Menos tuits y más “quemar casas” Participa

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Andrea Corral Rodríguez

Notas sobre lo que está pasando: este artículo hace referencia al surgimiento de las cuentas de twitter e instragram “musics_agressors”, desde las cuales se denuncian públicamente casos de agresiones por parte de artistas, (hombres cis-hetero) a mujeres. Estas denuncias han soliviantado la opinión pública al sacar un tema muy delicado a la luz. Ante la falta de experiencia en la gestión y manejo de estas situaciones, la variedad de opiniones y posicionamientos se dispara.

Aclarar, en primer lugar, que no estoy defendiendo a ningún tío; que mi conciencia feminista está muy tranquila, y que escribo esto con toda la asertividad que soy capaz de reunir.

A raíz de los acontecimientos que están saliendo a la luz en estos días (muchos de los cuales ya era hora de que se hiciesen públicos) me he visto con la necesidad de ordenar y escribir mis pensamientos al respecto.

Parto de dos premisas: el consentimiento y el binarismo.

  1. Para mi, consentir es querer. Es desear que algo pase, independientemente de si es con tu novio/a de toda la vida o con un/a desconocido/a. Después, las consecuencias que pueda traer esto radican en el binarismo anteriormente mencionado. Con ello me refiero a lo que se espera de la masculinidad y la feminidad hegemónicas, mezcla explosiva cuando hablamos de relaciones sexoafectivas heterosexuales.
  2. La masculinidad y la feminidad hegemónicas son pautas de comportamiento, convenciones sociales y culturales sobre lo que significa ser hombre y ser mujer. Dichas convenciones establecen modelos de entender, visibilizar y vivir el género, pero más importante, modelos de mirada.
  3. Por modelos de actuación entiendo lo siguiente: masculinidad heteronormativa, con toda una serie de privilegios y opresiones que cimientan una dinámica de relaciones de poder del hombre hacia la mujer. Por otro lado, la feminidad heteronormativa (la cual tenemos MUY interiorizada) que nos encorseta, nos somete y muchas veces nos impide imaginar nuevas líneas de actuación.
  4. La mirada, nunca objetiva, es la cualidad de atender a una versión u otra de la historia (repito, no estoy defendiendo a ningún tío), la cualidad de transmitir una visión u otra de la misma historia.

TODAS hemos tenido amores platónicos musicales, todas hemos pensado que nos follaríamos a ese o a tal otro por el morbo que nos despierta su condición, por lo idealizado que lo tenemos, por todo lo que representa su música/sus letras/su arte. Pero el mundo de las ideas no es el mundo de las cosas, y la realidad tangible siempre es menos (inserte cualquier adjetivo) de lo que nos gustaría.

Con ello quiero decir lo siguiente: ¿qué esperáis, sinceramente, de un tío que tiene todos los comodines del “deseo”? Hombre, heterosexual, músico.

Es evidente, o al menos a mi me lo parece, que mediante cualquiera de esas tres características se puede ejercer la opresión. Algo que posiblemente ya sabías cuando te lo estabas follando. Algo que está tan sumamente anclado a la masculinidad heteronormativa que ya no sorprende.

Rechazo y condeno cualquier agresión, cualquier tipo de acoso, cualquier tipo de maltrato.

Sé lo mucho que cuesta hablar y contarlo, lo sé en primera persona porque yo he sufrido maltrato, físico y psicológico, y después de cinco años y tres de terapia soy capaz de hablar de ello.

Lo que me molesta, en tanto que feminista, es que nos anclemos en la denuncia y el rencor en lugar de tomar las riendas y salirnos de las líneas de actuación que se esperan de nosotras. Hay cosas denunciables, y otras que se pueden solucionar sin necesidad de hacerse públicas por lo siguiente: vivimos en un mundo en el cual la opinión pública manda, lo que significa que hundir a una persona con dos “clicks” es insultantemente fácil.

Creo que el tema latente, por debajo de todo esto, es nuestra concepción de las relaciones amorosas, sexoafectivas, heterosexuales.

Está muy bien que al hilo de todo lo que está surgiendo nos planteemos qué coño estamos haciendo con nuestras redes amorosas, cómo tejer relaciones más sanas y humanas, menos basadas en el engaño, el sometimiento y la jerarquización de los afectos, fundamentadas en el cuidado mutuo.

Para todo lo demás, justicia popular. Hacer uso de la agresividad, la honestidad brutal, la fuerza (cualidades tradicionalmente reservadas a la masculinidad), para partir un par de piernas si es necesario. Estoy cansada de hacer pedagogía con peña que no escucha y que no está dispuesta a aprender. Que luego no digan que no nos mojamos.

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