Pócimas para dormir a una bruja Participa

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Bárbara Vivas

momo | A Kick Off! | Creative Commons

Sabemos que una bruja es una mujer sabia, auténtica y poderosa, es decir, una mujer consciente y despierta porque vive en plena conexión consigo misma. Una bruja sabe lo que quiere y es capaz de seguir su intuición sin remordimietos, del mismo modo que se permite el goce del placer que le brindan sus sentidos. Una bruja se ama tal y como es,porque una bruja ve más allá de las apariencias.

Tales mujeres significan una amenaza para el orden establecido (lo eran en el pasado y lo son hoy), porque ella se plantea sus propias reglas, tiene su propia moral y sólo obedece a su autoridad interna. Una bruja ejerce la crítica y la autocrítica, cuestiona todo y crea sus propios estándares morales y éticos a partir de una reflexión comprometida con los valores de la emancipación de sí misma y de la humanidad como colectivo, las brujas siempre han sido mujeres de poder y sujetos de transformación dentro de su contexto social.

En el pasado, las mujeres capaces de preparar pócimas mágicas, reconocer las cualidades medicinales de las plantas, danzar bajo la luna, en fin, ser autónomas, gozar de su cuerpo y enriquecer su intelecto, eran calificadas como brujas. Estas mujeres desobedecían al canon y al destino que se les había legado: ser madres, criar a los hijos y sobre todo, obedecer al marido.

Las letras y la botánica era asunto de los hombres y/o de la Iglesia. Precisamente por eso, la Santa inquisición fue una de las instituciones eclesiásticas que persiguió con mayor crueldad y ferocidad a estas mujeres, calificándolas de herejes, estigmatizaron sus prácticas botánicas y culinarias, sus danzas y su culto a la naturaleza, calificándolo como  herejía para finalmente asesinarlas haciéndolas arder en la hoguera. La finalidad última de esta persecución atroz, no era otra que la de quebrar la moral, la fuerza y el poder que estas mujeres ostentaban en la comunidad.

También se conoce ampliamente, que el gozo de sus cuerpos y su sexualidad era a priori un pecado. La Iglesia, nuevamente, como institución de poder debía buscar la manera de ejercer el control sobre hombres y mujeres, la mejor manera de lograrlo era atacando sus creencias y, sobre todo, sus cuerpos (pero de eso hablaremos en otro artículo).

Con estas mujeres desaparecía un amplio conocimiento de la naturaleza y sobre todo un conocimiento de las mujeres sobre sí mismas: su cuerpo, sus emociones, sus placeres, su ciclicidad. Toda una generación de niñas quedó privada de la sabiduría de sus abuelas o madres. Pero como sabemos, una bruja es una mujer inteligente, muchas de ellas supieron aguardar sabiamente en el silencio, con la certeza de que la humanidad aprendería de sus errores y llegaría el momento del resurgir de entre las cenizas.

Hoy, en pleno Siglo XXI, se vuelve a hablar de ellas, ya no desde la ignorancia o la persecución religiosa, se ha releído la Historia con carácter crítico y desde todos los rincones académicos y no académicos se ha cuestionado la visión que se tuvo sobre estas mujeres poderosas.

Pero voy más allá, si bien se ha revisado la postura que se tuvo sobre las mujeres sabias del pasado, cabría hacernos la pregunta ¿Y sobre las mujeres del presente, qué visión pretende imponerse? ¿Existen las brujas modernas?

Sí que existen, y la Inquisición (metafóricamente hablando) ya no es tan evidente como antes, más sigue siendo cruel y feroz al momento de perseguir a una mujer libre y transgresora que, en definitiva, ponga en jaque las estructuras sociales, políticas y culturales de su tiempo.

¿Cómo dormir a una bruja moderna?

¿Cuáles son las pócimas que se emplean hoy en día contra las brujas?

Si partimos del principio de que estas mujeres cuestionaban y cuestionan el poder, sabremos que toda institución que represente a éste ejercerá el rol opresor ¿Pero de qué manera el poder quema en la hoguera a las mujeres libres y cuestionadoras? Para responder esta pregunta hace falta observar cuáles son los medios por los cuales se expresa el poder en la actualidad: las leyes, las Instituciones del Estado y de cierto modo la Industria (con esto me refiero a las grandes Corporaciones económicas).

Estos tres elementos trabajan en conjunto y en muchas partes del mundo, las mujeres viven una realidad social de desigualdad y vejamen: salarios inferiores, punición del aborto, vacío legal frente distintos tipos de violencia (obstétrica, doméstica, acaso callejero, etc.), sentencias judiciales que favorecen a los criminales (caso “la Manada” en España), una Iglesia cómplice y silente que no se pronuncia al respecto y una industria cultural que generalmente concibe a la mujer como mercancía o consumidora.

Para dormir a una bruja hoy día basta con privarla del conocimiento (la ignorancia ha sido siempre una herramienta muy favorable de los poderosos), reprimir su cuerpo (un cuerpo que no goza es un cuerpo que se atrofia), someterla espiritualmente (todavía meten sus rosarios en nuestros ovarios) y, aquí lo fundamental, reforzar un sistema de creencias, que construya una opinión generalizada sobre lo que es y no es una mujer (atacar la identidad).

Con el fin de lograr esto último, el accionar es sutil pero sistemático. En las calles, en la televisión, en todas partes nos rodea un mensaje constante: “Esto es una mujer”. Mostrando sólo un esquema estético estandarizado, una conducta sumisa y complaciente, el cuidado del hogar (Como si no pudiera concebirse la posibilidad de que un hombre haga lo mismo, o peor aún como si una mujer que no lo haga estuviera dejando de ser mujer).

Los  subterfugios de la Inquisición moderna se camuflan tras sus atractivos colores, las luces del espectáculo y el culto a un canon de belleza imposible y excluyente. Conquistar el cuerpo y la mente de las mujeres es el paso definitivo para poderlas someter.

Por eso la cultura es el arma más poderosa contra las brujas modernas. … ¿Cómo nos duermen hoy día? Con telenovelas, con estereotipos, con dinámicas de vida extenuantes y, muy importante, con amor romántico: sí, dormirnos pasa por definir nuestro concepto de lo que es el amor y su práctica.

Despertar de este adormecimiento, levantarnos sin esperar por el beso del príncipe azul, luchar como una mujer, todo esto requiere un cuestionamiento profundo sobre temas fundamentales: el rol asignado a la mujer, sus oportunidades de progreso en un “mundo de hombres”, el canon de belleza y el ejercicio de su sexualidad.

Mi invitación es a que, tal como en el pasado hicieran nuestras ancestras, encendamos el fuego sagrado del conocimiento, luz que se abre paso a la oscuridad de los tiempos modernos, y nos reunamos todas nuevamente para danzar, gozar y transformar el mundo.

Pócimas para dormir a una bruja
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