Mis hermanas las putas Participa

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Sandra Agundez del Castillo

Cartel del Colectivo de Prostitutas de Sevilla

Qué difícil es ser feminista pro-derechos en un sistema patriarcal.

Cuando la sororidad se rompe y el patriarcado gana es sobre todo cuando en la ecuación existe una persona que se dedica al trabajo sexual.

Ahí ya no estamos todxs de acuerdo.

Para el feminismo este siempre ha sido una de sus grandes limitaciones y donde se quiebra el movimiento político. En este sentido, el feminismo da sus grandes pasos hacia delante obviando una parte muy importante del movimiento, que no puede haber feminismo sin unión, sin todas las mujeres y sin la sororidad que le caracteriza.

A continuación quiero explicaros mediante varios acontecimientos actuales cuáles son esas mujeres que deja fuera.

Hace apenas unas semanas vimos alzarse en masa y denunciar en diferentes ciudades de España a asociaciones, profesionales de ámbitos diversos y ciudadanxs en contra del acto ejemplarizante que ejerció la justicia patriarcal y que permea toda la sociedad, (la sentencia de “La Manada”) que vio la luz en Abril.

Después de esto y de darnos cuenta que el sistema que hace funcionar nuestras vidas tiene aliados en todas las direcciones y formas; explotan las redes sociales (sobre todo Instagram) sacando a la luz la existencia de fotógrafos que utilizan su posición de superioridad, su condición y sus privilegios tanto de su profesión, su status y su género como herramienta para ejercer abusos y vejaciones en contra de las modelos. En este caso también hay una movilización masiva en redes sociales, expresando repugnancia y desprecio como consecuencia se hace eco del machismo al que somos sometidas las mujeres en el ámbito de la moda y la fotografía.

Hace una semana se da a conocer el caso de una mujer que denunció a tres hombres de 28, 43 y 48 años de edad por violación. El Tribunal Superior de Justicia de Murcia declaró que seguirán investigando el caso por abuso sexual y no por violación. Estos tres acusados están en libertad con una orden de alejamiento con la mujer a la que han agredido sexualmente y que las pruebas acreditan los hechos acometidos. Los acusados declararon ante los magistrados que no hubo violación porque la mujer es trabajadora sexual.

Silencio. Silencio abrumador, un par de minutos en televisión y deportes.

Esto se traduce en varias lecciones para las mujeres y su lugar en este mundo que las quiere sumisas: la primera es que su masculinidad les da derecho a justificar su violencia en contra de las mujeres identificándolas como prostitutas, por lo que se les otorga el poder de drogarte, violentarte, violarte, dejarte rota y luego justificar sus actos declarando que eras una puta y quedando impune. Y la segunda lección es que, si te dedicas al trabajo sexual, permites que tus clientes puedan realizar todo acto violento y vejatorio contra ti y que tu profesión es justificación suficiente para tal maltrato, cuando sabemos de sobra que el machismo y el patriarcado no hacen distinción y operan de igual manera sin discriminar ninguna de las profesiones a las que nos dediquemos ya que es un sistema estructural que nos oprime a todas.

Lo que vengo a decir por una parte, es que con este caso observamos una normalización peligrosísima de las agresiones hacia un colectivo de profesionales que se dedican al trabajo sexual.  Esto sin duda alguna se debe a la cultura de la violación, a los privilegios que les otorga el sistema patriarcal a los hombres sobre las mujeres y el derecho que han obtenido a que les pertenezcamos en tanto que objetos de placer y disfrute. Pero por otro lado y sin menos importancia, es que existe una caza de brujas en torno a estas personas tanto a nivel legislativo y judicial como a nivel social, ya que se sigue negando las voces de estas personas y sus derechos.

El trabajo sexual es un trabajo no reconocido como tal, tremendamente estigmatizado gracias a los estándares de feminidad, roles de género y la doble moral. Socialmente y desde la perspectiva abolicionista son personas a las que hay que salvar y a las que no se les reconoce la voluntariedad de su trabajo como personas adultas capaces de decidir. Por consiguiente, se las relega a espacios que les vulneran enormemente y con más riegos, y como claro ejemplo tenemos el caso de “La Manada de Murcia” en el que ocurre una negación de la voz de esta mujer y no hay movilización, no hay ruido, solo un hilo de voz de los colectivos de trabajadorxs sexuales y de personas que se dedican a ello de una forma voluntaria.

Al comienzo he apuntado que al ser el trabajo sexual uno de los ámbitos que separa a feministas en vez de acercarlas, creo sin ninguna duda que muchos de esos feminismos no escuchan lo que las personas que trabajan en el ámbito de la prostitución tienen que decir. Recordemos que no nos maltratan o nos asesinan por dedicarnos al trabajo sexual (a la limpieza de hogar, a la repostería, a la medicina, a la agricultura, a la construcción…), sino por ser mujeres libres con capacidad de decidir sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos. Este es el mensaje por el que debemos unirnos y luchar.

Mis hermanas también y por supuesto, son las putas. 

 

Mis hermanas las putas
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