No es sólo un corte de pelo Especial 8-M, Especiales, Voces

June Fernández habla del proceso de desmarcarse de la feminidad normativa, al hilo de su decisión de raparse el pelo

Oscar Acuña, el Gallo, documentó mi rapada

Cuando decidimos escribir sobre transgresiones y empecé a pensar en qué contar, no se me ocurría otra cosa que el hecho de haberme rapado el pelo hace unas semanas. Me costaba decidirme, porque al fin y al cabo cortarse el pelo no es una gran transgresión. Pero bueno, tal vez sí lo sea, después de ver las reacciones que suscita, tanto en mí como en las personas que me rodean.

No fui una niña masculina ni mucho menos. Me encantaban las barbies, me daban miedo los balones, reclamaba vestidos y me encantaba probarme los tacones y pintalabios de mi abuela y mi tía (es que mi madre era más andrógina en esa época). De adolescente me uniformaba con pantalón vaquero y sudadera, pero era más por pasar desapercibida, porque siempre me he sentido cómoda con minifalda y tacones, y siempre me ha chiflado el ritual de maquillarme. Hubo épocas en las que mis ojos me parecían sosos si no me pintaba la raya, que no me sentía estilizada sin tacones y que me sentía plana si no usaba sujetador con relleno. Y cuando lo usaba, me daba apuro que el noviete de turno me lo quitase y descubriera el tamaño real de mis tetas.

Cuando me asumí como feminista pude observar qué elementos de esa feminidad normativa eran imposiciones que me limitaban, y fui eligiendo utilizarlos sólo cuando me apetecía. Empecé a prescindir del sujetador cada vez más, a pintarme sólo cuando me apetecía el ritual, a ponerme tacones sólo para ir a bailar salsa. La idea era no depender de ningún artificio de la feminidad normativa para verme guapa y estar a gusto en mi cuerpo. Lo de cortarme cada vez más el pelo creo que no fue tan deliberado, es que es adictivo.

También me di cuenta de cómo usaba la coquetería y el estilo de seducción femenina a la hora de relacionarme con otras personas, especialmente con los hombres hetero, pero también con algunas lesbianas. No me faltaron relaciones y ligues, pero durante mucho tiempo me pesó que con la mayoría de mis amigos, les desease o no, siempre hubiera cierta tensión sexual que enrarecía la amistad. Me jodía sentirme sexualizada en contextos masculinos, pero al mismo tiempo era yo la que proyectaba esa energía, porque buscaba verme atractiva en sus ojos. Yo me justificaba diciendo que me encanta tontear, lo cuál es verdad, pero esto es como el maquillaje y los tacones: tontear mola, si una lo hace cuando le apetece, con quien le apetece y sin necesitarlo para quererse.

En definitiva, tanto la feminidad como la masculinidad normativas tienen mucho de pose. Vaya, tanto la barbie como el machitode gimnasio son pura pose. Con la teoría queer aprendí lo que era la performatividad de género. Al hacer de drag king experimenté que cuando era más yo no era con bigote y paquete, sino en ese momento en el que me los he quitado y todavía no me he vuelto a poner el disfraz de señorita que me ponía casi a diario (y no hablo de la ropa y los complementos, sino de la forma de sentarme, de gesticular, de sonreír…)

En los últimos meses, coincidiendo con que me salí de la heteronorma (que decidí y sentí que sólo quería acostarme y emparejarme con mujeres, vaya), fui experimentando algunos cambios frente a todo eso de construirme desde la feminidad normativa y para la mirada masculina hetero. Son cambios prácticamente imperceptibles, que yo notaba en mi lenguaje corporal, en cómo me comunico y me relaciono, en cómo vivo la sexualidad.

Estando en Nicaragua pensé que raparme el pelo sería como marcar un punto de inflexión simbólico, decirme y decir que paso de la feminidad normativa y del pensamiento heterosexual, que quiero dejar de preocuparme por resultar bonita. Me preguntaba una amiga si también era por ligar más con las tías. Bueno, pues esa no era la idea, aunque dejar de que me tomen por hetero es un punto a favor. Y la otra cara de la moneda es pasar del passing: si ahora los lesbófobos me toman por bollera, pues es que lo soy.

En esas andaba cuando conocí a la feminista nica Oralia González, que recientemente se había rapado el pelo al uno y contó sus motivos en un post con el que me identifiqué mucho. Sobre todo en eso de confrontar el miedo a estar fea y que la gente te vea fea. Luego pasé unos días en los que me sentía insegura y vulnerable, así que abandoné la idea, porque no me parecía el mejor momento para poner a prueba mi autoestima. Decidí cortármelo cortito, pero sin rapar. Me fui a la peluquería, expliqué a la peluquera cómo lo quería, mostrándole fotos, pero ella se resistía. Me sentí fatal, necesitaba un cambio, aunque no fuera tan drástico que pasarme la maquinilla, y la peluquera se dedicaba a cortarme las puntas. Se lo expliqué a punto de llorar. “¡Pero es que si corto más se va a ver rara!”, me decía. “¡Pero es que esa era la idea! ¡Quería un cambio!” Agarró unas tijeras extrañas y me desplumó por detrás sin criterio, de forma que tenía la misma pinta de siempre pero parecía que me hubieran cortado el pelo a mordiscos.

Al día siguiente me miraba al espejo y se me saltaban las lágrimas (ya digo que andaba yo revuelta), me sentía super frustrada y rabiosa, porque es evidente que si fuera un chico no le hubiera dado ningún reparo atender mi petición y cortarme el pelo como quería. Mi amigo el Gallo iba a la barbería a raparse, y me dijo que le acompañara, que le mirara y luego decidiera. Pensé que prefería arriesgarme a verme fea que quedarme con esa sensación amarga de impotencia. Al cuatro, que tampoco me sentía preparada para quedarme calva.

Recién salida de la barbería y pillándole el gusto./ Oscar Acuña

Al principio me sentía como salida de un campo de concentración, pero en seguida me empecé a ver bien. Y sobre todo me sentía bien. Eso me dijo el Gallo, que más que cómo se me veía por fuera, la cosa era que se me notaba cómo me sentía por dentro.

Los cientos de ‘me gusta’ en el Facebook dan la medida de que no soy la única para la que ese gesto significa algo. También fue muy significativo ver que en mi familia sólo reaccionaron mal al cambio algunas mujeres. Los hombres o elogiaron el corte o se lo tomaron con humor, sin darle más vueltas. Ahí caí en la cuenta que en mi familia, como en la mayoría, son las mujeres las que han ejercido el marcaje de la feminidad. Han sido ellas las que me han dedicado comentarios dignos de enmarcar como: “deberías hacerte unas mechitas rubias para suavizar los rasgos”, “una mujer nunca debe salir a la calle sin sujetador, nunca” o “¿pero cómo no te echas maquillaje para hidratar la piel un poco?”.

Respecto a mí, pues estoy encantada con mi nuevo pelo. Me da igual no estar glamurosa, tener pinta de ‘muchachito’ (una tía abuela dixit, aunque agregó, no sé si por ser amable, que no es que tenga nada de malo). Una amiga me dijo que por qué no me echo gomina para que tenga otro aire, más sofisticado. Es que esa es la cuestión, lo que mola de mi pelo cepillo es no preocuparme por parecer sofisticada.

Puede parecer una chorrada, pero el corte ha reforzado ese proceso de deconstrucción del que os hablaba. Claro, hay chicas a las que, por haber vivido de otra forma la feminidad, no les cuesta nada raparse, como no les cuesta viajar solas, o superar tantas otras limitaciones de género. A menudo esas chicas no entienden la importancia del feminismo, no lo necesitan para vivir como quieren y sentirse libres. Otras son feministas, pero lo que cuento les suena a chino, a preocupaciones extrañas de femmes.

Cuando hablo de este tipo de cosas en mi blog o en el Facebook, de mi cuerpo, del dilema de la depilación, del sujetador, de lo grave que es haber interiorizado que la vulva huele mal, siempre hay algún tío que me sale con que eso son preocupaciones frívolas de burguesa del primer mundo. Como si fueran ellos -y no nosotras, las feministas de aquí y de allá- los que se dedican a luchar por la igualdad salarial, denunciar la violencia machista, o la feminización de la pobreza, entre otros temas ‘serios’. Las feministas hablamos de pelos, olores y flujos sin complejos, porque bien sabemos que lo personal es político y que sólo desde nuestros cuerpos liberados podremos hacer la revolución.

No es sólo un corte de pelo
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Periodista. Madre orgullosa de Pikara. Colaboro con eldiario.es, Diagonal y Argia. Me gusta contar historias de personas libres y rebeldes. También me gusta romper tabúes y provocar cortocircuitos contra los sectarismos (el mío incluido).

Comentarios recientes

  1. Mª Ángeles

    Valiente June! Me ha encantado conocer tu proceso!!!! Un abrazo.

      1. Ania Yoel

        Me acuerdo cuando yo me rapé. Lo hice pq me fastidiaban las nomas q nos ponian a las mujeres, yo era adolescente y todo esto me pillaba como de nuevas… al hacerlo empecé a maquillarme todos los días y a vertir más fem, pq en el pueblo me señalaban y mi familia y algunos amigos me martirizaban. Me gustó el corte y me veia genial, pero llevarlo era demasiado cansado por aguantar la presión… 🙂 tal vez me rape en verano y lo vuelva vivirlo pero esta vez de forma consciente.

  2. Anarres

    Es muy interesante el efecto que tiene cortarse el pelo. En una misma, en el entorno, en la actitud… Es sorprendente cómo algo aparentemente tan poco importante puede cambiar hasta la manera de relacionarse (o quizá es el cambio en otros aspectos lo que lleva al corte de pelo?).

  3. Anye Rocamundo

    Me ha encantado el artículo, June. Me identifico con lo que expresas y como a Alicia, se me vuelve a pasar por la cabeza cortarme el pelo drásticamente…

  4. Irene

    Ole tú June. Me han dado ganas de cortarme el pelo más corto todavía, ¡y eso que lo llevo muy corto!
    Me has recordado a cuando yo me afeité la cabeza, la única que se lo tomó mal fue mi madre y unas amigas. Bueno a mi ex tampoco le gustó. Sin embargo mi hermano, mi padre y mi compañero estaban encantados y no hacían más que decirme lo bien que me quedaba. La otra gente de mi familia se limitó a sorprenderse por la valentía que mostré al pasar de llevar el pelo por la cintura a afeitarme la cabeza.

    Hace dos años que llevo el pelo muy corto, y cada vez que voy a la peluquería me corto más. La última vez me raparon desde el cogote hasta media cabeza al dos, ¡menuda sensación! Y es un proceso muy curioso, que me sigue pasando pese a mi adicción, el que ocurre al día siguiente de la peluquería: me veo rara, incluso masculina, y no sé si me gusta verme así, pero seguiré cortándomelo como proceso de empoderamiento… ¡ y porque es genial el pelo corto!

    Que digan que somos burguesas, que piensen lo que quieran, pero lo que sí que somos es valientes y reflexivas al cuestionar y romper con la feminidad que se nos impone.

  5. Afrodita

    Creo que al final es una cuestión se sentirse bien contigo misma a fin de cuentas. Qué las estéticas del género no te limiten en tu día a día pero por otro lado poder estar cómoda con lo que te apetezca, y si a este tipo de cosas le das al final demasiadas vueltas al final no estás a gusto, por lo menos en mi caso. Yo ya no me planteo si esto es más femenino, o más masculino, simplemente si me gusta, si me apetece, punto.

    Hace ya tres años que me corté el pelo muy corto, no me lo rapé pero si me lo dejé muy cortito, lo necesitaba, era como arrancarme una parte de mi feminidad, siendo yo físicamente muy femenina, así que por lo general daba igual, tampoco era un gran cambio porque mi cara y mi cuerpo es muy femenino. Quiero aclarar que mi cuerpo me gusta, pero por aquel entonces estaba en plena etapa de catarsis, reviviendo traumas y cortarme el cabello era de alguna forma cortar con el pasado y empezar a vivir el presente. Luego poco a poco el pelo empezó a crecer, y no me lo cortaba porque estuve unos meses viviendo con demasiada precariedad y no tenía ni dinero para la peluquería así que el pelo siguió su curso.

    Ahora tengo una melena larga, un pelo apenas sin capas, liso, brillante y abundante, un pelo muy femenino en definitiva. Y me gusta, he aceptado por fin que todo mi cuerpo, hasta el pelo es extremadamente femenino, y que no hay ningún motivo para ocultar nada. Tengo un rostro muy femenino, un cuerpo con muchas curvas y una cintura muy estrecha, y un cabello largo y cuidado.

    Lo primero y más importante es que estemos a gusto con nosotras mismas, nos guste lo que nos guste, ¡que para gustos los colores!

  6. María

    Soy mujer hetero y bastante coqueta.No me identifico con tu historia porque la mía y mi forma de sentir es muy diferente. Pero no he podido evitar dejar este comentario. No sé cómo eras con tu anterior corte de pelo, pero con éste ¡ESTÁS GUAPÍSIMAS! En serio, te queda precioso y tu cara es perfecta para ese pelo tan cortito. Enhorabuena por la decisión.

  7. Sam

    Yo también me he cortado el pelo y rapado casi del todo la cabeza en varias ocasiones y es una lucha diaria contra miradas, comentarios y desprecios que está a la altura de cualquier lucha “no burguesa”.
    Eres una valiente por romper tus propios esquemas, que es lo más difícil y también lo mejor que podrías hacer.
    Sólo me queda decir que a pesar de no tener que preocuparte por estar bonita sobra decir que estás preciosa, y más con esa sonrisaza.
    Un abrazo.

  8. xei

    yo me he quedado estancada en lo de los tacones y la salsa, ya no he podido leer despues :o, jaja es broma. Pues esto es lo que estoy cansada de repetir a la gente le importa mucho lo que piensa la sociedad es presa de estas mareas de comportamiento, sobretodo de su familia no se logran desvincular y adquirir un pensamiento propio, es lo que veo constantemente personas jovenes que siguen los consejos de sus padres sus abuelos en lo que se refiere a lo social claro, no se dan cuenta que esta gente vivio en mundo muy diferente al nuestro que no tiene nada que ver y que cada ser humanoo es diferente y tiene que tener la libertad de hacer lo que le de la gana con su vida. Si te hubieras formado por ejemplo, con una mentalidad que te importara un pimiento lo que pensaran de ti desde pequeñita, por muchisimas razones, quizas porque habria otras cosas mas importantes en las que pensar, la gente no tuviera estos problemas ni se comiera tanta la cabeza. Y eso que nadie se libra, mi madre me decia a cada rato que me pusiera falda y esas tonteerias y yo pasaba de ella, de todos tenia cosas mas importantes que hacer, andar por ahi mataperriando y descubrir la vida. Yo `pienso que la educacion social es algo que solo puedes adquirir tu misma, eso no esta en los libros ni te la puede enseñar nadie es la recopilacion de experiencias y mientras mas tengas mejor

  9. Negracubana

    Pues June, tu post me ha encantado: Toda sincera, transparente y simple como me encantas!
    Pues mi proceso ha sido el contrario. Tengo 39 años, y llevaba 24 rapandome, hasta que hace un año deje crecer mi cabello. La verdad siento que me veo más bella sin pelo alguno o con poco pelo.
    Pero cuando decidi bajar de peso, tambien dicidi lo del pelo. Lo bello ha sido reconciliarme con el, ya ni me acordaba como era… Soy una mujer negra y el cabello al natural no es muy bien visto, al menos en Cuba, y ante la posibilidad de desrizarme, decidi mutilarmelo por muchos años. Ahora crece ralo, no me peino, llevo un año sin introducir ese artefacto en mi cabellera, g,g,g.
    Estoy feliz, es la verdad…
    A ver si me animo a contarles alguna otra cosa de mi.
    Slds
    La Negracubana
    Ah! Dice Esmeralda, mi recien estrenada esposa, que estas bellisimaaaa

  10. La Emma

    Me ha encantado el post :). Me he sentido identificada en un moooontón de aspectos. Incluso me rapé en Nicaragua, aunque entonces sólo partes, eso sí. Antes había estado rapada en dos ocasiones. La primera vez, a los 15, mi madre me dijo “Si ligas así es que ligas de cualquier forma”, pero en general tuvo bastante buena aceptación. Y ligué. La segunda vez, a los 24, mi novio admitió que estaba un poco “feucha”, pero igualmente yo me sentía bárbara, y también tuvo éxito. Sin embargo, ahora que lo tengo super largo y cada vez más largo, he recibido varios comentarios como de decepción, de “¿pero por qué?”, mi percepción es como de que cada vez me alejo más de ser ‘moenna’. Ahí está la norma, que parece que tiene un mínimo, un máximo y un nivel de rizo, como decía la Negracubana. Y ahí está la posibilidad de jugar a la comba con ella :).
    Y estás mu guapa, por cierto :).

  11. Bety

    Julen ,quizás no te des cuenta de quien escribe pero debo decirte que te conozco de vista,pues muchas veces coincidiamos por Bilbo apenas ví tu escrito lo leí y me gustó mucho me alegro que estes a gusto contigo misma encontrarse es la m,ejor manera de conocerse cada persona es como es sin más vuelta de hoja de todas formas no es tan importante el pelo ni como lo lleves lo interesante está debajo de ese pelo y lamentablemente muchas veces en la sociedad que vivimos se juzga a las personas `por la apariencia que en realidad no tiene nada que ver pon la personalidad,sé feliz has lo que te gusta a cada momento y así lograrás el equilibrio emocional besos y estás guapisima sé feliz contigo besos .

  12. Iria

    Me ha encantado el artículo June. Estás divina, y más que por el pelo, por esa tremenda sonrisa. Que siga así de grande!!

  13. Lideira

    Suscribo lo dicho por muchas personas. No sé como te quedaba el pelo largo pero estás guapísima…no sé si es el pelo rapado o tu sonrisa ancha auténtica. Está claro que ser uno mismo hace bello…con 100 o con o mm de pelo.Valiente guapa June!.

  14. Laura

    Gracias por compartir todo tu proceso, reflexiones, lágrimas, rabia (q es una de estás emociones mal vistas en las mujeres, histéricas nos llaman, pero claro, las que la mostramos somos bolleras… ;D que es junto con puta y maricón una de las 3 grandes palabras con las que controlar la sociedad… si quieres añadir alguna, soy Toda oídos!)
    Lo dicho: Gracias!

  15. JOANA

    Yo me lo rapé totalmente hace unos años como reivindicación de mi tiempo, porque si tuviéramos que parecernos a las imágenes publicitarias de nosotras, tendríamos que pasarnos la vida en el cuarto de baño, cosa que los hombres no. Además es romper con los “moldes de género”. Aunque he de reconocer que me encanta la parafernalia pin-up punk (maquillaje, peinado, tatuajes, piercings…)… Son dos extremos, dos formas de decir me visto como me da la gana 🙂 Disfrútalo que es muy cómodo,especialmente si eres deportista, puedes jugar también con maquillaje, pelucas… Es divertido ese corte y la verdad es que te queda muy bien (aunque eso sea secundario a la intención que tenemos al hacérnoslo). Que provoques con salud!!

  16. Andrea

    Ole June!me ha encantado esta franqueza con que lo cuentas, gracias por compartirlo. Aquí ando fisgoneándote un poco. Espero que nos volvamos a ver pronto. Por ahora te mando un puñao de besos. Andrea.

  17. Catalina

    Hola June! cuando te vi ya te dije que estás guapísima, y que entendía perfectamente lo que pudieras estar pasando, sobre todo con respecto a los comentarios de la gente; porque como tu ya sabes yo también me rapé, de tener el pelo por la cintura al cero, pero además para mi el ser latina, negra, con unos rasgos “no tan finos” para llevar el pelo así, y además justo haber viajado a mi país ese año, me hicieron sentir muchas cosas, entre esas liberación y complejos.
    El que todo el mundo se crea con derecho a opinar sobre tu “belleza”, tus decisiones y tus actitudes es tremendo.
    Que si no te queda bien, que si estás enferma o qué?, estás horribleeeeeeee, pero qué has hecho!!!, y un sin fin de faltas de respeto, y sobre todo paternalismos y machos con poderío, que si cómo te has dejado echar a perder así, tal cual eh!, eso porque además de tener el pelo corto, estaba “gorda”! y eso ya es el colmo!
    Hay mucho por hacer aún, pero se que para mi el haberme enfrentado a todo eso y mucho más y haber salido fortalecida, sólo me hace tener ganas de seguir luchando.
    Yo no soy como las modelos de las revistas, ni lo quiero ser, pero creo que ahora podría responder a todas esas personas un “que te den” con fuerza y sin temor a parecer menos señorita o maleducada, eso es lo que se merecen… como mínimo. 😉

  18. Mariella

    que bonito proceso, que bonita forma para construir nuevas formas de feminidad. Saludos desde Colombia

  19. Stefany Escobar

    ¡Hola, hola! June, me ha encantado. Te escribo desde El Salvador. Y me he sentido profundamente identificada. Primero, porque el año pasado me rapé, necesitaba cambiar y siempre había querido raparme, así que cuando regresé de un viaje, lo hice. Jamás imaginé lo que traería para mí ese hecho. Recuerdo haber vivido, eso que ahora puedo llamar, el miedo a estar fea, pasé unas semanas muy insegura y agobiada, sumado a los comentarios de mi familia y compañer@s, toda esa hostilidad de parte de la gente que pedía verme “guapa” y un grupo muy reducido de gente que me felicitaba por mi decisión. Después de superar la hostilidad y comprender que era una decisión precisamente para liberarme de la feminidad normativa, empecé a observar la otra cara de la moneda. Primero, dejé de percibir el acoso callejero, no sé explicar porqué, pero los agresores dejaron de agredirme. También algo había cambiado en mi actitud, y es que de repente, de ser una mujer insegura y, con un fuerte sentimiento de fragilidad o debilidad, empecé a sentirme fuerte, a caminar diferente, a usar accesorios que me endurecieran más, empecé a enfrentarme a la gente. Fue una sensación maravillosa, que gracias a tu post puedo revivir y reafirmar.

    Ahora tengo el pelo hasta el cuello, y muchas ganas de seguir experimentando. Muchas gracias por este post, leerlo me resulta muy nutritivo, compartir esta experiencias con vos y el resto de mujeres, que como yo, nos sentimos identificadas, no tiene precio.

    Un gran abrazo.

  20. Garazi

    Kaixo;

    June me tienes enamorada y cada vez que te leo más…ainssss…¡qué mujer!
    Me ha encantado tu artículo una vez más. Para mí estás guapa con pelo corto, largo, media melena o calva.
    El otro día te ví también en Hamaika telebista..¡maravillosa!esa voz tan bonita y esa forma de hablar tan rápida..jajaja

  21. Rebelde

    Aupa June.
    Me he sentido bastante identificada contigo. Yo también he sentido esa feminidad, y he seguido lo que la sociedad nos va marcando, esa feminidad impuesta. Lo tipico de esta sociedad….esos parametros que nos marcan desde pequeña, esa “programación” mental que tanto cuesta “desprogramar”, y lo que nos costara….
    Yo he sido azafata, además de periodista, y obviamente en mi trabajo de azafata se imponen unos determinados canones. Tal y como tu indicas ese comportamiento hetero, marcado e impuesto desde que nacemos, e impuesto por la sociedad, si te sales de eso ya eres “rara”. Siempre se nos ha juzgado a las azafatas por ser objetos, pero siempre he pensado que la lucha empieza por una misma, por el interior, por lo que sentimos, no por lo que parecemos, y curiosamente cuando somos las mujeres las que pedimos libertad y que se nos respete, somos las mismas mujeres las que somos intolerantes y no nos respetamos entre nosotras mismas. Seria un tema muy largo de hablar…. (nadie es quién para juzgar a nadie de qué trabaja y sus motivos, y muchas veces por situaciones economicas nos vemos abocadas a realizar trabajos que no nos apetecen, pero la cuestión es criticar. Criticarnos porque ejerzamos de azafatas, modelos, etc. y me atrevo a decir que algunas ni soportan ver a una mujer guapa, no nos soportan ni vestidas como azafatas, cuando al fin y al cabo es solo un traje, y sé que más cosas más amplias, machismo etc etc, pero quién es quién para juzgarme?!). Si pedimos respeto empecemos a respetar, a respetarnos todas.Pero reitero que seria un tema muy largo.
    Realmente el que nos cortemos el pelo o no, tiene que venir de lo que queremos realmente nosotras, de lo que realmente nos dé la gana, de lo que lo quiero llevar, no de lo que la sociedad me imponga. De alguna forma, y sin querer, el hecho de querer transgredir las normas de la sociedad cortandonos el pelo u otra cosa, a veces solo por ese hecho, ya hace que nos importe lo que digan los demás.
    Yo si me rapo o no el pelo es porque me apetece Y PUNTO. Sé que eso implica otras cosas, reacciones varias, y mil cosas más, pero si lo hago es por MI, no por una u otra reacción de la sociedad. Qué más dará lo qué digan?!. Sí, es transgredir unas normas, y me ENCANTA, pero ante todo lo hago por mi, no por los demás.
    Al hilo de la feminidad, y de lo que has comentado, me gustaria que un dia comentaras, hicieras un post, de la intolerancia que hay entre nosotras. Yo he estado con tios, sí, y después al enrollarme con tias ya se me juzga, y lo he escuchado muchisimas veces entre lesbianas, de que soy “una hetero con fantasias”,frases como.. “bua, las nuevas lesbianas pijas guapas monas éstas que se apuntan al carro de la moda”, y demás estupideces, como si entre lesbianas hubiera grados, unas con más poder que otras, como si algunas se creyeran con mas derecho que una misma a tener relaciones con otra mujer por el mero hecho de que ni se han acostado con tios, y son de “toda la vida” como dicen ellas. Y es curioso como se nos etiqueta, pero ¡qué mania con las etiquetas!!,se me pone una etiqueta. Y digo yo; ¿acaso soy un producto de supermercado para etiquetarme?. Soy una persona sexual y PUNTO. Esta discusión la he tenido con muchas mujeres, con muchas lesbianas, que se empeñan sin respetar absolutamente nada en imponernos una etiqueta.Cada cual es como quiere ser, y que haga lo que de la p. real gana.
    También seria un tema demasiado largo de discutir. Pedimos respeto y no nos respetamos a nosotras mismas.
    También me llama la atención el hecho de por qué tenga relaciones con mujeres (sí, me gustan las mujeres), tengan que llevarme bien con las todas las tiasssssss que también les guste las mujeres.
    Vamos a ver: si a una persona le gusta el chocolate (ejemplo) tiene que llevarse bien con todas las personas que les guste el chocolate??, es que realmente me parece absurdo. No me gustan ciertas personas, independiemente de si se relacionan con mujeres u hombres, independiente de sus gustos, me gusta o no la persona en sí, Y PUNTO. Que mania en imponer cosas, y seguro que más de una y de dos diran que somos acomplejadas porque no “reconocemos” lo que somos, anda ya!. Que no se me imponga nada. Soy persona, mala o buena, independientemente de mis gustos.
    Ya ves que lo de tu pelo….me ha dejado “sin pelos en la lengua”…. (es coña).
    Lo cierto es que veo muchisima gente reinvidicando siempre en manifestaciones y demás nuestros derechos, ¡genial!, peró la mejor forma de reenvidicar todos esos derechos es en el dia a dia, y el RESPETO empieza POR UNA MISMA. Hacer una vida normal con tu pareja. Vivir el dia a dia con naturalidad, a pesar de que los vecinos te llamen de todo, y mil cosas más que podria contar. Esta bien reinvidicar, pero es que conozco muchisima gente que después viven una farsa de vida, y eso no es reinvidicar, pero no sere yo quién juzgue a nadie!, faltaria más!, solo que me parece curioso, por deciro de alguna manera. Ese dia a dia, con tu pareja, viviendo con naturalidad, ese dia a dia hace camino.
    Y ya no me explayo más porque estaria hablando de muchisimas cosas que me enervan, porque muchas veces las peores intolerantes somos nosotras mismas, entre nosotras mismas, y después se pide respeto.
    Mientras que eso no desaparezca jamás se avanzará.
    Soy “politicamente” incorrecta pero lo cierto es que tampoco me importa, siempre y cuando haya respeto.
    Muxu bat june
    Estas guapa con pelo, sin pelo, y de todas las maneras, lo importante que te sientas guapa por dentro y a gusto contigo misma.
    Siendo siempre TU misma.

  22. @GaurDaBihar

    Kaixo
    La verdad es que ha sido una sorpresa lo expresado en el blog. El grupo de amigas me tiene aislado de la sociedad en la que vivo, o como dices, “han vivido de otra forma la feminidad” porque no les cuesta nada raparse o dejárselo largo o coloreárselo o…
    Y digo que me tienen aislado porque pensaba, equivocadamente, está claro, que todos estos problemas de apariencia externa ya estaban superados en gran medida. Nunca hubiera imaginado que un corte de pelo pudiera generar tantas dudas de identidad en una mujer. Ya digo que no es lo que veo en mi circulo de amistades.
    Y me alegro que lo hayas compartido, no solo para que otras mujeres puedan sentirse mejor consigo mismas lleven el corte de pelo que lleven, si no para que tíos como yo sepamos que todavía queda mucho trabajo por hacer individualmente, y no solo en las manis y en temas serios.
    Zorionak!

  23. Pingback: June Fernández: Imposicions de la feminitat normativa | I do, I undo, I redo

  24. Pingback: Ile sozialak, ile politikoak (I): emakumeen hankak | Kinka

  25. Albanella

    June, gracias por las palabras que aquí vertiste. Me terminaste de animar a pasar la máquina de nuevo! Realmente es liberador..

  26. Rosa

    HOla June, me gusta mucho tu proceso de deconstrucción! Te cuento que me rapé a los 27, en mi caso fue haberme abandonado en una relación donde no me trataban bien y aún siendo consciente, pues ahí me quede durante mucho tiempo. Al final lo dejé, porque ya no me podía hacer más la tonta, pero me sentía como una botella de coca cola agitada, y con la sensación terrible de no haberme cuidado, así que fue una mezcla de alivio, y de avergonzarme de mi misma y lo único que me relajó fue raparme la cabeza. No era por el mal de amores, era una forma de renuncia a esa parte de mi que tenía tanto miedo de dejarle, y bueno me sentí muy bien, al igual que tú sentí por un momento como se puede sentir en un campo de exterminio, también fue liberador, y me entró una timidez tremenda, sentirme tan desnuda. Pero poco a poco me empecé a sentir muy bien en este estado y la verdad, es más profundo que estar guapa o fea, de echo me hacía sentir especialmente cómoda hacer algo que pudiera hacerme fea y que me diera exactamente igual. También me querían dejar flequillo, pero la que me rapaba era mi mejor amiga, y entendió pronto que no había nada que hacer, la decisión estaba tomada…

  27. Pingback: “No hay Periodismo de hombres y mujeres, hay buen y mal Periodismo” | 1001medios

  28. Lilith

    Tengo esa lucha constante en muchos círculos de mi vida. la del aspecto. Cómo mi madre me llama guarra por no depilarme las axilas cuando mi padre sin ir más lejos no lo hace, alegando que “no es lo mismo”, cómo amigos (a quien sé que si me disfrazara de barbie gustaría pero, muchachos, va a ser que no!) – ahí me he sentido muy identificada- me propusieron que me echara gomina cuando me rapé hace años… o parejas que te piden que te “arregles” algún día (¿es que estoy rota o defectuosa para tener que “arreglarme”?), en fin….. puede que sean frivolidades, así aisladas, pero cuando detrás hay un trasfondo cultural de “ser para agradar a otros”, porque “para eso estamos”, eso es político, es importante, y es necesario. Yo sí fui un “chicazo” (qué palabra más fea, jope!) de libro, y aún así……….. no me dejan en paz! gracias por raparte, June, aunque lo hagas por ti, creo que haces algo que ayuda a liberarnos a todas.

  29. Pingback: No es sólo un corte de pelo | June Fernández

  30. Pingback: la tonteria dels cabells | _______

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