“No es tan fácil distribuir en México un libro que lleva la palabra lesbiana en la portada” Entrevista, Ficciones

Ana Francis Mor es feminista, artista, cabaretera y autora del ‘Manual de la buena lesbiana’, una columna de artículos recopilada en dos libros, que inició a raíz de una broma y con la que canaliza “una necesidad y necedad”: “Hay que contar nuestras historias porque no están contadas y son miles”

Susana Albarrán Méndez

AnaFrancisMor-Carlos-Latapi

Foto: Carlos Latapi

Ana Francis Mor es feminista, artista, cabaretera y Reina Chula. Estudió actuación pero también canta -casi cualquier palo- baila, escribe, dirige y es junto con el resto de Las Reinas Chulas, heredera del arte de Jesusa Rodríguez y Tito Vasconcelos, dos referentes del teatro popular mexicano.

Pero Ana también es activista lesbiana desde que supo que había que contar historias propias en un país donde serlo implica un riesgo añadido al de ser mujer. Desde entonces escribe quincenalmente su columna ‘Manual de la Buena Lesbiana’ en la revista Emeequis, que posteriormente se convirtió en un primer libro (Ed. Emeequis, México 2009). Con el segundo volumen nació Ediciones Chulas, que reedita también el primer ‘manual’ y un cuento para niñas y niños de mamás lesbianas (‘De los gustos y otras cosas’, de Marcela Arévalo).

A partir de la excelente acogida de los manuales, realiza -entre montaje y montaje y allí donde la llamen- talleres de cabaret para la expresión artística, el empoderamiento de mujeres, la defensa de los derechos sexuales, contra la violencia de género y a favor de los derechos humanos y la no discriminación. Es parte también de La Cabaretiza, que utiliza el cabaret como “herramienta de construcción de discursos innovadores y divertidos a grupos lésbicos de México”. Desde allí, en 2013 escribió y dirigió 12 cortometrajes para la campaña de visibilización lésbica Cámbiate el Chip.

Ya va en su segundo libro, ¿cómo nació este ‘Manual de la buena lesbiana’?

Pues nació un poco como una broma, una broma de amigas… Veía alguna con algún drama de “…ay, es que ya me dejó esta mujer porque regresó con el marido…” Y yo, pues claro, diciéndole: “¿Cómo te enamoras de una mujer que tiene marido?” o “Nunca te enamores de una ‘buga’,que es como le decimos a las personas heterosexuales”. Y entonces le bromeábamos: “El manual de la buena lesbiana dice muy claramente que no hay que hacer eso o lo otro y tal y tal”. Entonces, por ahí cayó una amiga despistada -“¿Cuál manual?”- y le contestamos: “¡Cómo te atreves a llamarte lesbiana y no tienes el manual de la buena lesbiana!” A media semana me habla mi amiga y me dice que está en una librería y que de qué editorial era el ‘manual’ porque no lo encontraba. Y entonces dije, claramente hay que escribirlo, por lo menos ya una persona lo compraría.

A partir de allí le propuse a la revista Emeequis, que es una revista política mexicana, hacer esta columna y me preguntaron: “¿De qué va a ser?” No sé, les dije, la verdad es que no sabía… “Es que de sexualidad ya tenemos”. Ya, pero yo no nomás ‘cojo’, también hago todo lo demás y no es solamente eso. Así empecé a descubrir que a partir de escribir lo que sabía, tenía que aumentar el lente, tenía que poner el acento en que todas las cosas que hago en mi vida y todas las cosas que las lesbianas hacemos en nuestra vida las hacemos como lesbianas porque no sabemos hacerlas de otra manera, y el mundo es distinto, cambia. Y hacerlo de dos maneras distintas, porque el mundo no todo el tiempo quiere que seas lesbiana, nada más en tu cama si acaso, pero que el resto lo hagas como heterosexual, eso es muy esquizofrénico, muy desagradable y muy enloquecedor, muy indecente por otro lado, y muy indigno. Poner atención en eso, cómo aclararle al mundo que cuando eres lesbiana todas las cosas las haces como lesbiana, y ese mundo es bien distinto, y ese mundo hay que hacer que sea el mismo mundo para todas las personas. Hay que hacer que todas las personas tengan acceso al mismo mundo.

“El mundo no todo el tiempo quiere que seas lesbiana, nada más en tu cama si acaso, pero que el resto lo hagas como heterosexual: eso es muy esquizofrénico, muy desagradable y muy indecente

Tiene que ver con la identidad y con una posición política, ¿no?

Tiene que ver con identidad política, sin duda. Yo fui haciéndome de esa identidad política. Me di cuenta que no era sólo un asunto de orientación. Lo venía yo trabajando desde antes. Me metí de activista justamente cuando vine a España. En el 2001 vine de gira a Francia y decidí quedarme un par de semana más para viajar. Vine a Madrid en junio, y me tocó la marcha del Orgullo gay. Me acuerdo que fue una marcha enorme para mis estándares mexicanos, en esos momentos la marcha en México no era tan grande. Recuerdo que estaban en el templete, en el escenario, las trans pidiendo que las operaciones de cambio de sexo se metieran en la seguridad social. A mí eso me sonaba una cosa tan lejana, en mi país eso nunca iba a ocurrir. Vaya, no pensaba que la marcha aquí era tan grande y que pudiera haber estas peticiones tan evolucionadas. La semana siguiente fui a París y también me tocó la marcha gay en donde el alcalde en ese momento iba al frente de la marcha. Entonces para mí fue un shock, en ese momento yo pensé que no me iba a ir a vivir a otro lugar del mundo –me gusta mucho mi ciudad- pero entonces tenía que hacer algo para que en mi ciudad las cosas fueran más decentes. Y ahí me hice activista, ahí empecé mi activismo lésbico y luego me hice feminista. Entonces empecé a aprender otras cosas, y si como dice el feminismo ‘lo personal es político’, entonces el ‘Manual de la buena lesbiana’ es absolutamente personal y absolutamente político porque mi vida no puede no ser política, y mi política no puede no ser personal.

Y vas un poquito más allá porque lo haces con humor.

“A mí me sorprendió el buen humor que tenían los gays de hacer chistes de sí mismos, y cómo cuándo hacíamos chistes sobre lesbianas se enojaban las chavas. Soy lesbiana, entonces no te estoy insultando, me estoy burlando de mí misma”

Cuando empecé de activista para públicos lésbicos, con Las Reinas Chulas empezamos trabajando en la Zona Rosa, que es el barrio gay de Ciudad de México, en unos clubs nocturnos de Tito Vasconcelos, quien es un gran actor mexicano. Puso un cabaret como en el 1999, creo, y trabajando allí era rudo, ¿no? Nos hicimos allí ‘la tabla’, las primeras horas de vuelo. A mí me sorprendió mucho el buen humor que tenían los gays de hacer chistes de sí mismos, de burlarse, y cómo cuándo hacíamos chistes sobre lesbianas se enojaban las chavas. Yo decía, soy lesbiana y estoy haciendo chistes sobre lesbianas, entonces no te estoy insultando, me estoy burlando de mí misma. También pasaba que apenas salía una película de lesbianas y todas íbamos corriendo porque antes no había más… Íbamos a la que fuera. ¿Cómo estuvo? Quien sabe, es la que hay, ¡vamos! ¿Será buena? No sé, yo siento bonito ver a dos mujeres besándose en la gran pantalla, nunca lo he vivido y está bonito. Entonces dije: hay que hacer teatro para lesbianas, hay que hacer cabaret para lesbianas porque no hay de entrada. Empezamos así a hacer cabaret, mucho era para lesbianas, a veces las temáticas eran lésbicas, a veces no.

Yo sí clavada, clavada, desde mis primeras obras de teatro empecé a meter el tema, incluso la primera que se llamó ‘Bellas atroces’ por 2001, 2002, con ella viajamos por todo México y nos fue muy bien. De pronto, así en ‘Bellas atroces’ estábamos en un teatro con de 500 butacas los lunes y martes, y se llenaba. Yo me sentaba afuera y decía: ¿Y todas estas dónde estaban?, ¿de dónde venían? ¡Pues claro! Hay un montón de lesbianas en el mundo, en México, en la ciudad, en todos lados. Para mí está claro que hay que hacer cosas para éste público, hay que hacer cosas para ésta -no sé si es comunidad- pero por lo menos población, sí. Y hay que contar nuestras historias porque no están contadas y son miles. Para mí es un proyecto de vida contar nuestras historias: ¿Cómo? Como sea, ¿Cuándo? Cuando se pueda. ¿Dónde? Donde sea, en libros, en columnas, en obras de teatro, en películas, en videos, en shows de cabaret. Entonces, sí, el ‘Manual de la buena lesbiana’ es como parte de todo eso. Es mi necesidad y mi necedad de contar nuestras historias, es hacer ese ejercicio, cada quincena contar una historia.

¿Y cómo ha recibido el manual la gente en un país como México tan reprimido? ¿Ha ido cambiando? Las chavas, ¿que te han dicho?

Cuando empecé la columna todo bien.

“Hay muchos estados de México donde las organizaciones de lesbianas están francamente escondidas porque se juegan la vida. Lo que más hay son grupos de Facebook donde las chavas ligan. Por eso estamos aplicando la venta por las redes”

realidad recibía respuesta de la gente lectora de esta revista que no es gay, no es lésbica, sí política. Recibí mucha retroalimentación de hombres sobre todo, y les gustaba mucho la columna y se sentían muy comprendidos. Gente que me decía: “Me estás haciendo ver cosas que no había visto, y con humor”. Luego los de la revista me dijeron, pues vamos a publicar el libro, y yo feliz, yo brincaba pues jamás había pensado en eso. Entonces salió el primer tomo y aquella reacción sí que no me la esperaba. Desde la presentación en la feria del Guadalajara con el salón lleno y se vendieron un montón de libros. Todo mundo me dijo, eso no es común. La presentación que hicimos en El Vicio1 igual se mega-atascó, no cabía un alfiler. Y el libro se empezó a vender, y a vender, y a vender, y de pronto me di cuenta que se habían vendido 4 mil ejemplares. ¿Eso era mucho o poco?. Muchas de las escritoras lésbicas me dijeron, no chingues, mis ediciones solo han sido de 500. La Editorial Sexto piso me dijo, la mayor parte de nuestros autores no vende esta cantidad. Así que dije hay que sacar el segundo pero ¡ya!

A partir de allí decidimos fundar Ediciones Chulas y en colaboración con Emeequis sacamos el segundo tomo. La idea fue tomar el segundo libro en mis manos, es mucho más al gusto mío, tiene una selección con otra visión. El primero me parece que mantiene el encanto de la frescura y es irrepetible. La idea es seguir sacando los tomos cada tres años conforme se vayan juntando las columnas, así como la enciclopedia británica para que tengas así tus tomos… (risas) La presentación en la FIL de Guadalajara del último también estuvo muy bien, nos dieron una sala del doble de tamaño que la vez pasada.

Ahorita prácticamente, en México, todas las lesbianas ya conocen la columna y conocen el libro, eso ha sido muy impresionante; cómo la columna se ha diseminado. Las redes sociales han hecho ahí una labor fantástica. Lo que ocurre es que en el resto del país, que no es la Ciudad de México, la situación es compleja y es complicada. Hay ciudades como Guadalajara y Monterrey, las grandes ciudades en las que estás cobijada por eso mismo, pero hay muchos estados de la república en donde las organizaciones de lesbianas están francamente escondidas porque se juegan la vida. Entonces, lo que más hay son grupos de Facebook donde las chavas ligan y tienen novia porque es una necesidad fundamental. Entonces estamos duro y dale, y con el asunto de la distribución, que siempre es un problema. No es tan fácil cuando lleva la palabra lesbiana en la portada, siempre tiene su complejidad y complicación. Luego, las chavas desde el Manual 1 reportaban que fueron a buscarla a Sanborn’s2 y “el dependiente me vio feo y me fui”, o es que “la que vende los libros es amiga de mi mamá”, etcétera, etcétera (risas). Entonces estamos aplicando la venta por la redes, la distribución a través de organizaciones para que las chavas se sientan a salvo. Y ahí va, va bastante bien, y yo haciendo presentaciones por todos lados.

A veces es padrísima la respuesta, es la constatación de que el mundo es bien injusto, de que las chavas viven en condiciones de terror. Yo soy una lesbiana privilegiada porque vivo de lo que me gusta. Soy blanca, esa es una diferencia fundamental en nuestro país, fui a la universidad… Entonces claro, tengo que hacer lo que tengo que hacer. Pero hay muchísima desigualdad. A los gay les vale pito lo que les pasa a las lesbianas porque el machismo no se quita por la orientación sexual. Hay pocas posibilidades de trabajar realmente con la población gay, evidentemente con sus muy importantes excepciones.

Aquí se discute mucho también el tema de ‘normalizar’, porque a la hora de normalizar hasta el término lesbiana, a lo mejor se le empieza a quitar su influencia política.

La ‘normalizada’ tiene sus bemoles, porque los hombres se normalizan pero las mujeres no. No cabemos, punto, porque somos mujeres, punto, jamás encajaremos porque el mundo es patriarcal, punto. Entonces, no, la normalización no nos incluye.

Esta visión de la de la lucha gay en pro del matrimonio, la adopción… que sin duda son derechos por los que hay que pelear, como digo yo, “para tener el derecho a divorciarme”, pero en realidad no nos incluyen, o sea, no incluyen nuestras demandas de desigualdad por el hecho de ser mujeres. Eso es una trampa. Lo que siento es que las lesbianas tenemos como una doble tarea, por un lado la salida del closet, y por el otro, ser mujeres. El mundo no es igual si es hombre o se es mujer, punto. Todavía no lo es y estamos lejos de serlo. Recién pasó en Ciudad de México el caso de Yakiri, esta chica que violaron y metieron a la cárcel, y allí estábamos no sé cuantos cientos de lesbianas y personas armándola de pedo para que saliera y tomó el esfuerzo de un montón de gente. Salió bajo fianza, o sea se tuvo que pagar un montón de plata y todavía no está libre, ¿entiendes? Es terrible.

Últimamente me he hecho más radical, si estoy muy clavada con las lesbianas, o sea que no me interesa defender a nadie más, que mi causa no es por nadie más porque hay muchísimo que hacer. Ahora con otra organización con la que colaboro, La Cabaretiza, estamos haciendo un proyecto bien bonito en el que vamos a una ciudad, allí se junta un grupo de lesbianas, actrices o no, o lo que se pueda, y hacemos un espectáculo de risa, de humor, de diversión para que ellas se presenten y se sigan presentando y contemos nuestras historias. Ya lo hicimos en Nicaragua, en Guadalajara, en Monterrey acabamos de estrenar, ahora vamos a Hermosillo y Mérida y la idea es seguir haciéndolo. Hacer un blog con todos los textos que han salido unos super interesantes de acuerdo a la región, al contexto, es decir podrías pensar que las historias son las mismas, una parte sin duda que sí.

¿Cómo se llama el proyecto?

“El cabaret al servicio de las lenchas” (risas). Yo digamos que tengo una doble vida, por un lado está la vida artística que, si bien nunca ha estado despegada de mi activismo, sí toca otros temas. Y por otro lado, mi activismo que ahorita si está muy clavado en el tema de la lesbofobia, y en este momento de mi vida me resulta más interesante ir a dar un taller que hacer un nuevo espectáculo, ¿me explico? Siento que ahí hay un montón de cosas que decir, un montón de cosas que descubrir que no están dichas. Y me duelen, me duele de manera vital, que no estén dichas.

En México, ¿otras artistas han visibilizado el lesbianismo recientemente?

Pocas, porque cuando sales del closet así tan públicamente hay lugares a los que ya no vas a acceder. Sí tienes que elegir, sí es una elección y no es una elección fácil. Lo que pasa es que yo soy dueña de mis medios de producción, entonces eso me ha hecho el camino más fácil en ese sentido. Pero si eres una actriz que trabajas en lo que te llaman, no puedes hacerlo porque entonces ya no te van a llamar.

2 El Vicio, es el teatro cabaret de Las Reinas Chulas en Coyoacán, Ciudad de México. Antes fue El Hábito, el teatro de las artistas y activistas Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe.

3 Marca de tiendas que venden de todo en casi todas las ciudades grandes de México. El dueño de ese imperio es el multimillonario mexicano Carlos Slim. Curiosamente, son parte de la cultura popular.

“No es tan fácil distribuir en México un libro que lleva la palabra lesbiana en la portada”
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