En octubre y siempre, leamos a más mujeres (también a las psiquiatrizadas) Análisis, Ficciones

Aprovechamos la confluencia entre el Día Mundial de la Salud Mental y el Día de las Escritoras para ampliar referentes de autoras que conviven o convivieron con gran sufrimiento psíquico, y eligieron compartir algunas de sus vivencias en distintas obras literarias.

Cartel de la iniciativa 'Día de las escritoras' cuyo objetivo es fomentar la lectura de autoras

Cartel de la iniciativa ‘Día de las escritoras’ cuyo objetivo es fomentar la lectura de autoras

Dos fechas planeaban sobre mí a la hora de proponer este artículo a Pikara Magazine. La primera es que durante todo octubre, con motivo de que el día 15 es el Día de las Escritoras (sí, con A) hay iniciativas para visibilizar, recomendar, descubrir, leer… a autoras mujeres. La segunda es que también en este octubre se hablará con frecuencia de salud mental debido a otra fecha marcada en el calendario: hoy, día 10 de octubre, como Día de la Salud Mental.

Quizá no conozcáis la primera iniciativa, dado que solo lleva un par de años desde que se puso en marcha en España, a instancias de la Biblioteca Nacional. No hay sorpresa si digo que, como en tantas profesiones, la literatura escrita por mujeres ha sido invisibilizada (por activa y por pasiva). En prácticamente todos los géneros se edita menos a mujeres, a quienes a su vez se da menor difusión en medios y en las propias librerías, lo que origina que se vendan menos… y ya tenemos la pescadilla que se muerde la cola: muchas editoriales se escudarán después en esas hipotéticas futuras menores cifras de ventas para, en efecto, editar menos libros de autoras.

La escritora Iria G. Parente publicaba en su Facebook el Día de las Escritoras de 2016, el mismo año que se puso en marcha esta iniciativa, el recuento que había hecho de los títulos que había encontrado en las mesas de novedades de una cadena de librerías, repartidos según el género de su autor o autora. Contó 782 títulos destacados, de los cuales 251 estaban escritos por mujeres. La proporción ya es alarmante, pero además desglosando por temáticas:

  • En ciencia ficción y fantasía las escritoras solo eran autoras de 8 de los 107 libros expuestos;

  • En novela histórica, 9 de los 68 libros destacados eran de mujeres;

  • En novela negra había 22 autoras de entre 100 libros expuestos;

  • En terror, solo 1 de 36 libros lo había escrito una mujer;

Únicamente en literatura juvenil (donde 42 de 70 títulos eran de mujeres) y en romántica (donde había una clara ausencia de hombres, siendo solo 2 de los 77 libros expuestos escritos por varones) las mujeres no estaban claramente ausentes de la creación de esas historias. Que la literatura romántica y la juvenil, donde sí hay abundante presencia de mujeres escribiendo, sean también dos géneros poco valorados y a menudo considerados de menor calidad, ¿será casualidad?

Muchas comprobamos ese año que el desequilibrio del que hablaba Iria se reproducía en nuestras estanterías en casa (y probablemente en muchas de las vuestras, también las que -como yo-, creíamos que la brecha no sería tal porque “no valoro el género del autor, leo los libros que me interesan o llaman la atención sin discriminar a nadie, nunca me echaría atrás leer un libro solo porque el autor sea una mujer”). Yo he estado ahí y no pensaba que el desequilibrio a favor de los escritores hombres sería tal en mi estantería. ¡Si soy feminista! ¡Si leo mucho! ¡Si nunca diría “ah, no, este mejor no me lo llevo, que es de una chica”! Y siendo verdad los tres factores, ahora creo que si no hacemos un esfuerzo consciente por fijarnos en si los autores de los libros que leemos son hombres o mujeres, y de hecho, si no empezamos a buscar y priorizar mujeres… estaremos de facto haciendo lo contrario, priorizando hombres (porque se priorizan solos: ¡es el mercado, amigos!). Y continuaríamos perdiéndonos muchísimas historias interesantísimas escritas por mujeres que pasamos por alto. De hecho, una vez que nuestras lecturas tengan autorías diversas en cuanto a género, el siguiente paso casi natural es que las escritoras escogidas (y escritores si lo deseamos, yo no los he desterrado tampoco de mis lecturas) también vayan ampliando su diversidad en más áreas… ¿cuánto de lo que leemos está escrito por personas no blancas, no cis, no heterosexuales, de orígenes no norteamericanos o europeos, escritos originalmente en una lengua no hegemónica?

Desde 2016 se han multiplicado las iniciativas que buscan promover la creación de las mujeres, que las conozcamos, disfrutemos, recomendemos, compremos, las cojamos (¡y pidamos!) en nuestras bibliotecas, las leamos. Por citar solo algunas de ellas, La nave invisible está haciendo un trabajo enorme en la difusión de la ciencia ficción, el terror y la fantasía en femenino; muchas ilustradoras y autoras de cómic se han agrupado en el colectivo Autoras de Cómic; surgen editoriales apostando claramente por autoras tanto en antologías (como Alucinadas, Terroríficas…) como a nivel de publicación individual; hay múltiples clubs de lectura feministas en cada vez más y más ciudades (como el de La tribu, con presencia en municipios como Logroño, Elche, Sevilla, Murcia, Toledo y más…; o los de las librerías Mujeres & Compañía en Madrid, Katakrak en Pamplona…; y otros impulsados desde diferentes centros sociales y colectivos feministas); hay también encuentros como el reciente AnsibleFest, de ciencia ficción feminista, donde pudimos disfrutar de reflexiones compartidas sobre el género, con una perspectiva no muy presente en festivales o encuentros literarios (por si queréis echar un vistazo, hay gente que ha compartido lo vivido en el Ansible en crónicas como esta). También de cara a lo que comentaba de incluir diversidad, es interesante el proyecto de Ernesto Filardi “200 países, 200 libros”, hecho con el modelo que ya había recogido previamente la autora británica Ann Morgan.

En redes sociales la iniciativa se traduce en un hashtag propio para usar durante todo el mes de octubre (#LeoAutorasOct) donde encontrar y hacer vuestras propias recomendaciones de lecturas escritas por mujeres y así sumar vuestro propio grano de arena a esta montañita. También podéis buscar con #DíaDeLasEscritoras cuáles son las actividades programadas en bibliotecas, espacios sociales y culturales, etc… con motivo de la fecha.

Además, este año quiero que mi aportación concreta en este mes tenga que ver con el segundo tema del que se estará oyendo hablar estos días. Para distintas entidades e instituciones, octubre es el “mes de la salud mental”, ya que el día 10 es el que la Organización Mundial de la Salud definió como Día Mundial de la Salud Mental. Sin embargo, muchas personas psiquiatrizadas nos encontramos con que en este día no nos sentimos representadas en los discursos institucionales, que siguen marcándose a menudo desde otros lugares (familiares, profesionales…) sin realmente pararse a escucharnos como protagonistas que deberíamos ser de estas fechas (y ya que estamos, de nuestras propias vidas, cosa que tampoco se respeta). Tenemos un día de la salud mental bastante despolitizado, lleno de frases aparentemente bienintencionadas sobre inclusión y no al estigma mientras seguimos sin abordar las enormes violencias del sistema psiquiátrico, los malos tratos, los silencios cómplices ante los abusos, las incapacitaciones, la sobremedicación y tanto y tanto que sigue pendiente. Muchas no entendemos qué se celebra cuando el día 10 y cada día del mes de octubre, como todos los demás del año, seguirá aún habiendo decenas de personas atadas a las camas con correas en las unidades de ingreso de psiquiatría, a pesar de la existencia de campañas intentando acabar con esta práctica (como la que se recoge en la web 0contenciones.org). Mientras nuestros cuerpos se atan y nuestras voces se acallan, estamos más ante un Día de la Insensibilidad Mental que otra cosa, como escribieron desde el colectivo LoComún el pasado año.

Con esa idea de aunar ambos conceptos, no acallar nuestras voces y visibilizar escritoras mujeres, comparto un pequeño listado de algunas autoras psiquiatrizadas o que conviven o convivieron con gran sufrimiento psíquico, y eligieron compartir algunas de sus vivencias en distintas obras literarias. Doy solo alguna pincelada sobre cada una con el deseo de que sigáis investigando por vuestra cuenta y que, este octubre y siempre, nos acerquemos a la creación hecha por mujeres y, también, al arte creado por personas locas y neurodivergentes. Que dejen de hablar siempre en nuestro lugar; que dejen de usurpar nuestras voces.

Portadas de distintos libros de autoras psiquiatrizadas o con sufrimiento psíquico grande que hablan sobre salud mental./ Marta Plaza

Portadas de distintos libros de autoras psiquiatrizadas o con sufrimiento psíquico grande que hablan sobre salud mental./ Marta Plaza

  • Anne Sexton: En su poema Alabanza a mi útero (recogido en Poemas de amor, publicado en 1969) escribió «En mi interior todos son un pájaro. / Estoy batiendo todas mis alas. / Querían cortarte / pero no lo harán. / Decían que estabas desmesuradamente hueco / pero no lo estás. / Decían que te encontrabas mortalmente enfermo / y se equivocaron. / Como colegiala cantas. / No estás roto». Ganó el Pulitzer de poesía con Vive o Muere (publicado en 1966), en donde compartió textos como «A los seis años / vivía en un cementerio lleno de muñecas, / eludiéndome a mí misma, / a mi cuerpo —el sospechoso / de esta morada grotesca. / Todo el día encerrada en mi cuarto tras rejas, / una celda. / Fui el exilio / sentado todo el día en un nudo.»

  • Charlotte Perkins Gilman: La escritora feminista, autora de novelas como Matriarcadia (Herland en original) también escribió el relato El papel amarillo (The Yellow Wallpaper). Al publicarse en 1891 fue muy criticado porque, dijeron, la narración del confinamiento sufrido por una mujer por su depresión era tan dura que quien la leyera podía enloquecer a su vez. Perkins Gilman explicó en una carta pública posterior que muchas de las cosas que había narrado en el relato tenía que ver con su propia historia y las directrices médicas que ella y tantas mujeres de su época habían recibido ante su sufrimiento psíquico intenso: no salir de casa si podía evitarse y no volver a tocar una pluma, lápiz o pincel en su vida. «No pretendía enloquecer a la gente sino salvar a la gente de enloquecer, y funcionó», dejaría escrito. (En 2017 la editorial La Bestia Negra publicó una edición bilingüe inglés-castellano del relato que incluye esa carta pública posterior).

  • Donna Williams / Polly Samuel: Esta artista con múltiples facetas (escritora, pintora, guionista, compositora…) ha publicado varios libros donde habla de su vivencia tras recibir múltiples diagnósticos psiquiátricos desde muy pequeña. Formando parte del activismo autista, ha escrito varios libros de memorias que denomina auti-biografías (también usa la palabra artism para definirse uniendo las voces inglesas para artista y autismo). En castellano encontramos editado su libro Alguien en algún lugar y Nadie en ningún lugar. En 2017 murió de cáncer, habiendo dejado escritos muchos textos que pueden cambiar el imaginario común ante lo neurotípico y lo neurodivergente; y también ayudarnos a las alistas -personas no autistas- a cambiar comportamientos muchas veces dañinos en nuestra relación con personas autistas.

  • Ellen Forney: Esta dibujante nacida en 1968 decidió compartir en la novela gráfica Majareta. Manía, depresión, Miguel Ángel y yo (originalmente publicada en 2012 con el título de Marbles: Mania, Depression, Michelangelo, and Me: A Graphic Memoir) parte de sus vivencias, miedos, contradicciones… cuando fue diagnosticada con bipolaridad. Este año se ha editado otro libro suyo aún sin traducir al castellano (Rock Steady: Brilliant Advice from My Bipolar Life) en el que también comparte herramientas y consejos que a ella le han resultado útiles en su proceso personal. Actualiza información sobre sus trabajos y presentaciones en su web.

  • Janet Frame: A la escritora neozelandesa le habían programado su lobotomía durante un ingreso psiquiátrico en los años 50 (después de haber recibido ya múltiples electroshocks) cuando el proceso se detuvo al resultar ganadora de un premio literario. En sus novelas, poemas, relatos y memorias habló a menudo de emociones intensas reflejando su propio interior. Los tres tomos de sus memorias los llevó Jane Campion al cine con el título del segundo volumen, Un ángel en mi mesa. En Nueva Zelanda se la reconoce como una de sus más grandes escritoras, a pesar de que nadie se responsabilizó del maltrato sufrido en el sistema psiquiátrico y se excusaron en un error de diagnóstico para explicar que el caso de esquizofrenia que daban por perdido escribiera después obras memorables (aludir a “falsos positivos” continúa siendo lamentablemente habitual porque hay quien no concibe que un gran sufrimiento psíquico, delirios, psicosis… pueden coexistir con talento, capacidad de expresión, de trabajo).

  • Hersilie Rouy: Fue una pianista francesa del siglo XIX que pasó años encerrada en manicomios, desde donde intentó denunciar constantemente que su encierro no tuvo nunca una motivación médica. Cuando recuperó su libertad casi quince años después, escribió Mémoires d’une aliénée (editada en castellano como Yo no soy la señorita Chevalier. Memorias de una loca). En el libro relataba la situación de maltrato vivida y cómo para los médicos su reafirmación en que su encierro era injusto era otra prueba más de su locura, en un círculo vicioso sin salida. Dedicó muchos esfuerzos a divulgar el resto de su vida los abusos que permitía la ley francesa facilitando los internamientos arbitrarios.

  • Kabi Nagata: Esta autora japonesa actual empezó publicando sus mangas en 2016 en formato de webcómic y la buena acogida hizo que las editoriales se interesaran enseguida. En castellano se ha editado su manga Mi experiencia lesbiana con la soledad, libro en el que generosamente deja que nos asomemos a su compleja inadaptación a una sociedad rígida en la que no encuentra lugar. Comparte su deseo y a la vez dificultades en la relación con otros; su necesidad y también en paralelo, su rechazo hacia el contacto físico, sus episodios de autolesión y depresivos; parte de su historia de vida, en la que la propia supervivencia es un esfuerzo cotidiano. Estas últimas semanas la misma editorial ha editado su Diario de Intercambio (conmigo misma).

  • Sarah Kane: Nacida en 1971, parte de la crítica recibió con fuerte rechazo las primeras obras de teatro de esta dramaturga inglesa (Blasted, por ejemplo, fue tildada de asquerosa, obscena, violenta… en su estreno en Londres en 1995). Afortunadamente, siguió escribiendo obras en las que la ansiedad, el dolor, la angustia, la soledad y las violencias y desequilibrios de poder seguirían teniendo un papel principal. En Cleansed denunció las violencias de un sistema psiquiátrico que conocía demasiado bien y de primera mano. Mientras sus obras se traducían e interpretaban en cada vez más ciudades, ella siguió ingresando en psiquiatría, aunque también creando. Su última obra fue Psicosis 4:48; y todas ellas se han recogido en distintas ediciones de su dramaturgia completa.

En el listado no he incluido algunos nombres que probablemente son de los primeros en los que pensamos muchas cuando hablamos de escritoras psiquiatrizadas o que convivieron con gran sufrimiento psíquico (Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, Emily Dickinson, Sylvia Plath, Virginia Woolf…); tampoco otras autoras actuales cuyas obras sólo están aún en inglés aunque espero que sean traducidas al castellano (como My heart Is An Autumn Garage, de Anne Theriault; A Begginer’s Guide To Losing Your Mind, de Emily Reynolds; Emily’s Voices, de Emily Knoll; Call Me Crazy: Stories From The Mad Movement, de Irit Shimrat…); ni algunas que ya han tenido espacio en otros artículos en Pikara, como Leonora Carrington y Unica Zürn, o Christine Lavant. Por supuesto hay otras muchas mujeres escritoras publicadas que podrían haber estado incluidas también en el artículo y de las que podremos quizá hablar en otra ocasión futura: Alda Merini, Alice James, Carmen Laforet, Cristina Martín / Princesa Inca, Jane Bowles, Jeanette Winterson, Jenny Lawson, Kate Millet, Lou Lubie, Maite Mutuberria, María Castrejón, May González, Miriam Beizana, Rosa del Hoyo, Roxane Gay, Susanna Kaysen, Temple Grandin, Zelda Fitzgerald y muchas, muchas más.

Las mujeres, obviamente también las mujeres que convivimos con sufrimiento psíquico de cierta intensidad, las que hemos sido psiquiatrizadas, etiquetadas, diagnosticadas… no compartimos una única mirada. Precisamente leyendo a más mujeres accedemos a montones de voces plurales que nos estamos perdiendo; y leer más narrativa loca o creada desde la experiencia en primera persona tiene el mismo sentido de desamordazar tantas voces y sentires silenciados. En las escritoras del listado (incompleto, por supuesto, y que espero poder enriquecer con más autoras que conozcáis quienes lo leáis) habrá discursos distintos y vivencias diferentes también en cuanto al sufrimiento psíquico. Ojalá sirva este texto para asomarnos a sus creaciones desde la puesta en valor de la escritura de mujeres y también desde las ganas de que las personas locas construyamos nuestras propias narrativas -y sean escuchadas, leídas, compartidas-.

En octubre y siempre, leamos a más mujeres (también a las psiquiatrizadas)
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