Leonor Rodríguez, La Camacha. Bruja andaluza, narrada por Cervantes Participa

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Soledad Castillero

La casa de Las Camachas

Leonor Rodríguez fue una mujer andaluza de la campiña sur cordobesa, más concretamente de la localidad de Montilla. Nacida en 1532, recibe el apodo de “La Camacha”, herencia del apellido de su abuelo Antón García Camacho. De ahí que se conozca como  “Las Camachas” a la madre, la tía y la abuela de Leonor. Pasó a la historia como La Bruja Camacha  desde que Cervantes, en su obra El Coloquio de los Perros (1613) la describiese como tal y formase una figura imaginaria, como veremos en algunos extractos de la obra.

La figura de La Camacha  es un eslabón más de la cadena de mujeres que son conocidas a través del relato, la pintura, la fotografía, la palabra etc. de hombres a los que se les ha atribuido su existencia. Ejemplos clave de esta personificación a partir de lo masculino son: La Chiquita Piconera de Julio Romero de Torres, La Mona Lisa de Da Vinci, las Meninas de Velázquez, las Señoritas de Avignon de Pablo Picasso o en este caso, La Camacha de Cervantes.

Bajo el famoso dicho de haberlas haylas, se encuentra inserto todo un halo de misterio a partir del oscurantismo que le ha sido atribuido a la figura de la bruja históricamente. Los relatos que de sus hazañas son contados suenan a  verdaderos poderes que de en su momento haber sido ciertos, nos debería quedar la duda de que se hayan extinguido con tanta facilidad, teniendo en cuenta el valor de la comunidad entre mujeres dentro del contexto andaluz y la perseverancia por la preservación y transmisión de saberes entre las mismas. La representación de las brujas y los aquelarres siempre han ido de la mano de la figura masculina del demonio, las hierbas, las plantas, la sanación a través de palabras y pócimas y en general de la posesión de conocimientos considerados como periféricos, de una alta  sexualidad y de una gran autonomía, como elementos de base. La traducción al SXXI no estaría alejada de la época de la Inquisición. Las mujeres con independencia de acción, con una sexualidad libre y autónoma y con una conexión más allá de elementos de producción capitalistas siguen estando en el centro de la sospecha.

Julio Caro Baroja en su obra Las brujas y su Mundo (1992) hace una distinción entre bruja y hechicera, considerando a las hechiceras como practicantes solitarias y urbanas y a las brujas vinculadas con el mundo rural y la práctica comunitaria. Aunque La Camacha ha sido narrada como hechicera, realmente ha pasado a la historia como bruja a partir del relato de Cervantes.

El escritor visitó la provincia de Córdoba y concretamente la localidad de Montilla allá por el 1591, se data que seis años después del fallecimiento de La Camacha. De ahí su fuente de inspiración para la posterior obra de referencia, la citada anteriormente, El coloquio de los perros, que ha servido de base para todo lo que se ha escrito sobre la figura de Leonor. La obra narra la historia de dos perros, Cipión y Benganza, que al asombro de su capacidad para articular palabras, comienzan a contarse sus vidas, hazañas, trabajos etc. a lo largo de distintos paraderos en varios puntos de Andalucía, entre otros, la localidad cordobesa. Hay un orgullo generalizado de que Montilla aparezca en la obra de una celebridad como Cervantes, más allá de que el motivo sea dibujar a una figura femenina como responsable de:

“Ella congelaba las nubes cuando quería, cubriendo con ellas la faz del sol y, cuando se le antojaba, volvía sereno el más turbado cielo; traía los hombres en un instante de lejas tierras; remediaba maravillosamente las doncellas que habían tenido algún descuido en guardar su entereza; cubría a las viudas que con honestidad fuesen deshonestas; descasaba las casadas, y casaba las que ella quería. Por Diciembre tenía rosas frescas en su jardín y por enero segaba el trigo. Esto de hacer nacer berros en una artesa en una artesa era lo menos que ella hacía, ni el hacer ver en un espejo, o en la uña de una criatura, los vivos o los muertos que le pedían que mostrase” [Miguel de Cervantes, El coloquio de los perros].

Sin embargo, una re-lectura de estas acciones nos traen a la memoria la figura de una mujer sabia, con inteligencia emocional, pilar de los círculos femeninos esos en los que tanto necesitamos las unas de las otras. Con un pensamiento crítico, desvirtuó tradiciones de luto, animaba a comenzar nuevas vidas a mujeres entregadas a relaciones sentimentales dependientes. Era conocedora de la tierra y la siembra y sabía leer más allá de lo carnal, es decir, tenía un don visionario a través de los sentidos, como suelo ocurrir cuando trabajamos desde las entrañas.

¿Quién fue realmente Leonor Rodríguez? ¿Por qué su persona es conocida a través del Coloquio de los perros y no a través de su estatus?

Leonor poseía propiedades. Fue heredera de un mesón y dos tiendas, lo cual la hacía sospechosa en tanto que manejaba su propia economía. De su vida en soltería se le acusó de haber vuelto loco a su marido y a su hijo, es decir, como buen patriarcado histórico se la cargó de responsabilidad y culpa. En la casa que a día de hoy se preserva y se interpreta que habitó, vivió junto a dos mujeres más conocidas como la Montiela y La Cañizares. Al parecer fueron sus discípulas o lo que hoy entenderíamos como comadres, en el sentido de la admiración que genera el compartir el hogar y el espacio con compañeras. Sin embargo, las tres fueron acusadas de hechicería, aunque Leonor  debido al reconocimiento de su poder superior fue la más castigada. Denunciada por los Padres Jesuitas de Montilla, fue juzgada por el tribunal de Córdoba obligada a comparecer el día 8 de Diciembre de 1572. Torturada con cien azotes en la ciudad y otros cien azotes públicos en el pueblo. Sufrió además ataduras y golpes sobre los amarres de un potro de madera. Se le puso una multa de ciento cincuenta ducados de la época y un destierro de diez años. Prestó servicios a la comunidad en un hospital de la localidad, lo que reafirma su poder como sanadora.

No fue quemada como otras compañeras en el estado español, debido quizás a que la brujería en Andalucía como tal no fue tan perseguida o tan central puesto que los tribunales de la inquisición fijaron sus acusaciones en la población morisca, judaizante y protestante. Lo cual no quiere decir que Andalucía no haya estado marcada por condenas hacia mujeres cuya sabiduría era sobresaliente y por tanto temerosa. Por citar algunas, rescato nombres que han quedado registrados tales como: María López y Catalina Díaz ambas de Jerez o Dolores López de Sevilla y que como según apunta  la investigadora Rocío Alamillos, fue la última mujer procesada por la Inquisición en Andalucía

La figura de Leonor está llena de incertidumbres, puesto que los datos se han manejado al hilo de la creación de una bruja anecdótica que se hizo célebre de quien pareciese haberla inventado, Miguel de Cervantes. Con una multiplicidad de elementos que no han podido sin embargo enmascarar el poder de ella y de todas ellas en general: brujas, hechiceras, magas, sabias, visionarias, que más allá de la tortura sobreviven en nuestras memorias corporales y sensoriales.

Va por vosotras…

Leonor Rodríguez, La Camacha. Bruja andaluza, narrada por Cervantes
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