“En la industria del cine hay un deseo de ruptura pero también muchas resistencias” Entrevista, Ficciones

Aránzazu Calleja ha puesto música a documentales, largometrajes, largos de animación y ha creado sintonías para televisión: ‘Nagore’, ‘Psiconautas’, ‘Fe de Etarras’, ‘El ataúd de Cristal’… Uno de sus trabajos, ‘Éramos pocos’, dirigido por Borja Cobeaga, se paseó por la alfombra roja de los Oscar nominado a mejor cortometraje. Solo una mujer ha ganado el premio Goya a la mejor banda sonora, Eva Gancedo, y en Hollywood solo hay una compositora por cada 72 hombres.

Aranzazu Calleja en una foto cedida por ella

Aranzazu Calleja en una foto cedida por ella

“Después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música”. Con esta frase de Aldous Huxley define la compositora Aránzazu Calleja (Bilbao, 1977) qué significa la música para ella. Su mundo es complicado: se dedica a la composición de música para cine en una industria que reserva el protagonismo en esos espacios de creatividad a los hombres: los premios, las películas, las críticas y los elogios son para ellos. Solo una mujer ha ganado el premio Goya a la mejor banda sonora. Fue Eva Gancedo por La Buena Estrella. Un panorama similar contemplamos en Hollywood donde solo hay una mujer compositora por cada 72 hombres.

Aránzazu Calleja ha puesto música a documentales, largometrajes, largos de animación y ha creado sintonías para televisión. Nagore, Psiconautas, Fe de Etarras, El ataúd de Cristal… Uno de sus trabajos, Éramos pocos, dirigido por Borja Cobeaga, se paseó por la alfombra roja de los Oscar nominado a mejor cortometraje.

“NO ES FÁCIL CONCILIAR LA PRODUCCIÓN DE UNA PELÍCULA CON LA VIDA FAMILIAR. EL HOMBRE HA PODIDO VOLCARLE EN EL TRABAJO ARTÍSTICO SIN PENALIZACIÓN SOCIAL”

De su carrera de violín y de sus estudios de Bellas Artes y musicoterapia nace su música: sencilla y muy personal. Ha pasado por el Taller de Musics y la Universidad Pompeu Fabra. Fue becada para estudiar en Berklee College of Music de Boston y seleccionada para participar en la Berlinale Talents 2014. Miembro de la Academia de las artes y las Ciencias Cinematográficas de España, Calleja trabaja ahora en la música de Taxi a Gibraltar, la próxima película de Alejo Flah, y en una coproducción que dirigirá Martín Rosete y que llevará su nombre a Estados Unidos.

Definir su música es complejo: hace falta mezclar violines, electrónica, dulzura, fuerza, folk tradicional, delicadeza y un sabor del oeste en un pentagrama y darle muchas vueltas. Aún así, siempre es diferente.

¿Cómo aterrizaste en el mundo del cine?

Tuvo mucho que ver con la amistad que hice en la universidad con Borja Cobeaga, Haritz Zubillaga, Nahikari Ipiña y Nacho Vigalondo, alumnos de comunicación audiovisual, que venían a las clases de cine de mi facultad (Bellas Artes de la Universidad del País Vasco). Comencé a colaborar con Borja en sus primeros cortos, y resultó que tuvieron bastante éxito y visibilidad: su primer corto en cine, La primera vez (2001), fue nominado al Goya y el segundo, Éramos pocos (2005), al Óscar. A partir de este tándem, con el que me divertí y aprendí mucho (y lo sigo haciendo, a día de hoy seguimos trabajando juntos) comencé a desarrollar mi propio lenguaje.

Estudié música en el Conservatorio, pero no estudié la carrera de composición completa, por ello no me consideraba compositora, así que sentía la libertad de hacer lo que me diera la gana. Me guiaba por mi intuición y resolvía a través de la herramienta que tenía más a mano: mi violín. A través de él contaba todo lo que me encargaban. Contaba con músicos amigos desde las primeras maquetas, o grababa yo misma lo que quería que después se tocara. Esta manera de trabajar determinaba mucho el resultado final. Así se fue definiendo mi forma de hacer. Los proyectos en los que iba colaborando se movían bastante, así que mi trabajo se dio a conocer y pronto comencé a recibir propuestas y a aceptar proyectos variados.

¿Cómo imaginas la música para un proyecto? ¿Cuánto se tarda en componer una banda sonora?

La lectura del guión y las conversaciones iniciales con el director o directora del proyecto son esenciales para imaginar la futura música de una película. Explicarse en términos musicales suele ser algo complicado para quien dirige, por eso las referencias suelen ayudar, siempre que se tengan las ideas muy claras y sepan especificar el porqué de esa referencia, qué tiene de interesante esa música para que sea apropiada para esa historia. Los encuentros y diálogos previos al visionado del primer montaje agilizan mucho el trabajo de creación inicial, la búsqueda de ideas musicales que determinará la estética de lo que será la banda sonora. Una vez llega el montaje cerrado, los músicos solemos tener entre uno y dos meses (dependiendo de la producción) para componer, grabar y mezclar toda la banda sonora.

Aranzazu Calleja Reel from Aránzazu Calleja on Vimeo.

¿Hay muchas mujeres que se dedican a la composición musical en el cine?

Las hay; no hay muchas pero, por suerte, cada vez nos estamos haciendo más visibles. Creo que el motivo fundamental por el que somos tan pocas es la falta de referentes y la falta de visibilidad de las que hay. Esta carencia se evidencia en los datos actuales: en Hollywood hay 1 mujer compositora por cada 72 hombres. Esto no se debe a que componer la banda sonora de una película sea una labor “más de hombres”, sino a un claro ejemplo de discriminación. El trabajo creativo, con los tiempos que marca la producción de una película, no es fácil de conciliar con la vida familiar. El hombre siempre se ha podido ausentar con mayor facilidad de las labores y responsabilidades familiares, o incluso, ha podido optar por una vida entregada a su trabajo artístico, sin que ello le ocasione ningún tipo de penalización social.

Pero por fortuna cada vez hay más referentes…

Recientemente he escuchado hablar del trabajo de Paloma Peñarrubia, que ha compuesto la música de Bajo la piel del lobo. También destacaría a Mursego, compositora eibartarra que ha compuesto para pelis como Emak Bakia o Amama, con una propuesta muy interesante. A nivel internacional mi gran descubrimiento es Mica Levi, una jovencísima compositora británica que ha puesto música a películas como Jackie, por la que fue la tercera mujer en la historia nominada al Oscar a la Mejor Banda Sonora, o  Under the skin. Las tres utilizan un lenguaje poco estandarizado en la música de cine, cercano a lo experimental y a la búsqueda de una voz propia.

“HACE AÑOS TE HUBIERA RESPONDIDO QUE ES FÁCIL TRABAJAR CON HOMBRES, PERO AHORA RECONOZCO ACTITUDES MISÓGINAS, PREPOTENTES Y DISCRIMINATORIAS POR PARTE DE ALGUNOS DIRECTORES Y PRODUCTORES”
También hay compositoras más clásicas: Rachel Portman (Las normas de la casa de la sidra, Chocolat), Anne Dudley (Juego de lágrimas, Full Monty, Elle), Jocelyn Pook (Habitación en Roma, Eyes Wide Shut) o Shirley Walker (Memorias de un hombre invisible). También la interesantísima Wendy Carlos, una de las precursoras en utilizar música electrónica en las bandas sonoras y primera compositora transexual de música de cine.

A pesar de todos estos referentes, ¿están las academias y la industria demasiado masculinizadas? ¿Es un sector machista?

Hace años te hubiera respondido: “¡Qué va! Casi todos los directores con los que trabajo son hombres y ha sido siempre todo muy fácil”. Pero ahora, con mayor perspectiva, puedo decirte que sí lo he sentido. He percibido ciertas actitudes misóginas, prepotentes y discriminatorias por parte de algunos directores y productores. A veces estas conductas pasan desapercibidas para nosotras, porque desgraciadamente estamos demasiado acostumbradas a ellas y las normalizamos.

Para fomentar la presencia femenina en categorías donde su porcentaje es todavía escaso, este año el Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA) ha aumentado la puntuación para los proyectos que cuenten con jefas de equipo en los puestos en los que se detecta más desigualdad, como es el caso de la composición musical. Ante esta nueva orden, he observado que hay directores y productores que entienden esta reforma como un gesto de caridad, como una forma de discriminación positiva, término machista para no decir reparación histórica. La asumen para cubrir expediente, no para promover una conducta de igualdad y así dar visibilidad al trabajo de mujeres.

Volvamos a hablar de las creadoras. ¿Con qué directoras, actrices o músicas te encantaría trabajar?

Ahora mismo hay una estupenda cantera de jóvenes directoras, como Mar Coll, Carla Simón, Isabel Coixet o Nely Reguera. Hacen un tipo de cine que me interesa y me emociona. Me encantaría colaborar con cualquiera de ellas. A nivel internacional me gustaría trabajar junto a directoras como Greta Gerwig. No es casualidad que la banda sonora de Ladybird, su ópera prima, esté firmada por uno de mis músicos preferidos, Jon Brion. También sería maravilloso colaborar con directoras como Kelly Reichardt, Sally Potter, Jane Campion o la francesa Mia Hansen-Love.

“ME ENCANTARÍA PARTICIPAR EN SERIES CREADAS POR MUJERES CON PERSPECTIVA DE GÉNERO, COMO ‘BIG LITTLE LIES’ O ‘TOP OF THE LAKE’. CURIOSAMENTE, NINGUNA DE ESAS SERIES CUENTA CON UNA COMPOSITORA EN SU BANDA SONORA”.
En cuanto a actrices, es cierto que hay algunos proyectos que, simplemente por el hecho de tener en sus créditos a ciertas actrices, ya merecen mi atención, como es el caso de Susan Sarandon, Marion Cotillard, Isabelle Huppert, Charlotte Gainsbourg o Cate Blanchet, por citar algunas. Frances McDormand probablemente sea, a día de hoy, una de las actrices que más respeto y fascinación me despierta.

Como música me encantaría colaborar con compositoras como Mica Levi o Jocelyn Pook. El estilo de Mica Levi se acerca al de la música experimental, y en su breve trayectoria, ha conseguido abrirse camino con un lenguaje poco utilizado en el cine comercial, rompiendo estereotipos.

¿Con quién cuentas en tus proyectos?

Estoy rodeada de muy buenos músicos y músicas y de muy diversos estilos. Es importante que los músicos con los que colaboras te den confianza y te hagan sentir cómoda, al fin y al cabo, están interpretando tus creaciones. En mis primeros proyectos siempre contaba con Itxaso Díez, violinista y amiga de la época de estudiante en el Conservatorio. Ahora estoy trabajando en una banda sonora en la que participan músicas de la talla de Esther López y Marion Desjacques (trompetista y arpista de la BOS) y Maite Aurrekoetxea (directora del Conservatorio de Bilbao). Recientemente he trabajado con la violinista Maureen Choi, o con guitarristas de la escena de rock bilbaíno, como Álvaro Segovia o Josu Aguinaga. También con Borja Barrueta, el batería de Jorge Drexler. Cuando necesito la colaboración de algún intérprete de lenguaje más tradicional cuento con la ayuda de mi hermano Anton, albokari y multiinstrumentista, que me acerca a músicos muy buenos del entorno del folk.

¿Y si me hablas de un sueño?

Me encantaría participar en uno de estos nuevos modelos de proyecto, ideados, producidos, dirigidos, escritos y protagonizados por mujeres, que buscan visibilizar historias y personajes femeninos, comprometiéndose con la responsabilidad de  generar conciencia y promover la reflexión sobre las desigualdades de género. Como ejemplo de esto, las series Big Little Lies, Feud (Bette and Joan), Top of the lakeEl cuento de la criada, la maravillosa Olive Kitteridge, dirigida por Lisa Cholodenko y protagonizada por Frances McDormand. Curiosamente ninguna de estas series cuenta con una compositora en su banda sonora.

¿Crees que hay un mejor futuro para las mujeres en el mundo del cine?

Creo que hay una toma de conciencia real ante la situación de desigualdad de las mujeres en el cine y un deseo de ruptura, aunque no hay que engañarse: todavía hay muchas resistencias. Entre los 45 académicos músicos solo somos 3 mujeres. A día de hoy esta es la situación. Alucinante, ¿no?.

Si el compromiso de la industria y de los políticos con la igualdad persiste, cambiará la historia y se romperán estereotipos. Así nos iremos acostumbrando a ver imágenes de técnicas de sonido, compositoras, mezcladoras, etc. y los modelos para las nuevas generaciones se ampliarán, permitiéndonos un mayor acceso a todas las disciplinas. En este escenario, de aquí a cinco años, habrá una cantera de mujeres profesionales estupendas que podrán situar su trabajo al mismo nivel, tanto en calidad como en presupuesto, que el de nuestros compañeros.

¿Y qué me dices del papel de las asociaciones de las mujeres cineastas?

Asociaciones como CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales) trabajan por la presencia igualitaria en la industria. Gracias a su labor se está impulsando un cambio real y emocionante. Acciones como la de repartir abanicos rojos en la pasada entrega de los Goya con el lema #Másmujeres, de la que se hizo eco hasta la prensa del corazón, son símbolos que generan conciencia. Estamos viviendo un momento histórico en el que la vergüenza, por fin, ha cambiado de bando: ahora lo que está mal visto es no posicionarse del lado del feminismo.

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Periodista, feminista, especialista en Relaciones Internacionales. Ahora en La Sexta Noticias, entre otros proyectos. Blog: http://www.sinpasaportes.wordpress.com

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