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Colmenar Viejo, 1 de septiembre de 2018

Por Paz Blanco

Ejemplo de publicidad de un punto violeta.

Desde que un mes antes de las fiestas patronales de nuestro pueblo nos enteráramos de la intención del Ayuntamiento de Colmenar Viejo de instalar un punto violeta, iniciativa aprobada en el pleno consistorial a propuesta de la coalición Ganemos Colmenar, numerosas personas nos hemos dirigido al alcalde para solicitar que incluyeran al movimiento feminista en la organización y gestión del contenido. A pesar de las fechas en las que se cursó la petición, en pleno periodo vacacional, casi 200 personas firmaron esta petición mediante la plataforma Change.org que el gobierno local desoyó absolutamente sin siquiera dignarse a responder.

Aunque los medios de comunicación acaben de empezar a informar sobre los puntos violeta hace apenas un par de años, a raíz del caso de La manada, la realidad es que esta es una iniciativa que llevan realizando los colectivos feministas desde hace más de veinte años, siendo, según creo, las feministas navarras las pioneras. Los puntos violeta nacen de la necesidad de autodefensa de las mujeres en contextos de fiesta y parten de la premisa ineludible de centrar la acción defensiva en las necesidades y requerimientos de la mujer agredida. Así pues, las únicas pautas de protocolo que se marcan tienen que ver con que el punto violeta no es una iniciativa festiva (no se puede consumir alcohol, por ejemplo) y se respeta en todo momento el criterio de la mujer agredida mientras se la atiende (anonimato, si desea denunciar o no, si desea contar lo que le ha ocurrido o no…). Se trata en definitiva de un espacio seguro, que ofrece un acompañamiento diferenciador que no se puede ofrecer en los servicios de atención como Protección Civil o los cuerpos de seguridad, con sus protocolos de actuación en los que la mujer agredida puede no sentirse cómoda.

Otro de los objetivos de los puntos violeta es visibilizar y nombrar las agresiones sexuales de las que son objeto las mujeres, contextualizándola en la violencia de género que tiene más que ver con la demostración de poder del agresor que con una supuesta expresión de su sexualidad. En este sentido, en el punto violeta se ofrecen contenidos de teoría feminista que ayudan a comprender mejor qué ocurre y por qué, conceptos como la pirámide de la violencia, la reivindicación del disfrute de los espacios públicos con libertad y seguridad, el cuestionamiento de los protocolos sanitarios y judiciales actuales, que aún hoy requieren revisar las uñas de la víctima para detectar signos de autodefensa. La ausencia de estos contenidos desvirtúa de forma flagrante la intención y función de los puntos violeta, tal como fueron concebidos.

Varias mujeres feministas de Colmenar Viejo tenemos experiencia teórica y práctica, hemos participado en el montaje y organización de puntos violeta en diferentes municipios de la Comunidad de Madrid, sabemos que es a partir de las cinco de la madrugada cuando hay más agresiones y son más graves. El punto violeta de Colmenar Viejo terminaba cada noche a las 2 am resultando a nuestro criterio totalmente insuficiente en su horario. Para colmo, el equipo de ocho profesionales designado para la atención contaba con dos hombres. A estas alturas hasta la Guardia Civil ya sabe que es indispensable que las mujeres víctimas de violencia sexual sean atendidas por mujeres agentes. Con su rechazo a incluir al movimiento feminista en la organización del punto violeta durante las fiestas, el gobierno de Colmenar Viejo no solo deja patente su habitual desprecio por la capacidad de autogestión de los movimientos sociales de la localidad, además demuestra un paternalismo y condescendencia insufribles al referirse a “la necesidad de proteger a nuestras mujeres”, como decían en sus comunicaciones oficiales de presentación del punto violeta.

No, señor alcalde, no somos “sus mujeres”. Las mujeres de Colmenar Viejo no queremos que ustedes nos protejan, queremos que ustedes dejen de agredirnos en primer lugar. Su trabajo es garantizar el ejercicio de nuestra libertad sexual y eso tiene que pasar necesariamente por respetar nuestras voces, dejar de dar por supuesto lo que necesitamos y lo que no necesitamos y, por encima de todo, dejar de apropiarse de iniciativas que no les pertenecen y que según queda demostrado ni siquiera se creen.

Escrito dedicado a las mujeres de la comisión feminista de la asociación cultural Chozas de la Sierra, generosas aliadas y referentes del madrileña activismo feminista en los municipios de la sierra.

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