¿Es la criminalidad una cuestión de género? En red

Lohitzune Zuloaga plantea la necesidad de apostar por una perspectiva de género que identifique las desigualdades entre hombres y mujeres también en el ámbito de la delincuencia

Lohitzune Zuloaga, socióloga y experta en políticas de seguridad

Ilustración de Emma Gascó

Ilustración de Emma Gascó

La teoría criminológica continúa sin llegar a un consenso sobre la naturaleza de la delincuencia, sobre por qué las personas delinquimos (nos saltamos las normas definidas en un código penal) y qué condiciones favorecen que lo hagamos. Las causas, las consecuencias o la forma de controlar la desviación han dado lugar a multitud de líneas de investigación que intentan comprender cómo los aspectos socioeconómicos, los políticos o los morales afectan al fenómeno de la delincuencia. En esta línea nace la criminología feminista en los años 70, que incorpora la perspectiva de género para dar visibilidad a la mujer en los estudios sobre delincuencia y que ofrece una alternativa a la persistencia de perspectivas machistas en la disciplina. El interés de la nueva corriente se centró en estudiar la condición de desigualdad de las mujeres, bien como autoras de delitos bien como víctimas de ellos.

Durante los años que he dedicado a explorar el miedo que sentimos las personas a ser víctimas de un delito, me resultó particularmente revelador el hecho de que el miedo es una experiencia individualmente experimentada, socialmente construida y culturalmente compartida. Efectivamente, el miedo es una vivencia emocional, de origen psicológico, pero que puede ser compartida colectivamente. Son las personas las que sufren la sensación de miedo, pero es la sociedad la que construye el contexto y la realidad en que ese miedo al delito tiene lugar, construcción al mismo tiempo influenciada por los factores culturales en los que pervive dicha sociedad. Me preguntaba entonces si las mujeres, como grupo específico, experimentamos el fenómeno de la inseguridad ciudadana desde una perspectiva particular respecto de los varones, y de qué manera esa cualidad de ser mujeres nos afecta en nuestra experiencia con la delincuencia. ¿Somos las mujeres más miedosas que los varones ante la posibilidad de ser víctimas de un delito? ¿Tenemos realmente más probabilidades de sufrirlos? ¿Es la delincuencia una cuestión de género?

La explicación de por qué los jóvenes varones sufren más delitos es que las mujeres nos sentimos más vulnerables y tenemos una mayor percepción del riesgo que ellos

Éstas son, por ejemplo, algunas de las preguntas que se plantearon las primeras criminólogas feministas y, a pesar de que la literatura criminológica, la feminista en particular, tienen todavía mucho por recorrer, no faltan trabajos extraordinariamente reveladores sobre estos asuntos. En general, por (in)seguridad ciudadana suele entenderse el miedo que las personas compartimos ante la presencia de peligros relacionados con la delincuencia común (robos, agresiones, asesinatos…) y cuya responsabilidad de protegernos recae sobre las instituciones públicas (no sólo en la policía). Uno de los aspectos más relevantes de la inseguridad ciudadana es que está formada por elementos tanto objetivos como subjetivos. En otras palabras, existe por una parte una dimensión objetiva, que hace referencia a la delincuencia real, a la tasa de delitos, a las acciones concretas que ocurren cada día; y tenemos por otra parte una dimensión subjetiva, que tiene que ver con la opinión de la ciudadanía sobre la seguridad, con la percepción que tienen las personas de la posibilidad que existe de ser víctima de un delito. Por tanto, la causa del miedo –de la inseguridad ciudadana– no necesariamente proviene de amenazas o peligros objetivamente reales, sino que puede estar determinada por factores diversos (la edad, el sexo, el nivel socioeconómico, la valoración del entorno, etc.) que provoquen la impresión de que, efectivamente, lo son en el colectivo sobre el que recae el miedo. Partiendo entonces de que el fenómeno es complejo y de que el género debe entenderse junto con otros factores que condicionan los sentimientos y los comportamientos de las personas, paso a plantear algunas ideas clave sobre la experiencia de la mujeres en su relación con la delincuencia.

1.- ¿Tienen las mujeres más probabilidades que los varones de ser víctimas de un delito?

No. Según las estadísticas policiales, las víctimas de delitos son principalmente varones jóvenes. En términos generales, lo más probable (lo que más ocurre) es que la víctima de un delito sea un varón entre 20 y 50 años, aunque este dato varía en función de algunas tipologías delictivas, como por ejemplo la violencia de género o las agresiones sexuales, en los que las víctimas son mujeres.

Algunas de las explicaciones que más suelen enfatizarse a la hora de explicar por qué los varones sufren más delitos es que las mujeres nos sentimos más vulnerables y tenemos una mayor percepción del riesgo que los varones, lo que nos lleva a ser más precavidas en nuestras rutinas y a evitar situaciones de peligro. También podríamos interpretarlo desde el ángulo contrario: a los hombres se les incentiva a involucrarse en situaciones de riesgo, lo que aumenta las probabilidades de que la iniciativa no acabe con buenos resultados. Pero no es tan sencillo de interpretar y, de hecho, estas explicaciones no terminan de ser satisfactorias.

Hay que tener en cuenta que la gran mayoría de los cuestionarios de opinión y estadísticas que se elaboran sobre cualquier tema incluyen automáticamente la variable sexo para mostrar resultados diferenciados entre varones y mujeres; pero no se ha realizado un esfuerzo igualmente serio para intentar comprender el porqué de las diferencias entre estos dos grupos. Con esta presentación tan simplista de los datos se tiende a considerar que el hecho de ser mujer (en términos biológicos) conlleva estar predispuestas a pensar o actuar de una forma determinada (ser vulnerables) cuando, en realidad, las explicaciones tenemos que buscarlas en terrenos más sociológicos (cómo afecta la vida en sociedad a las mujeres como grupo, los procesos de socialización a través de los cuales nos hemos desarrollado para adaptarnos a las normas sociales, las construcciones sociales con las que manejamos nuestra realidad cotidiana…). Y, en este sentido, queda mucho por explorar. Teniendo en cuenta esta importante consideración, la siguiente pregunta sería…

2.- ¿Sienten las mujeres una mayor inseguridad ciudadana que los varones?

Sí. Las diferentes encuestas de victimización realizadas en diversos países así lo confirman. Las mujeres suelen expresar unos porcentajes de inseguridad en sus respuestas significativamente mayores que los varones Aquellos estudios que vinculan el miedo al delito con factores personales concluyen con que las mujeres, las personas de mayor edad, las minorías o las personas de baja clase social suelen exhibir, por regla general, un mayor temor frente al delito.

El miedo que sentimos las mujeres a ser víctimas de una agresión sexual grave es muy desproporcionado en comparación con las probabilidades reales que tenemos de sufrirla

Las diferencias son también constatables por tipos de delitos. En comparación con los varones, las mujeres sentimos que tenemos más probabilidades de ser víctimas de tirones de bolso, agresiones sexuales, atracos, o estafas; mientras que los varones superan a las mujeres en el miedo a sufrir abusos o coacciones por parte de agentes de autoridad. El caso de las agresiones sexuales resulta especialmente significativo. Si preguntamos a la ciudadanía en qué delitos piensa cuando se habla de inseguridad ciudadana, las agresiones sexuales suelen aparecer sistemáticamente en los primeros puestos cuando, objetivamente, las probabilidades que tiene una mujer se sufrir una agresión sexual es infinitamente inferior que a sufrir un robo. Las estadísticas son claras al respecto, las agresiones sexuales constituyen un porcentaje muy pequeño de las denuncias que se registran diariamente en las comisarías de policía: las violaciones y abusos sexuales conocidos en el Estado no alcanzan el 0,4% de total de infracciones registradas.

Ahora bien, aunque las denuncias policiales son la mejor fuente de información que tenemos para conocer la criminalidad de un país, tienen su lagunas. Es más que probable que la cifra negra (los delitos que no se denuncian) sea particularmente importante en el caso de las agresiones sexuales, como consecuencia del costo social y personal que conlleva para una mujer denunciar este tipo de delitos. Es razonable pensar que las estadísticas policiales recogen los casos más graves, y que desconocemos el alcance real de muchas situaciones de violencia sexual que sufrimos las mujeres (particularmente en el ámbito privado), bien porque sentimos que no vamos a ser comprendidas o apoyadas, bien porque preferimos no pasar el trago de la denuncia.

Aunque fuéramos capaces de contabilizar el alcance real de las agresiones sexuales (más allá de las definiciones oficiales, tampoco resulta sencillo acordar qué situaciones deberían considerarse dentro de esta categoría), este tipo de delitos continuaría siendo minoritario en comparación con otras acciones criminales. Cuando decía anteriormente que la ciudadanía identifica las agresiones sexuales como uno de los principales delitos en los que piensa cuando se habla de inseguridad ciudadana, esta respuesta ha sido proporcionada en su gran mayoría por mujeres. Y esto resulta muy significativo. El miedo que sentimos las mujeres a ser víctimas de una agresión sexual grave es muy desproporcionado en comparación con las probabilidades reales que tenemos de sufrirla. Es razonable que las personas temamos sufrir los delitos más graves, especialmente aquéllos que atentan contra nuestra integridad, pero el binomio mujer-agresión sexual parece estar fuertemente asimilado en la percepción que la mujeres tenemos de las amenazas que provienen del mundo de la delincuencia. Las mujeres hemos sido educadas en el pensamiento de que tenemos altas probabilidades de ser violadas y de que tenemos que estar alerta frente a la violencia que puede sufrir nuestro cuerpo y protegerlo. El acoso sutil (y no tan sutil) al que  las mujeres nos vemos rutinariamente expuestas intervine en nuestra percepción de que existe una amenaza real de ser agredidas. Esta percepción se consolida además en la literatura criminal, las películas y las series de televisión, donde es habitual que las víctimas femeninas de delitos sean mujeres violadas.

La responsabilidad de la mujer en la educación y bienestar de su familia parecen dificultar las oportunidades para cometer actividades delictivas y facilitan que éstas sea controlada y socializada en el respeto por las normas

En definitiva, podemos afirmar que la mayor inseguridad ciudadana que sienten las mujeres es una realidad. La criminología feminista es consistente con esta afirmación y subraya que no hay razón para esperar que las mujeres sean más temerosas del delito por su condición sexual, sino que las circunstancias se deben a otro tipo de factores. Hemos analizado hasta ahora a las mujeres desde el punto de vista de las víctimas, pero…

3.- ¿Cometen los varones más delitos que las mujeres?

Ilustración de Emma Gascó

Ilustración de Emma Gascó

Rotundamente sí. Un indicador muy interesante lo encontramos en las cárceles. Las mujeres constituyen el 8% del total de personas que cumplen condena en prisión. Esta cifra se encuentra más o menos estable desde hace dos décadas y es superior a la de otros países del entorno. Dicho del modo contrario: ¡el 92% de las personas encarceladas son varones! ¿Significa esto que las mujeres no delinquimos?

Cabe comenzar recordando que las cárceles no son un reflejo de la realidad criminal, sino de la política criminal que se práctica. Así por ejemplo, el sistema favorece que las clases sociales más desfavorecidas estén claramente sobrerrepresentadas en las instituciones penitenciarias. Sería interesante investigar en qué medida los sesgos característicos de nuestro sistema penal inhiben el ingreso de mujeres en prisión, si es que lo hacen. Por otra parte, se me ocurre pensar que la presunción de culpabilidad que recae sobre inmigrantes o personas de etnia gitana y la presunción de inocencia con la que se ha tendido a tratar a las mujeres pueden ser dos caras de la misma moneda. Numerosos estudios anglosajones han concluido con que las mujeres, en general, reciben un trato más benevolente por parte del sistema penal; no obstante, aquéllas que no cumplen con los roles familiares que tradicionalmente se les ha asignado (el de madres y esposas) tienden a ser castigadas con penas más duras. Si bien esta cuestión merece ser estudiada con mayor atención, lo que sí es posible confirmar es que los varones cometen más delitos, los tipos de delitos que cometen son más graves y reinciden más que las mujeres.

La delincuencia es una actividad cometida por varones, y las políticas penitenciarias también están claramente pensadas por y para varones. Se han publicado trabajos muy significativos al respecto, en los que se critica la discriminación añadida que supone ser mujer en una cárcel: ausencia de programas específicos de salud para nuestro cuerpo, actividades sexistas, ausencia de políticas de conciliación maternal, falta de espacios apropiados para las mujeres, etc. Otro de los debates abiertos es el que se cuestiona si la prostitución es un delito o bien una estrategia para no cometer delitos;  y la tradicional condición de madres y cuidadoras de las mujeres parece ser el condicionante principal para que adoptemos estrategias de supervivencia extremas en situaciones de precariedad, para evitar así ingresar en prisión.

Precisamente, uno de los análisis feministas más potentes desarrollados hasta el momento plantea la opresión y el fuerte control social como la base para explicar la relación entre mujer y delito. Según este marco, la mujer es objeto de un fuerte control social informal, que se produce principalmente en los espacios privados en los que ejerce su rol de cuidadora familiar, mientras que el espacio público (formal) en el que se desenvuelve el hombre no ejerce un control social tan intenso. La responsabilidad de la mujer en la educación y bienestar de su familia parecen dificultar las oportunidades para cometer actividades delictivas y facilitan que ésta sea controlada y socializada en el respecto por las normas. La mujer tiene además mayores dificultades para acceder a los espacios públicos (un trabajo, un cargo masivamente visible, etc.), y cuando lo hace no abandona las tareas de cuidadora que realizaba hasta el momento. Sin embargo, no parece que el cada vez mayor acceso de la mujer al mercado laboral haya provocado un aumento significativo de la delincuencia protagonizada por mujeres.

Ahí quedan las preguntas abiertas y los interrogantes por investigar. Pero lo más importante es que, definitivamente, la criminología debe apostar por una perspectiva de género que identifique las desigualdades que sufrimos las mujeres en este ámbito y poder así generar las oportunidades que faciliten una mayor calidad de vida de las mujeres, tanto de las delincuentes como de las víctimas.

¿Es la criminalidad una cuestión de género?
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Comentarios recientes

  1. DeVera

    Genial el artículo. La delincuencia, como actividad del mundo público, es ejercida con más frecuencia por varones. Tanto víctimas como delincuentes (del sexo o género que sean) son parte de su ámbito cultural y responden a los fenómenos culturales establecidos de una forma determinada.

  2. Francesc Guillén

    Me parece un artículo equilibrado, objetivo, sin prejuicios ni estridencias. Un muy buen punto de partida para un estudio necesario y muy interesante. Te felicito por el artículo y te animo a ulteriores empresas en este ámbito. Con tu permiso lo voy a colgar en Facebook. Saludos

  3. Oscar Jaime

    Magnífico artículo que abre un amplio espacio de sumo interés criminológico y que, correctamente abordado, permitiría generar políticas que podrían incidir en esta variable de género como eje de ciertas políticas públicas en materia de seguridad. El mejor ejemplo, la (micro)economía. Enhorabuena …

  4. Pingback: Caperucita con catana | maria llopis desnuda

  5. Afrodita

    Para nada estoy de acuerdo con esto

    “El miedo que sentimos las mujeres a ser víctimas de una agresión sexual grave es muy desproporcionado en comparación con las probabilidades reales que tenemos de sufrirla”

    ¿Qué se supone que es más o menos grave? ¿Que se supone que son las probabilidades reales? Da igual los datos que se manejen que hablan de que en torno al 25% de las mujeres han vivido en sus carnes violencia sexual.

    Estoy de acuerdo en que con lo que hay que acabar es con el miedo, pero es que me da la sensación de que en el artículo parece que acontezca una agresión sexual es como encontrar una aguja en un pajar.

    1. Rebelde

      “Las mujeres constituyen el 8% del total de personas que cumplen condena en prisión”, dato obsoleto, del 2010 en concreto.
      A dia de hoy, en este presente año 2013, el porcentaje de mujeres presas es el de 10 por ciento frente al 80 por ciento de los varones. Teniendo en cuenta que al ser una población menor en las penitenciarías, de algún modo existe también postergación en la atención de su derecho a la oportuna atención de la justicia.
      La autora podia haber hecho mención también al hecho de que un 76 por ciento de las mujeres están con detención preventiva y sólo el 24 por ciento tiene sentencia ejecutoriada. Estos datos son suficientes para afirmar que los derechos de centenares de mujeres están siendo violados y quienes los transgreden son reconocidos fácilmente porque son jueces, es decir, administradores de justicia.
      Este dato es importantisimo !,porque también se ejercita violencia contra la mujer cuando se vulnera sus derechos humanos, como por ejemplo, el derecho de recibir administración de justicia oportuna y dentro de normas legales y procedimentales correspondientes.
      Con lo cual es notoria la desigualdad existente.

      Afrodita cuando dice la autora :”El miedo que sentimos las mujeres a ser víctimas de una agresión sexual grave es muy desproporcionado en comparación con las probabilidades reales que tenemos de sufrirla” ¿= Paranoia?, asi lo he creido entender yo. En fin. Cada cual que saque sus propias conclusiones.

      La situación de las mujeres presas tiene ribetes dramáticos porque la mayoría no tiene defensores públicos, sus índices de educación son escasos y carecen de recursos económicos
      Y todos estos datos en NINGUN momento se mencionan, y los considero muy importantes.

      En general, y por desgracia, viven una situación peor que los hombres porque hay menos programas de tratamiento, menos ayudas y menos recursos y no acaban de tratar sus peculiaridades específicamente como por ejemplo la maternidad, o que el 40% sean extranjeras, la drogadicción…..etc etc etc.

      Hay otras muchas contradicciones en el articulo, pero seria largo de ir punto por punto.

      1. Rebelde

        Y en cuanto al comentario de “dios mio” pienso que deberia ser borrado.
        No se pueden permitir ese tipo de comentarios.
        La violación no se puede frívolizar de esa manera, es algo tremendamente serio.

        Vete al psiquiatra chaval, estas totalmente desquiciado.

    2. eloisa

      Verdaderamente nos quedaríamos asombrados-as si todas las mujeres que han sufrido una agresión sexual, y no me vale que para esta valoración tenga que ser violación, hubiesen puesto una marca en un listado o nómina. Hablando de este nuestro país, cuando la mujer se incorporó a la actividad laboral, por ejemplo, en despachos, sí, hablemos de las secretarias, el fenómeno se multiplicó por n, y cuando en las fábricas y factorías se mezclaron operarias con jefes de sección,a no contar. No voy a seguir con tan prolija actividad. Todas las agresiones no se sustancian en el espacio público abierto.

  6. dios mio

    donde anda tu livertad de la que presume esta web?
    x que me baneaste sin siquiera meterme con nadie deje tres comentarios todos borrados y no puedo comentar e tenido que entrar cambiando ip desde web profunda con el tor. que berguenza

    1. Pikara Magazine Artículo de la Autora

      Decirle a una lectora que se siente ofendida porque nunca la han agredido sexualmente en el metro es el tipo de comentarios que esta revista borra y seguirá borrando sin complejos. Y cuando una persona deja sistemáticamente comentarios que hacen apología de las agresiones machistas, también se banea su IP sin complejos.

      1. dios mio

        pero bueno si lo planteas asi suena mal se nota que no lo leistes completo mi opinion es que lo estas dejando fuera de lugar pero tranki ya se acabo

      2. dios mio

        por favor azme el favor de decirme ¿que es para ti hacer apologia de las agresiones machistas ? cuando en un articulo en el que hablabas de la sexualidad de niños menores yo te acuse de apologia de la pederastia y me baneaste osea ahora tu me acusas de eso y no puedes demostrarlo x borrar algo inofensivo que simplemente no encaja con tus ideales
        saca lo que escribi para nada es eso si de verdad piensas eso creo que estas palla pero como se que eres inteligente se que lo haces solo para justificarte . no me acuerdo al pie de la letra lo que escribi pero ojala todos lo pudieran leer para que vean que no es para nada lo que insinuas pero bueno alla tu y la “livertad” de esta web

      3. Rebelde

        Bueno yo me he sentido ofendida y a mi sí que me han agredido , en el metro y en otros sitios.

        Se agradece el borrado

  7. dios mio

    tranquila pense que podria ayudar a gente a salir de esa enfermedad pero con censura y lo que cuesta cambiar id ip y todo el rollo mejor no bengo mas x que ami estas noticias ni me interesan solo bengo a abrir ojos por que tengo un sentido de hacer el bien pero no dejas a si que solo dire esto ,
    rebelde mira x donde este inculto que no save escribir puede burlar la seguridad de esta web y comentar cuando no se me permite pero pierdo tiempo balioso solo decir que no es todo lo que parece adios gente y dejen esta droga de odiar y sentirnos superiores no es sano se deve crecer y odiando solo se hace uno mierda besos

    coño
    rebelde algo que me deja loko . si el 10% de la población carcelaria son mujeres y el 80% son hombres ¿ donde coño esta el 10% que sobra ?

    1. Rebelde

      Obviamente era el 90 %, pero perfectamente ese 10 % que veo que no reconoces son homosapiens, por decirlo educadamente, como tú que estan aislados de lo peligrosos que son

      Que aburrida tiene que ser tu vida para que solo te preocupe cambiar una Ip para no ser baneado y seguir con tus delirios.
      Me das pena.
      Que tristeza de vida

      Centrar una vida en joder la vida ajena e inmerso en un ordenador.
      – Tu vida = a un ordenador, uf !
      – tu objetivo? cómo joder, uf !
      – Tu perspectiva de futuro? llorar por los rincones. uf !
      Triste, muy triste.

      Soy afortunada porque la vida es otra cosa, por suerte.

      1. Rebelde

        De todas formas yo no baneo ni sé hacerlo.

        Chico no dedico mi vida a un ordenador, por suerte.

  8. Carlos

    Creo que el miedo a sufrir una agresión sexual grave está justificado; y si las estadísticas dicen que la probabilidad es baja es justamente -como se menciona en el artículo-, porque a las mujeres las han educado para mantenerse en un estado de alerta permanente, interiorizado, lo cual me imagino que se traducirá en una represión de su sexualidad de multiples formas, pero eso ya es para otro tema.

    1. Rebelde

      Uf! y ahora este viene que somos reprimidas,

      Que osada es la ignorancia !

      1. Carlos

        Bueno Rebelde, yo no he utilizado ese término en un sentido despectivo, pero creo que es de sobra conocido que las mujeres han sido educadas tradicionalmente de un modo mucho más represivo en cuanto a la sexualidad que los varones. Del mismo modo se puede decir que los hombres están más reprimidos emocionalmente; es un hecho que los padres se dirigen a sus hijos varones con una carga emocional muy inferior en comparación con las hijas, transmitiendo -aunque sea de forma inconsciente, junto a otros muchos aspectos-, los roles y patrones de conducta patriarcales en los que ellos fueron educados.

        1. Rebelde

          Por eso Carlos durante mi vida yo he intentado romper con todo eso que se nos ha impuesto.

          Yo he logrado no reprimirme de nada !,
          No soy ninguna reprimida sexual, y me siento orgullosa de ello.

          1. DeVera

            El tipo estaba hablando de tendencias generales, dejadle la cabeza en su sitio. Si ni tú ni yo ni la vecina estamos reprimidas sexualmente, estupendo, pero no puede negarse que EN GENERAL existe y se acepta cierto grado de represión sexual, especialmente femenina. Aunque no únicamente, pues la sexualidad de lxs niñxs se percibe como deseo de coito cuando el bebé ni siquiera ha empezado a imaginar qué es el coito. Y todxs hemos sido bebés. La represión de la sexualidad es una forma de control social y se ejerce con mayor fuerza en las mujeres porque la reproducción depende más de ellas.

            Librarse de ello es fantástico, pero no podemos negar que existe.

  9. jlahosa

    Felicidades por el artículo, comparto la necesidad de reforzar la producción de análisis que tenga en cuenta la dimensión género en el ámbito de las (in)seguridades y la política pública.

    No estoy tan de acuerdo contigo en que las estadísticas policiales sean el mejor método de conocimiento sobre la delincuencia. De hecho las estadísticas sólo nos dicen lo que conocen los servicios,sean policiales, de la fiscalía o de servicios sociales, y, en el caso policial también sabemos que determinadas directrices o modelos (podríamos recordar aquí el tema de los incentivos salariales en función del número de denuncias recogidas), influyen en dichas estadísticas.

    Además si estamos de acuerdo en que en el análisis del miedo y de la (in)seguridad debemos tener en cuenta dimensiones objetivas y subjetivas, la herramienta de análisis también debe ser coherente con dicha aproximación, en este sentido creo que las encuestas de victimización y opinión sobre la seguridad, aún con todas sus limitaciones, son un método más completo y objetivo.
    Me quedo con tus preguntas e interrogantes finales.

    Gracias,

    1. Lohitzune

      Gracias Jlahosa por tu comentario. Efectivamente, las estadísticas policiales no son el mejor método de conocimiento que hay sobre la delincuencia. Pero sí es el mejor que tenemos. Lo ideal sería, tal y como mencionas, disponer de encuestas de victimización y de opinión que nos dieran datos más veraces. Pero para ello es necesario que alguna institución se interese por hacerlas. El problema es que en un tema como la delincuencia, obtener datos fiables implica trabajar con muestras muy grandes, y eso resulta muy costoso. También es necesario que se hagan periódicamente para poder hacer comparaciones. Y eso no ha ocurrido. En Cataluña se han hecho cosas más serias, pero por lo demás no nos queda más que conformarnos con las estadísticas policiales, con todas las dificultades que éstas presentan, algunas de las cuales ya mencionas. ¿Cómo lo ves?

      1. Rebelde

        Lohitzune creo que has hecho, aunque no esten actualizadas las estadisticas, un buen trabajo, porque entiendo la dificultad que eso implica.

        Benetan uste dut lana ondo eginda dagonela.
        Barkatu molestatu egin bazaitut, ez zen nire intentzioa

        Muxu bat

        1. Rebelde

          Lohitzune creo que has hecho, aunque no esten actualizadas las estadisticas, un buen trabajo, porque entiendo la dificultad que eso implica. Y no solo el tema de las estadisticas.

          Benetan uste dut lana ondo eginda dagoela.
          Barkatu molestatu egin bazaitut, ez zen nire intentzioa

          Muxu bat

        2. Lohitzune

          Milesker Rebelde. De todas formas, lo de mantener las estadísticas actualizadas no es tan sencillo. Depende de la fuente que se elija, y en el caso de nuestro de las Comunidades Autónomas, puede ser una odisea porque las estadísticas no están completamente unificadas. Algo tan sencillo como unificar y corregir el monto total de delitos y de faltas puede convertirse en toda una odisea. En el caso de los datos carcelarios, el hecho de que Cataluña tenga competencias en esta materia y que hayan contabilizado a la población encarcelada de forma diferente dificulta la unificación de datos. Así que lo normal es que las cifras bailen… y que los que nos dedicamos a esto perdamos la paciencia en muchas ocasiones. Así que lo mejor suele ser hablar de orientaciones, aproximaciones…

          Ez nauzu batere molestatu. Kontrakoa. Pozten nau horren interes haundia izatea gai hauei buruz eztabaidan ibiltzeko 😉

  10. Lohitzune

    Gracias por vuestros comentarios sobre el texto. Me gustaría aprovechar para incidir un poco más en algunas ideas aprovechando que van saliendo en algunas de vuestras aportaciones.

    Cuando hablamos de seguridad ciudadana, es importante distinguir dos dimensiones del fenómeno: el riesgo real y el riesgo percibido. El riesgo real tiene que ver con las probabilidades matemáticas, estadísticas, que tenemos de ser víctimas de un delito según la criminalidad que existe en un lugar determinado. El riesgo percibido tiene que ver con la percepción, con lo psicológico, con las probabilidades que creemos tener (pero que no necesariamente tenemos en realidad) de ser víctimas de un delito, es decir, con el miedo. Este miedo, o inseguridad ciudadana, no necesariamente proviene de amenazas o peligros objetivamente reales, sino que puede estar determinada por factores diversos que provoquen la impresión de que, efectivamente, lo son en el colectivo sobre el que recae el miedo. Así, un aumento de la inseguridad ciudadana no siempre está provocada por un aumento de los delitos, de hecho, no suele ser habitual que concurran. La edad, el sexo, el nivel socioeconómico, la experiencia como víctima, la confianza en las instituciones o la evaluación del entorno, el mensaje de los medios de comunicación, la actitud de los partidos políticos, etc. pueden influir de forma determinante en cómo de inseguras se sienten las personas.

    Ahora bien, el meollo de la cuestión está también en qué entendemos por agresión sexual. Más allá de las definiciones oficiales, el tema es de lo más complicado y da para mucho. Partiendo de que estamos hablando de delincuencia, a efectos de las ideas que plateo omitiría todas aquellas situaciones que no generan miedo, es decir, no cuento con aquellas que nos frustran, nos enfadan, nos molestan, pero no nos causan miedo. Cuando hablo de agresión sexual grave me refiero a aquellas situaciones que ponen en serio peligro la integridad física de las mujeres. Hablando en bruto y simplificando, lo que tradicionalmente hemos entendido por violación: un desconocido nos acecha en la calle y nos agrede físicamente. Me refiero a cuando vas por la calle y un desconocido se te acerca y te inquieta, pero que si eres hombre piensas que te va a robar y si eres mujer piensas que te va a agredir sexualmente. La idea es dinámica y flexible, se aceptan propuesta para debatir lo que se considera “grave”. Pero tanto si eres hombre como si eres mujer, las probabilidades reales de que un desconocido te robe en el espacio público son infinitamente mayores a que te agreda sexualmente. A esto me refiero cuando afirmo que el miedo que sentimos las mujeres a ser víctimas de una agresión sexual grave es muy desproporcionado en comparación con las probabilidades reales que tenemos de sufrirla. Y las consecuencias de este riesgo percibido pueden tener consecuencias: cambios de hábitos, o pérdida de calidad de vida.

    Esto no significa que esté restando importancia a las agresiones sexuales, ni mucho menos. Todo lo contrario. Ocurren, y más de lo que nos indican las estadísticas policiales. Pero sí merece una reflexión el origen de nuestros miedos, y si los estamos enfocando adecuadamente. Espero haber aportado algo al debate.

  11. Carlos

    Bueno, despues pensarlo bien, rectifico: si entendemos “relación sexual grave” por el concepto de violación típica, es cierto que debe ser infrecuente (en un pais desarrollado del primer mundo) y sin contar con las violaciones del tipo “Yo quería sexo pero no así”, que me son iguales y debe de haber muchísimas más porque no se denuncian como las otras.

    1. Carlos

      “Relación sexual grave” vaya pifia jajaj que mal que estoy… Muy interesante el artículo.

      1. DeVera

        Suele pasar cuando nos emocionamos, y es muy bonito. Un punto a explicar es que las violaciones de “yo quería pero no así” no son temidas (tendencia general) porque no son esperadas. Eso es lo que les da el carácter secreto y sucio que impide su visibilización y fomenta el trauma de la incomprensión y culpabilización de la víctima.

        Joder, me encanta que se pueda debatir en serio.

  12. Begoña

    Enhorabuena por el artículo. Sencillo, directo, claro, preciso y confiable. Creo que el enfoque de género en seguridad, y también en contextos de conflicto es muy necesario, y este tipo de análisis nos ayuda a conocer mejor de qué hablamos cuando hablamos de delincuencia. ¡Gracias por el esfuerzo en divulgar este tipo de trabajos!

  13. igualdad no culpar a los hombres de todo mal ...

    El articulo es interesante pero se deja muchas cosas por sin decir .
    En las cárceles hay mas hombres que mujeres , muchos mas , pero esa relación 90% hombres 10% mujeres no es ni de lejos semejante a la relación denuncias que llegan a los juzgados por cualquier tipo de delito o falta .
    Para ver por que hay mas hombres que mujeres en la cárcel habria que tener muchas cosas en cuenta, por ejemplo , lafuerza fisica .
    DOs mujeres se pelean y los daños pueden ser de mayor o menor medida pero a no ser que alguna sea boxeadora profesional difícilmente los daños de alguna de las dos sera suficiente como para llevar la otra a la cárcel , en hombres es distinto no tanto por la agresividad si no por la fuerza .
    En robos tres cuartos de lo mismo , una mujer me roba la cartera disimuladamente , por que por fuerza no podria y aunque la piyase la policia seria una falta , pero si un hombre viene me intenta robar disimuladamente le pillo y me mete dos ostia y me roba , si va a la carcel por que robo con fuerza es un delito mucho mayor .
    Después hay mas cosas que tener en cuenta que aunque sea un poco polémico dire , en las carceles hay mucha gente por menudeo de droga , en muchisimos de estos casos vienen de familias humildes de barrios desfavorecidos que no tiene ingresos y se dedican a la venta de droga , en estos casos la mayoria quien lleva estos ”temas” suele ser el hombre sea por que pueda infundir mas respeto por si hay problemas ,aparte de que indudablemente en esos ambientes la mujer es la dedicada a limpiar y cuidar los niños por lo que el ” trabajo” de esa casa seria vender la droga .
    También , hay excluyentes de prisión ciertas circunstacias , como si el delito no es exagerada gravedad y la ”culpable” tiene hijos que mantener sin posibilidad dejar a ningun familiar .
    También creo y esto si lo nombras , es que el hombre tiene un menor sentido del peligro , no creo que sea algo estadisticamente comprobable pero es cierto y lo nombras . En la mayoria de actos delictivos que se puedan hacer corres un peligro al realizarlos , si el hombre tiene menos sentido del peligro que la mujer … hay tienes una gran respuesta …
    Por ultimo y citando una cosa que dije al principio hay mas hombres en las carceles pero lo hombres no somos los que encabezamos las listas de todo tipo de delitos , en mi cuidad lei en el periódico que de el ultimo año hubo 70 delitos informáticos de suplantación de identidad en redes sociales y similares y que de estos 70 delitos juzgados la mayoria fueron mujeres .
    Se que no lo dices abiertamente , pero cuando lees el articulo se ve entre lineas que los hombres somos mas ”malos” que las mujeres cosa que dudo , la verdad no creo que la maldad sea cuestión de genero y para intentar medir que genero es mas ”malo” habria que medir y nombrar muchas cosas que no haces en el articulo y otras que nombras sin dar demasiada importancia . Estas intentando medir algo tan relativo a base de estadisticas , sin tener en cuenta muchas circunstancias sociales , psicológiacas y hasta antropológicas … en fin , creo que el tema es demasiado ”peliagudo” como decir los hombres son mas ”malos ” por que hay mas en las cárceles …

  14. Rebelde

    Siento discrepar contigo pero creo que la autora no ha querido decir que los hombres sean más malos que las mujeres, al menos yo no lo he interpretado asi, sinceramente.
    Me ha parecido muy objetiva, sin partidismo hacia un genero u otro.

    Tampoco estoy de acuerdo cuando dices lo de la fuerza física:

    -Si dos mujeres se pelean pueden utilizar muchos metodos de violencia. Coger un cuchillo de grandes dimensiones, por ejemplo,u otro tipo de arma más agresiva, y utilizarlo como arma atacante, eso no creo que requiera de fuerza física alguna.

    – Al igual que si te roban: si te ponen una recortada en plena cara no creo que importe mucho si tu eres más fuerte, digo yo vamos, y si es una mujer o un hombre.

    En lo que sí estoy de acuerdo es en lo que dices: que los hombres no son ni menos ni más malos que nosotras las mujeres.

    De todas formas la autora termina su articulo con una puerta abierta al debate, dentro de su objetividad, con lo cual no se muestra partidista de un lado de otro, deja abierto el debate para cada cual saque sus propias conclusiones, y eso dice mucho de ella y de cómo lo ha planteado.

  15. igualdad no culpar a los hombres de todo mal ...

    Evidentemente la autora del articulo tiene una capacidad de expresión e intelectual suficiente para dar a intuir cosas sin decirlas abiertamente . Yo tampoco creo que el articulo va única y exclusivamente a decir que los hombres mas ”malos” ,habla de muchas cuestiones , pero lee el enunciado del articulo y lee la tercera pregunta que hace a los lectores y su concisa respuesta .
    Deja bastante clara su pensamiento y su razonamiento de por que piensa asi .
    En cuanto a lo que hize mención en mi anterior mensaje sigo en mis trece con mi razonamiento . Evidentemente una mujer puede coger un arma para delinquir en las situaciones que he dado antes pero en el pais que yo vivo , que es España , hablar de ”recortadas ” es un poco fuerte , no es fácil conseguir una pistola aqui y en el tema de peleas hablo por cosas que he visto , he visto peleas de mujeres y peleas hombres y por suerte ninguna llego a tema de navajas y en fuerza bruta estamos a lo que hize alusión antes en una pelea de hombres es mas facil que haya una lesión importante que una pelea de mujeres . Aun manteniéndome en mis trece en ese aspecto es verdad que sigue sin justificarse que haya mas hombres que mujeres en las cárceles , yo solo dije que nombrar ese dato sin hacer alusión a múltiples factores algunas que yo di y otros sociológicos , biológicos etc… es tirar las piedra y esconder la mano .
    Por ultimo estoy de acuerdo que lo que busca la autora es el debate , pues yo dio mi opinión en este tema al igual que tu la tuya .. Saludos ..

  16. Maria

    Un artículo en Píkara diciendo que el miedo a la violación es paranoia…. La mayor parte de las violaciones ni se denuncian. Pero si preferís confiar en los datos de la policía, allá vosotras.

    1. Moonraker

      Creo que ese punto ya lo ha explicado la autora conveniente y convincentemente. Yo cuando leí el artículo ya lo había interpretado de la manera correcta. Hay que ir un poco más allá en las lecturas, señores/as.

  17. Chema Espada Calpe

    Enhorabuena por el artículo y por la publicación. Sois una equipo que está haciendo un trabajo impresionante que me encanta. Solo quería aportar una sugerencia de lectura que a mi personalmente me ha hecho reflexionar y he sentido que he aprendido mucho. Se trata de:

    http://es.scribd.com/doc/5504714/WACQUANT-LOICLas-carceles-de-la-miseria

    WACQUANT LOÏC-Las cárceles de la miseria

    Espero no ser muy plasta si os corta pego un pequeño extracto de mi tesina “La negociación de las masculinidades en los contextos de la exclusión social”. Un abrazo

    Las políticas penales son fundamentales en la configuración de las subjetividades masculinas en los contextos de la exclusión: “De tal modo, se presencia la génesis, no de un mero “complejo carcelario industrial”, como sugirieron algunos criminólogos, seguidos en esto por los militantes del movimiento de defensa de los presidiarios, sino de un complejo comercial carcelario asistencial, punta de lanza del Estado liberal paternalista naciente. Su misión consiste en vigilar y sojuzgar, y en caso de necesidad castigar y neutralizar, a las poblaciones insumisas al nuevo orden económico según una división sexuada del trabajo en que su componente carcelaria se ocupa principalmente de los hombres, en tanto que la componente asistencial ejerce su tutela sobre (sus) mujeres e hijos. De acuerdo con la tradición política norteamericana, este conjunto institucional heterogéneo en gestación se caracteriza, de un lado, por la interpenetración de los sectores público y privado, y, del otro, por la fusión de las funciones de señalamiento, recuperación moral y represión del Estado.” (Wacquant, 1999: 100)

    Mientras que en el programa IMI las mujeres representan una mayoría, los hombres involucrados en procesos judiciales y penales presentan una proporción aún mayor. No sería complicado entonces encontrar explicaciones de tipo psicologista o biologicista para la sobrerepresentación de los varones en las cárceles. El vínculo entre masculinidad y criminalidad se ha hecho ciertamente evidente en la criminología y podemos encontrar abundantes autores que desarrollan, más o menos críticamente, esta cuestión (Auld et al., 1986; Bilton et al, 1996; Coote, 1993; Groombridge, 1995; Jefferson, 1992; Levi, 1994; Messerschmidt, 1993; Newburn y Stanko, 1994; South, 1997; Taylor, 1994; Pearson, 1983). Pero esta relación no responde meramente al tipo de patrones asociados a los modelos imperantes de masculinidad sino que se enmarca en el giro neoliberal en los años noventa hacia una nueva gestión penal de lo social1. Esta gestión es visible en el desarrollo excesivo de las instituciones que mitigan las carencias de la protección social (safety net) junto al despliegue en los sectores más desfavorecidos del espectro social de una red policial y penal (dragnet) con una trama cada vez más cerrada y sólida. Esto es más evidente en aquellas naciones con una fuerte tradicional liberal, mientras que en el caso de los países europeos de tradiciones estatales fuertes -católicas o socialdemócratas-, en que las luchas sociales instauraron, con el paso de los años, múltiples recursos contra la sanción desnuda del mercado laboral, que funcionan indirectamente como protecciones contra la deriva hacia el “encierro”, la regulación punitiva de los sectores pauperizados del nuevo proletariado postfordista “se efectúa principalmente por medio de dispositivos panópticos cada vez más elaborados e invasivos, directamente integrados en programas de protección y asistencia”, (p.124) “ (…) Pues a la atrofia deliberada del Estado social corresponde la hipertrofia distópica del Estado penal: la miseria y la extinción de uno tiene como contrapartida directa y necesaria la grandeza y la prosperidad insolente del otro.”(p.79).

  18. abad castillo

    Buenisimo el articulo !

    Los Miedos son nuestro mayor problema, ya que estos son generados por nuetros padres(…)la carencia vivida en sus vidas forman parte de nuestra realidad actual. Les invito a buscar el origen de tus miedos?
    En condiciones normales tanto los hombres como las mujeres estamos expuestos a la misma realidad y ser atacados por nuetras emosiones debido alos traumas que hemos vivido…

  19. juan

    La violencia la ejerce el que puede sobre el que no tiene defensa o no sabe usarla. En este sentido, los hombres, tienen más potencia física que las mujeres (generalizando) y si quieren, pueden, o casi pueden. Cambiando de bando, si una mujer es más poderosa que un hombre (aquí aparece el uno a uno) puede ejercer también la violencia. No creo haber descubierto nada. Tampoco quiero decir que las mujeres no sean o puedan ser violentas, porque las hay. Reflexionemos sobre el hecho de que hasta la fecha las guerras en el frente las han hecho los hombres ¿será que los generales no se atreven a mandar a las mujeres?. Ya veremos el futuro. Interesa aquí analizar el tipo de delitos que cometen hombres y mujeres y en los que coinciden ambos, y estudiar los porcentajes de incidencia. Por supuesto que un hombre no va a la cárcel por aborto de su pareja, aunque le haya inducido, una mujer en cambio, dependiendo en que cultura si, igual trato se da en caso de adulterio.

    En cuanto a la agresión sexual, siguiendo el hilo de la debilidad, es natural que sean las mujeres las que experimenten más la sensación de inseguridad. Difícilmente puede una mujer agredir a un hombre sexualmente, aunque también. Nada nuevo bajo el sol. Ellos matan y roban, ellas intrigan, y cuando pueden también matan y roban. Hablo de mentes criminales, claro. Los normalitos vamos por la vida haciendo lo que podemos.

  20. candy

    Aquí sólo contabilizan la violación íntegra y de gente que ha denunciado, pero la realidad es que la gente que busca abusar de otros son cobardes y van siempre a por los que más débiles son, niños, ancianos y mujeres, o gente de aspecto débil.

    Es lo que hay, los fuertes a nivel social físico y ecónomico sobreviven mejor.

    Los hombres son más malvados en el sentido de que hay muchos más psicópatas y enfermos mentales peligrosos que mujeres, está demostrado que los hombres tienen menos empatía y son más egoístas, lo del XY parece ser que los hacer más propensos a irse a los extremos, pues hay más superdotados que superdotadas y también hay más retrasados que retrasadas, y con la violencia igual, las mujeres son más estables, aunque hay de todo en esta vida.

    No me ha gustado mucho que el artículo se olvide de cosas tan básicas como la condición biológica, pero lo de las películas, series, etc, es cierto, da asco que se explayen en las violaciones casi siempre a mujeres, lo hacen sólo porque hay gente a la que le da morbo ver como violan, es asqueroso y denunciable, el cine español es muy dado a mostrar estas miserias en pantalla durante minutos, cuando para nada es necesario.

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