fbpx

Discriminación tránsfoba patrocinada con dinero público Cuerpos, Opinión

El caso de Gabi, una niña trans valiente que cuenta con el apoyo de su familia, ha suscitado una alarma social innecesaria. Su voluntad de ser una niña feliz y reconocida está poniendo en evidencia las normas sociales dominantes y el miedo de la Iglesia católica a perder sus privilegios.

Estos días la prensa recoge el caso del colegio concertado católico San Patricio de Málaga con motivo de su empeño en discriminar a una menor, por su voluntad manifiesta de ser tratada como niña, usar su nombre en femenino, vestir el uniforme y baño correspondientes. Es decir, se trata de un colegio católico que no quiere reconocer públicamente la identidad de una niña de 7 años, incluso a pesar de las peticiones reiteradas que ha hecho la Junta de Andalucía para conseguir su integración. Una Junta de Andalucía que ha apercibido al centro pero no le ha retirado el concierto económico, que subvenciona el centro y sin el cual tendría dificultades para continuar.

El centro alega que “este deseo colisionaría con los derechos de los otros 800 alumnos del centro”, creando un agravio inexistente, al tiempo que ha alentado a las familias a manifestarse en contra. Asimismo, el colegio informó a la familia que “si aparecía con uniforme de niña se le dejaría entrar al centro, pero no en el aula. Se le llevaría a una habitación aparte, se llamaría a su madre y se le sancionaría”. Acciones que nos convierten a todos por un momento, adultos y profesionales, en niños y niñas frente a una autoridad omnipotente que tiene la posibilidad de castigarnos, no sólo como dirección escolar sino en nombre de dios.

Las y los menores trans son personas jóvenes cuyas familias están empezando a escuchar su necesidad de apoyo, en lugar de disciplinarles y reprimirles, que son conscientes de que la felicidad de sus hijos e hijas responde a ofrecer un reconocimiento a su identidad de género elegida

La familia ha pedido públicamente al colegio y al obispo que se retracten. Al no hacerlo, han procedido a la denuncia contra la directora del colegio San Patricio y el obispo de Málaga, en calidad de responsable último del centro, por denegación de la prestación de servicio público por motivo discriminatorio, que es un delito tipificado por la ley . Además, la querella contra el obispo de Málaga también recoge que éste ha llegado a insinuar que esta menor ha vivido abusos por parte de su familia, motivando este comportamiento rupturista.

Desde una mirada neófita se podría pensar: “¿Cómo es posible que alguien tan joven como una nena de 7 años tenga tan clara su identidad de género?”, o si esto no “obedece a un capricho pasajero”, una “influencia parental o escolar negativa”… Ideas que reproduce la prensa o la misma Iglesia católica. Cuando te acercas a los menores que no conforman las normas de género y/o son trans, te das cuenta que tienen necesidades no cubiertas en su entorno más inmediato y que el desarrollo de su integridad personal está comprometido si no se atienden. También es fácil darse cuenta que con sus vidas, están rompiendo con la tradición que suponía no escucharles y sólo castigarles o hacerles esperar a las 18 años para ser considerados personas.

Son personas jóvenes cuyas familias están empezando a escuchar su necesidad de apoyo, en lugar de disciplinarles y reprimirles, que son conscientes de que la felicidad de sus hijos e hijas responde a ofrecer un reconocimiento a su identidad de género elegida. Familias que están encontrando respuestas contradictorias: por una parte reciben de las personas trans adultas comentarios como “ojalá hubiera tenido este apoyo en mi propia familia”, algunos profesionales les dicen “el apoyo familiar es fundamental y previene el riesgo de suicidio adolescente”, mientras que otros profesionales patologizan a sus hijos afirmando que tienen un trastorno que hay que corregir o que les señalan a ellos mismos como causantes del comportamiento rupturista. Estas familias tienen la difícil tarea de decidir si apoyan o no a sus hijos, si rompen o no con las normas sociales, que les pueden llevar a sentir vergüenza, expectativas frustradas y repensar su tarea como padres y madres.

Nuestra sociedad tiene más información que nunca y más accesible que en ningún otro momento, incluso de la transexualidad, si bien esto no hace que sepamos de qué estamos hablando. Quizás haríamos bien en informarnos, en ser conscientes de que no todas las personas trans tienen el mismo recorrido vital con respecto a su identidad. En la actualidad, si miramos a nuestro alrededor, encontraremos que hay muchas personas que no conforman las normas tradicionales de lo que supone ser mujer u hombre en diferentes momentos de la vida, y sólo algunas se reconocen como personas trans. De hecho, la transexualidad se define mucho más por una ruptura con lo que uno o una debe ser (una mujer al uso, un hombre como los demás), que con el hecho de ser definitivamente alguien del sexo opuesto. Esto rompe con la idea tan repetida de “estar atrapado en el cuerpo equivocado”, que obliga a las personas trans a sentirse necesariamente mal con su cuerpo o sus genitales. A vivir su proceso vital como una tragedia.

El caso de Gabi, una niña valiente de 7 años con una familia que apuesta por su felicidad, ha suscitado una alarma social innecesaria. Podríamos entender que su caso es el de una persona discriminada, o podríamos ver también que, con su voluntad de ser una niña feliz y reconocida, está poniendo en evidencia las normas sociales dominantes. Es decir, ¿ella es el problema? ¿O el problema es que nuestra sociedad no quiere renunciar a la naturalización que justifica la diferencia entre mujeres y hombres? Es mucho más fácil pensar que hay unas pocas personas que “están fatal de lo suyo”, “que tienen un trastorno diagnosticable”, “que hay que preservar lo que se considera normal”, que pensar que el binarismo sexual y de género ofrece muchos beneficios y privilegios a algunas personas. Entre ellas, una Iglesia católica caduca y temerosa de perder privilegios.

Discriminación tránsfoba patrocinada con dinero público
0 votes, 0.00 avg. rating (0% score)

A ratos soy profe, a ratos escribo sobre sexualidad y en otros siesteo como un gato

    Comentarios recientes

    1. Pingback: Discriminación tránsfoba patrocinada con dinero público

    2. Eva Witt

      Muchísimas gracias, Lucas, por este artículo. Sólo te señalaría algo que puede llevar a malentendidos:

      Mi hijo nació con esa identidad sexual que le ha llevado a reforzar su expresión de género masculina. Él no ha elegido ser hombre, él lo ha sentido así desde antes de tener uso de razón. Si es imperativo respetar sus identidades y expresiones (de género, y también sexuales en general) es porque para él no es una elección, ni una construcción (en todo caso mi educación equivocada casi lo derrumbó), para él es una necesidad.

      Las sociedades construyen los roles de género como todos sabemos, y a los niños y las niñas se les inculcan a la fuerza esos roles, potenciando los “correctos” y cohibiendo los “incorrectos”. Los niños y niñas que nacen con una identidad sexual diferente a como se les sexuó al nacer, como el resto de niños y niñas, imitan los comportamientos de sus pares (y de sus padres). Las niñas imitan a las madres y a las otras niñas, los niños imitan a los padres y a otros niños, repitiéndose así el proceso de construcción social del género que tanto aborrecemos porque perpetúa estereotipos, desigualdades, etc., etc. Es decir, los niños transexuales hacen lo que el resto de niños: perpetuar los roles sociales como animales gregarios que somos, sólo que a ojos de los que no ven en ellos más allá de sus genitales creen que se están enfrentando al sistema eligiendo un género. Desgraciadamente no es así. Los niños transexuales que salen a la luz en la infancia es porque repiten los estereotipos de su sexo muy vehementemente.

      Los que realmente se enfrentan al sistema binario de roles de género, a la construcción social de género, son los niños y niñas con expresiones de género no-normativas. Esto es, niños muy femeninos y niñas muy masculinas. Pero no es el caso de los niños transexuales. Creo que tenemos que empezar a diferenciar más qué es sexo y qué es género, para que no se planteen estos malentendidos.

      Un abrazo muy fuerte, Lucas, y muchas gracias por tu apoyo.

      1. Rubén

        Hola, Eva.
        Tu comentario me ha resultado ofensivo, y la verdad es que en este estado no tengo paciencia como para detenerme a pensar cuidadosamente en lo que voy a decir, así que pido disculpas de antemano por si cometo alguna falta de ortografía.

        No todas las personas transexuales se adaptan al rol de género que les ”corresponde” y, en la mayoría de los casos, lo hacen por necesidad para encajar en esta sociedad heteronormativa y cissexista, en la que ser un hombre femenino o una mujer masculina se critica duramente (como bien sabes). Esto es peor incluso para nosotros, porque directamente provoca que se cuestione la veracidad de nuestra identidad. Como hombre transexual, he tenido que aguantar a gente diciéndome a la cara que estoy mintiendo porque me gustan las cosas estereotípicamente femeninas (la moda y el maquillaje, por ejemplo). Estoy seguro de que muchas mujeres trans masculinas han tenido que enfrentarse a esto también, probablemente incluso más que nosotros, pues la transmisoginia está a la orden del día y las persigue sin descanso (Mi mayor abrazo va para ellas)

        Decir que los niños transexuales nos fijamos en nuestra correspondiente figura materna o paterna e imitamos su conducta es una clara señal de desconocimiento por tu parte. Jamás he imitado a mi padre, ni he sentido necesidad de hacerlo. Sin embargo, sí que sentí la necesidad de adaptarme al estereotipo de hombre (pues incluso en la misma comunidad trans te presionan a hacerlo), y tardé tres años (que se dice muy rápido) en entender que mi identidad no está condicionada por mi comportamiento o mi aspecto. Hay muchas, muchas personas trans que aún no lo saben, y sufren diariamente al verse forzadas a adaptar un rol con el que no se sienten identificados. Esto, por supuesto, no quiere decir que no existan chicos trans verdaderamente masculinos y viceversa. Lo que SÍ significa es que los demás, los que NO encajamos incluso dentro de nuestra propia comunidad, todavía seguimos siendo criticados.

        Planteas la necesidad de una diferenciación más clara entre sexo y género, cuando realmente el puro concepto de sexo es un constructo social que no tiene lugar en la realidad. Aunque me encantaría explicarlo con gran detalle, creo que es también tu trabajo informarte, pues aunque tu visión de la transexualidad no es mala de por sí, está muy incompleta. Como consejo, te recomendaría educarte más al respecto, pues aunque tener un hijo trans abre tus horizontes y te da la oportunidad de aprender sobre nuestra experiencia de una forma más cercana, sigues sin comprender lo que realmente sentimos (obviamente). En vez de creer el discurso viejo que se lleva dando sobre la transexualidad desde el principio de los tiempos, sería óptimo si escucharas las palabras directas de todas las personas trans que puedas (y no sólo aquellos que recaen en género binario, sino también aquellos que no encajan ni en la categoría de hombre ni en la de mujer. Pienso que son ELLOS los que realmente consiguieron abrir mi mente, y siempre les estaré agradecidos por ayudarme a comprender que no hay nada malo en ser como soy.)

        Gracias a cualquiera que haya tomado su tiempo en leer mi comentario. Espero, Eva, que mis palabras hayan servido de algo, pues creo que tanto tú como tu hijo merecéis la mayor información posible. Os deseo lo mejor.

        1. Muriel

          No creo que Eva niegue la existencia de personas transexuales que tienen una expresión de género distinta a su identidad sexual, y que no representen estereotípicamente los roles de género habituales, o que inclusive sean queer etc. Las hay y bastantes. Pero me temo que en la infancia los niños transexuales que manifiestan claramente su identidad y que se reinvindican claramente como tales, “Yo soy niño, no niña” o viceversa, sí que suele darse en ellos una mayor definición prototípica de su género verdadero, y lo manifiestan de un modo mas vehemente. también puede que hayan niños trans que por no seguir unos determinados roles sean mas difícil de decidir que son trans o inclusive ellos mismos no lo manifiesten así hasta mas tarde, porque supuestamente en esta sociedad de roles encajen en su sexo de nacimiento. Saludos

          1. Eva Witt

            No, Rubén, creo que no es que te hayas ofuscado al contestarme, sino que lo has hecho mientras me leías y has terminado de leerme en diagonal. Yo he dicho (lo copio): “Los niños transexuales que salen a la luz en la infancia es porque repiten los estereotipos de su sexo muy vehementemente.”. Con lo de que “salen a luz” me refería precisamente a que si un niño trans no es lo suficientemente masculino, o una niña trans no es lo suficientemente femenina, a los padres no se nos enciende la señal de alarma. Esto es lamentable, efectivamente, pero es la verdad. Yo no creo, ni de lejos, que las personas trans tengan que tener una expresión de género determinada. Ni de coña. Ni las trans, ni las cis. Bastante aborrezco yo los dichosos estereotipos del copón. De hecho, me gusta llevar conmigo un vídeo cuando quiero explicar la diferencia entre identidad sexual y expresión de género, donde se ve la performance gay de un chico trans muy femenino.

            Opino como tú, Muriel tenía razón. Besos para los dos. (Ah, por supuesto, yo no estoy en vuestra piel, como vosotros no estáis en la mía. Lo único que importa es respetar las particularidades de cada uno, porque todo vale)

    3. lucas platero

      hola Eva y Rubén,

      ¡Os agradezco los comentarios y las ganas de pensar sobre las experiencias trans 😉 !!

      Creo que nos queda mucho por aprender a todos, de nuestras propias experiencias (nadie sabe de nuestras vidas más que nosotras mismas) y de las de otras personas (a quienes estaría bien que escucháramos), al tiempo que se está produciendo un importante debate internacional que nos alude. Susan Stryker, Dean Spade, Pashley Currah, Mauro Cabral son algunos de los nombres que se me vienen a la cabeza ahora mismo, que están haciendo verdaderos progresos en los estudios trans. En estos estudios se refleja claramente la idea que tanto sexo como género son construidos y que están interrelacionados de ciertas maneras, desmantelando la idea de que el sexo es algo puramente biológico.

      Por otra parte, la imitación de modelos para la construcción de la identidad es un tema que da para 10 tesis doctorales, o más… Se ha avanzado mucho en lo que sabemos sobre esta cuestión y hay millones de libros de psicología evolutiva al respecto. Vienen a decir que los niños y niñas no sólo imitan a su madre o su padre, que el proceso de socialización es más plural e intervienen muchas otras organizaciones sociales y que la identidad no se basa sólo en la imitación de modelos… Que tiene ritmos evolutivos propios, con desarrollos cognitivas en estadios marcados.

      Sobre la cuestión de los menores que no conforman las normas de género o son trans, creo que es importante respetar las necesidades de apoyo de ambos. Yo no me atrevo a seguir el legado patologizador de diferenciarlos a unos de otros, con el propósito de segregarlos. Me parece éticamente reprobable y discriminador pensar que unos necesitan un apoyo distinto, o que si no cumplen los estándares el DSM-V hay que reconducir sus necesidades. Ahí están las alianzas “chungas” con los sectores conservadores (incluidos algunos profesionales, religiosos, etc.) que harían de todos nosotros “gente normal” cis, hetera, católicos y de clase media si pudieran.

      Besos y lo siento si me he extendido mucho

      PD. A veces hecho de menos que estos debates necesarios sobre las cuestiones sean igualmente acalorados sobre las ideas, pero cariñosos con las personas que los protagonizan. Si tenemos que discutir, que sea con el colegio San Patricio o con la iglesia católica, ¿no?

      1. Eva Witt

        Hay algo, Lucas, que yo he visto en mi hijo, y que se repiten en otrxs niñxs trans. Suelen pasar una etapa, alrededor de los dos años, donde no entienden qué pasa. Me explico. Ellos ven los roles de las mujeres y de los hombres, de los niños y de las niñas, e imitan a los que son como ellos se sienten. Sin embargo resulta que los demás no les vemos como ellos se sienten. ¿Quién o qué construyó esa identidad a esa edad, poco antes o poco después de los dos años? ¿Sabes la cara de tristeza tan profunda que ponen cuando no pueden ser como las demás niñas o los demás niños? ¿Por qué todos las niñas pueden menos yo (dejando implícito el “que también soy una niña”)? ¿De dónde proviene esa identidad? A mi hijo no le importaba que yo le pusiera un vestido de gitana, pero sí le importó llegar al colegio y comprobar que los chicos no llevaban vestido de gitana. Él se dejó llevar por los roles, y se deja llevar por los roles, pero por los que consideramos “adecuados” para el sexo con el que se identifica. ¿A dónde quiero llegar? A que yo sólo sé que mi hijo siempre se sintió un niño. Los roles sí veo que se construyen, por imitación sobre todo. Pero su identidad sexual. Lo siento muchísimo pero, al menos en el caso de mi hijo, la trajo consigo de serie.

        Y con esto no es diferenciar a un niñx trans de otrx con comportamientos de género no-normativos, sobre todo porque no sabemos dónde parará ese chico o esa chica en el futuro, si será cis o trans o fluctuará. Del mismo modo que mi hijo puede acabar amando su parte femenina, sin necesitar aferrarse tan desesperadamente a su parte masculina (que tiene mucho de femenino y veo cómo se esfuerza en ocultarlo). De hecho a mí me gustaría no tener que señalar las diferencias entre sexo y género. Lo utópico sería que los niños y las niñas, cis y trans, actuaran como les salga del alma y de las ganas. Si esto fuera así, no necesitaría señalar que mi hijo siempre fue un niño, y explicar que es distinto el que te guste el color rosa y las muñecas a que te sientas niña y quieras que cuando te miren vean a la niña que eres. Más que nada porque el resultado de esa confusión es que te digan: “bueeeno, déjale, no te preocupes, que ya se le pasará, que todavía es muy pequeñx… espera a la adolescencia y mientras tanto trátale en neutro y vístele unisex”. Y no hay mayor castigo para un niño o una niña que necesitan reafirmar su identidad que ver cómo se la niegan con esos neutros unisex (un niñx neutro unisex despierta, invariablemente, la pregunta: “¿qué es un niño o una niña?”, y tú ¿qué contestas?: “noooo, es un ello”, en fin).

        Estoy cansada, pero me encantaría continuar debatiendo esto. Sobre todo porque yo considero que en esta vida todo es posible, y las múltiples hipótesis (viejas y nuevas) se empecinan en negar a unxs o a otrxs. Si no tuviera la experiencia de mi hijo, muy probablemente pensaría que el sexo es una construcción social, pero eso no es lo que yo he visto.

    4. lucas platero

      hola Eva

      Las familias sois las que mejor sabéis de vuestras experiencias. A menudo os toca educar también a los profesionales y enfrentaros con entornos muy hostiles, como es el caso de Gabi y ese colegio que se ha portado tan mal, San Patricio.

      Cada familia es un mundo, con sus experiencias particulares y con una vivencia concreta alrededor de sus hijos e hijas. Creo importante respetar esta heterogeneidad, en la medida que la propia vivencia trans es tremendamente particular (a pesar de que la medicina trate de vernos como procesos repetidos de la misma historia).

      Me parece muy importante lo que señalas, que hay una presión social por no hacer nada, por esperar a crezcan, a que sean el alumno o alumna de otro profe o que sea… Y entre tanto sus necesidades están sin ser atendidas. Aquí las personas adultas tenemos una responsabilidad importante.

      Buena semana,

      1. Semra

        Really? The only hairstyle I ever disekild on Jae was that horrible stiff umbrella he had in the early days of DBSK (The one with too much hairspray that it doesn’t move at all, it also made his face look round).. After that he always rocked his every hairstyle.. I especially liked the natural silky hair with no hair spray.. Like the one in JYJ’s Tokyo dome concert.. Or in JYJ three voices one and two ♥♥ Ahhh XD Just remembering gets me happy

    5. Frida

      Como chica trans no-normativa quiero comentar varias cosas:
      -Me siento muy cerca de lo que comenta Eva. Yo tardé en mostrarme como trans, precisamente porque mi expresión de género no era la habitual en una niña/chica. Por eso pude esconderme (pasándolo fatal, eso sí) y crecer aparentemente como chico. Hasta que ya no pude más.
      -Puede que el género sea una construcción social, pero la encarnamos personas de carne y hueso, y lo pasamos verdaderamente mal cuando se nos impide estar en el “equipo” deseado, con el que nos identificamos.
      -La Iglesia Católica es un problema, y gordo. Pero como persona que prácticamente no ha tenido contacto en su vida con esa institución, puedo asegurar que no es el único ni principal enemigo para una trans. En algunos espacios gay/lésbicos me han tratado francamente de maneras inhumanas, y que yo sepa no había ni un crucifijo a la vista. Incluso alguna gente trans me ha tratado alguna vez con una falta de respeto inaceptable, y todo por no encajar en su esquema mental. El cisexismo es como dios, está en todas partes.

    Los comentarios están cerrados

    Uso de cookies

    Nosotras también hemos sucumbido a las cookies y eso que no son de chocolate. Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

    ACEPTAR
    Aviso de cookies