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LOMCE, ley segregadora Ficciones, Opinión

La ‘Ley Wert’ promueve una educación segregada que fortalecerá el sistema patriarcal

Nahia Fernández Vicario

Euskerazko orijinala irakurri

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El pasado diez de octubre se aprobó la “Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa” (LOMCE) en el Congreso Español. Esta polémica reforma trae consigo varias medidas, siendo las siguientes las más controvertidas: el paso a un segundo plano de las lenguas minoritarias, la centralización tanto de los exámenes como de los contenidos generales, la (aún más) prematura elección del camino profesional, el empuje de la formación profesional y de la asignatura de religión y el empuje del modelo educativo basado en la segregación por sexo.

Hoy quiero analizar esta última medida. Mediante la LOMCE, se promoverán los conciertos económicos con los colegios diferenciados por sexos, es decir, se ayudará a que este tipo de colegios privados reciban dinero público. Aún así, cabe mencionar que esta ley no está impulsando nada nuevo, ya que en Hego Euskal Herria, por ejemplo, ya tenemos 8 colegios segregados concertados, todos ellos pertenecientes al Opus Dei.

La llamada “Ley Wert”, por tanto, va a reforzar lo hasta ahora ya impulsado. Pero, ¿la educación segregada siempre ha sido, como hoy en día, impulsada?

Durante los últimos años de la dictadura Franquista, exactamente en el año 1970, salió a la luz la LGE. Mediante esta ley de educación, el modelo mixto fue ganando terreno en el Estado Español, primero en las escuelas públicas, más adelante en las concertadas y por último casi en todas las privadas. De este modo y a pesar de las diferentes reformas educativas que se llevaron a cabo, hasta el año 2002 el único modelo educativo admitido tanto en las escuelas públicas como en las concertadas fue el mixto. Ese mismo año, en cambio, la ley de educación LOCE salió a la luz, permitiendo los conciertos económicos con los centros segregados por sexo.

Desde entonces, la situación de este modelo educativo sigue en esta misma línea, habiéndose reforzado más con la recientemente hecha pública “Ley Wert”.

En nombre de la libertad

La LOMCE pretende justificar la financiación pública de los centros segregacionistas acogiéndose a la “libertad” y al “derecho a decidir” de los padres, reivindicando a su vez la “no discriminación por razón de sexo”. Así lo indica el documento LOMCE:

“El apartado 3 del artículo 84 queda redactado de la siguiente manera:

En ningún caso habrá discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

No constituye discriminación la admisión de alumnos o la organización de la enseñanza diferenciada por sexos (…).

En ningún caso la elección de la enseñanza diferenciada por sexos podrá implicar para las familias, alumnos y centros correspondientes un trato menos favorable ni una desventaja a la hora de suscribir conciertos con las Administraciones educativas o en cualquier otro aspecto (…).”

Parece ser que la elección de la educación segregada por sexos es un derecho. Y es que según la ley, la administración pública debe garantizar que dicho derecho se cumpla, empleando para ello el dinero de todas y todos, con el fin de acabar con la “discriminación”. En realidad, detrás de esta reforma no se esconden ni la defensa de la libertad ni de los derechos. Esta ley se basa, en cambio, en el objetivo de extender e implantar en la sociedad la ideología política patriarcal. Y es que para este fin, el impulso de la educación segregada por sexos es una de las más efectivas decisiones.

Base ideológica del modelo de educación segregada

Cada vez se escuchan más las voces de quienes defienden la educación diferenciada por sexos, empleando para ello numerosos argumentos para justificar la segregación. Hoy no quiero extenderme demasiado en el desarrollo de esos argumentos, ya que están de sobra refutados por varias expertas. La socióloga Marina Subirats, por ejemplo, desmonta inmejorablemente los argumentos segregacionistas en varios de sus trabajos (Como por ejemplo en su artículo escrito en 2010 sobre el tema: “¿Coeducación o escuela segregada? Un viejo y persistente debate”).

Sí quiero, en cambio, trabajar la idea central en la que está basado el modelo diferenciado: “Mujeres y hombres somos diferentes biológicamente, por tanto, debemos tener en cuenta esas diferencias y la educación diferenciada es lo adecuado para ello”.

No voy a decir que no existen diferencias biológicas entre mujeres y hombres, no tengo por qué hacerlo. En los últimos años el número y la calidad de las investigaciones en torno a las diferencias biológicas entre los sexos ha aumentado significativamente, rompiendo en gran medida con el androcentrismo que han desprendido históricamente todas las ciencias. De este modo, se han dado significativos adelantos en cuanto al estudio y tratamiento de las características y necesidades específicas de las mujeres, como ejemplo tenemos la medicina.

Aún así considero peligrosas las conclusiones binaristas y deformadas que se pueden sacar de dichos estudios sobre la biología humana, ya que durante toda la historia, el poder patriarcal ha justificado la discriminación social mediante argumentos biologicistas. En el siglo XIX, por ejemplo, varios estudios científicos concluyeron que el cerebro de los hombres era un 9% más grande que el de las mujeres y que por tanto ellos eran superiores a ellas intelectualmente. Hoy en día, en cambio, esta tesis ha quedado totalmente desmentida.

El patriarcado, sin embargo, sigue hoy utilizando argumentos biologicistas del estilo para justificar el modelo de educación segregada, determinando de este modo las diferencias de género. Me refiero con esto a frases tan comunes como sexistas: los chicos son más violentos que las chicas, más lógicos, más sexuales, se despistan en clase mirando a las chicas…

Las diferencias biológicas, además de ir más allá del binarismo que impone el patriarcado, no determinan de antemano la vida social de una persona. El sexo no determina el género. Parece ser que las personas partidarias de la educación segregada confunden estos dos conceptos, naturalizando así las diferencias de género.

Basado en este pensamiento, los colegios del modelo diferenciado determinan y recalcan el género de las personas, en base al sexo biológico. Mediante este modelo, las identidades de género de los niños y niñas quedan reducidas a las categorías “chico” y “chica”, incidiendo así en sus diferencias, en la clasificación. De esta manera, la base por la cual el patriarcado se sostiene queda reforzada. Esta no es, en cambio, la que debería ser la función de la educación, sino educar en la diversidad y en el respeto de la misma.

 

 

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