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El debate sobre la prostitución Opinión

Beatriz Gimeno acaba de publicar el libro «La prostitución» (Ediciones Bellaterra). En este artículo analiza las diferentes posturas del movimiento feminista ante este tema, pero también sus propios debates internos.

 

Portada del libro "La prostitución" de Beatriz Gimeno. Ediciones Bellatera

Acaba de salir a la calle el libro sobre la prostitución en el que he estado trabajando los últimos cuatro años. Comencé a leer sobre la misma después de participar o de asistir a varios debates  que me dejaron muy impactada debido a la violencia verbal, a la agresividad, y al dogmatismo que claramente se imponían sobre cualquier intento de debatir de verdad. Una agresividad que finalmente se terminaba siempre por imponer a las participantes de uno y otro bando por más que, algunas de ellas, quisieran mantener un tono de reflexión y auténtico intercambio de ideas. En seguida resultaba evidente que si alguien quería mantener un cierto tono de mesura y buscaba confrontar de verdad sus argumentos resultaba engullida por el tono general de un debate que, tal como está planteado, excluye cualquier matiz. Sobre la prostitución en España  sólo se puede estar furiosa y dogmáticamente en uno de los dos únicos bandos en los que se ha dividido la cuestión. Y estar en uno de esos bandos implica, demasiado a menudo, descalificar a las otras, verlas como enemigas del feminismo, aguantar también de su parte insultos y descalificaciones personales, etc. Cualquiera que haya asistido o participado en uno de esos debates sabe perfectamente de qué hablo. Y sin embargo, cualquiera que lleve en esto del feminismo muchos años sabe  también que hay feministas en ambos lados, entre las pro y anti prostitución; o abolicionistas y regulacionistas.

No estoy hablando de tener una posición neutral o de estar en el medio. Ante la cuestión de la prostitución ninguna feminista puede mantenerse neutral. Mi posición sería abolicionista, en tanto que estoy convencida de que la prostitución es incompatible con la igualdad pero la manera de acabar con la prostitución, la manera siquiera de pensarla, la manera de relacionarnos con las mujeres que se dedican a ella, no coincide siempre con lo que se considera una posición abolicionista. Mi posición admite muchos matices que no pueden explicitarse en este post, pero de los que dejo constancia en el libro. Me ha ocurrido en ocasiones, al estar asistiendo a alguno de estos debates o al leer un libro, que algunos de los argumentos de las feministas llamadas proregulación me han parecido perfectamente asumibles, mientras que al mismo tiempo, discrepo profundamente de algunas cuestiones  que se defienden desde lo que se supone que es mi propio bando. En ese sentido me surgían dos cuestiones. La primera es que ante una cuestión de una complejidad extraordinaria, las soluciones simples no existen y parece difícil también pensar que pueda existir una cuestión compleja de la que los matices y los tonos grises estén casi formalmente excluidos, como parecen estarlo cuando se discute sobre la prostitución en el seno del feminismo. Estoy situada, pero me niego excluir la complejidad.

“Estoy convencida de que un verdadero debate sobre una cuestión tan central y tan compleja es imprescindible dentro del feminismo. Un análisis del debate nos llevará a las conclusiones ya mencionadas: tal como está es irresoluble y está cerrado en sí mismo”

La segunda cuestión que me preocupaba es que a mi alrededor muchas jóvenes feministas son proregulación: lo veo en los cursos universitarios que imparto, lo veo en las conferencias, lo veo en muchas de las reuniones políticas a las que asisto. Pero también son proregulación a mayoría de las personas progresistas, hombres y mujeres,  no especializados en feminismo. Podemos decir o pensar que no importa, pero sí que importa y demuestra, entre otras cosas, que muchos de nuestros argumentos abolicionistas ya no conectan con quienes deberían ser aliados o aliadas. Además, como he dicho, no me extraña esta situación porque yo misma encuentro insostenibles algunos de los argumentos que se defienden como dogmas de fe desde lo que se supone que es mi propio sector. Puede que el abolicionismo crea a veces que está ganando la batalla porque las instituciones se ponen, sólo a veces, de su lado, pero será una victoria pírrica y muy fácilmente reversible si no se convence a la parte de la sociedad que es, o debería ser, proclive al feminismo.

Por ser ésta de la prostitución una cuestión central para el feminismo la imposibilidad de debatir de verdad, de manera que se pueda avanzar de alguna manera hacia consensos más amplios, me parecía muy preocupante. Esa es la razón primera que me impulsó a meterme en un estudio profundo acerca de esta institución. Pero cuanto más leía más difícil me resultaba abarcar la prostitución en toda su complejidad y, sobre todo, más difícil me resultaba decir nada que no estuviera ya dicho, porque la bibliografía es inabarcable también.  Finalmente, por esas dos razones, decidí orientar mi estudio más que hacia la prostitución como tal, hacia el debate sobre la prostitución que se mantiene en el seno del feminismo; ver qué tipo de debate es y por qué se ha configurado como imposible.

Así que este libro sobre la prostitución es más bien un libro sobre el debate que las feministas de este país mantienen (mantenemos) sobre la prostitución. Y siempre desde la convicción de que un verdadero debate sobre una cuestión tan central y tan compleja es imprescindible. Un análisis del debate nos llevará a las conclusiones ya mencionadas: tal como está es irresoluble y está cerrado en sí mismo. Llevamos treinta años discutiendo desde casi exactamente las mismas posiciones (aunque unas y otras afirman haberse movido). Pero a nuestro alrededor, en estos treinta años, todo ha cambiado. Ha cambiado muy profundamente la sociedad en la que la prostitución no deja de crecer, ha cambiado la percepción social acerca de la misma, han cambiado las protagonistas (víctimas/actoras), ha cambiado, y mucho, la percepción social acerca de la sexualidad en general; otras cosas permanecen inalterables, pero lo que no ha cambiado al mismo ritmo son los argumentos de las feministas que mantienen unas y otras posiciones. Por eso, además de estudiar el debate en sí, me interesaba tratar de abrirlo, buscar puntos de fuga.

“Las soluciones reales son también demasiado complejas para resumirlas en un par de leyes, como a veces se quiere hacer; la prostitución no puede solucionarse legalmente, sino que es necesario un cambio cultural muy profundo”

Así pues he estudiado y analizado el debate de la prostitución intentando encontrar o proponer nuevos argumentos. El método que he utilizado es el de discutir los míos propios, no los contrarios porque eso sería lo fácil y porque eso es lo que siempre se hace: negar cualquier legitimidad o razón a cualquier argumento que venga desde el otro lado. Yo lo he planteado al contrario: he tratado de ver en qué son más débiles los argumentos utilizados por el sector abolicionista.  Soy muy consciente de que dada la virulencia con que la cuestión se expresa habitualmente es posible que finalmente el libro no contente a nadie, pero ese es el riesgo que se corre cuando se intentan abrir nuevas vías en caminos que parecen cerrados. Al menos creo que es un intento intelectualmente honesto.

No planteo soluciones políticas a la cuestión de la prostitución porque no es lo que este libro pretendía y porque, además, yo no tengo esas soluciones. Las soluciones reales son también demasiado complejas para resumirlas en un par de leyes, como a veces se quiere hacer; la prostitución no puede solucionarse legalmente, sino que es necesario un cambio cultural muy profundo. Las leyes a veces pueden colaborar en ese cambio o pueden, por el contrario, crear nuevas situaciones de injusticia que, a su vez, provoquen reacciones sociales contrarias a lo que en principio se pretendía. A pensar esas cuestiones es a lo que un verdadero debate dentro del feminismo debería dedicarse. Este libro intenta ayudar a pensar el debate y a provocar que se pueda debatir desde otros lugares. Me contentaría con que alguna persona partidaria de la regulación se replanteara su posición, o al menos, la matizara después de leer este libro.

El debate sobre la prostitución
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Beatriz Gimeno

Activista lesbiana y feminista, escritora (de novela, ensayo y poesía) y bloguera

    Comentarios recientes

    1. leticia

      No estoy metida en feminismo, ni (desgraciadamente) tampoco he participado en charlas como dices, pero creo que la legalización supondría en parte, acabar con las mafias y dignificar una profesión respetable. Aunque lo que se debería trabajar es la educación desde muy pequeños/as para que no se necesite estos servicios o lo menos posible.

      1. Beatriz

        Leticia,

        que gusto me dio leer tu comentario porque opino lo mismo, dentro del tema del trabajo sexual a mi me interesa el tema de «dignificar», pues se las ve como sucias, perdidas, pecadoras, etc. Es decir el estigma las deshumaniza y permite todo tipo de agresiones.

        Dentro de este punto me interesa subrayar que no hacen nada malo, no es un trabajo muy soñado, pero ser cajera de supermercado tampoco lo es, al contrario practican el sexo pagado con consentimiento entre adultos (creo que menores de edad es otro tema).

        Ahora, no debe ser criminalizado porque si lo es, estas mujeres terminan bajo el poder de la policia y/o las mafias, y esto realmente puede significar un infierno.

    2. Guy

      Bueno, quisiera decir lo primero que Gracias a Beatriz Gimeno por sacar esta vez las posibles soluciones a un tema que por su extremada complejidad (pocos temas en el ámbito de las ciencias sociales lo son tanto) es de por si Valiente hacer una aproximación.

      Supongo que la idea de Beatriz es la de crear una corriente de pensamiento que pueda aunar, poner en común las cosas que los proregulacionistas y abolicionistas mantienen. Y cierto es que hay una, muy clara y enla que creo que hay consenso. La lucha contra las mafias, la explotación sexual, el lucro de terceros con la prostitución y la coacción para su ejercicio. Es obvio volver a decir que todos estamos de acuerdo en eso. Pero sinceramente, y sin leer el libro (cuya intención de leerlo tengo) creo que pocos puntos más de acuerdo se van a encontrar. Y el porqué es sencillo. Por que el abolicionismo considera la prostitución como un MAL siempre y en toda circunstancia. Hace un juico de valor MORAL sobre una actividad humana. Que está en todo su derecho claro. Pero parte de la base que la propia existencia de la prostitución, sea como sea ejercida o realizada es considerada perversa y negativa por naturaleza. Y además utiliza un lenguaje completametne transformado y estrujado para envilecer aún más dicha actividad. El abolicionismo, en mi parecer, pretende un nuevo modelo de sexualidad, donde haya cosas aceptables o no más allá del consenso mundial de todos y todas en lo que no es aceptable en sexualidad (la coacción, la violencia, el chantaje, el abuso). Si el feminismo acaba aceptando que existen sexualidades buenas y malas (aparte de las ya dichas) estamos justificando que otras personas, otros colectivos (iglesia, por ejemplo) estén diciendo que hay sexualidades buena y malas. No se si me estoy explicando. Si partes de una posición moral sobre sexualidad, estás utilizando la misma argumentación para el control sexual que han hecho los estados y la iglesia durante muchos siglos, y eso es algo, creo yo, a evitar. Otro gran defecto que le veo al abolicionismo es su incapacidad absoluta para escuchar a las propias afectadas, a las prostitutas. Y cuando lo hace siempre es desde una perspectiva de victimizacion, de «esta dice esto porque está alienada» y soberbias varias que no ejercen con las reclamaciones de cualquier otro colectivo de mujeres, no se por que las prostitutas si. No se «compran» los cuerpos, en tal caso se alquilan servicios, «no se exclaviza» (muchas mujeres independientes ponen ellas sus propias tarifas, con un control absoluto sobre su actividad, me dirán que exclavismo es ese). El abolicionismo, en verdad, es ESTIGMATIZANTE con la actividad, aunque esta se realice desde la libertad de elección. Las mujeres abolicionista considerarían que por que ellas jamás se haría putas (perdón por la expresion)las demás mujeres tampoco lo harían. Y eso demuestra una total falta de empatia con el resto de personas.
      El debate está realmente en si la prostitución voluntaria, aquella que se realiza sin la coacción o obligación de un tercero, es aceptable moralmente o no. Y yo creo que si. Creo que como decís en otros muchos casos, las mujeres tienen derecho, capacidad y autonomía suficientes para tomar decisiones por si mismas, al igual que toman decisiones para dar de mamar o biberón, para abortar o no, para tener sexo con quien quieran, para decidir por ellas mismas el camino a seguir en sus vidas o para alquilar sus servicios sexuales durante un tiempo concreto, por ejemplo.
      A Beatriz Gimeno la considero una feminista libertaria digamos. EStoy poco de acuerdo en algunos de sus planteamientos, pero es una de esas feministas bloggeras que sigo porque siempre siempre me hace ver las cosas desde otro punto de vista, y eso es de agradecer. A las abolicionistas tradicionales ya ni les presto atención, la verdad. HAn tenido su parte de razón en ciertos análisis del fenómeno, del movimiento de inmigracion de ciertos aspectos de la prostitucion que es innegable que hacen un análisis un tanto certero. Pero ellas niegan la mayor, niegan que se pueda intercambiar sexo por dinero, niegan una actividad humana, que es lógica, no solo ahora en un mundo turbocapitalista, si no que ha existido desde el origen de las sociedades humanas y que solo despue´s de ciertas religiones y su imposición comenzó a ser una práctica proscrita. Ahí nunca puede haber acuerdo. El regulacionismo ACEPTA como práctica legítima que una persona decida ofrecer servicios sexuales y otra demandarlos por dinero. Lo único que dice, con toda la lógica del mundo, es que esa actividad se haga consensuada y sin coaación por ninguna de las partes. Ahí está la gran diferencia, como sabrás Beatriz. Que puntos en común puede haber entre ambos movimientos si en la BASE del planteamieneto hay tal divergencia.
      No se puede, no hay coherencia entre decir que una mujer tiene derecho a abortar si quiere (cosa que defiendo al 100%) pero no tiene derecho a alquilar su sexo si quiere, o si lo hace entonces es una «pobre víctima del patriarcado», minimizándola y anulándo la validez de sus decisiones. Si se defiende la autonomía del cuerpo, se defiende para todo (y ahora pensará alguien en lo de vender riñones, y tal, bueno, también tengo respuesta para eso). Y en cuanto se defienda que una mujer puede tomar esas decisiones, puede ser prostituta porque así lo quiere, o así lo ha escogido por los motivos que sean, entonces se está LEGITIMANDO. Por eso el abolicionismo pone todo tipo de argumentos para decir que la prostitución NUNCA es voluntaria, etc etc, porque si lo acepta, todo su constructo ideológico se va al garete. PERO SEÑORES Y SEÑORAS ABOLICIONISTAS. SI HAY PROSTITUCIÓN VOLUNTARIA. SI HAY CHICAS Y CHICOS QUE DECIDEN, CADA UNO EN SUS CIRCUNSTANCIAS dedicarse al trabajo sexual. LO CREERAN O NO, pero existe.

      La prostitución NO VA A DESAPARECER, nunca. Incluso con un policia detrás de cada varon que quisiera pagar por sexo se acabaría. Ha habido temproadas de mayor y menor consumo, pero siempre siempre ha existido la prostitución. Solo en una sociedad donde las demandas de sexo/afecto entre mujeres y hombres fueran paralelas se produciría esa desaparición. Y eso, ni siquiera con los avances que supuso para ambos sexos la liberaci´n sexual de la mujer en los últimos años lo ha conseguido.

      No soy un regulacionista puro yo tampoco. Comprendo la complejidad ala que tendría que enfrentarse un legislador para regular dicha actividad, como se hace, como se registra, etc etc. Eso sería un paso ulterior. Antes hay otras cosas que hacer, en primer lugar DEJAR DE TRATAR A LAS PROSTITUTAS COMO MENORES DE EDAD O DISCAPACITADAS, son personas que expresan sus deseos y sus anhelos como cualquier otra mujer, sin victimismos. Se las sigue viendo como «bichos raros» por un sector de la sociedad, cuando son personas como tu y como yo, simplemetne.

      Ahora paro, pero si quereis seguimos debatiendo. Este tema me encanta, me apasiona fuertemente, y no, no soy un putero. Adjetivo descalificativo que algunas pueden ponerme cuando me pongo en favor de la normalización y además soy varón. Adjetivo para desprestigiar completamente mi posición, en un ejercicio de fascismo intelectual que no voy a aceptar.

      Gracias. Me llamo Nacho.

      1. Alberto B Ilieff

        Nacho
        Creo que te has quedado en el tiempo con el ideario abolicionista. En modo alguno hoy lo puedes tildar de “moral” o “moralista”, quedarte en eso es no conocer sus fundamentos. Si tuviera una base moral, como dices, tampoco me parecería mal, al contrario, me parece que en los temas sociales, cualquiera estos sean, también es necesaria una mirada moral en el mejor sentido. En mi caso mi moral esta basada en los principios de los derechos humanos, y no reniego ni me avergüenzo de ello.
        Tu relacionas prostitución con sexualidad, cuando si lees estudios profundos, ahí no esta en juego la sexualidad ni las sexualidades. Que se ejerzan zonas “sexuales” eso no implica que necesariamente haya sexo, del mismo modo que una caricia no implica amor o una sonrisa afinidad. Eso es tomar la parte, lo evidente, por el todo y lo subjetivo.
        El abolicionismo, tal como lo entiendo, sí apuesta por una/s sexualidad/es abiertas, no dogmáticas, basadas en el propio placer, libre elección y voluntariedad, sin mitos, dogmas ni coacciones, dónde cada uno/a/* pueda elegir y decidir por sí mismo/a/*. Desde este punto te aclaro que el abolicionismo no es ”moral” en el sentido que le das ni dogmático.
        Tampoco es cierto que no sean escuchadas las propias personas en prostitución, no olvides que hay entidades conformadas por personas que están en esta actividad y luchan por salir de ella y que tienen voz propia y no es precisamente la de la regulación, quizá por esto, por su falta de medios económicos y políticos, no tienen prensa.
        El resto de tu argumentación se halla basada en las mujeres, tanto feministas como en prostitución –no sé por qué en tu comentario obvias hablar de las mujeres reglamentaristas- olvidando que también estamos los hombres abolicionistas y en prostitución, lo que quita la cuestión de un tema social que engloba a toda la comunidad, porque en esto también hay hombres: proxenetas, propietarios de clubes, tratantes, quienes reciben dineros por su silencio, y por último los “clientes”. O sea que no debe ser visto desde una sola perspectiva, porque esto es falso y creo a esta altura, intencionado.
        Me parece de mala fe el argumento que relaciona la prostitución con el aborto, esto si que significa no tener la menor empatía con la situación de una mujer en uno u otro caso, no es la misma decisión ni tiene las mismas causas y consecuencias.
        El tema de la voluntariedad me haría demasiada extensa esta respuesta, aún habiendo casos voluntarios –según estadísticas confiables son menos del 5%- y aún incluyendo dentro de estos casos a aquellas personas que desean dejar la actividad pero no pueden, se trata de una minoría llamativa que no puede imponer sus ideas a toda una sociedad y borrar como si no existiera el 95% de mujeres en prostitución que son víctimas de trata de personas.
        Por último, también debemos incluir en estos comentarios el tema de la violencia de género, o si se prefiere, de la violencia en general. Para esto debemos ampliar el marco, sacarlo de la mirada restringida sobre las mujeres y llevarlo a los hombres que pagan por satisfacerse, de la sociedad que mira y del marco geopolítico y económico en que esto se da.
        No acepto que la prostitución haya existido desde el comienzo de la historia, porque no es cierto, tampoco acepto que vaya a existir siempre. Este mismo debate demuestra que la situación esta cambiando, la misma existencia del abolicionismo es su prueba.
        Gracias
        Alberto B Ilieff

        1. Guy

          No, mira, puedo atender y escuchar con orejas abiertas todo tu argumentario abolicionista. Pero no voy a aceptar que digas que pongo en la misma situacón a mujeres que quieren abortar con las que quieren prostituirse. Los motivos que llevan a ubna mujer a abortar, son, ciertamente, muchas veces culturales, de no poder atender a la criatura, de no desear tener hijos en ese momentno, de cientos y cientos de motivos (casi tantos como abortos se hacen). Las mujeres prostitutas, que tu crees (y es un dato DEMOSTRADISIMAMENTE FALSO, una de esas, mentiras (permíteme decirlo, si, mentiras que propaga el abolicionismo) también tienen cientos de motivos por lo que hacerse prostitutas, para salir de unan situacíón económica adversa, porqeu así ganan más dinero que en otras profesiones, tanto más que incluso aceptan el estigma que recae sobre ellas, etc. PERO SI UNOS ARGUMENTOS SON LEGÍTIMOS PARA ABORTAR, si se defiende la libertad de esas mujerse para ello ES INCOMPATIBLE con negársela para alquilar servicios sexuales. Si damos libertad a las mujeres, queridos, darsela para todo, incluso para lo que vosotros, los hombres y mujeres abolicionistas, no os gusta que hicieran. A eso se le llama PATERNALISMO. Una actitud bastante patriarcal, y machista, si me permites.

      2. Olga Baselga

        Hola, Nacho:

        Interesante tu aportación al debate. Me gustaría comentar algunas cosas que dices:

        Tienes toda la razón, y creo que esa cuestión del desequilibrio sexual/afectivo entre mujeres y hombres es lo que menos se ha tratado en el debate sobre la prostitución, a pesar de ser -en mi humilde opinión- su núcleo central. Claro… Queremos hacer política eficaz, por eso se crean dos facciones de acción directa: abolición (o sea, prohibición), o regulación (o sea, aceptación con límites).

        Empezaré por centrar el tema cortando flecos: parto de la base que la OFERTA de la prostitución la constituyen MUJERES y que la DEMANDA está representada por HOMBRES. Cierto que existen gigolós que también ofrecen sus servicios, que también existen mujeres en el lado de la demanda, pero obviaré ese sector por no ser representativo del problema a tratar, al menos en esta fase del debate, además de ser estadísticamente minoritario, por no decir casi insignificante.

        Además, pera justificar aún más por qué corto ese «fleco», mencionaré una palabra que tú mismo utilizas: ESTIGMA. Te preguntaré, en este sentido (y te pido que pienses bien la respuesta, con sinceridad): ¿Acaso no sufren CASI el mismo estigma las mujeres prostitutas que las mujeres que contratan a un gigoló? Que Marujita Díaz, mujer soltera y sin compromiso, contratara a un tal Dinio, cubano sin papeles, como «acompañante con derecho a roce» fue noticia escandalosa, mientras que los CIENTOS de famosos que contratan a prostitutas de lujo (disfrazadas de top models o no) pasa absolutamente inadvertido, salvo quizá (y digo QUIZÁ) si tienen pareja «oficial». ¿No es eso prueba de que el estigma del sexo remunerado no afecta por igual a hombres y a mujeres?

        En este mismo sentido, un último detalle «sin importancia»: ¿existe una oferta de prostitución para lesbianas? Si es así, sospecho que el mercado no daría para vivir de ello, ¿o me equivoco? Por el contrario, a tod@s nos consta que la prostitución gay funciona bastante bien, aunque evidentemente minoritaria comparada con la hetero…

        No sé si te habré convencido hasta aquí, pero prosigo sobre esta base.

        Tampoco sé, entrando ya en la materia que nos ocupa, si en las agrias disputas entre abolicionistas (que en adelante llamaré «bolis», para abreviar) y regulacionistas (en adelante «gulis», para ídem), se ha tocado el espinoso tema de la NATURALEZA HUMANA en relación con la prostitución. Es un tema molesto, porque a nada que se ahonde mínimamente en ello, descubrimos que no hay nada NATURAL en ofrecer servicios sexuales o en demandarlos, sino sencillamente un conglomerado de valores culturales que convierten a las mujeres en productos y a los hombres en compradores. Si aceptamos que eso es así y va a seguir siempre, estamos manteniendo no un intercambio comercial justo y equitativo, sino una relación de poder donde el hombre siempre es el que dispone del capital y la mujer la que garantiza el suministro. Insisto: SEGURO que hay gente que piensa que eso es NATURAL, cuando en realidad se basa en un estatu quo que asigna una función diferenciada a hombres y a mujeres.

        Si estamos de acuerdo en que no hay naturaleza que valga en esto de la prostitución, debemos preguntarnos entonces si PODEMOS y QUEREMOS hacer algo para mejorar el estatu quo de las mujeres en cuanto al comercio sexual tal y como lo conocemos. Y aquí planteo mi primera gran duda:

        ¿ES PREVISIBLE QUE LA DEMANDA DE SEXO PROFESIONAL POR PARTE DE LAS MUJERES AUMENTE TANTO COMO PARA EQUIPARARSE A LA DE LA CLIENTELA MASCULINA?

        No lo sé, de verdad que no. Si la respuesta es que sí, se acabó el problema. Si la respuesta es que no… algo falla, PERO ES Y SERÁ una situación inaceptable mientras exista. Nooo, no porque sea degradante, indigno, feo, sucio, nananana… ¡Paparruchas! Moralina judeo-cristiana no, por favor. Hablo de una desigualdad, de un desequilibrio, comparable, por ejemplo, a la de un país en vías de desarrollo que no posee industria ni red de servicios mientras los poderosos países del primer mundo le compran bananas y petróleo al precio que les interesa. Mujeres como repúblicas bananeras mientras los hombres actúan como banqueros de habano en ristre… Sé que la comparación es algo forzada, pero no se aleja tanto de la realidad.

        Mi segunda gran duda deriva de lo anterior, y me temo que la respuesta es aún más difícil y conflictiva:

        ¿DE VERDAD QUEREMOS HACER ALGO PARA EQUIPARAR A HOMBRES Y MUJERES EN SU FORMA DE OBTENER SEXO?

        ¡Ayyyy! Ahí me temo que bolis y gulis discrepan radicalmente, aunque no se atrevan a decirlo, o al menos no se hayan planteado abierta y explícitamente ese debate.

        Por un lado, es lógico, por lo que menciono más arriba: tanto bolis como gulis son gente implicada en grupos políticos, o que comparten su forma de trabajar, caracterizada por la inmediatez. Me viene al pelo el verso de una canción de Queen:

        I WANT IT AALL
        I WANT IT AALL
        AND I WANT IT NOW!

        Eso mismo: lo quieren TODO y YA. La política no admite esperas. Por eso buscan acuerdos, consensos, plataformas… Y lo peor es que, en cuanto encuentran ese mínimo punto de partida, que es una metonimia de la realidad (la parte por el todo), se creen DE VERDAD que van por buen camino, cuando no es así. La historia de la humanidad nos enseña que si no se mueve todo a la vez, la cabeza tira del tren, pero se cae la mitad de la carga en curvas y baches. Si el camino es largo, como en este caso, llegará a término la locomotora, pero sin casi nada ni nadie detrás. Y lo siento, yo no sé pensar así, no puedo. «La política es el arte de lo posible», decía no sé quién. Yo comparto más una máxima de mayo del 68: «¡Sed realistas, pedid lo imposible!»

        Por otro lado, me parece imprescindible entrar en esa cuestión, duela a quien duela (porque dolería). Estamos hablando de incidir en los valores que se transmiten generacionalmente, claro. Estamos hablando de una sociedad que presupone el atractivo físico como un valor casi exclusivamente para las niñas, porque a) se plantea como fundamental para la autoestima e identidad social de la mujer, y b) se enseña a TODAS las niñas que el efecto de su imagen abre puertas que sólo ELLAS pueden abrir. No sé cuál de los dos aspectos de este «valor sexual» es más terrible, pero sin duda es algo que no se enseña a los niños, y no me cabe duda de que, mientras eso siga así, los hombres serán siempre compradores y las mujeres siempre vendedoras de sexo. Y que nadie me diga «eso está cambiando», porque NO es cierto. Lo que a cualquiera se le ocurre que una mujer puede hacer con el piropo de «¡guapa!» no es ni por asomo lo mismo que viene a la mente cuando el mismo piropo va dirigido a un hombre.

        ¡Ojo! Soy perfectamente consciente de que acabo de plantear una definición de «prostitución» mucho más allá de prostíbulos o polígonos industriales. AFIRMO que un «braguetazo» también es prostitución, como lo es un ascenso obtenido mamando pollas bajo los escritorios de las oficinas. Me pasma cómo tantas y tantas madres se enorgullecen de cómo la belleza de sus hijas ha «merecido un buen marido», sin pensar ni por un instante que eso era puro y simple comercio sexual (de lujo, pero comercio). Cualquier beneficio, sea en dinero o en especie, obtenido mediante el valor que la sociedad otorga a un atractivo físico, casi siempre patrimonio del sexo femenino, ES comercio sexual. Y me da igual que el intercambio de ese valor por otros sea inconsciente, porque en TODOS los casos implica el estatu quo diferenciado entre hombres y mujeres arriba descrito.

        Sí, ya sé lo que algun@s estarán pensando: ¿quién le dice ahora a Tita Cervera o a Marina Castaño que son unas putas? Yo misma si hace falta, y cuidadín, que si me demandan por difamación estas u otras señoras de la «jet», pienso argumentarlo tan bien que el juez no podría condenarme ni en costas. Lo que es, es, y tiene nombre, porque existe desde hace mucho mucho tiempo. Aunque la mona se vista de seda… mona se queda. Lo único que quedaría por argumentar, en éste y otros muchos casos, es aquello del amor… Pero no, no caeré en esa trampa. Al menos no en este punto del debate, porque creo, lisa y llanamente, que se trata de otro debate.

        Estoy diciendo, sí, que no podemos seguir educando a nuestros vástagos así. Estoy diciendo que sin una revolución cultural MUY radical no podemos hacer NADA. La cultura humana (no sólo la occidental, por desgracia) se ha atrincherado en unos parámetros que van del machismo más misógino a la guerra de sexos más encarnizada. Las mujeres siguen hablando de la maternidad como seña de identidad, incluso en términos de superioridad sobre los hombres, y nadie se atreve a callarles la boca o preguntarles de qué van. Las mujeres maduras se deprimen hasta el borde del suicidio cuando los hombres dejan de mirarlas, y nadie las llama gilipollas. Los hombres siguen clasificando a las mujeres entre «madres» y «putas», y nadie los lleva a juicio por eso. A ningún padre le llama la atención que su hijo, por guapo que sea, tiene que hacer juegos malabares, incluso en contra de sus principios, para que las chicas se fijen en él, mientras que ellas, manejan el mercado sexual como les da la gana. Joder, ¿es que nadie se da cuenta de ese desequilibrio tan garrafal, evidente en el entorno más inmediato?

        Vaaale, ha habido bastantes cambios a mejor en este sentido, pero el núcleo del problema sigue sin moverse ni un ápice, y no veo que se estén movilizando demasiadas fuerzas para romper esos moldes. Soy muy pesimista en cuanto a la prostitución a consecuencia de ello. Unos la entienden como natural (y está claro que no lo es), o al menos como intrínseca a la cultura humana, cuyos valores no se plantean siquiera intentar cambiar. Otros la entienden como indigna y estigmatizante, un juicio moral que puedo compartir o no, pero que no resuelve el problema porque éste reside en la educación de niños y niñas en igualdad real, donde juicios y estigmas no sirven de nada.

        No pretendía con este larguísimo comentario resolver la cuestión (no soy tan ingenua), ni siquiera proponer soluciones viables (no soy tan atrevida). He visto tu comentario, me ha gustado, y como he leído el artículo de Bea, antigua compañera del COGAM, me animé a escribir sobre el tema. Espero no haber molestado a nadie, y si es así, lo siento, es mi opinión. Como profesora y como historiadora de lenguas, es así como lo veo: a MUY largo plazo.

        1. Olga Baselga

          Mis disculpas: en donde está la barra blanca al principio de mi comentario, debería estar esta la siguiente cita del texto de Nacho. A veces me patina el html 🙂

          «Solo en una sociedad donde las demandas de sexo/afecto entre mujeres y hombres fueran paralelas se produciría esa desaparición. Y eso, ni siquiera con los avances que supuso para ambos sexos la liberaci´n sexual de la mujer en los últimos años lo ha conseguido.»

        2. Guy

          Hola, soy Nacho. No tengo ahora mismo tiempo para responderte a todo, además, a muchas cosas, sinceramente no sabría responderte. No soy experto en el tema, solo soy un aficionadillo a la que la cabeza le da vueltas con ciertos temas culturales y humanos, uno de ellos (solo uno de ellos) es lo de la prostitución.
          Pero te doy las gracias por desarrollar el post, y hay algo en lo que no se si estoy de acuerddo contigo o no. Sería entonces tu pregunta ¿¿TENEMOS LOS HOMBRES Y MUJERES SEXUALIDADES DISTINTAS, QUE EN DETERMINADAS CONDICIONES SE PRODUZCAN SITUACIONES DONDE LAS MUJERES OFRECEN ALGO QUE SABEN QUE LOS HOMBRES DESEAN Y POR LO TANTO PONEN PRECIO(el que sea, no solo dinero, bodas, ascensos, favores etc)??¿¿SON LAS NECESIDADES DE HOMBRES Y MUJERES DISTINTAS CON RESPECTO AL SEXO??¿¿Y SI LO SON (COMO CREO QUE ES EVIDENTE) ES DEBIDO A UN CONSTRUCTO EXCLUSIVAMENTE CULTURAL/ECONÓMICO O EXISTEN OTROS FACTORES??? Creo que como dices esa pregunta estaría también en la base del debate, sin obviar las circunstancias culturales, económicas y demás, qeu evidentemente también influyen. LA pregunta, también sería esta ¿¿TIENEN LOS HOMBRES LA NECESIDAD CULTURAL O INNATA DE INCLUSO PAGAR POR ALGO QUE SE CONSIDERARÍA NATURAL Y NO SOMETIDO A PRECIO???. Sinceramente creo que los análisis que he visto sobre la clientela pecan de una extremada posición a priori, y cuando no los consideran violadores directametne, les llaman incompetentenes emocionales, incapaces de tener sexo en una relación de igualdad (¿¿las mujeres quieren siempre relaciones sexuales «en igualdad»??) etc etc, porque parten de una base moralista donde dividen el fenómeno en buenos y malos, victimas y verdugos (como hace gran parte del feminismo actual). ¿¿porque, como bien dices, no entra en el debate que el poder sexual, la última palabra, la decisión final SIEMPRE está de mano de las mujeres???Yo no se si eso es injusto, no equitativo, desigual, discriminatorio, etc. Solo se que es así. Lo acepto. A mi no me ha ido mal en ese sistema de «petición-negación-telocurras-igualloconsigues», pero a muchos hombres, hombres normales y corrientes, no abyectos seres con cuernos y la palabra machista tatuada en su hombro, ese sistema les produce cuando menos ansiedad. ¿¿estoy derivando el tema o es algo que también debe ser tenido en cuenta en los análisis sobre prostitución??

          Un afectuoso saludo.

    3. Guy

      Y otra cosita, pides que una persona reglamentarista cambie su opinión o empatice con el aboliionismo despues de leer tu libro. No se si esa es tu intención, la de captar a las filas abolicionistas a los regulacionistas. Podrías pedir también qeu las abolicionistas aceptaran propuestas o vieran con otros ojos a las regulacionistas.

    4. Ileana

      Pienso lo mismo con este tema que con respecto a las drogas, el aborto, o cualquier acción humana posible, que ocurrirá igualmente aunque se prohíba:

      La base debe ser la legalización (lo cual impida o minimice las mafias, la insalubridad, la explotación, la marginación social…) que debe ir indisolublemente acompañada de educación afectiva, emocional y sexual; salud mental y emocional; autoestima y empoderamiento; igualdad de oportunidades (no sólo de género, también y sobre todo de clase); crianza amorosa, respetuosa y sana; libertad y conciencia.

    5. María

      (El comentario de Que Grande vuelve a ser la descalificación fácil y gratuita de personas que no piensan como yo. No entiendo lo que dice esta persona o lo entiendo demasiado, la actitud de gente que no quiere pensar, que prefiere quedarse en sus ideas ancladas e insultar).

      Respecto al tema de la prostitución, me parece muy bien hablar de un problema tan complejo, aunque sea una prostitución consentida (que supongo que es minoritaria).

      Por mi parte sería el único trabajo que nunca me gustaría tener que hacer, tener sexo con alguien por dinero. El sexo lo asocio con el amor y ahí no entra el dinero.

      Hay mucha gente que se ve obligada a hacerlo. Hay muchas mafias, se decía que se mueve tanto dinero como la droga. No sé si se les preguntara se podría ver que opinan, si prefieren hacer ese trabajo o hacer otra cosa.

      Supongo que lo que hay que perseguir es el delito del tráfico de personas, de obligar a hacer una actividad en contra de su voluntad.

      1. hombre...

        Uno de los problemas para mi es justamente esa frase la de «el sexo lo relaciono sólo con amor», cuando no tiene porque serlo.

        Yo lo tengo claro, la dignidad lo pone cada cual… otra cosa es que estoy de acuerdo que hay que trabajar para erradicar el tráfico de personas y todas los males que vienen de esto.

        Y seguramente si preguntáramos a muchas nos sorprenderíamos. Aunque en caso de las mujeres, habría que preguntar a muchas si están de acuerdo con lo que hacen. Ya que, no se, si el tema de los cuidados está mucho mejor.

        un saludo

        1. Beatriz

          ¿El sexo lo relaciono sólo con amor? Yo prefiero pensar que el estándar ético con que se debe juzgar el sexo es el consentimiento, no el amor.

          Además la idea de sexo SOLO por amor me parece un tanto triste, es una idea dentro del marco de “me entrego por amor” que a mí me suena poco libertaria, porque una mujer no puede simplemente dormir con alguien solo por deseo, por diversión, por soltar estrés, etc.

          No me gusta pensar en la vagina como un orificio por el que pasa el amor para las mujeres, o el respeto y la dignidad de estas.

    6. Mayte Mederos

      El tema es más que interesante por sí mismo. Pero viniendo de ti, este libro es garantía además de trabajo bien hecho, serio, honesto y valiente. Ganitas de leerlo ya!!

    7. lui

      La prostitucion no creo que se pueda entender desde el doble analisis: patriarcado y conflucto de clase. En el momento en el que se pierde la perspectiva de clase se quedda sin argumentos el abolicionismo. A este respecto es clara la escena de Noveccento con la «puta»

      1. Lui

        quise decir que no creo que se pueda entender sin ese dobre análisis

        1. Alberto B Ilieff

          Lui
          acuerdo totalmente, no se puede deshistorizar el tema de la prostitución. Decir que siempre ha existido o existirá significa sacarla de contexto, del momento histórico que la explica. Si actualmente existe es porque hay condiciones sociales que lo posibilitan. Estas son el patriarcado y también el capitalismo en su etapa neoliberal -quizá responsable del incremento de esta actividad. En esto debemos incluir la cuestión de las clases sociales y también otros parámetros como los étnicos y aún los religiosos.
          El reglamentarismo obvia todos estos temas y supone muy inocentemente que la reglamentación eliminará mágicamente todas estas condiciones de vulnerabilidad -de hecho, ya en la realidad, como es la holandesa, se ha demostrado que no solo no se eliminan sino que se intensifican.
          Alberto B Ilieff

    8. ELA CROBART

      Plantear un discurso desde la complejidad, bien, pero acabar diciendo: «Me contentaría con que alguna persona partidaria de la regulación se replanteara su posición, o al menos, la matizara después de leer este libro», ¿de que va esto? ¿Un giro dialectico con el objetivo de garantizar su posición dominante en el discurso?.

      Me hubiera gustado saber un adelanto de soluciones intermedias, acuerdos, vamos mojarse un poco más, ya que la posición de las regulacionistas ya esta matizada, porque no es la dominante.

      1. Beatriz Gimeno

        No veo el problema. No he adelantado soluciones porque, en realidad, el libro no las da; no es el objetivo del libro. El libro lo que hace es tratar de abrir el debate por nuevos caminos. Pero no es un engaño yo soy abolicionista (aunque no me gusta mucho la palabra) Soy una abolicionista que en algunos aspectos está de acuerdo con algunas tesis regulacionistas y nada de acuerdo con algunas tesis abolicionistas. ¿Es que es imposible? Pero desde luego parto del abolicionismo y trato de terminar en él por distintos caminos a los habituales. Sí que creo que la tesis regulacionista es la dominante, aunque no la dominante institucionalmente. El bolicionismo se mantiene en las instituciones gracias al feminismo institucional, pero en el feminismo no institucional es la tesis dominante y, seguramente, lo es también socialmente si excluimos a sectores muy conservadores o religiosos. El sector de la derecha liberal es regulacionista y una gran parte de la izquierda no especificamente feminista lo es también.

        1. ELA ACROBART

          Gracias por su aclaración.

          Deseo pues que las instituciones y la multiplicidad de opiniones de la sociedad a la que representan ( especialmente las voces de lxs trabajadorxs sexuales libres) se abran también a dicho debate.

    9. Beatriz Gimeno

      Me gustaría participar aunque yo haya escrito el libro. Me alegra ver que es posible discutir en profundidad reconociendo la complejidad del asunto, algo que no suele hacerse en el debate público, demasiado polarizado y simplificado.Yo misma tengo muchas dudas o, más bien, tengo dificultades para abarcar todas las aristas. Estoy de acuerdo con Olga en que el aspecto central (o uno de ellos al menos) del asunto es la disparidad en las construcciones sexuales de hombres y mujeres. Y siendo el tema central no es el más abordado sin embargo, yo he intentando abordarlo en el libro. No se puede hablar de prostitución sin hablar de cómo se construye la sexualidad masculina. Lo que no se puede argüir es que la prostitución siempre existirá, eso no es cierto. Hay muchas sociedades en las que la prostitución no existe y tampoco es verdad que haya existido siempre;la prostitución tiene una historia ni es atemporal ni ahistórica, como tiende a concebírsela.

    10. Krmen Freixa

      No podemos enseñar igualdad en las escuelas si al salir de ellas las mujeres pueden ser compradas y traficadas.
      Decir que alguien se dedica a prostituirse libremente es admitir que nos parecen bien las desigualdades sociales que promueven que haya personas que solo tengan como recurso de trabajo el reducto de la intimidad de su cuerpo.
      Admitir que las mujeres pueden ser compradas es admitir que las mujeres pueden ser traficadas; por supuesto siempre las de países esquilmados por el primer mundo o las parias sociales del primer mundo.
      Creer que alguien puede comprar a otra persona para que la sirva sexualmente es admitir y dar por supuesto que hay personas nacidas para ser esclavizadas.
      ¿Admitiríamos un contrato «libre» de esclavitud entre dos personas? ¿Nos plantearíamos discutir sobre si hay personas que «libremente» quieren ser esclavas?
      Y lo pero de todo es que en el tema de la prostitución oímos desgranar los mismos comentarios hirientes para la condición ciudadana de las mujeres que los que se oían cuando la sociedad comenzó a considerar que la violación era una agresión o que la violencia sexista debía ser castigada. ¿nadie recuerda aquellos argumentos de : es que hay mujeres que les gusta que les peguen, es que si siguen con su agresor es que en el fondo les gusta… y otros similares? Hoy sabemos que padecen Síndrome de Estocolmo, estrés post-traumático….

      1. Guy

        Ejemplo claro de lo que antes dije. Es imposible establecer diálogo con personas que afirman tan categóricamente esto que dice Krmmen Freixa. Es imposible. Yo desisto vaya. No hay posibilidad de punto de acuerdo o de fuga. Los conceptos son distintos. ES como discutir con un creyente qeu dios no existe, es imposible convencer ni mover posiciones.

    11. Beatriz Gimeno

      Yo, que soy abolicionista, creo, sin embargo que hay que dejar ya de lado el asunto del consentimiento. No sé si alguien elige ser prostituta pero supongo que depende de sus opciones. Seguramente ser prostituta de lujo está mejor que limpiar baños y que trabajar en una maquila. Creo que las que nunca nos hemos visto en esas circunstancias no podemos saber si preferiríamos trabajar en una maquila doce horas por un sueldo de mierda o venir aquí a prostituirse y tener así la posibilidad de mandar a una hija a la universidad para que no se vea nunca ante esa disyuntiva. Una amiga mía prostituta me lo dice así y lo entiendo. Yo, seguramente haría lo mismo. Las pobres no eligen casi nada, ni esto ni nada. Las ricas eligen más. Nadie elige ser pobre. Seguir insistiendo en el tema del consentimiento hace que nadie entienda nada y que mucha gente se decante por el regulacionismo. El problema de la prostitución no es si se puede elegir o no el problema es el significado que tiene para la sociedad en general y para la igualdad entre los sexos en particular. El problema es el de que la prostitución «certifica» la desigualdad práctica y simbólica porque además «certifica» que existen dos tipos de sexualidad, cosa que yo niego. Y porque no se puede pensar en una sociedad igual mientras persista una institución que se creó, precisamente, para asegurar y reificar la desigualdad.

      1. Guy

        Si dejamos de lado el tema del consentimiento, estamos dejando de lado la MAYOR de las cuestiones con respecto a la prostitución. La mayor. Si, ya se que es un debate que no conviene mover al abolicionismo, que prefiere moverse en terrenos mucho más ideológicos, más etéreos si quieres, más digamos «a largo plazo». Pero la realidad es la que es. Admitir la voluntariedad en el ejercicio de la protitución, una realidad palpable, no conviene al abolicionismo, claro. Y cuando la admiten la matizan, que si es por pobreza, por desconocimiento, por ingnorancia, por ser «victimas del patriarcado» etc etc etc. Argumentos que por ejemplo no se ponen nunca cuando se abordan los motivos de una mujer para abortar a la que simplemente se dice «su cuerpo es suyo y ella decide» (e insisto, para que no os lanceis a mi yugular que estoy a favor del aborto, por los mismos motivos por lo que lo estais vosotras).

        ESto, en el fondo, es una guerra (y utilizo este término, si) de VALORES. Los que priorizamos el valor de la libertad individual, en contextos de respeto, legalidad y elección, y los que sujetan esa libertad a digamos «valores más altos» como puede ser la igualdad entre hombres y mujeres, que creo que va más allá de lo que yo considero igualdad de oportunidades.

    12. Guy

      Entonces te pregunto Beatriz. Si tu que eres una Abolicionista «sui géneris» (a veces tan sui géneris que dudo que seas abolicionista, aunque a ti misma te lo llames, dios sabe porqeu motivos) ¿¿cuales serían las medidas a tomar por la sociedad en su conjunto para qeu la prostitución desapareciera??. Bien, podríamos empezar por la medidas clásicas abolicionistas, penalizar el cliente, criminalizar la actividad, etc etc. Ok. ¿¿acabaría eso con la prostitución en pisos por ejemplo?? EVIDENTEMETNE NO. Es más, esa modalidad aumentaría exponencialmente, ya que en los pisos, en la intimidad, la ley no puede entrar. Eso si, podrían poner una policía del sexo y vigilar o grabar a los hombres que entraran en ese piso, presuponiendo que tienen sexo de pago y detenerles. Aunque hayas ido a entregar el butano. No reduce la demanda. Solo la esconde y la criminaliza. Al demandante y a la oferente. A ambos.

      Dos. Actividades educativas. Crear estructuras donde haya igualdad de oportunidades entre hombre y mujeres y estas no tuvieran que recurrir a la prostitución para ganarse la vida. Desaparecería la oferta, y por tanto la demanda?? Seguiría habiendo demanda??? Claro que si, por lo tanto, ante una demanda fuerte, volvería a haber prostitución, de otra manera, disfrazada, más cara, incluso a lo mejor sin la carga estigmatizante que ahora tiene. Mira, esta podría ser una buena salida. ¿¿tiempo de ejecución??? indeterminado. LA igualdad pura de oportunidades entre hombres y mujeres está en el mundo aún demasiado lejos, si bien en muchos sitios, como europa y los países occidentales se han llegado a unos niveles aceptables.

      Tres. Admitamos su existencia. Admitamos que en un mundo de desigualdades la prostitución, como ejemplo de la misma (como tantos y tantos otros ejemplos, podríamos irnos casi casi hasta la propia existencia del trabajo asalariado), puede organizarse de modo que los daños que su desorganización produce, se minimizaran a tope. Una buena regularización, que prohíba por ejemplo el trabajo a terceras personas y potencie el autoempleo, las cooperativas, las uniones libres entre personas que deseen expresamente dedicarse a la prostitución en el ejercicio de sus libertades y DERECHOS de hacer con su cuerpo lo que les da la real gana. Y que esos derechos EMPONDEREN (palabra que tanto gusta) a las mujeres y hombres que se dedican a ello, durante el tiempo que quieran, y con las condiciones que ellos elijan. Este modelo, no tiene porque ser el clásico y demonizado modelo holandés (se olvidan del alemán o del australiano) pero puede llamársele regulacionista. Estaríamos entonces en un estado que no solo no juzga ni regula la expresión personal de la sexualidad, sino que apoya y protege a todos sus ciudadanos de los peligros que pueden tener (y que los regulacionistas no negamos) dicha actividad.

      ¿¿con cual de estas propuestas estarías más a gusto Beatriz??

    13. Ibán

      «Esto, en el fondo, es una guerra (y utilizo este término, si) de VALORES. Los que priorizamos el valor de la libertad individual, en contextos de respeto, legalidad y elección, y los que sujetan esa libertad a digamos “valores más altos” como puede ser la igualdad entre hombres y mujeres, que creo que va más allá de lo que yo considero igualdad de oportunidades.»

      Esto que afirma la persona que firma GUY es una forma totalmente sesgada de entender los planteamientos que Beatriz Gimeno desarrolla en su libro acerca de la libertad individual y de la igualdad entre los sexos. Tanto la libertad como la igualdad son cuestiones que se pueden abordar desde la ética, y que examinándolas desde una perspectiva tal pueden guardar relación entre sí, y esto es precisamente una de las cosas que Beatriz trata de plantear y desarrollar en su libro, a mi entender.
      Beatriz no es una feminista antiprostitución al uso como -me parece- pretende la persona que firma GUY.
      Personalmente llevo un buen número de años leyendo, estudiando y reflexionando sobre la prostitución, especialmente interesado en los aspectos éticos y «políticos» del asunto, y en base a esto y tras haber leído ya partes del libro de Beatriz Gimeno, me atrevo a afirmar que ella consigue con sus planteamientos y análisis abrir algunos puntos de fuga en un debate pro-prostitución – abolicionismo que se a acabado viendo que en nuestro país ha colapsado.

      Su libro está muy bien escrito (sus diferentes partes están muy bien sistematizadas y es una muestra de rigor intelectual y científico).

    14. alfa

      Habría mucho que rebatir, por eso iré al punto más débil que yo considero que tiene la postura abolicionista.

      Y es que me pregunto, si el derecho lo que hace es regular una realidad social, aunque haya solo 1 persona por cada 40 millones que quiera libremente comerciar con su sexualidad, porque ética cada unx tiene la suya ,y estando por tanto en SU derecho por muy minoría que sea, de recibir dinero a cambio de un trabajo realizado. ¿Por qué no se va a regular?
      ¿¿Desde cuando no se regula algo por ser minoritario??

    15. tututu

      El que se hace llamar Nacho es el prepotente Iganasis Pons, como se nota que tiene buena posicion y puede permitirse soltar ese lujo de sandeces que suerte el muy analfabeto-

    16. Irma

      Hola, personalmente,a mi este tema me parece vergonzoso..creo que nadie es quien de juzgar a una persona por prostituirse, para mi siempre que sea algo voluntario es tan respetable como el que más. Creo también que cada uno es libre de trabajar con la parte del cuerpo que mas le apetezca (y no por eso nadie es menos que nadie ni se merece peor trato), y puestos a que es un trabajo creo que si que debería de estar regulado como cualquier otro para evitar mafias o explotaciones

    17. Nancy

      Soy latinoamericana y llevo mas de 10 años trabajando de prepago aca en España,no hará mucho tiempo que eramos muchas inmigrantes las que viviamos de «coger» con hombres ,y ahora que está la crisis muchas españolas que eran tan decentes trabajan de prepagos como yo ,incluso hacen cosas a sus clientes ,que yo no haria nunca ,luego resulta que son muy decentes cuando salen del trabajo y son amas de casa,una de estas españolas,buena amiga mia todo hay que decirlo ,es la que lleva toda la plata a su casa ,con su marido ya desempleado .

      1. Sussy

        Mi marido se quedó parado hace 2 años y tenemos 4 hijos y yo desde entonces ejerzo la prostitución y no me va mal,gano bastante dinero ,con lo que gané en 3 meses pagué la hipoteca,de algo tenia que servirme estar buena y ser guapa .

    18. Angel

      En estos debates casi nunca participan usuarios ni profesionales. Muchas veces opinan personas con información escasa o sesgada sobre el tema, que se fían de cifras sensacionalistas basadas en estudios de dudosa seriedad.

      Segun mi experiencia como cliente habitual desde hace años, pienso que:
      A) De esclavas sexuales, nada de nada: nunca he conocido una prostituta que no ejerciese voluntariamente. El nivel de necesidad para optar por esta ocupacion puede ser variable, pero todas las que he conocido ganaban mucho mas dinero ejerciendo esta profesión que en cualquier otra actividad compatible con su cualificacion profesional. Seguramente habrá explotación en ciertos sectores marginales, pero lo que vemos anunciado en los periódicos son profesionales libres, en el amplio sentido de la palabra. Lo que se ve en la calle también es un subsector minúsculo que nada tiene que ver con la generalidad en clubes de alterne y prostíbulos en pisos.
      B) mi experiencia como cliente es , en términos generales, muy satisfactoria. He conocido mujeres muy interesantes, algunas extraordinariamente inteligentes, buenas profesionales que practican un sexo realmente experto, ademas de ofrecer una compañía agradable. Nunca he tenido percepcion de estar comprando a nadie. Ni ellas de estar vendiéndose. Simplemente ofrecen un servicio que se paga. Todo con el mayor de los respetos. No veo por qué es digno limpiarle la caquita a una anciano y es indigno acostarse voluntariamente con una persona adulta a cambio de muchisimo mas dinero.
      C) la clasificación entre sexo moralmente aceptable y sexo vergonzante (el de pago) es eso, una clasificación moral. Yo no la comparto , porque pienso que se puede practicar sexo por muchos motivos, entre los que se encuentra las ganas de variar, de ganar mas dinero o por simple vicio.
      D) Me parece muy mal que se estigmatice a las prostitutas con la letanía paternalista y salvadora de las abolicionistas. Y se engañan quienes piensan que los clientes somos friquis anormales incapaces de mantener relaciones sexuales de otra manera. Yo estoy casado, tengo un nivel cultural alto y soy una persona amable, educada y sin ningún problema de relación. Voy con prostitutas porque mis necesidades sexuales son diferentes de las de mi mujer y porque me lo paso bien. Me niego a aceptar el rollo del sexo por amor y no se que reeducación.
      E) tengo algunas amigas prostitutas con las que he hablado del tema y en todos los casos los que opinan ellas es opuesto a la opinion de sus presuntas salvadoras. Ni quieren salvación ni que les digan lo que pueden o no pueden hacer.
      F) creo que lo mejor que se puede hacer es legalizarlo. Habrá ilegales que no quieran pagar impuestos, como hay mecánicos y médicos que también hacen trampillas con hacienda, pero así mejorara la situación de alegalidad de estas mujeres.
      G) no me gustan ni acepto lo consejos y prohibiciones de los curas. No voy a hacerlo con el rollo moral feminista.
      H) a los políticos. Por que opinan y legislan sin preguntar a las principales implicadas?

    19. Dani

      Quizá el problema de legislar sobre algo tan personal como la prostitución sea que lo que entra en conflicto es la ética personal con la moral colectiva (o de diferentes colectivos, corrientes de opinión que existen). Moral es el conjunto de normas que una sociedad o un grupo social ha establecido sobre el comportamiento de los individuos que forman parte de esa colectividad. Ética hace referencia más bien a la reflexión personal; a las preguntas de por qué hago lo que hago y por qué no hago lo que no hago. La ética es también una reflexión sobre la moral o las morales presentes en una sociedad. Abolicionistas y regulacionistas no se pueden poner de acuerdo al 100% porque estamos hablando de la ética de cada cual. Casi ná. Pero sí hay puntos en común relacionados con los derechos humanos: no a la trata de personas, ninguna coacción a la prostituta, seguridad para las chicas, garantías higiénicas… Es difícil, pero habrá que intentar ponerse de acuerdo en algo, para que haya el menor desbarajuste posible.

    20. Raquel

      Beatriz,
      coincido con tu posicionamiento y comparto las dudas y contradicciones que se plantean a la hora de intentar tomar posición en un tema tan complejo como este. Pertenezco a una organización de Mujeres de Argentina que se llama Mujeres de la Matria Latinoamericana – MuMaLa, nos interesa contactarte para futuras actividades a que mail te podemos escribir?.
      También nos interesa adquirir el libro, sabés si lo estan vendiendo en Buenos Aires?
      Abrazos

    21. un asturiano entre aproximadamente un millón

      Por si a alguien le interesase conocer mi opinión sobre el testimonio autobiográfico que Grisélidis Réal (mujer que ejerció prostitución a lo largo de varias décadas y pionera en Europa del activismo pro-derechos) dejó en su libro “El Polvo Imaginario».

      .En este libro -que es la correspondencia mantenida entre agosto de 1980 y diciembre de 1991 entre Grisélidis Réal y un periodista, Jean-Luc Hennig- esta mujer (participante en la revuelta francesa de 1975 y pionera del activismo, en Europa, por los derechos de las prostitutas durante la década de 1980) ofrece un testimonio más o menos abundante, de lo siguiente:

      – Su manera de vivir y sentir cotidianamente su “oficio”, la prostitución.

      – su percepción y valoración de los hombres que son sus clientes.

      – sus ideas acerca de las relaciones humanas, del amor entre las personas; del sexo.

      – Su visión de la sociedad (de la suya) y de la posición que ella tiene en ella en tanto que trabajadora, en tanto que ‘prostituta’ y como ‘prostituta militante’.

      Después de conocer ese testimonio de prostitución (y de haber leído otros documentos de carácter autobiográfico de otras mujeres en prostitución), a mí me parece lo siguiente:

      – Grisélidis Réal, nacida en 1929, realizó durante décadas, desde los años 60, prostitución (prolongando esta actividad hasta una edad bastante avanzada).

      – A Grisélidis Réal la actividad prostitutiva en sí misma llegó a cansarla de manera importante, pero sin embargo ella se mantuvo en el activismo a favor de considerar a la prostitución un trabajo, y a favor de los derechos de las prostitutas (esto creo que es una cierta contradicción).

      – Creo que esta mujer (al menos en su madurez) vivió en una situación de exclusión social evidente. Esto se concretó en el caso de esta mujer en el aislamiento social. Grisélidis vivió en una importante soledad y trataba de suplir esta con cosas como la ingesta cotidiana y abundante de bebidas alcohólicas, la escucha de música (como otra forma de evasión) y el auto-engaño; aparte de las “confesiones” que le hacía a su confidente Jean-Luc Hennig por vía epistolar.

      – Grisélidis se debate en una permanente contradicción a la hora de pensar en el significado que tiene su trabajo cotidiano de atender sexualmente a los hombres (a ciertos hombres) y pretender defender, al mismo tiempo, la prostitución como un trabajo. Esta contradicción permanente pienso que ella no consigue resolverla. Para mí ella está en un estado que podríamos denominar de ‘esquizofrenia moral’.

      Asimismo, la actitud moral predominante en Grisélidis es la de desprecio o sino completa indiferencia hacia la mayoría de los hombres(hacia prácticamente todos los que ella trata cotidianamente). Su tendencia predominante es la de cosificarlos y asimilarlos unos a otros como idénticos. Y a la vez ella racionaliza sus múltiples interacciones con ellos, infantilizándolos; estereotipando y prejuzgando, en definitiva. No es cierto que ella ame a los hombres, aunque ella en algunas de las cartas que le escribe a Hennig se auto-engañe y diga que el sexo prostitucional es su forma de amarlos.

      – Grisélidis Réal se muestra como una persona con una cierta capacidad crítica y sensibilidad hacia las desigualdades e injusticias observables en la sociedad, pero al mismo tiempo como alguien bastante antisocial, alguien con un exceso de egolatría e individualismo, y como una escéptica-descreída de todo. Así deja entreverlo en bastantes de esas cartas que le envió a su confidente.

      – Grisélidis Réal me parece que en «El Polvo Imaginario» se muestra como alguien con enorme dificultad para querer a personas en particular, ni para querer realmente a nadie, probablemente porque ella no es capaz de quererse a sí misma en realidad.

      – Posiblemente, las instituciones que tienen que ver con la atención social de los distintos lugares en los que vivió Grisélidis Réal a lo largo de su vida, no la trataron ella con justicia. No le dieron a ella la justicia a la que tendría derecho ni le facilitaron a ella la atención que como ciudadana o como persona o como madre de cuatro hijos ella se merecía viviendo en tales países.

    22. un asturiano entre aproximadamente un millón

      Por si a alguien le interesase conocer mi opinión sobre el testimonio autobiográfico que Grisélidis Réal (mujer que ejerció prostitución a lo largo de varias décadas y pionera en Europa del activismo pro-derechos) dejó en su libro “El Polvo Imaginario”.

      .En este libro -que es la correspondencia mantenida entre agosto de 1980 y diciembre de 1991 entre Grisélidis Réal y un periodista, Jean-Luc Hennig- esta mujer (participante en la revuelta francesa de 1975 y pionera del activismo, en Europa, por los derechos de las prostitutas durante la década de 1980) ofrece un testimonio más o menos abundante, de lo siguiente:

      – Su manera de vivir y sentir cotidianamente su “oficio”, la prostitución.

      – su percepción y valoración de los hombres que son sus clientes.

      – sus ideas acerca de las relaciones humanas, del amor entre las personas; del sexo.

      – Su visión de la sociedad (de la suya) y de la posición que ella tiene en ella en tanto que trabajadora, en tanto que ‘prostituta’ y como ‘prostituta militante’.

      Después de conocer ese testimonio de prostitución (y de haber leído otros documentos de carácter autobiográfico de otras mujeres en prostitución), a mí me parece lo siguiente:

      – Grisélidis Réal, nacida en 1929, realizó durante décadas, desde los años 60, prostitución (prolongando esta actividad hasta una edad bastante avanzada).

      – A Grisélidis Réal la actividad prostitutiva en sí misma llegó a cansarla de manera importante, pero sin embargo ella se mantuvo en el activismo a favor de considerar a la prostitución un trabajo, y a favor de los derechos de las prostitutas (esto creo que es una cierta contradicción).

      – Creo que esta mujer (al menos en su madurez) vivió en una situación de exclusión social evidente. Esto se concretó en el caso de esta mujer en el aislamiento social. Grisélidis vivió en una importante soledad y trataba de suplir esta con cosas como la ingesta cotidiana y abundante de bebidas alcohólicas, la escucha de música (como otra forma de evasión) y el auto-engaño; aparte de las “confesiones” que le hacía a su confidente Jean-Luc Hennig por vía epistolar.

      – Grisélidis se debate en una permanente contradicción a la hora de pensar en el significado que tiene su trabajo cotidiano de atender sexualmente a los hombres (a ciertos hombres) y pretender defender, al mismo tiempo, la prostitución como un trabajo. Esta contradicción permanente pienso que ella no consigue resolverla. Para mí ella está en un estado que podríamos denominar de ‘esquizofrenia moral’.

      Asimismo, la actitud moral predominante en Grisélidis es la de desprecio o sino completa indiferencia hacia la mayoría de los hombres(hacia prácticamente todos los que ella trata cotidianamente). Su tendencia predominante es la de cosificarlos y asimilarlos unos a otros como idénticos. Y a la vez ella racionaliza sus múltiples interacciones con ellos, infantilizándolos; estereotipando y prejuzgando, en definitiva. No es cierto que ella ame a los hombres, aunque ella en algunas de las cartas que le escribe a Hennig se auto-engañe y diga que el sexo prostitucional es su forma de amarlos.

      – Grisélidis Réal se muestra como una persona con una cierta capacidad crítica y sensibilidad hacia las desigualdades e injusticias observables en la sociedad, pero al mismo tiempo como alguien bastante antisocial, alguien con un exceso de egolatría e individualismo, y como una escéptica-descreída de todo. Así deja entreverlo en bastantes de esas cartas que le envió a su confidente.

      – Grisélidis Réal me parece que en “El Polvo Imaginario” se muestra como alguien con enorme dificultad para querer a personas en particular, ni para querer realmente a nadie, probablemente porque ella no es capaz de quererse a sí misma en realidad.

      – Posiblemente, las instituciones que tienen que ver con la atención social de los distintos lugares en los que vivió Grisélidis Réal a lo largo de su vida, no la trataron ella con justicia. No le dieron a ella la justicia a la que tendría derecho ni le facilitaron a ella la atención que como ciudadana o como persona o como madre de cuatro hijos ella se merecía viviendo en tales países.

    23. Debate - Julio

      Me parece que la prostitución es una forma de vivir para aquellos que «elijen» ejercerla y lo que deberiamos plantearnos es si hay opciones para esas mujeres, ademas de otras cosas que trae esta profesión que no tienen nada de bueno.
      Cambio cultural, opciones de vida.Primero

    24. asturiano

      ¿Por qué la demanda y consumo de prostitución del tipo medio y alto standing puede resultar nocivo para los hombres que son clientes recurrentes?

      Una hipótesis sencilla que se me ocurre es la siguiente:

      1) Las mujeres o chicas en contextos de prostitución suelen relacionarse con los hombres que son sus clientes desarrollando roles de servidoras (afectivas, sexuales). De esta manera aquellos hombres que se socializan preferentemente con mujeres en tales contextos se acaban por acostumbrar a ser tratados por las mujeres de una manera tan ajustada a lo que ellos desean o exigen a esas mujeres, que luego, en sus vidas cotidianas, cuando esos mismos hombres se encuentran o relacionan con mujeres no de pago, tienen unas expectativas en relación al trato que estas puedan dispensarles que están fuera de la realidad; unas expectativas o exigencias que son demasiado elevadas.

      Teniendo en cuenta que:

      2) las mujeres actuales -o cada vez un número mayor de ellas- tienen una identidad y unas subjetividades que cada vez las hace ser menos serviciales y subordinadas a las necesidades y deseos de los hombres, por lo que siempre va a suceder que ellas no se ajusten a todas las expectativas y deseos de los hombres de hoy. Estas mujeres modernas (o al menos con identidades sincréticas en el sentido de Marcela Lagarde- se muestran con frecuencia como personas independientes, que se atreven a mostrarse con sus particularidades ante los hombres y que cada vez toleran menos el tener que ser como los demás esperan de ellas.

      En consecuencia:

      3) en la medida en que los hombres que son clientes recurrentes esperen de las mujeres a las que no pagan que se encuentran en sus vidas cotidianas, lo mismo que ellos consiguen de las mujeres en contextos de prostitución, tales hombres fracasarán una y otra vez con las ‘mujeres no prostitutas’, lo que a su vez realimentará el ciclo de consumo de prostitución de esos varones.
      Este es uno de los sentidos en los que me parece posible afirmar que una práctica social como la prostitución contribuye al mantenimiento de las desigualdades entre los sexos; a la misoginia y/o violencia contra las mujeres (en algunos casos), y a la infelicidad innecesaria (por evitable) en una parte de los hombres

      -Creo además que la mayoría de las mujeres de nuestra sociedad nunca se han parado a pensar en esta dialéctica, y que por esta razón una parte de ellas incluso -por ejemplo las neofeministas que se han posicionado rápidamente en el sector pro-derechos, quizás para afianzar su identidad colectiva como feministas o algunas psicólogas a las que he podido escuchar- no problematizan en absoluto la demanda y consumo de prostitución. Creo que ellas adoptan aquí una postura individualista con un pensamiento del tipo de que:
      “mientras haya ‘trabajadoras del sexo’ que, voluntariamente, atiendan a una parte significativa de los hombres, pues perfecto, esto es algo bueno por partida doble para el conjunto de las mujeres: además de haber toda una serie de mujeres pobres que mejoren sus situaciones socio-económicas, todas las mujeres en general están más liberadas de hombres pesados, moscones, acosadores sexuales, o machistas en alto grado.

      Esta ética yo no la comparto; me parece una mala ética: una ética que es utilitaria e individualista (egoísta) en exceso; una ética que, parafraseando a Simone de Beauvoir, NO consigue “liberar la libertad” de todos y todas.

      Saludos.

    25. asturiano

      Creo además que, por una parte, el feminismo español, y más en general los análisis feministas sobre la prostitución que han llegado a nuestro país, y por otra los movimientos de hombres por la igualdad que hay en España, han cometido un grave error al acercarse a la comprensión de un fenómeno como la prostitución con las únicas herramientas conceptuales que les ha aportado la perspectiva de género.
      PARA ENTENDER SUFICIENTEMENTE LA PROSTITUCIÓN ES PRECISO SABER DE MATERIAS DE CARÁCTER GENERAL COMO SON LA HISTORIA, LA SOCIOLOGÍA -Y LA SOCIOLOGÍA DE LA PROSTITUCIÓN Y LA DE LA AFECTIVIDAD/SEXUALIDAD, LA TEORÍA DE LA ANOMÍA SOCIAL DE ROBERT K. MERTON-, ASÍ COMO TAMBIÉN LAS APROXIMACIONES QUE LOS MORALISTAS HICIERON A LO LARGO DE LA HISTORIA A DICHO FENÓMENO (ESAS APROXIMACIONES CLÁSICAS AL FENÓMENO DESDE LA MORAL ME PARECEN ALGO FUNDAMENTAL, POR LA SABIDURÍA ALMACENADA, EN UNA CLAVE ÉTICA, QUE ELLA PERMITIRÍA A INVESTIGADORES-AS Y POLÍTICOS-AS PROFESIONALES.

      Saludos.

    26. Rafael Pla López

      MITES SOBRE LA PROSTITUCIÓ
      Rafael Pla López
      professor jubilat de la Universitat de València

      Al voltant de la prostitució, un conjunt de mites falsejen la seua realitat i dificulten una aproximació racional a la mateixa:

      Libertinatge: la prostitució és el contrari a una conducta sexual lliure, en tant que, enlloc de motivar-se en la búsqueda d’un plaer recíproc, està forçada per un condicionament econòmic.

      Esclavitud: encara que en el marc de la prostitució poden donar-se situacions similars a l’esclavitud, especialment en connexió amb formes d’immigració il·legal, la prostitució en si mateixa es correspon plenament amb les característiques del sistema capitalista, que tendeix a convertit tot en mercaderia.

      Treball: encara que la prostitució puga ser «productiva» per als empresaris que obtinguen beneficis de la mateixa, no és pròpiament un treball, de la mateixa manera que no ho és l’activitat d’un assassí a sou o d’un mercenari: ni crea riquesa ni satisfeix cap necessitat social, sinó que pel contrari perverteix la sexualitat humana al cosificar-la privant-la de la seua funció socialitzadora com a forma de comunicació interpersonal.

      Per tot això, té tan poc sentit propugnar l’abolició de la prostitució (es poden abolir lleis o normes, no realitats socials) com defensar la seua regulació laboral, com fa la secretària de la dona de CC.OO.-PV al demanar «dotar a estas mujeres de un marco normativo que regule sus derechos y deberes» per a accedir a «beneficios laborales». Naturalment que, en tant que hi haja prostitutes, haurien de tenir tots els drets genèrics dels sers humans, però no té sentit que l’Estat puga dictar una norma per la qual es puga obligar a pràctiques sexuals, per exemple donant valor legal a un «contracte laboral» com a prostituta. Si aquesta norma s’arribés a dictar, sí caldria exigir la seua abolició.

      El que cal fer davant la prostitució és maldar per la seua erradicació, actuant tant sobre la seua oferta (proporcionant mitjans econòmics i laborals alternatius a qui exerceix la prostitució) com sobre la seua demanda (amb una educació sexual que afavorisca relacions sexuals lliures). Evitant tant la hipocresia moral com la resignació davant d’una tal lacra social.

    27. Flavio Escribano

      Como ser humano bio-masculino me gustaría que el Estado protegiera mi derecho sobre una futura decisión de «prostituirme» (alquilar mi tiempo y mi cuerpo, me gusta más decirlo así) con el propósito de adquirir un beneficio o ventajas de tipo económico (y no hablo sólo de monetario).

      Muchas gracias por el excelente artículo y las oportunas investigaciones.

      Felicidades por la publicación.

    28. Calamardo

      Si no existiera el dinero ni la misería no existiría la prostitución , como comunista lo tengo bastante claro el fin ultimo de cualquier proceso debe ser la abolición

    29. Calamardo

      Si no existiera el dinero ni la misería no existiría la prostitución , creo que cualquier proceso dentro de una sociedad justa debe tener la abolición como fin ultimo e irrenunciable

    30. jimmy

      Hola buenas, estoy haciendo un estudio sobre trabajo sexual masculino, que en cierta medida no esta problematizado y que aparece esencializado y con cierto determinismo, por supuesto no soy abolicionista, pero considerar que todas las mujeres trabajadores del sexo son victimas del sistema patriarcal, sin problematizar que un gran número de hombres, se dedican a estas economías y no son ni tildados como putos, ni perseguidos, ni estigmatizados. Podemos contemplar que existen unas consideraciones inapropiadas a como se percibe, el trabajo y la sexualidad. Los nuevos mercados cambias, y que decir sobre la pornografía, los strippers, o los lineas eróticas. Un saludo…

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