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III. El futuro: con la palabra o con las armas Uncategorized

Once voces en el desierto I. El pasado: la maldición II. El presente: empeños en el desierto III: El futuro: con la palabra o con las armas MOHAMMED SALEH. Radiólogo, 38 años. “Aunque no podamos ganar la guerra, debemos empezarla” “¿Qué esperanza pueden tener nuestros jóvenes? Nacieron en los campamentos y ven que pueden pasarse Leer más

Salek Baba Hassena

Salek Baba Hassena

Once voces en el desierto
I. El pasado: la maldición
II. El presente: empeños en el desierto
III: El futuro: con la palabra o con las armas

MOHAMMED SALEH. Radiólogo, 38 años.
“Aunque no podamos ganar la guerra, debemos empezarla”

“¿Qué esperanza pueden tener nuestros jóvenes? Nacieron en los campamentos y ven que pueden pasarse toda la vida sin salir de ellos. Eso es insoportable.

Nos están engañando. En 1991 aceptamos el alto el fuego por la promesa de que a los seis meses se iba a celebrar el referéndum por la autodeterminación. ¡Y llevamos diecinueve años esperando! Mientras tanto, seguimos en el desierto. Pero en el próximo congreso del Frente Polisario nos reuniremos y decidiremos qué vamos a hacer. Yo digo que no podemos esperar de brazos cruzados.

Sí, pertenezco al Frente Polisario. Ingresé en las Juventudes en 1985, cuando estaba en Cuba, con 14 años. Viví allá desde los 11 hasta los 22. Los cubanos pasaban muchos apuros pero lo poco que tenían lo repartían con todo el mundo: allí nos juntamos estudiantes de 28 países, sobre todo latinoamericanos y árabes. La revolución cubana nos dio una educación, allí se formaron los cuadros de la República Saharaui, los ingenieros, los maestros, los agricultores. Yo estudié Radiología y ahora trabajo en el Hospital Nacional.

Pasé toda la juventud sin mi familia. Y al volver sufrí mucho con la vida en el desierto. Todo era extraño para mí. Casi se me había olvidado el hasaní, nuestro idioma, y no podía hablar con mis padres. Algunos todavía se ríen de mi acento. Pero a Cuba fui como niño y regresé como adulto, como persona útil para la lucha de mi pueblo.

Eso es muy importante: hay que estar preparado. Porque llega un momento en que tienes que poner todo el esfuerzo en luchar por tu gente. La población de los campamentos es muy joven, tiene energías, y Marruecos no les deja ver ninguna esperanza. Las negociaciones son un trampa para que pase el tiempo y nos desmoralicemos. Por eso, cada vez más jóvenes están dispuestos a dar hasta la última gota por conseguir la libertad. Aunque la lucha dure diez años, cincuenta o cien.

No queremos la guerra, trae mucho sufrimiento. Nadie me lo va a explicar a mí: mis padres murieron en la guerra. Pero la vida en el desierto es tan amarga que ya no podemos aguantarla más. No podemos seguir con los brazos cruzados mientras nos vamos pudriendo. Si tomamos de nuevo las armas, será porque no hay otro remedio, en legítima defensa. Hemos sido capaces de crear una república en el desierto: tenemos Gobierno, escuelas, hospitales, televisión. Y también un ejército. No queda ninguna esperanza de que las negociaciones sirvan para volver a nuestra patria, así que nos están obligando a empezar una guerra. Sé que es imposible ganarla. Pero tenemos que empezarla. Como en Irak o Afganistán”.

SALEK BABA HASSENA. Ministro de Cooperación de la RASD,
“Necesitamos el apoyo político de España para que se cumpla la ley”

“Nos preocupa la radicalización de nuestros jóvenes. Se muestran muy críticos con el Gobierno saharaui, dicen que las negociaciones son una tomadura de pelo y que deberíamos hacer algo más. En el Gobierno apostamos por la vía pacífica mientras quede la más pequeña posibilidad, porque la guerra no beneficia a nadie. Sólo planteamos el uso de las armas como última medida, como fracaso absoluto de las negociaciones y de la mediación de la comunidad internacional.

Pero las negociaciones están bloqueadas. Desde 1991 no hemos avanzado ni un centímetro. Los marroquíes dan largas, alargan el proceso todo lo que pueden, para seguir colonizando los territorios ocupados del Sáhara Occidental y para que nosotros nos desesperemos y nos rindamos. Sólo aceptan hablar de su propuesta: una autonomía saharaui dentro del Reino de Marruecos. Para nosotros, la autonomía es una posibilidad más dentro del referéndum: dejemos que los saharauis voten si quieren integrarse en Marruecos como una provincia más, si quieren la autonomía que ofrece Rabat o si quieren la independencia. Pero el referéndum es innegociable. No lo decimos nosotros, lo dicen las resoluciones de la ONU: el Sáhara Occidental es un caso de descolonización inacabada, de un territorio no autónomo que tiene derecho a decidir su futuro por medio de un referéndum. Según el derecho internacional, España sigue siendo la potencia administradora del territorio. Marruecos es una potencia ocupante, ilegal. Y los saharauis tienen derecho a decidir por sí mismos.
Sólo pedimos que se cumpla la ley. Que se celebre una votación limpia y democrática: integración, autonomía o independencia. Pero los marroquíes no quieren saber nada. Ni siquiera aceptaron el Plan Baker: cinco años de autonomía saharaui transitoria y después un referéndum. Para nosotros era peligroso, porque Marruecos ha llevado a decenas de miles de colonos al territorio del Sáhara Occidental para conseguir una mayoría, presenta un censo de 300.000 personas de las que 200.000 no tienen derecho a votar, según dice la comisión de identificación de las Naciones Unidas. A estas alturas, algo más de la mitad del censo son colonos marroquíes, pero Marruecos no se atreve a organizar una votación ni aun así. Porque teme que sus propios súbditos le den la espalda: no es un país democrático, no hay libertades políticas, allí no se respetan los derechos humanos, y hasta los propios colonos marroquíes podrían votar por una república saharaui independiente para obtener más libertades. Por eso Rabat no se atreve con el referéndum, porque teme a su propio pueblo.

También nos alarma el aumento de la violencia que están ejerciendo las fuerzas marroquíes contra los saharauis que viven en los territorios ocupados. Lo sabemos de primera mano y lo denuncian el Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU, la comisión del Parlamento Europeo, los informes de Amnistía Internacional y de Human Rights Watch. Los activistas saharauis hacen manifestaciones pacíficas para pedir libertad de expresión, libertad de los presos políticos, cumplimiento del derecho internacional, y la policía marroquí responde con palizas, detenciones, secuestros, desapariciones y torturas. Todo está documentado, con detalles terroríficos.

Hay un asunto vergonzoso: la Minurso [Misión de las Naciones Unidas para la Organización de un Referendo en el Sáhara Occidental] es la única misión de la ONU en todo el planeta que entre sus mandatos no incluye el de velar por los derechos humanos. Pedimos a la comunidad internacional que dé protección a la población saharaui de los territorios ocupados, porque está indefensa ante la brutalidad marroquí. La comunidad internacional permanece callada. Y debe asumir de una vez sus responsabilidades.
España también, por supuesto. Los ciudadanos españoles están volcados con los saharauis: acogen a más de ocho mil niños todos los veranos; las comunidades autónomas, las provincias y los ayuntamientos financian proyectos y nos envían ayudas. Todo esto es muy necesario para nosotros, especialmente ahora en tiempos de crisis económica mundial, porque los Gobiernos recortan sus programas de cooperación y cada vez nos llega menos ayuda. Somos absolutamente dependientes, el 90% de nuestros recursos viene de la solidaridad exterior. Nos afecta hasta el terremoto de Haití, porque mucho dinero se desvía lógicamente para atender esa emergencia. Llegan menos caravanas humanitarias desde Europa. Pero nosotros vivimos en el límite de la supervivencia, tenemos cada vez más casos de desnutrición y anemia, estamos muy preocupados por la posibilidad de una hambruna. Ahora mismo no podemos asegurar la alimentación mínima para todos. Por eso dependemos de la solidaridad de la sociedad española.

Pero si algún día queremos valernos por nosotros mismos, necesitamos una solución política que nos saque de este desierto. Y para eso pedimos el apoyo del Gobierno español, que mantiene una postura bochornosa: utiliza la ayuda humanitaria como tapadera de sus complicidades con Marruecos. Para no estropear los negocios, ignora las violaciones de los derechos humanos y de las leyes internacionales. Los marroquíes chantajean al Gobierno español con el control de la emigración clandestina y del terrorismo, con las bazas de la pesca y de Ceuta y Melilla… Y el Gobierno español siempre cede. Ni siquiera reconoce a la República Árabe Saharaui Democrática.  Esto nos duele mucho.

Agradecemos la ayuda humanitaria de España pero queremos su ayuda política”.

Mohammed Lamin

Mohammed Lamin

MOHAMMED LAMIN. Estudiante, 15 años.
“Los jóvenes queremos la vía pacífica pero no tememos a la guerra”

“Estoy muy concienciado. Sé lo que le pasó a mi familia, estudié la historia de mi pueblo, conozco la actualidad internacional. Participo en los movimientos políticos. Y quiero darlo todo por la causa saharaui.
Admiro a la generación de nuestros padres. Construyeron un país en el desierto, abrieron un camino donde no había nada y gracias a ellos los jóvenes hemos podido formarnos. Somos una generación preparada. Ahora queremos decir a los mayores que tomaremos el relevo, que seguiremos su lucha con todas nuestras fuerzas.

Mi familia era de El Aaiún, de El Aaiún de verdad. Mi padre luchó con el Frente Polisario y estoy muy orgulloso de él. Pon su nombre, por favor: Mustafá Abdallah. Estoy orgulloso porque arriesgó la vida por su gente, por una causa justa.

Cuando llegó la invasión marroquí, mi familia escapó de noche. Tuvieron que dejar en El Aaiún a algunos viejos y a algunas embarazadas que no podían huir. Desde entonces no los han vuelto a ver. ¿Viste ayer, durante el concierto en las dunas de Dajla, cómo salieron dos chicos al escenario con una bandera saharaui? Son primos míos que han venido de El Aaiún, activistas de los derechos humanos en los territorios ocupados. Participan en las manifestaciones pero son pacíficos. Uno de ellos estuvo preso. Y es la primera vez que vienen a los campamentos, a conocer a sus familiares. Yo no los había visto nunca.

[Unos días más tarde, cuando regresaron a El Aaiún, los dos primos de Mohammed y otros nueve defensores de los derechos humanos fueron recibidos por una multitud de saharauis, concentrados para reivindicar el derecho a la autodeterminación. La policía marroquí cargó contra la muchedumbre y dejó decenas de heridos.

Mientras tanto, un tribunal militar marroquí prosigue su juicio contra otros seis saharauis que también fueron apresados al regresar de una visita a los campamentos de refugiados, en octubre de 2009. Entre ellos se encuentra Brahim Dahane, presidente de la principal asociación saharaui defensora de los derechos humanos, quien ha sido encarcelado varias veces en prisiones secretas, según denunciaron Amnistía Internacional y Human Rights Watch, y que fue premiado por el Gobierno sueco y la Comisión Internacional de Juristas “por arriesgar su vida con tenacidad y medios pacíficos en su lucha por los derechos humanos en el Sáhara Occidental”. Dahane y las otras cinco personas están acusadas por Marruecos de “atentar contra la seguridad del Estado” y “colaborar con el enemigo”].

El asunto está muy claro. Nuestro objetivo irrenunciable es la libertad. Para conseguirla, hay dos caminos: las palabras o las armas. Queremos seguir con la vía pacífica, defendernos con argumentos, hablando, negociando. Y sólo pedimos que se cumpla la ley, lo que dicen las resoluciones de la ONU. Pero ¿cómo contesta Marruecos? Con palizas, secuestros, cárceles y torturas. No nos dejan otro camino que tomar las armas. Y si es lo último que nos queda, lo haremos. Los jóvenes no tenemos miedo a la guerra”.

Once voces en el desierto
I. El pasado: la maldición
II. El presente: empeños en el desierto
III: El futuro: con la palabra o con las armas

III. El futuro: con la palabra o con las armas
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Ander Izagirre

Periodista con botas. Kazetari alderraia. Autor de 'Plomo en los bolsillos', 'Potosí', 'Cansasuelos', 'Txernobil txiki bat etxe bakoitzean'.

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