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Protagonismo y representaciones en conflicto Crítica, Especiales, Ficciones, Octubre Trans

¿Por qué una película sobre una adolescente trans nos cuenta más sobre su padre que sobre ella misma?

Lander Cavelhe

“Enrique, te necesitamos”, le dice Angela a su marido. Su hija Vanessa (para la familia Michael) se ha marchado de casa debido a los conflictos y agresiones causados por este hombre que acababa de salir de prisión y regresar a las vidas de ambas. “Enrique, tu hijo te necesita”. En ese momento de la peli no me contengo y me acerco al oído de mi acompañante en la sala y le digo, bajito pero con cierto enfado: “Eso no es verdad, no le necesitan para nada”.

Gun Hill Road (2011, USA) es lo que se dice una película independiente, filmada y escrita por Rashaad Ernesto Green, presentada en la sección oficial del Festival de Sundance del 2011 y también en las ediciones de este 2012 de Zinegoak de Bilbao y el FIRE!! de Barcelona, estos últimos importantes escaparates y encuentros estatales del audiovisual y las comunidades LGTB.

Según mi amigo, lo que ha sucedido ha sido un conflicto de intereses y expectativas, y le doy toda la razón. Yo quería era ver otra película, una en la que Vanessa fuera de verdad la protagonista y no que su historia sirviera para detonar la crisis interna y social de un hombre que piensa que “su hijo” no le puede hacer “eso” por “respeto y honor a él y la familia”. Yo quería saber más sobre las amistades de Vanessa en el instituto, sobre la convivencia con su madre, sobre cómo consigue las hormonas que toma a escondidas y sobre cómo empieza a rapear y escribir sus poesías. La verdad es que no sé por qué me enfado, tenía que haberme fijado más en el cartel oficial que deja claro sobre quién va la peli: la imagen principal es la del padre, más clara y en un plano más próximo que la de Vanessa, quien está de fondo y difuminada; igual que el lenguaje corporal, el visual nos suele delatar.

Yo quería era ver otra película, una en la que Vanessa fuera de verdad la protagonista y no que su historia sirviera para detonar la crisis interna y social de un hombre que piensa que “su hijo” no le puede hacer “eso” por “respeto y honor a él y la familia”

En esta entrevista digital el responsable de la película declaraba que, al desconocer en su complejidad la realidad trans, el primer borrador del guión estaba escrito desde el punto de vista del padre y que intentó equilibrarlo en las posteriores versiones por dos motivos: el personaje de Vanessa empezó “hablar por sí mismo” y, segundo, pensó que a la audiencia le interesaría más esta parte de la historia al ser la más desconocida. A mí en muchas ocasiones también me ciegan las buenas intenciones … y quizá ahora lo estén haciendo. No soy transexual y en parte pienso que antes de poner el grito en el cielo tendría que conocer que es lo que opinan las diferentes sensibilidades dentro de la diversidad de este colectivo, particularmente el de las mujeres. Pero mi crítica tiene su fundamentación en un conflicto más global: es un problema sobre las representaciones, los protagonismos, las autorías y la idea de público, es decir, quién representa a quién, quién cuenta con los recursos para hacerlo, a quiénes se dirige la película.

Por ejemplo, la cineasta Rose Troche describe su película Go Fish (1994, USA) como “by, for and about lesbians” (por, para y sobre lesbianas) cuando le preguntan sobre ella en el muy recomendable documental Fabulous! The Story of Queer Cinema (2006, USA); según Rose, si el film tuvo algún éxito fue por esta cuestión. Aun así, como he escuchado/leído en diferentes círculos, creo que entre la comunidad dispersa y plural  LGTB ha predominado el debate sobre la identidad sexual o de género de la actriz o del actor que interpreta al personaje de trans, gay o lesbiana, debido por una parte a la popularidad y visibilidad mediática de profesión de actor/actriz, y segundo, al valor que le damos en estos casos a la experiencia de vida. En cambio, en su demérito, ha sido muy poco lo que he oído/leído sobre quienes están detrás de las cámaras. Volviendo a Gun Hill Road, muchos espacios se hicieron eco de que la jovencísima actriz que encarna a Vanessa estaba en proceso de vivir públicamente como Harmony Santana durante el rodaje, una cuestión que también considero importante sobre todo en lo que le haya podido beneficiar a la joven; pero al contrario nada he encontrado sobre su director y guionista … ¿Se da por hecho que es cisgénero y heterosexual? ¿O gay o bi? ¿E importa?

En los 60s y 70s los movimientos feministas comenzaron, con gran interés y esfuerzo, a recoger y apoyar la producción cultural hecha por mujeres y hoy vemos peligrar esos centros de recursos, festivales y resto de plataformas a causa de la llamada crisis. Confieso que parte de mí quiere distanciarse del posicionamiento esencialista que diría que una mujer trans hubiera hecho una película mucho mejor que Rashaad Ernesto Green (porque en mi vida el esencialismo me ha demostrado ser limitador) pero a la vez me encuentro con personas que han estudiado el cine y las representaciones de mujeres y por mujeres como María Castejón que me dicen: “Lander, atiende, las mujeres tuvieron que empezar a tener también las riendas en el cine español para que las cosas comenzaran a cambiaran”.  Así, entendiendo que no todas las cineastas hayan o vayan a seguir ciertas líneas de trabajo, ni tampoco que se les deba exigir seguirlas, gracias a María y otras compañeras veo que las mujeres, cuando han conseguido los recursos para hacer una película, escribir/publicar un libro, sacar adelante un proyecto creativo, tienen potencialmente la capacidad/compromiso para hacer las cosas de diferente manera. Aún así la comparación está lejos de ser adecuada, las mujeres no sois/son una minoría como las comunidad LGTB, y las cuestiones sobre sexo, género y sexualidad, sus resquicios teóricos y  vivenciales, presentan complejidades no abarcables aquí y ahora.

Una parte de mí quiere distanciarse del posicionamiento esencialista que diría que una mujer trans hubiera hecho una película mucho mejor, pero a la vez recuerdo a quienes dicen que las mujeres tuvieron que empezar a tomar las riendas en el cine español para que las cosas comenzaran a cambiaran

La película sobre la transexualidad adolescente que quiero ver está todavía por hacer, casi igual que la película sobre jóvenes lesbianas, gays y bisexuales. Digo ahora que la autoría, identidad de la persona que tiene la responsabilidad última de la película, es importante pero sólo porque según las características de la misma dependerá su capacidad/compromiso político/personal con la complejidad y la injusticia social, sin embargo creo que esa capacidad/compromiso se puede desarrollar de diferentes maneras y desde diferentes puntos de partida independientemente de que seas fulanita, fulanito, menganita y/o menganito. Y me mojo: aunque Gun Hill Road no está tan mal después de todo (tan sólo su punto de vista está descompensado) y a pesar de que una mujer trans como directora y guionista no aseguraría nada sobre el resultado final, yo apuesto por ella por dos motivos: porque tendría repercusiones muy importantes en el ámbito laboral/profesional, y también porque sus “logros” nos abrirían los ojos a muchas personas a la vez que sus “fracasos” darían para debatir sobre como nadie está “libre de pecado”.

Bella Maddo, girando las tornas (¿demasiado?)

Ciberneteando encontré Bella Maddo (2010, USA), un corto 100 x 100 trans de la directora Janice Danielle, es decir, en el que sólo han trabajado personas transexuales y transgénero en su producción. Lo curioso es que la historia no trata sobre las realidades trans, o no directamente, al contrario es una historia sobre personajes cisgénero que requería su propia tesis doctoral para dar cuenta de lo que trata, aunque me atrevo con un titular: “Las alteridades” parodian ‘la norma’ tomándose la revancha”.

Protagonismo y representaciones en conflicto
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