La Wonder Woman feminista resurge cuando más se la necesita Ficciones, Reseñas

El libro de ensayo ‘Wonder Woman: El feminismo como superpoder’, de la periodista Elisa McCausland, analiza los 75 años de vida y la genealogía de la superheroína, escrita y dibujada en su mayoría por hombres que, dependiendo del contexto político y social, han temido su potencial arquetípico.

Imagen en ‘Wonder Woman: El feminismo como superpoder’, que combina la versión de Carla Berrocal con la de Natacha Bustos.

Hace un año desde que la periodista, crítica e investigadora madrileña Elisa McCausland publicase en España su libro de ensayo Wonder Woman: El feminismo como superpoder (Errata Naturae, 2017) y nos sumergiera en el apasionante relato de la construcción de uno de los arquetipos modernos más comentados en la actualidad: la superheroína. Todo ello a través de la evolución histórica de Diana de Themyscira, creada por William Moulton Marston en 1941 y convertida en uno de los personajes femeninos más relevantes de los últimos dos siglos. McCausland —con la colaboración de las dibujantes Carla Berrocal y Natacha Bustos, que ilustran el ensayo— legitimaba, así, la necesidad de estudiar el mundo del cómic y las figuras heroicas por medio de una perspectiva feminista con la que exponer su utilidad como artefactos simbólicos cuyos sentidos, como manifiesta en el libro, varían dependiendo de quién se encargue de producirlos en cada momento.

Su llegada a las estanterías, además, coincidió con el estreno del largometraje protagonizado por Gal Gadot y dirigido por Patty Jenkins, que acabó confirmando el apetito de la audiencia por los viajes heroicos protagonizados por mujeres incluso a pesar de haber visto su potencial enormemente simplificado por los temores de una industria cinematográfica aún reticente. De esta forma, la obra de McCausland complementaba la experiencia fílmica de Wonder Woman (2017) dentro de un contexto cultural en ebullición y permitió que distintos tipos de público se acercaran a los entresijos de la superheroína y se generasen debates y reflexión en torno a un personaje tan inspirador como contradictorio. Sin embargo, la importancia y el valor de su texto no quedaron meramente circunscritos a la coyuntura, sino que, en los meses posteriores, McCausland ha logrado enganchar a los lectores y lectoras hasta poner en el mercado una segunda edición de su trabajo y ser nominada a los Premios Ignotus dentro de la categoría de Libro de ensayo.

El superpoder de la cultura popular

Wonder Woman según Natacha Bustos, para el libro de Elisa McCausland

Wonder Woman según Natacha Bustos, para el libro de Elisa McCausland

A día de hoy, miremos donde miremos nos rodean los superhéroes y, en menor medida, las superheroínas. Se han instalado en nuestro imaginario colectivo gracias a su explotación no solo en las páginas del cómic sino en otros medios como el cinematográfico, que a lo largo de la última década lo ha envuelto todo y ha dificultado que podamos alejarnos de su influencia. No obstante, como comenta McCausland, hablar específicamente sobre superheroínas es algo todavía reciente; el estudio de su historia y de sus posibilidades como símbolos inspiradores, capaces de dialogar sobre nuestra propia naturaleza, aún no se ha llevado a cabo con la misma contundencia que en el caso de sus homólogos masculinos.   

A pesar de su popularidad y del aumento de la demanda por parte, en su mayoría, del público femenino, las superheroínas son víctimas de la práctica inexistencia de una herstory que ahonde en su trayectoria y se desconoce a nivel general de dónde vienen, lo que puede afectar a dónde van. Debemos conocer su pasado para no perder la perspectiva y para entender los vaivenes de unos mercados culturales que no nos dan lo que queremos sino lo que desean que consumamos dependiendo de unas lógicas internas fuera de nuestro alcance. Precisamente siendo consciente de ello, McCausland traza en Wonder Woman: El feminismo como superpoder un relato rico e imprescindible que abarca los setenta y cinco años de vida de Wonder Woman de manera amena y deliciosamente detallada a través de análisis, reflexión y entrevistas con figuras relacionadas con la amazona entre las que se encuentran la historiadora Jill Lepore y los autores Phil Jiménez, Trina Robbins, Renae De Liz y Greg Rucka. Su intención es que comprendamos cómo un personaje creado en los años 40 con ánimo pedagógico a favor de los derechos de las mujeres, del pacifismo y de la concordia llega a desligarse de sus mensajes originarios —hasta el punto de reemplazar sus valores feministas por el más puro sexismo en determinadas etapas de su historia— dependiendo de la coyuntura social y de las ideologías del plantel de guionistas y dibujantes, principalmente masculinos, que se han ido sucediendo en su cabecera. Y qué es lo que todo eso dice del mundo que nos rodea.

De esta forma, como bien argumenta McCausland, la cultura popular funciona a modo de reflejo de quiénes somos. Eso, junto con su consumo masivo por públicos de todas las edades, hace que ostente un enorme poder como vehículo de ideas razón por la cual Marston escogió el cómic para llegar a las mentes de la población estadounidense. Resulta, por tanto, esencial la aproximación de la autora a estos productos superheroicos en su ensayo desde un prisma que asume, ya de partida, ese alcance potencial para reescribir, subvertir y hackear o, por el contrario, para reforzar las ideas del establishment. Así, ilumina muy claramente los aspectos más controvertidos del personaje, como la apropiación de su imagen por parte del feminismo liberal o la presencia de simbología BDSM durante su primera etapa, y también explica ciertos eventos determinantes de la propia historia del cómic.

Necesidad de iconos feministas

En su repaso por la historia de Diana de Themyscira, McCausland desgrana las distintas formas con las que se han ido modificado y resignificando desde el ideario amazónico hasta los superpoderes y accesorios de la protagonista, su relación con los demás personajes y su misma esencia heroica, evidenciando que ni siquiera la mujer más importante de la tradición comiquera se ha librado de un trato desigual por su género. Al intentar seleccionar con el guionista Greg Rucka las mejores aventuras de la superheroína, éste concluye que, tras setenta y cinco años, no son tan numerosas como cabría esperar para un personaje de su relevancia y longevidad, y esto, obviamente, no es casual. Por medio de esos detalles y del minucioso estudio de McCausland llegamos a hacernos una idea de lo difícil que resulta hacer valer el feminismo y a sus protagonistas femeninas dentro de un mundo que las ha entendido, tradicionalmente, como un peligro y ha preferido relegarlas a la última fila siempre que ha sido posible.

Wonderwoman según Carla Berrocal, para el libro de Elisa McCausland

Wonder Woman según Carla Berrocal, para el libro de Elisa McCausland

En este sentido, según le indica Trina Robbins a Elisa McCausland, Wonder Woman “ha sido víctima de su condición de marca en posesión de DC Comics, y también de haber sido escrita por hombres que a veces parece que tenían miedo a su potencial arquetípico”. Es, precisamente, ese arquetipo en el que McCausland está especializada y lo desgrana por completo para explorar las posibilidades del camino de la superheroína creada por Marston, deudora del sufragismo y del feminismo amazónico. Sin olvidar en ningún momento el peso que Wonder Woman ha tenido dentro y fuera del mundo del cómic con sus valores de sororidad y empoderamiento femenino, llegando a convertirse en uno de los ejemplos más icónicos del movimiento feminista a nivel mainstream.

En un acto de herstory especialmente agradecido, McCausland también recupera a otras superheroínas que fueron devoradas por el mercado y no han llegado a nuestros días; las nombra, habla de ellas y las hace visibles. Esta vertiente herstórica de la autora hace que podamos entender con cierta perspectiva la situación de escasez de referentes femeninos inspiradores y el maltrato que han sufrido a lo largo de la historia.

Así, la cultura —más aún la de masas, como medio primordial para la transmisión de mensajes, es sistemáticamente reformada para encajar bajo unos patrones muy concretos que, aún a día de hoy, estén bajo el paraguas del discurso hegemónico dominante. No son, pues, de extrañar la redefinición y la simplificación constantes a las que Wonder Woman se ha visto sometida a lo largo de los años, a sabiendas por parte del mercado que como heroína, amazona y contenedor, en sus mejores momentos, de ideas relacionadas con el feminismo no podía dejarse al servicio del progreso porque su mensaje tendría capacidad para educar a millones de personas e influenciar sus actitudes y creencias. McCausland demuestra, por tanto, que los cómics de Wonder Woman retrocedían en épocas de cambio social para no hacerse eco ni validar cuestiones que pudieran poner en peligro el statu quo y destaca que la sección The Wonder Women of History, ideada en los años 40 para relatar dentro de la serie regular las vidas de mujeres que habían dejado su impronta en la historia, fue reemplazada por un catálogo sobre costumbres nupciales y consejos de belleza con la que contrarrestar el efecto inspirador de la publicación original.

Sin embargo, la autora es claramente optimista y comprende que Wonder Woman es experta en “resurgir como feminista cuando más se la necesita”. De esta manera, revaloriza en su libro a uno de los personajes femeninos más importantes de los últimos dos siglos y lo sitúa de forma excepcional en el mapa global de las creaciones superheroicas. Además, se trata de un trabajo increíblemente oportuno visto el éxito mediático de la versión cinematográfica interpretada por Gal Gadot. Su pleno entendimiento del poder de la cultura popular y de la necesidad de genealogías feministas dan forma a un ensayo que deja patente que las superheroínas, como arquetipos inspiradores, contienen un potencial ilimitado que debemos reapropiarnos incluso cuando el mercado decide reducirlas a meras participantes secundarias de las que es preferible desviar la atención. La importancia de Wonder Woman está ya fuera de toda duda, así que, según McCausland, la pelota está en nuestro tejado ahora más que nunca; las personas productoras, creadoras y consumidoras debemos ser dignas de lo que la amazona nos ofrece y dejar de traicionarla para que, por fin, pueda hacer uso de su verdadero superpoder: el feminismo.

Elisa Mc Causland es colaboradora de Pikara. Te invitamos a leer sus artículos sobre cómic y cultura popular 

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Rebeca Gracia Lara

Comunicadora audiovisual, analista cultural e investigadora especialista en representación de género, cultura popular y narrativa audiovisual. También divulga sobre cine realizado por mujeres, entre otros sitios, en el proyecto 'Her Film Story' (https://vimeo.com/herfilmstory).

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