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Flechazos Salida de socorro, Voces

A veces me pseudo enamoro de desconocidas. Bueno, no son desconocidas del todo.

Ilustración: Núria Frago

Mini-cómic: Núria Frago

Las veo por la calle muy de vez en cuando. Tengo información sobre ellas, porque conozco a gente que las conoce. Somos amigas de Facebook, lo cual denota que saben que existo.  Posiblemente no sepan cómo me llamo realmente, pero yo sé cómo se llaman ellas. O eso creo. Malditos pseudónimos y motes internáuticos que entorpecen el espionaje patológico a las taradas como yo. Las veo por primera vez en saraos lesbianistas. Yo suelo estar bailando cual posesa, sudando la gota gorda en bares demasiado pequeños con demasiada gente. Es más, ahora que lo pienso, siempre suelo estar bailando SOLA. Viva yo. El caso es que giro la cabeza hacia un lado, haciendo uno de estos gestos de stripper cautivadora, y las veo allí, en un grupito.  Suelen ser enamoramientos instantáneos. Siempre me han intrigado los flechazos, porque no los entiendo. ¡Qué cosa tan irracionalmente ridícula! De repente ves a alguien por primera vez y como supongo que tiene algo que te llama la atención, involuntariamente, te sale mirarla insistentemente para ver qué hace. Si te mira de vuelta, te entra esa enfermiza obsesión por hablar con la total desconocida en cuestión. Si el miramiento cuela y se mantiene en el tiempo unos minutos, tu fantasía momentánea es morrearte con ella en una esquina del bar. De verdad que no lo entiendo. Yo que soy más rara que doce con la higiene personal, y maniática hasta la médula con duchas, dientes limpios y olor a crema hidratante, me paso todas mis normas por el forro del bolso, y decido que esa personita en concreto, por sus características físicas y por cómo interacciona con su entorno, seguro que es la monda y hasta huele bien. Así que necesito “tenerla”. Porque la cosa es así de simple. Un capricho consumista-capitalista, ¿no? ¿Qué es un flechazo para el resto? Lo mismo es biología pura y la hembra mamífera que llevo dentro decide que de todos mis alrededores ella es la otra hembra mamífera de mi especie más apta para aumentar la prole o ayudarme a cuidarla… ¿? Menuda chorrada. Espero. Hubo una época que me dio por leer compulsivamente a Punset y estos son los posos de tanto enfoque biologicista del amor y las relaciones humanas. Qué horror, por diosa. Animalización. Que vale que soy una homínida cavernícola al fin y al cabo, pero cuando todavía éramos nómadas y no existía la “propiedad privada”, a mí alguien me dijo que todo el mundo follaba con todo el mundo. Y que además de la supervivencia, el otro objetivo vital era el placer. Los monos hacen eso. ¿O me mintieron en aquel soporífero documental? El caso es, que por alguna razón que aún no he descubierto, paso por alto todas las posibles taras de mi amada y me empeño en conversar con ella cueste lo que cueste. Las conversaciones son dignas de ser grabadas y difundidas. Los primeros contactos son memorables. Los diálogos suelen girar en torno a la vida de una misma. Pero siempre tratando de escuchar lo que dice el objeto de deseo en cuestión, validando sus comentarios con “ahá” o “¡qué graciosa eres!” sin resultar pesada, añadiendo estudiadas dosis de humor, acompañadas de flirteo descarado pero sutil. Un cuadro, vamos. Yo, cuando tengo que hablar con alguien por primera vez, sufro. Sufro tanto que siempre intento evitarlo. No soy yo especialmente pudorosa…Bueno, “lo normal”, escribo artículos contando mi vida en prosa, ya tú sabes, pero cuando se trata de hablar cara a cara y sintetizar mi verborrea llevándola por un camino concreto que impresionará a mi elegida pieza de la noche… me entran unos sudores fríos… unos temblores por las rodillas… unos retortijones raros… me cuesta tragar saliva. Vamos, que cuando me toca hablar con alguien por primera vez me cago y me dan arcadas. Más claro agua. Y lo paso fatal. No se lo deseo a nadie. ¿Qué leches hacéis las demás? A mí me pasan doscientos mil pensamientos por segundo por la mente. Sólo de imaginarme que tengo que elegir uno de ellos y soltarlo como si me saliera natural, acompañado de sonrisas, gestos con las manos y una expresión desenfadada que no haga ver a quien tengo delante que soy una psicópata, me vuelven a dar retortijones. ¿Pero qué invento es este? ¿Es que no hay manuales para estos primeros encuentros? ¿Cuáles son los pasos a seguir? ¡¡Necesito saberlo!! Como alguien use la frase hecha “déjate llevar” o “sé tu misma”, mato. En fin. Lo dicho. Que me esfuerzo muchísimo. Sudo tinta china para dar una buena impresión. Y al final, cuando por fin creo que tengo todo bajo control, la otra personita suele murmurar algo así como “qué rara eres”. Ahí es cuando o disimuladamente la gente se aleja de mí alegando que tiene que dar de comer al gato, o directamente empieza la fase de intercambio de fluidos. Bien, queridas amigas. Así que ahora debemos tener sexo. Si hablo con una desconocida que me atrae físicamente y pasa las pruebas dialécticas (¿o las paso yo?), se ve que necesito saber a qué sabe su saliva. Esto es así desde que el mundo era mundo y sé que le sucede a más gente. ¿Alguna otra loca en la sala? Vale, pues no voy a describir esta parte, y me la saltaré como hacen en las películas, para que la siguiente imagen sea nosotras en pelotas en una minúscula habitación de un piso compartido, comiendo falafel del suelo y creyendo que nos conocemos. Hemos tenido un encuentro eróticosexualafectivo. Por lo general muy genitalizado. El objetivo era demostrar que sé proporcionar orgasmos a diestro y siniestro. Aunque yo seguramente no me haya ni acercado a correrme. Demasiadas cosas en la cabeza como para estar a todo. Vale. ¿Ahora qué? ¿Qué hay que hacer? Pues señoras y señoras, ahora empieza la fase “voy a inventarme cualidades y a endiñárselas a mi amada aunque no las tenga”. Que nadie me pregunte cómo ni por qué, pero en esta interesante y a la vez traumática fase, tiro de hemeroteca y empiezo a buscar información en mi cabeza. ¿De quién me gustaría rodearme? Teniendo en cuenta sus características físicas, el tono de su bella voz, cómo me metió mano aquella noche (que posiblemente dependerá de los litros de kalimotxo que lleve encima, o las rayas que haya decidido meterse, porque el abuso de sustancias está a la orden del día y el sexo se ve condicionado por ello día sí y día también), (Y en realidad abro otro paréntesis para decir que ¡menos mal! Porque yo soy tan sumamente rancia que si no tengo sexo unas cuantas veces borracha como una cuba, siento que nunca consigo esa confianza plena para dejarme llevar del todo. Tener sexo sobria siempre es un tostón. Al menos para las tías raras como yo que no se saben dejar llevar), seguro que le gusta la música, es vegetariana, hace jabón y activismo de algún tipo en sus ratos libres y su sueño es vivir en una granja. Hecho. Pack número uno. O quizás adore bailar, escriba poesía los viernes en vez de salir de fiesta, tenga el pelo naranja fosforito, los labios rojos, gafas de pasta y su sueño sea tener un piso lleno de estanterías repletos de libros donde vivir con su gato. Pack número dos. Y así, voy estudiando los diferentes packs de personalidad que tengo, para poder clasificarla y catapultarla hasta lo más alto. Me invento cualidades que pueda tener, contrasto comentarios dichos en diferentes conversaciones, observo su entorno…y empieza la fase “esto no es lo que yo creía”. ¡SORPRESA! Tienes treinta años, pero sigues enamorándote como cuando tenías quince. Ahora, después de que ha pasado el ecuador de los dos meses, descubres que todo lo que realmente te interesa de ella, se lo has comprado tú. Vamos, que si duráis dos meses más, posiblemente acabéis no teniendo nada en común y vuestras conversaciones sean un rollo repollo. Y es que el error es siempre el mismo: enamorarme de gente que no conozco. ¿Por qué no me enamoro de gente que ya sé cómo es? Porque ya sé cómo es y no hay nada por descubrir. Y de cerca todo el mundo es feo. Entonces, ¿por qué no tengo sexo sin enamorarme? Porque debo tener algún tipo de oxidación en el cerebro, y cada vez que de fiesta veo a alguien y me creo que tengo un flechazo, en vez de asumir que lo único que me pasa es que estoy cachonda y quiero follar, me invento pajarillos, mariposas, montañas rusas y brillantinas en lugares donde sólo hay serrín en el suelo para tapar una pota, posiblemente de alguna otra loca que ha vomitado de los nervios pre-morreo con otra alguien. En fin. ¡Que vivan los flechazos!

Ilustración: Núria Frago

Ilustración: Núria Frago

Flechazos
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María Unanue

Adoro aprender por ciencia infusa, las flores y las patatas en todas sus formas.

    Comentarios recientes

    1. enma judith posadas

      wooo, totalmente interesante la historia de los flechazos,cierto que muchas veces conocemos a alguien y comenzamos a idealizar, y es precisamente la sensación de lo desconocido lo que nos parece sumamente atractivo, creo que si no tuviésemos esa sensación no hay algo a lo que podríamos llamar intensa atracción, no se, extraño aveces me complico, pero bueno acá una loca total que es muy impulsiva y hace las cosas sin temor al rechazo. por que igual creo que es este sentimiento el que nos reprime y dejamos que nos joda la vida, y como hace mucho aprendí a ser yo misma CAFUN que me aviento y hago algo por que que tal si mañana me muero……….hiiiiii, no seria justo morirme y llevarme el sentimiento de no haberlo hecho. que pena por mi. 🙂

    2. Mamen Conte

      jajaj qué grandeza!! no estás sola nena.. somos muchas mariposeando… de hecho.. creo que me acabo de enamorar.. y ni te he visto;)

    3. Laison

      jajjaja, mencanta!!! más idem imposible, y tengo 38! stoy intentando cambiar el falafel, qué ascazo, ..

    4. Natalia

      Me ha encantado el artículo. Es increíble cómo nos hemos tragado el cuento, eh. Cuando leía tu artículo me veía a mí misma, buscando y buscando en las discotecas, en las reuniones, en los bares… Salvo que mi condición de pollera me hace buscar a mi príncipe azul a caballo, de lo que resulta una frustración añadida ya que aunque intentes no ver el machirulismo, siempre sale.
      Me acuerdo del último chico que conocí, al que le dije que era feminista… Y cuando le pregunté si sabía lo que era me dijo.. Sí, se que es algo bueno, y que lucha por la igualdad…. Y claro, pues como normalmente los machirulos no tienen ni idea, ya me ganó…
      Luego se comportó como lo que era, pero para aquel entonces yo ya le había puesto el traje entero.
      Es muy curioso como todas las mujeres, independientemente del objeto del deseo, acabamos haciendo lo mismo. Bueno, todas es mucho generalizar pero no es el primer caso que leo, escucho y del que soy partícipe.
      Cuando reflexiono en todo esto, pienso si quizás hubiera sido diferente de no vivir en el fucking patriarcado que nos mete lo de las princesas y los príncipes…
      El problema es que tanto tú como yo sabemos lo que hacemos y por qué lo hacemos y aun así seguimos enamorándonos como lo hacíamos con quince años. Seguro que cada vez las consecuencias son menos duras y los duelos más cortos pero cuando todo pasa piensas: «Joder, otra vez me la han vuelto a meter doblada!»
      En fin, me ha gustado mucho tu artículo. Yo ahora mismo estoy en el proceso de desintoxicación del último machirulo en cubierta. No fueron dos meses, sino apenas tres semanas y una noche de sexo revival post-lodejamos, pero ya todo va siguiendo su cauce.
      Muchas gracias por compartir tus pensamientos y acercarnos más a todas, que lo que necesitamos es más hermandad entre nosotras!

      1. Raquel

        No lo entiendo, si eres feminista, ?por que buscas hombres machirulos?

        1. Natalia

          No los busco… Están ahí, en cubierta… Hay muchos machirulos de incógnito más de los que verdaderamente pensamos.
          Además, es muy difícil para todas y todos deshacernos del patriarcado que está hasta en las mismas entrañas de nuestro ser.

          1. Moi

            Buenas!
            A mí me está «despatriarcando» una gran amiga que tengo desde hace poco, siempre la digo que es mi profe en plan de coña. El problema ya no es que haya hombres machirulos que no quieran ver el patriarcado porque al fin y al cabo, nos aventaja por así decirlo. Es que hay veces que ni siquiera nos damos cuenta. A mí, mi amiga al principio me daba «collejas educativas» por cosas que hacía o decía sin querer y que simplemente daba por hecho. Y eso soy yo, que realmente quería ver esa igualdad de género por así decirlo. Uno que no quiera salir de ese sistema, ya imposible que vea nada. Bueno y ya el extremo de los que os llaman feminazis ni hablamos, a mí ya me han llegado a llamar feminazi xD…

            Por cierto, probaste a «educar» a ese machirulo??? No es coña, hay veces que realmente no nos damos cuenta, los dos sexos estamos en el patriarcado, ¿se lo dijiste cuando hizo/dijo alguna burrada xD?

            El primer paso para ese cambio, además de la educación obviamente, sería el marketing. No sé si mediante un sistema de incentivos o penalizaciones, pero algo.
            Os dejo aquí algo «divertido» https://www.youtube.com/watch?v=YnomkjAJixk

            Un abrazo!

            1. Silvia

              aaay, el pecado original del machirulismo… A ver si lo erradicamos de una maldita vez

    5. Tiba Fair

      Puede que sea la cultura heredada o los estereotipos de princesitas Disney los que nos empujen en cierta manera a enamorarnos como cuando teníamos quince años, pero sinceramente, quien ha leído poesía, mucha de ella escrita por hombres, y ve las emociones descritas en esos versos, una sabe que el enamoramiento, ese colocón hormonal del comienzo, es igual para hombres y mujeres y no tiene edad. No es lógico ni racional ni tiene por qué tener ningún sentido. Por supuesto que no es lo mismo estar enamorado que amar verdaderamente a una persona, que sería el paso posterior, si todo sale bien. Pero yo creo en los flechazos (que durarán lo que tengan que durar) y creo en enamorarse como una imbécil y además me da pena la gente que no puede hacerlo porque el amor posiblemente sea una de las pocas cosas que merezcan la pena y que dejen sin aliento por unos instantes, la vida colgando al borde de un precipicio. Y créanme, la vida es muy corta. Y aunque todo sea falso y luego el duelo nos dure, al menos pusimos el corazón y fuimos hasta el final, y eso es maravilloso. Yo también estoy saliendo de una desintoxicación así que siento el sentimentalismo. Lo que quiero dejar claro es que no tenemos que avergonzarnos de sentir eso ni pensar que sólo nos pasa a nosotras porque somos unas blandas. El amor es universal y la idealización forma parte del juego.

    6. Izaskun

      Fantástico artículo María. Como poco nos ha hecho reflexionar y reír al mismo tiempo.
      Para mi el flechazo como concepto es otra trampa del amor romántico de las narices que nos incapacita para vivir nuestras relaciones sentimentales como sujetos constructores. O sujetas constructoras. Quicir, vemos a una persona en el fondo del salón de baile y ¡Oh Diosa mía! ¡Es ella! ¡Es perfecta para mi y además es para toda la vida! Dependemos de que «cupido» haya acertado con sus flechitas. Porque como somos sus marionetas o víctimas no tenemos nada más que hacer que adaptarnos a la historia para que la princesa azul sea efectivamente la princesa azul. Por que si no es la perfecta, la que encaja con mi personalidad al cien por cien estamos jodidas y es como para coger a cupido por las alitas y meterle una somanta de hostias… Pero siempre desde el diálogo. Qué sí, que el enamoramiento del principio es muy bonito, pero resulta que es tan romántico, tan mágico, que no tiene ni pies ni cabeza, luego nos volvemos locas para proporcionarle un contexto y poder seguir encajando en el sistema este en el que estamos. Y no parecer unas taradas locas. No perdona. Yo soy normal. Que levante la mano la que no encuentre algo de todo esto que no le chirríe ni un poquito. Que somos sujetas constructoras de nuestra propia vida!!! ¡¡Que no nos engañen con la propaganda sanvalentinesca del amor mágico de en cuanto te vi supe que tendríamos tres hijos y una empleada de hogar para que pase la aspiradora porque al tener tres hijos necesitamos dos sueldos y no tengo ni tiempo ni ganas de pasar la aspiradora!!!

      Repito: Felicidades Maria Unanue. Nos haces reflexionar y reír al mismo tiempo.

    7. ANe

      Aqui otra rara al habla…Pues yo trabajo en etologia, y de hecho hay muchisimas teorias que hablan de lo que comentas, de que a veces alguien nos atrae irremediablemente debido a una compatibilidad inmunologica, o de compatibilidad genetica, o de su fase en la ovulación. Y es que las cosas que nos pasan que no pueden ser explicadas racionalmente, (que son la mayoria, aunque preferimos creer que no) muchas veces se explican desde lo irracional, desde nuestra parte animal. Y no se hasta que punto estos flechazos son culpa de la idea del amor romantico, o es biología pura…A mi, personalmente me encanta tener flechazos, y cuando los tengo arremeto sin piedad…Y que en dos meses ya no lo siento igual? Tampoco me importa en exceso. Probablemente el sentir que es una pena que no haya funcionado o que se ha terminado..si que sea debido a nuestra idea del amor romántico. Yo no creo que los pájaros lloren cuando se separan de su pareja para la primavera que viene buscar a otra.

    8. Reichel

      Excelente escrito (y experiencia), real y grosero lo justo, como a mi me gusta! Me gustaría aportar una anécdota, de aquella primera vez que intenté ligar por primera vez en un bar (un bar hetero de mi pequeña ciudad, Soria). Bueno, fue la segunda, la primera vez sufrí una paralización de mi cuerpo, no precisamente debido por las cervezas…Aquella segunda vez las mariposas acuáticas revoloteaban de mi estómago a mi entrepierna una y otra vez, me lancé cual Chandler Bing con una de sus ridículas charlas para romper el hielo, me acerqué, le hablé, entablamos conversación…y…pensando que había triunfado, que había ligado por primera vez, yo creo que de mi vida, que había incluso conseguido su teléfono….comprobé que yo no tenía el mío. Ella, cruel, bella y despiadada, y choriza, me lo había robado!!! Pero de eso fui consciente al menos un mes más tarde. Aquella noche, aunque sola, me acosté triunfante y satisfecha!! jejeje, la gloria puede convertirse en fracaso en muy poco tiempo, pero ese flechazo, ese flechazo no lo olviderá en la vida!!!

    9. Mariana

      Todos contra el amor romántico. El amor romántico no es más que otro método de tu pareja para controlar tu vida, no necesitamos flechazos.

    10. Moi

      Buenas!
      Me encantó el artículo. Me pasa igual, un romanticón que se enamora de lo que se imagina. Cuánto daño ha hecho Disney eee xD

    11. The Omega Man

      Enamorarse de personas desconocidas es algo apenas tolerable cuando uno (o una) tiene 14 años.

      Seguir haciéndolo en la edad adulta es una receta segura para el desastre, y denota una cabeza muy mal organizada.

    12. kaixo

      Maria, gracias, das en clavo… con ternura y mala leche a la vez, como siempre… que la vida es dura! Tiba Fair, animo, estoy igual… y coincido en tu razonamiento… duele infinitamente amar así, pero mas le dolerá a la que no lo ha sentido así nunca.

    13. Argixka

      Gracias, con tus textos me río, me identifico y clarifico cosas, que después vuelven a oscurecerse. Vamos, lejos de quedarme indiferente 😉

    14. Mai

      decía Baudeleire, que amamos a las personas en la medida en que nos resultan extrañas….

    15. Surfera

      Uf! Mucha neura e inseguridad!. Entre tus ex….tus neuras…..inseguridades……alimentas demasiado tu mente, y la mente es la peor enemiga de una porque ella conoce todas tus debilidades. Piensa menos, folla más alegre-(de) mente…..que la vida es muy corta !

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