras se incita al miedo, el odio o la repulsa de la persona diferente, también se consigue reducir o neutralizar la crítica desde toda diferencia, puesto que se trata en un sentido más amplio de un discurso autoritario que se impone con violencia directa o indirecta.

University of Ghana, Legon.- Beatriz Celaya

University of Ghana, Legon.- Beatriz Celaya

Desde 1980 el perfil del cristianismo ha ido cambiando en Ghana, ya que desde entonces las iglesias establecidas han sido eclipsadas progresivamente por nuevas denominaciones cristianas carismáticas. Cualquiera que recorra la capital, Accra, encontrará centros carismáticos de oración, convenciones, cruzadas, servicios religiosos nocturnos  y, sobre todo, como ya destacaba el profesor Paul Gifford, pancartas por todas partes para anunciar una enorme cantidad de actividades religiosas por venir. Las cadenas televisivas con frecuencia alternan las telenovelas con los servicios religiosos a lo largo del día y también son varios los canales religiosos radiofónicos. Algunos de los líderes que dirigen los eventos, como el pastor Mensa Otabil, son verdaderas celebridades, y son muchos y exitosos los grupos musicales y cantantes cristianos.

El discurso de las nuevas denominaciones cristianas gira con frecuencia en torno al éxito personal, que a su vez se asocia con prosperidad. Tanto es así que podrían definirse como iglesias motivacionales

El discurso de las nuevas denominaciones cristianas gira con frecuencia en torno al éxito personal, que a su vez se asocia con prosperidad. Tanto es así  que podrían definirse como iglesias motivacionales. Puede apreciarse a simple vista este aspecto en la denominación de algunas de ellas o en los lemas que pululan por la ciudad en coches y camionetas, con referencias constantes a la victoria y el éxito. Por otro lado, como recuerda Gifford, un segundo principio esencial apunta a fuerzas espirituales que bloquean o permiten el éxito del cristiano, estableciéndose cierta continuidad con religiones precristianas africanas.

Solución ante el sida

Las iglesias americanas evangélicas parecen haber encontrado una nueva vía en el África subsahariana para su promoción de la abstinencia sexual fuera del matrimonio. En el caso de África, buscarían ofrecerse como solución para el rápido aumento en la propagación del sida, así que no harían tanto énfasis en el embarazo entre adolescentes, común en su discurso en Estados Unidos, sino que se concentran en dicha enfermedad y sus peligros. En el África subsahariana, que representa el 10 por ciento de la población mundial, vive aproximadamente el 70 por ciento de las personas infectadas con sida, incluyendo el 88 por ciento de la población infantil afectada. Según The Foundation for Aids Research, en el África subsahariana se produjo el 75 por ciento de muertes por sida en el año 2012.

University of Ghana, Legon.- Beatriz Celaya

University of Ghana, Legon.- Beatriz Celaya

La crisis de esta enfermedad fue vista como una oportunidad para su desarrollo por parte de distintas iglesias evangélicas. Bruce Wilkinson, fundador de Walk Tru the Bible Ministries, o Rick Warren y su esposa, son ejemplos de evangélicos americanos que sintieron la llamada de África. True Love Waits empezó sus campañas de abstinencia en Uganda poco después de su fundación en Estados Unidos en1990 y se expandió a otros cinco países subsaharianos en 2005. Silver Ring Thing se extendió a Sudáfrica en 2005, cuyos eventos alcanzaron  más de 67000 con 102 shows  y un 70 por ciento de personas que se comprometieron a mantener la abstinencia sexual. Otro ejemplo de penetración exitosa es del fundador de Pure Freedom, Dannah Gresh, que fue invitado por el Gobierno a Zambia en 2004 y consiguió que se enseñara su curriculum en la Agencia de Salud.

Entre los argumentos implícitos del discurso evangélico en este contexto, la profesora Cristine J. Gardner destaca dos: la abstinencia ayuda a eliminar el miedo a la enfermedad, y que además aporta esperanza para el futuro, ya que escoger el sexo es sinónimo de escoger la muerte propia. Por otro lado, hay instancias en los que este discurso revela sus problemas y debilidades: el embarazo en África puede ser visto como una bendición y, por otro lado, las y los jóvenes africanos con frecuencia ven en la malaria y la malnutrición un problema mayor que el sida. La muerte es parte de sus vidas.

Sí parece tener más importancia la creencia en una salvación más amplia o completa, que hacen que se conviertan en una nueva creación incapaz de pecar y, como veíamos al comienzo de este artículo, en camino hacia una trayectoria vital victoriosa o incluso un éxito personal apoteósico. Es un éxito individual que no tendría ninguna relación con los derechos sociales y el devenir político del país, que además insiste en el sometimiento de la mujer. En la mayoría de estos discursos la responsabilidad de no mantener la debida abstinencia recae sobre la mujer, que con su comportamiento promiscuo deja de ser cristiana.

Presencia en la universidad

En distintos países africanos, incluyendo Ghana, la socialización sexual tradicional se realizaba durante la preparación para el matrimonio y el énfasis siempre se ponía en qué debía o no debía hacer la novia. Por tanto, no parecería existir gran diferencia  entre el cristianismo de ahora y las creencias tradicionales ghanesas en cuanto al principio normativo: se trata del control masculino sobre la sexualidad de la mujer. La principal contradicción en el momento presente radicaría en predicar la existencia de una democracia exitosa en Ghana, mientras que constantemente se puebla de proclamas religiosas el discurso político e institucional, incluyendo el utilizado en la universidad pública. En este último caso, por ejemplo, son frecuentes los profesores que incluyen en sus correos electrónicos mensajes religiosos y estudiantes que rezan públicamente antes y después de realizar una actividad. Esto no quiere decir que no sea un peligro presente también en las democracias occidentales.

Por citar algunos ejemplos, en España las celebraciones públicas oficiales  no deberían seguir tomando la forma del rito católico, la Iglesia católica debería autofinanciarse y sus dirigentes no deberían tener un espacio privilegiado en el discurso público fuera del púlpito de sus iglesias y los medios privados de comunicación afines. Además, aunque sea cierta, por ejemplo, la excesiva presencia de la religión en la universidad pública ghanesa, también es clara la presencia de importantes africanistas y especialistas en estudios de la mujer en la universidad pública más importante del país, University of Ghana, Legon. Son discursos que compiten en la universidad, pareciendo que tiene más peso el religioso en los estudiantes, pero no siempre.

Obispo Daniel Bonegas, de la Iglesia Pentecostal del Gran Fuego, en su programa diario en el canal ghanés Net2 TV.- Beatriz Celaya

Obispo Daniel Bonegas, de la Iglesia Pentecostal del Gran Fuego, en su programa diario en el canal ghanés Net2 TV.- Beatriz Celaya

En el caso concreto de Ghana, la omnipresencia de la religión, conectada a su vez con las nuevas iglesias cristianas, revela un proceso intensificado de control sexual y de género sobre la población. Para jóvenes y mayores, el servicio religioso representa en buen número de casos la principal fuente de socialización y entretenimiento fuera del ámbito familiar; por cierto, en principio gratuita. Aunque  con diferencias en algún caso relevantes según las denominaciones, el caso es que estas nuevas iglesias cristianas, junto a otras variantes o confesiones más tradicionales, ayudan en gran medida a conformar un modelo sexista y homófobo como valores de la población general. Ghana no es ajena a la corriente homófoba que parece recorrer distintos países africanos, aunque tenga sus propias peculiaridades.

En Uganda, la ley que persigue la homosexualidad es altamente popular, gracias a en parte a sus patrocinadores, David Bahati y Rebeca Kadaga, y la financiación y exposición internacional a través de una gran red de ministerios evangélicos que presiona por una legislación similar a lo largo del continente. Hace pocos días, el Tribunal Constitucional ugandés ha anulado esta ley, que podía castigar con cadena perpetua una relación homosexual en público; pero el motivo es un defecto de forma y el Gobierno ya ha anunciado que recurrirá. Como señala el experto Adam J. Kretz, la reciente ley ugandesa es singular no porqué incluya la pena de muerte sino porque prohíbe las actividades en defensa de las personas LGTB y el estrellato político de sus promotores, Bahati y Kadega, anima a otros políticos a hacer lo mismo en sus países.

Estas nuevas iglesias cristianas ayudan en gran medida a conformar un modelo sexista y homófobo como valores de la población general

Persecución de la homosexualidad

Podría argumentarse que la saña reciente en perseguir la homosexualidad afecta a un segmento minoritario de la población, pero a poco que se escarbe aparece una determinada organización social que se ha pretendido reforzar. En la mayoría de los Estados africanos, incluyendo Ghana,  la actividad homosexual o la identificación propia como persona LGTB se considera un acto criminal que conlleva penas de cárcel de entre dos y diez años. Es cierto que un buen número de Estados conservan leyes homofóbicas heredadas de la colonia británica, pero no son la motivación presente de posturas como la del fallecido presidente de Ghana John Atta Mills (1944-2012). Éste, a raíz de unas declaraciones, acusó al primer ministro británico, David Cameron, de “bullying mentality” y añadió: “Yo, como presidente, nunca iniciaré o apoyaré ningún intento de legalizar la homosexualidad en Ghana”.

El actual presidente, John Dramani Mahama, en una visita en 2013 a Kennesaw State University, institución estadounidense que ha dedicado un año a estudiar este país africano, declaró que la ley debía prevalecer —se refería sin citarla a la ley que persigue la homosexualidad-, y como única justificación indirecta aducía la gran hostilidad cultural hacia los homosexuales existente en su país. Eso sí, creía que los homosexuales no debían ser apaleados o ajusticiados (ILGA). Finalmente, la última polémica podría ser la protagonizada por la ministra de Turismo, Cultura y Artes Creativas, Dzifa Abla Gomashie, quien tras defender un trato más compasivo en una conferencia en diciembre de 2013,  y debido a las críticas recibidas, afirmó que sería la última persona en apoyar la homosexualidad porque sería renegar de sí misma, su cultura y su religión (católica) (Daily Guide). Baste añadir que dicha ministra inauguraba en esa conferencia, según sus propias palabras, una coalición en contra de la homosexualidad.

Programa grabado en Lagos, Nigeria, y transmitido en la televisión ghanesa.- Beatriz Celaya

Programa grabado en Lagos, Nigeria, y transmitido en la televisión ghanesa.- Beatriz Celaya

Aunque estas personalidades políticas prediquen la condena del pecado y no del pecador, sus declaraciones son comprensibles precisamente en un contexto mediático en el que aparecen con mucha frecuencia declaraciones abierta y agresivamente homófobas. Hagan una rápida búsqueda en la red para comprobarlo.

Como recuerda el profesor Thabo Msibi,  al analizar las manifestaciones públicas de condena de la homosexualidad,  nos encontramos con la intersección del sexismo y la homofobia. Según los muy numerosos estudios ya realizados en muy distintas culturas fuera y dentro de África, el género y la sexualidad no son lo mismo, pero son categorías estrechamente vinculadas. Las declaraciones referidas además suelen apoyarse en un pretendido carácter ajeno a lo africano de la homosexualidad, ideas morales contradictorias y el uso de leyes anacrónicas.  Tras las declaraciones y proclamas en contra de la homosexualidad encontraríamos masculinidades tratando de reconstituirse ante una diversidad de cambios sociales acaecidos. Una ola de neoconservadurismo y patriarcado envuelta en constructos de religión, nacionalismo y leyes parece recorrer distintos países africanos.

Una ola de neoconservadurismo y patriarcado envuelta en constructos de religión, nacionalismo y leyes parece recorrer distintos países africanos

El carácter democrático y la estabilidad política del país son tópicos repetidos en el discurso social y político de Ghana, expresados casi siempre con satisfacción y orgullo porque les hace destacar positivamente entre otros países del continente. Es fácil coincidir en parte con aquellos que afirman que los distintos líderes religiosos han jugado un importante papel en el carácter pacífico de la lucha política y los sucesivos procesos electorales con sus llamadas a la tranquilidad y el consenso. Sin embargo, ese efecto benéfico no borra ni condona el papel de las distintas iglesias, y particularmente de las nuevas iglesias cristianas, en la construcción  y/reforzamiento de barreras para el avance de mujeres y personas con construcciones de género o sexuales no normativas. Estas nuevas iglesias representan un peligro o problema para la salud democrática de muchos países africanos debido a su popularidad y su clara pretensión de imponer un pensamiento único a toda costa, que determine cuáles son y quiénes merecen derechos ciudadanos desde la fe religiosa. Tampoco la estrecha unión del mundo espiritual y el material en las creencias tradicionales, entre el mundo de los vivos y los fallecidos,  justifica la renuncia a la razón crítica desde la diversidad.

Para concluir y como defendía Msibi, es la propia ciudadanía africana quien debe organizar respuestas planificadas ante la intensificación de la homofobia y el reforzamiento de posturas sexistas en la sociedad. Parece ineludible que cobre más fuerza la necesidad de defender un pensamiento laico separado del religioso cuando se trate de determinar los derechos civiles de todos. Desde luego, no es tolerable que personas nacionales y extranjeras, asociadas voluntariamente o no a la comunidad LGTB, sientan que su integridad personal está amenazada y su voz pública se desprecia o silencia. En ninguna parte, tampoco en África. Los problemas reseñados en Ghana u otros países africanos no deben servir para ignorar los propios, si acaso refuerzan la necesidad de defender un discurso político laico en una España cuyo Gobierno trata de imponer sus creencias  religiosas a la población, muy particularmente a las mujeres.

 

Cristianismo, sexualidad y democracia en el África subsahariana: Ghana
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