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Especulación y morbo para cubrir la violencia contra las mujeres En red, Y luego diréis que somos cinco o seis

Los medios de comunicación ecuatorianos presentaron la muerte violenta de Vanessa Landinez Ortega como resultado de una pelea, dando datos para justificar al agresor y culpar a la víctima.

El 19 de octubre de 2013, Vanessa Landinez Ortega apareció muerta en un hotel de la ciudad ecuatoriana de Ambato (provincia de Tungurahua), con signos evidentes de violencia; presentaba hematomas en varias partes del cuerpo. Tenía 37 años, era ingeniera de Comercio Exterior y madre de una niña de año y medio. Convencida de que la muerte de Vanessa fue fruto de la violencia contra las mujeres y decidida a que se hiciera justicia, su familia interpuso una demanda contra un joven que pasó casi ocho meses en prisión preventiva. El 16 de abril, la Fiscalía de Tungurahua resolvió imputarle por un presunto delito contra la vida. El 30 de mayo, sin embargo, un tribunal de justicia le declaró inocente. Actualmente, el proceso judicial continúa abierto porque tanto la Fiscalía como la acusación particular apelaron esta sentencia.

Dos de los principales medios de comunicación de Ambato, La Hora y El Ambateño, cubrieron la muerte de Vanessa Landinez Ortega los días 20 y 21 de octubre de 2013. Las noticias publicadas en La Hora fueron: “Una noche de copas terminó en tragedia” y “Se velan los restos de Vanessa”. La información aparecida en El Ambateño no figura en su web. Este texto analiza, con perspectiva de género, el tratamiento mediático de este caso marcado por la violencia contra las mujeres.

Información de El Ambateño (20-10-2013)

Información de El Ambateño (20-10-2013)

“Por colarse la mataron”, tituló el diario El Ambateño. “Vannessa habría querido ingresar a la habitación del homicida, quien estaba con una mujer”, decía el subtítulo. De entrada, este medio buscó una explicación que culpabilizaba a la víctima de su propia muerte. Sugirió que algo tuvo que hacer para recibir una golpiza que acabara con su vida: intentar entrar en una habitación de hotel ajena. Ya el día anterior, el mismo medio insistió en tratar de dar con una causa —“Se desconoce por qué se produjo la pelea y por qué Esteban G.O. reaccionó de esa manera con la fémina”— y culpabilizaba a la víctima —“que además estaría en estado etílico”. Como si la violencia sistemática contra las mujeres tuviera que sostener alguna justificación.

La Hora hizo alusión a que “una chica que se identificó como ‘Vanesa’, entre risas y coqueteos empezó a compartir tragos que iban y venían”

El diario La Hora se sumó al empeño de encontrar una respuesta lógica: “Al parecer, ella tenía los ojos inyectados de sangre e indicios de hematomas en su cuerpo, lo que indicaría que su muerte se produjo por una gresca”. Una gresca es una pelea, una riña. Hay grescas que, por supuesto, acaban sin un rasguño. Los indicios de hematomas en el cuerpo sin vida de Vanessa Landinez Ortega indicarían, en todo caso, que su muerte se debió a un episodio extremo de violencia contra las mujeres.

Los periódicos locales informaron sobre este caso como si de un hecho aislado o de un conflicto personal se tratara. Se refirieron a él como si fuera un suceso y, por eso, lo colocaron en las páginas de la sección La Patrulla, en el caso de El Ambateño, y en la Policial, en el caso de La Hora. Pasaron alarmantemente por alto que la violencia contra las mujeres es un problema de salud pública y que está motivada por odio, desprecio, placer o un sentido de propiedad de las mujeres por parte de los hombres que la ejercen.

Finalmente, fueron nulos los datos de contexto que los periódicos ambateños ofrecieron a las y los lectores, privándoles así de la posibilidad de crearse una opinión y una conciencia crítica al respecto, que les induzca a rechazar la violencia contra las mujeres y a combatirla socialmente. No acudieron a fuentes expertas, como organizaciones feministas o de mujeres u organismos gubernamentales, en busca de ese contexto. Es más; Vanessa Landinez Ortega apareció muerta en octubre de 2013. Ni siquiera fueron capaces de recordar que, entre noviembre de 2012 y noviembre de 2013, sólo en Ambato, un total de siete mujeres habían aparecido muertas —también con signos evidentes de violencia—; demasiada casualidad para ser un hecho aislado.

El colmo del morbo fue la foto de la cara amoratada e inflamada de Vanessa Landinez Ortega, una vez fallecida. Después, el periódico recurrió a una modelo tirada en unas escaleras

(Por cierto, en lo que va de 2014, ya se han registrado en Ambato cuatro víctimas de femicidio. Urge que las autoridades locales y provinciales comiencen a contabilizar, de forma oficial, el número de mujeres asesinadas. También parece demasiada casualidad que sólo en la capital de la provincia ocurran femicidios; tiene pinta, más bien, de que los medios están cerca y se hacen eco de ellos. Otro tema es cómo. Volvamos a eso).

En realidad, El Ambateño sí hizo un intento de contextualización pero, aparte de mínimo, fue fallido: “En lo que va de la semana han muerto dos mujeres por violencia masculina”. ¿Qué tenemos que entender exactamente por ‘violencia masculina’? ¿Por qué no utiliza algunas de las opciones válidas, empleadas por las fuentes expertas, dotadas plenamente de contenido: ‘Violencia machista’, ‘violencia contra las mujeres’, ‘violencia patriarcal contra las mujeres’, ‘violencia sexista’ o ‘violencia de género’?

Mención aparte merece la inexactitud de los escasos datos que conocemos sobre Vanessa Landinez Ortega fruto, a todas luces, de una especulación inaceptable. El periódico La Hora señaló que la víctima, a la que identificó de manera intercalada como ‘Vanessa’ y ‘Vanesa’, tenía “aproximadamente 28 años” y medía “1,70 de altura”. El Ambateño, por su parte, escribía ‘Vannessa’ e informó de que tenía “unos 27 años”. En realidad, medía alrededor de 1,56 metros y tenía 37 años. La diferencia es considerable. Seguro que este baile de cifras no habría tenido lugar si estuviéramos refiriéndonos a un conocido político o juez, por ejemplo.

Por otro lado, llama la atención el sesgo de género con el que este mismo medio identificó a la víctima y al presunto homicida. De Vanessa Landinez Ortega destacó su papel de madre de familia —“Deja en la orfandad a una niña de un año y meses”— y obvió que era ingeniera de Comercio Exterior y microempresaria. Del presunto homicida subrayó que era “estudiante de quinto semestre de la carrera de derecho”.

La Hora, por su parte, hizo alusión a que “una chica que se identificó como ‘Vanesa’ se unió a la mesa de ellos, entre risas y coqueteos la chica empezó a compartir tragos que iban y venían”. ¿¿¿Interpretamos ya que “la chica” algo tuvo que ver en su propia muerte, con tanto coqueteo y con tanto alcohol??? Un poco más abajo, en la misma noticia, la intención de esa información se vuelve más explícita: “Vanesa estaba alterada por los tragos y por momentos se tornaba un tanto agresiva, según lo dicho por Diana”. Y, casi al final: “Según uno de los conocidos de Esteban, él sería incapaz de atacar a alguien, ya que es una persona tranquila”. Vaya; la víctima era agresiva y el presunto homicida era una persona tranquila; qué extrañeza…

Interpretado como un buen suceso, al tratamiento de esta noticia no le faltaron las debidas dosis de morbo. “Vannessa, más conocida como ‘Gaviota’, de unos 27 años, fue hallada muerta en las gradas de un lugar de hospedaje”, publicó El Ambateño. ‘Gaviota’ era, en realidad, la protagonista de la telenovela colombiana ‘Café con aroma de mujer’, que viajaba a Europa en busca de ‘su amor’ y caía en las redes de explotación sexual. Según familiares de Vanessa Landinez Ortega, algún compañero le había llamado así en la época universitaria, hacía años, por su parecido con la actriz de esa telenovela. Huelga decir que este dato no aportaba nada a la comprensión de la noticia. ¿O quería el medio tratar de hacernos entender algo? Lo desconocemos, pero durante el resto de la información “Vannessa” desaparece para pasar a ser “Gaviota”.

El colmo del morbo, sin embargo, fue la foto de la cara amoratada e inflamada de Vanessa Landinez Ortega, una vez fallecida. El Ambateño la mostró sin pudor, tanto en el interior como en la portada, bajo el siguiente pie de foto: “Vannessa muestra los ojos hinchados debido a los golpes. Ese fue el estado en el que quedó”. Aquí hay que puntualizar que Vanessa no mostró nada porque ya no podía hacerlo; la foto responde, pues, a una expropiación de la imagen de su cuerpo. Después, este periódico recurrió a una modelo que se colocó, tirada en unas escaleras, en una postura que para colmo ni siquiera era fiel a la postura en la que encontraron el cadáver de Vanessa. Esta modelo yacía como si hubiera rodado dulcemente…

Para terminar, es justo mencionar que estos medios de comunicación ambateños cubrieron con mejor tino las informaciones publicadas con posterioridad acerca de este caso, sobre todo a raíz de que familiares de Vanessa Landinez Ortega les expresaran su malestar. Así, instalaron en sus páginas los conceptos ‘violencia contra las mujeres’ y ‘femicidio’ y visibilizaron las protestas y las acciones llevadas a cabo por la Plataforma Justicia para Vanessa. Lo hicieron, incluso, en portada:

Portada del diario El Ambateño, del 25 de mayo de 2014

Portada del diario El Ambateño, del 25 de mayo de 2014

Portada del diario La Hora, del 25 de mayo de 2014

Portada del diario La Hora, del 25 de mayo de 2014

Por lo demás, ¿qué sabemos de la historia de Vanessa Landinez Ortega? Os invitamos a leerla aquí.

Especulación y morbo para cubrir la violencia contra las mujeres
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