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Jóvenes de Sierra Leona se manifiestan contra el matrimonio infantil./ Pedro Armestre para Save the Children

Jóvenes de Sierra Leona se manifiestan contra el matrimonio infantil./ Pedro Armestre para Save the Children

Eva Silván, directora de Save the Children en Euskadi

“Mi familia es muy pobre, somos cinco hermanos y mis padres no podían sostenernos a todos. Me gustaba mucho ir a la escuela, pero con 11 años tuve que dejar las clases porque no podíamos pagar los gastos. Yo estaba en el poblado sin nada que hacer y el jefe del poblado me preguntó si quería ser su segunda esposa. Yo tenía 11 años y él 52. Enseguida me quedé embarazada, me dolía mucho el estómago, pero mi esposo me obligaba a ir a recoger igualmente la leña todos los días al bosque. Tengo un hijo de 4 años. No soy feliz, estoy todo el día en casa haciendo tareas del hogar. Mi esposo me pega y es muy violento. Me gustaría seguir estudiando y tener una oportunidad”. Jedett, 15 años, Sierra Leona*

En nuestro país, casarse o no es, para la mayoría de personas, un acto de libertad y un momento de celebración donde cada quien decide -en función de sus apetencias o de sus circunstancias- si compartir su felicidad con sus personas queridas a lo grande y sin complejos o decantarse por una ceremonia más íntima y discreta, inolvidable en todo caso. Un acto voluntario y de libertad individual para muchas, un acto forzado para las más de 700 millones de mujeres y niñas obligadas a casarse antes de los 18 años. Realidades antagónicas de un mundo global tan conectado y desconectado a su vez. Perdóname la comparación, que te puede parecer obscena, pero es que en el matrimonio forzoso no hay lugar ni para la felicidad, ni para celebraciones, más allá de las ficticias y forzadas, ni para los preparativos conjuntos, ni para las listas de bodas, ni para el sueño de una vida con proyectos de futuro compartidos. Solo hay lugar para el sufrimiento, la soledad y el aislamiento.

El matrimonio infantil es una de las causas de persecución y dominación por motivos de género más comunes que existen y una violación fundamental de los derechos humanos de las niñas. Una de cada tres de estas mujeres o niñas obligadas a casarse – más de 40 millones – contrajeron matrimonio antes de los 15 años. Niñas obligadas a casarse en contra de su propia voluntad, niñas a las que se les niega su derecho a ser niñas y su capacidad de regir y decidir sobre su propia vida.

Entre las causas de los matrimonios infantiles (forzosos), están los factores legales, como leyes tradicionales y religiosas que condonan la práctica, marcos legislativos inadecuados, sistemas de registro civil defectuosos o inexistentes y la falta de conocimiento de las niñas sobre sus propios derechos. Los factores sociales y culturales aumentan el riesgo de que las niñas inicien un matrimonio forzado, sobre todo las normas sociales basadas en el género, la pobreza, el honor familiar y el pago de la deuda. En los conflictos y las crisis, el matrimonio infantil se utiliza como un mecanismo de “protección” para las niñas y sus familias. Una protección mal entendida, por supuesto, pero una protección deseada, al fin y al cabo.

El matrimonio infantil se sustenta bajo el dominio y perpetúa la desigualdad. Las niñas que contraen matrimonio experimentan aislamiento social, son más vulnerables al trabajo doméstico forzado y se les restringe o se les niega el acceso a oportunidades de educación y empleo. Esto refuerza un ciclo de pobreza sin fin para las niñas y para sus futuras hijas. Compromete con toda su crudeza el desarrollo físico de las niñas, su salud se ve menoscabada y violentada, se restringe su libertad sexual, el acceso a la anticoncepción, se incrementa su vulnerabilidad al VIH y aumenta la probabilidad de embarazos precoces y no deseados. Las complicaciones más graves para la salud pueden llevar a la muerte en casos de partos donde no se cumplen las condiciones mínimas necesarias para garantizar el bienestar de las niñas y de los bebés. Supone, en definitiva, sufrir violencia de género, una violencia que causa numerosas lesiones físicas y psicológicas y que causa la muerte a manos de los “maridos a la fuerza”.

La desigualdad y el empobrecimiento se ven incrementados por el impacto que el matrimonio infantil tiene en la educación. Aumenta el abandono escolar y las niñas casadas tienen menos probabilidades de ingresar en la educación secundaria o de leer y escribir. En África, cada año adicional de matrimonio infantil reduce la probabilidad de alfabetización entre las mujeres que se casaron temprano en un 5.7%, la probabilidad de tener al menos alguna educación secundaria en 5.6%, y la probabilidad de completar la escuela secundaria 3.5%. A medida que se reduce el tiempo de las niñas en la educación, pierden el acceso a oportunidades de generación de ingresos, redes sociales y de apoyo, recursos clave e información para la salud.

“Yo tenía 14 años cuando me casaron con un hombre mayor que yo. En el embarazo sufrí muchísimo. Él no se preocupa ni de míi ni de nuestro hijo, yo tengo que hacerlo todo. Antes de casarme me gustaba mucho jugar al fútbol, se me daba muy bien. De mayor me gustaría ser gerente de banco, voy a regresar al colegio”.Jene, 16 años, Sierra Leona*

Existe el consenso generalizado sobre la importancia de la educación de las niñas como estrategia para combatir la desigualdad estructural por motivos de género y el matrimonio infantil. El impacto de la educación en el matrimonio infantil es intergeneracional: las hijas de madres educadas tienen más probabilidades de tener una educación mejor y menos probabilidades de experimentar el matrimonio infantil que las niñas cuyas madres no tienen educación. Los estudios proponen varias razones por las cuales la educación retrasa el matrimonio: algunos sugieren que la autonomía y la independencia que las niñas adquieren en la escuela retrasa la entrada al matrimonio; otros proponen que el acceso cada vez mayor a la información sobre la anticoncepción moderna a través de la educación conduce al uso efectivo de los anticonceptivos, evitando así los embarazos no deseados y los matrimonios infantiles asociados.

La educación es condición necesaria, pero no es suficiente. En países como Sierra Leona, Jordania o República Dominicana, entidades como Save the Children están impulsando procesos transformadores y empoderadores de las niñas destinadas a producir el cambio definitivo que termine con el matrimonio infantil allí donde se produce. Sin cambios significativos en las ac­titudes, el comportamiento y las normas sociales, no será posible reducir la práctica del matrimonio infantil y no será posible que esta práctica se consi­dere una decisión inaceptable en la familia. Asumir que sólo con medidas asistenciales no solucionaremos un problema que es sistémico supone entender que la transformación significa escalar la demanda a quien más posibilidades tiene de resolverla.

Poner el tema en las agendas políticas, influir en la legislación nacional de los países provocando los cambios legales necesarios, influir en las políticas y los servicios para mejorar la protección y los derechos de las niñas, empoderar a las niñas que han sido obligadas a casarse, generar grupos de apoyo, proporcionar asistencia jurídica a las niñas para que conozcan sus derechos y puedan empezar a cambiar su situación, implicar a agentes sociales, líderes políticos, medios de comunicación, es la manera de provocar el cambio sistémico y estructural de la no aceptación del matrimonio infantil.

En muchos países africanos se han puesto a ello, mujeres africanas y primeras ministras como la de Sierra Leona, están ya liderando el cambio, pero queda camino por recorrer. Parafraseando a la activista afroamericana, Audre Lorde, “no habrá niñas libres, mientras siga habiendo niñas sometidas”.

*Testimonios cedidos por el equipo del proyecto ‘The Right to be a girl’ de Save the Children.

Casadas a los 11
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