Lucía Etxebarria, siglo XXI y poliamor Ficciones, Para más señas

‘Más peligroso es no amar’ es, en cierto modo, la versión en español del archiconocido ‘Ética promiscua’. La autora te narra su tesis sobre el poliamor y las relaciones no convencionales con ese tono característico suyo, ameno y cercano, como si te hablase cubata en mano mientras tú te fumas un pitillo a su lado.

Fotografía de Davit Ruiz www.davitruiz.com

Fotografía de Davit Ruiz www.davitruiz.com

En breve llega el veranito. Sale el sol, los pájaros cantan, las nubes se levantan, que sí, que no, que en Bilbao cae un chaparrón. ¡¡Querida persona que decides que no quieres estar soltera!! (Mi más afectuoso saludo a las solteras por elección: en estos tiempos de parejeo casi por imperativo legal SOIS DIOS) ¡¡Este verano es tu verano y si no has pillado cacho, en breve lo pillas fijo!! ¿Qué? ¿Qué ya tienes parejas? ¿¡Pero desde cuándo es eso un problema que te obligue a salir del mercado!? A ver, alma de cántaro. Centrémonos. ¿A ti te suena la palabra POLIAMOR? Y no, no estoy hablando de querer a la policía, dios me libre. Poli se refiere a muchos y amor, pues eso, a no sentir indiferencia. You know what I mean? Bueno, no sé a ti, pero  el caso es que a mí siempre me ha interesado el tema poliamoroso. Aunque también admito que soy menos de conceptos y más de procedimientos. Leí Ética promiscua de Dossie Easton y Janet Hardy hace algunos años. Me dejó un poco como estaba. No aprendí nada nuevo, pero sí me gustó ver por escrito explicaciones sobre actitudes parejiles que llevo viviendo desde los 15. Así que se lo recomiendo a todas las adolescentes. Evidentemente no soy un putón ético practicante desde que empecé a tener parejas, pero si me pongo a pensar y analizar, podría admitir y admito que sí lo llevo siendo con picos altos y picos bajos desde que, a los 19, empecé a ordenarme y poner nombre a lo que sentía, quería y necesitaba. Nunca he tenido una relación monógama limpia. Bueno sí. Una vez. 6 meses. Pero el resto de mis relaciones, han tenido siempre solapamientos, terceras, cuartas y quintas personas.  Habrá gente a la que se le haga raro. Pero yo siempre que he rascado un poco he descubierto que aquí todas tenemos el dodotis cagado y que monógamas practicantes con historial intachable habrá como mucho un puñado. Y conmigo no han hablado. En fin. Yo no sé vosotras, pero yo cuando conozco a alguna persona nueva siempre me planteo si SÍ o si NO. Si eres un putón no hace falta que te diga más. ¿A que n
o? Pero para las que se pregunten ¿a qué se refiere con esto? Pues os cuento que, madura y profunda que es una, cuando por primera vez pongo un pie en un curro, en la escuela de idiomas, en clases de salsa… o donde sea, siempre hago dos grupos con la gente que aún no conozco y con la que pasaré un rato estando en el mismo lugar: las personas con quienes me liaría y las personas con quienes no. ¿Hola?—pensaréis. Pues sí, que tengo mucho amor para dar y no se gasta, vaya. Debo decir que de un tiempo a esta parte (años y años) cada vez es menos la gente con la que me metería en un fregao amorososexual, porque me da una pereza tremebunda todo el proceso en sí. Además de que trabajo muchas horas a la semana y acabo agotada, últimamente soy un poco más de ver estos asuntos desde la barrera para intentar sobrevivir dignamente a la vida e invertir la poca energía que me queda post curro en pasear con mis perras. Pero vamos, que en pocas palabras puede decirse que voy por la vida, me encuentro a personas, y hay gente a la que sexualizo y gente a la que no. Supongo que “lo normal”, ¿no? Añado también, aprovechando que el Nilo pasa por Egipto, que yo siempre me he relacionado con aquellas personas a las que sexualizo desde ser muy objeto. No un objeto inerte, sin voluntad y discreto, ojo, sino un objeto pensante, contante y sonante, sobre todo muy pero que muy sonante. Un objeto activo, diría yo. ¿Y con esto a qué me refiero? Pues a que a pesar de no ser precisamente pasiva, quiero que la gente piense que soy guapa, en general me gusta gustar y mentiría si digo que no intento seducir desde que tengo uso de razón. ¿Pero “la gente” así en general? Sí, “la gente” como concepto. Suena un poco raro así dicho. Incluso habrá quien lo vea como algo negativo, lo relacionará con carencias afectivas, con intentar complacer, con cierto sexismo incluso. Yo no les digo que sí ni que no. Y sobre todo yo no sé si esto le pasa a todo el mundo. Pero creo que mi forma de entender la seducción  está estrechamente ligada a mi forma de vivir las parejas. A veces cuando lo cuento hay amigas que me dicen que no les pasa. Hay otras que me preguntan a ver cómo demonios sé esto. Hello??? Pues me he parado a pensar un rato, he mirado hacia atrás y he creado una especie de patrón de comportamiento que repito siempre o al menos a menudo. No tengo un Excel, pero soy bastante previsible. Digo más. Como yo siempre he actuado así, antaño ni me cruzaba la mente que hubiera una manera diferente de hacer estas cosas. De hecho antes creía que quien no admitía que actuaba como yo, me estaba mintiendo a la cara o se estaba negando la realidad a sí misma. Hoy por hoy ya no sé ni lo que pienso. ¿Y por qué os cuento todo esto? Pues porque esto no es un telegrama y si os interesa (muy pero que muy) mínimamente lo que digo, os interesará el libro de este mes: Más peligroso es no amar. Además, podríamos decir que en cierto modo este manual poliamoroso es la versión en español del archiconocido Ética promiscua. Por último y no por ello menos importante, os suelto estas chapas que son más largas que el texto mismo, porque nunca sé cómo empezar las reseñas.

Esta obra de Lucía Etxebarria que hoy nos compete, fue publicada en 2016 por Aguilar. Quiero admitir antes de nada, que de post adolescente/neoadulta fui muy pero que muy (PERO QUE MUY) fan de la autora. Me parecía una fuente de inspiración que no había encontrado en ningún otro lado. Era una referente adulta que yo consideraba muy libre, muy auténtica: compraba todo lo que escribía, veía todo lo que recomendaba, seguía su blog y hasta participaba activamente en él. Nosotras que no somos como las demás, De todo lo visible a lo invisible o Un milagro en equilibro me marcaron de por vida. Pero los años pasan, dejé de leer ficción (aprovecho este paréntesis para añadir que la Doctora en Letras también ha escrito ensayos y su Ya no sufro por amor me empoderó muchísimo cuando tenía 21 años) y tiré por otros derroteros. Además, aunque no he investigado sobre el tema, me da la sensación de que Lucía Etxebarria ha sufrido una campaña de desprestigio público y que quizás el compartir muchos ámbitos de su vida en las redes unido a una muy dudosa suerte, le ha jugado malas pasadas. Es que claro, es muy fácil parecer impecable cuando una es desconocida e inaccesible. Pero compartir tus elucubraciones y anécdotas vitales vía Facebook o aparecer en algún programa de Telecirco te hace terrenal, pedestre y en cierto modo vulnerable a recibir críticas y opiniones que pueden hacer mucho daño y dar pie a más post de Facebook explicándote, que recibirán más críticas y al final es todo un círculo vicioso. A mí, como stripper emocional, me da rabia que la gente se meta con Lucía Etxebarria por ser como cualquier hija de vecina. (El robot que esté libre desequilibrio, que tire la primera piedra.) El caso es que llevaba literalmente del orden de 12 años sin leer a la premio Planeta. Y os diré que, si os ha pasado algo parecido y estáis con curiosidad de ver por dónde van los tiros, ESTE es el libro.

La obra cuenta con 398 señoras páginas escritas en tono ameno y cercano, de ese tan característico de Etxebarria, que parece que te narra su tesis cubata en mano mientras tú te fumas un pitillo a su lado. Estas casi cuatrocientas páginas están divididas en dos partes. La primera parte es El hundimiento de las Portada del libro 'Más peligroso es no amar'estructuras tradicionales. Aquí la autora te guía de la mano para que barajes la posibilidad de ser (o te reafirmes en ser) diferente en esto de amar mientras analiza 10 mitos del trasnochado amor romántico de las narices. Me ha parecido muy completito y con las ideas muy bien explicadas. Después, por si no te has quedado lo suficientemente estupefacta, te explica con pelos y señales una investigación relativamente ligera con conclusiones previsibles que hizo sobre ligar en la red. Si digo que la investigación no se me hizo muy novedosa, no es porque no lo sea, ojo, sino porque yo misma estuve en Meetic, Badoo y Wapa viendo qué se cocía, así que sé de sobra cómo funciona el ridículo percal. En cualquier caso, creo que si queda alguien en la faz de la tierra que no haya ligado o intentado ligar por la red, puede serle de gran ayuda para valorar si le apetece o no. Muy recomendable.

La segunda parte del libro se titula Amar de otra manera y está formada por testimonios escritos con las vivencias de personas que (como su propio nombre indica) no viven el amor o las relaciones de manera normativa. O sea, para que nos entendamos: gente con relaciones que a priori no son “comodiosmanda”. Hay dos subpartes maravillosas que a mí me han gustado mucho aquí. Por un lado tenemos Nuevas formas de amor: alternativas éticas y por el otro nos comparte Tipos de estructuras poliamorosas. Y aquí llega el meollo, porque la autora nos habla de parejas no convencionales, de triejas (que es una palabra que me gusta mucho y añado que me encanta que la escritora no se haya desecho de lo que su editor le recomendó que quitara) y en definitiva de casos reales ligeramente ficcionados sólo cuando les altera el lugar de procedencia o les modifica los nombres.

En fin, que no me voy a ir por las ramas. Yo con este libro he aprendido a separar amor de enamoramiento y sobre todo a darle al poliamor el lugar que merece:

“El poliamor ha aparecido como otra herramienta más, como el divorcio, el matrimonio igualitario, el sexo sin compromiso, las páginas de contactos (…) ¿Recurre todo el mundo a estas opciones? No, sólo quien lo desea, en el momento que lo desea. Eso es lo que sucederá con el poliamor (…) Nadie debería patologizar a quien vive de otra manera. Ni llamarle inmoral, enfermo o inmaduro (…) Parte de la sociedad ataca lo que no entiende, porque lo teme, teme que destroce un orden establecido (…) El poliamor ha venido para quedarse”.

Si te interesa el tema, quieres saber sobre casos reales, te apetece leer un ensayo fácil ameno e informal y tienes 17 euros en el bolsillo, yo te diría que este verano es el libro ideal para llevar a la playa, a la piscina, al monte, a la sala de espera del dentista o a la cola del INEM. ¡¡No lo dudes!! ¡Te va a gustar!

Lucía Etxebarria, siglo XXI y poliamor
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María Unanue

Adoro aprender por ciencia infusa, las flores y las patatas en todas sus formas.

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