Soledad siempre sola Ficciones, Tocador de señores

Soledad siempre ha estado sola, salvo por algunas mujeres que han estado con ella en preciosos y frágiles momentos. Sabe que, si hubiera nacido solo veinte años más tarde, ahora tendría mujer e hijos, y quizá estaría esperando el primer nieto.

Ilustración: Emma Gascó

Ilustración: Emma Gascó

Soledad vive sola, en un apartamento en tercera línea de playa, en una de esas ciudades levantinas llenas de jubilados en invierno y escandalosos jóvenes en verano. Lleva allí quince años, desde que se prejubiló a los cincuenta y supo que necesitaba irse al mar. A la mar más bien, porque Soledad sabe que la mar es una mujer. Por eso desayuna en la arena, un plátano y una naranja; luego cierra los ojos y, desnuda, antes de que pase la primera pareja de policías urbanos, se sienta en la orilla y deja que la mar acaricie con la espuma blanca su piel, que siempre ha sido tersa y traslúcida.

Soledad siempre ha estado sola, al menos por la noche, porque algunas mujeres han estado con ella en preciosos y frágiles momentos, en contados días de indescriptible pureza: Marta, casada con tres hijos, que estuvo viniendo un fin de semana al año durante tres veranos. Ingrid, o como se llamara aquella escultural noruega a la que nunca entendió (ni siquiera cuando se despidieron en el aeropuerto supo si pretendía que se fuera con ella a Bergen). Sonia, rapada y con pendientes por todo el cuerpo, brutalmente bella, pero siempre asustada y dándole la espalda al compromiso, apareciendo y desapareciendo como un animalillo inquieto.

Soledad pasa todo el día fuera, deambulando por la orilla, quizá regocijándose en la tragedia de su vida perdida. Robada más bien. Insultada desde los ocho años con palabras que ni siquiera entendía. Maltratada con electrochoque, expulsada de su casa. Viendo cómo ahora las chicas llevan orgullosas camisetas que lucen la palabra que para ella fue un estigma. Porque cuando le dijeron que padecía lesbianismo supo que moriría de eso. Lo trágico fue que al cabo de unos años supo que lo suyo no tenía cura porque no era una enfermedad. Supo que le habían robado la vida.

Soledad se sienta en una terraza al sol, incluso ahora que es invierno, y come junto a un matrimonio inglés con tres deliciosos niños rubios. Y sabe que si hubiera nacido solo veinte años más tarde ahora tendría mujer e hijos, y quizá estaría esperando el primer nieto. Luego toma un café y se dirige de nuevo hacia la orilla, porque es el peor momento del día. Acaricia de nuevo la idea de fundirse con su amante la mar de una vez para siempre, pero cada día es más vieja y está más cansada, y además sabe que nadie irá a ponerle flores en la tumba. Así que se sienta de nuevo en la orilla y duerme la siesta, hasta que algún chaval la despierta con sus gritos ahora que ya han salido del colegio (del único colegio de esta ciudad de veraneantes) y juegan a la pelota junto a ella, poniéndola perdida de arena. Hacia las siete, con el sol a punto de desaparecer, Soledad vuelve hacia su apartamento en la tercera línea, con una diminuta terraza que ni siquiera da al mar, y se queda dormida delante de la tele, como todas las noches. Siempre sola.

Soledad siempre sola
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José Luis Serrano

Matemático sin teorema, historiador sin publicaciones, inmigrante con papeles, poeta sin libro, director de cine sin película, eurofan sin bandera, católico sin iglesia, oso sin pelo, queer sin seminario sobre teoría de género. Nacido en Ciudad Real, a los dieciocho años emigró a Madrid a estudiar Matemáticas, donde descubrió a Gödel y Turing, perdió la fe en las ciencias y se dedicó a la contemplación de la perversa obra de Dios. En 2012 publicó su primera novela (Hermano) y una colección de relatos de viajes, cuentos y escritos contra la homofobia (La tumba del chicle Bazooka). En 2014 publicó su segunda novela, Sebastián en la laguna. En 2015 publicó su tercera novela, Lo peor de todo es la luz. Fue coordinador durante 10 años de la sección cultural de la web www.dosmanzanas.com, donde se dedicó cada viernes, con la columna Desayuno en Urano, a comentar películas y libros de temática LGTB.

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