Europarlamentarias contra la discriminación: cómo romper todos los grilletes Planeta, Reportaje

Las europarlamentarias y activistas sociales Julie Ward y Soraya Post explican los caminos y los obstáculos que encuentran en su empeño por desarrollar políticas comunitarias que garanticen los derechos humanos de las mujeres y de colectivos perseguidos como el pueblo gitano.

Soraya Post, europarlamentaria de Feministiskt Initiativ (F!)./ Foto: European Union

Soraya Post, europarlamentaria de Feministiskt Initiativ (F!)./ Foto: European Union

Después de cerca de 40 años como activista en defensa de los derechos humanos, Soraya Post se convirtió, en 2014, en la primera europarlamentaria miembro de un partido antirracista y feminista: Feministiskt Initiativ (F!), de Suecia. Un partido joven, que nació en 2005 aupado por gente del movimiento feminista, antirracista y del colectivo LGTBI. De hecho, fue F! quien llamó a la puerta de Post para que se uniera. Dudó, pero al final aceptó y las elecciones al Parlamento Europeo se convirtieron en la primera campaña parlamentaria de esta activista gitana sueca. Además de ganar, también fue elegida portavoz para los asuntos sobre la comunidad gitana. Ella misma ha experimentado a lo largo de su vida lo que es ser discriminada por ser romaní en Suecia. También su familia. Su madre fue una de las muchas gitanas esterilizadas a la fuerza. Cuando estaba embarazada de siete meses del que iba a ser el hermano pequeño de Post, la obligaron a abortar y la esterilizaron.

El camino de Julie Ward fue diferente, aunque se entrelazan en el activismo. Antes de ser europarlamentaria por el Partido Laborista del Reino Unido, fue poeta, directora de teatro y activista cultural, utilizando el arte para ayudar a muchos colectivos desfavorecidos. “Yo era un fracaso en la escuela, así que el arte y la creatividad es lo que me dio confianza, me hizo creer en mí misma”, recuerda. “Y pienso que si vienes de cualquier tipo de raíces con un patrimonio cultural rico, eso es algo a lo que siempre te puedes aferrar. Cuando estás haciendo arte, siendo creativa y conectando con ello, es algo muy poderoso”, añade. De hecho, fue esa vía la que utilizó para establecer un lazo como activista con la comunidad gitana, a la que ella no pertenece.

Estaba trabajando con su hermana en una escuela en el Reino Unido con una niñas que tenían entre 9 y 10 años. “Pasaban por una situación complicada, estigmatizadas. Fue muy bueno trabajar con ellas, darles las herramientas y los recursos para hacer una película y que ellas estuvieran completamente al mando. Porque la manera en que utilizábamos la creatividad y la cultura siempre era para empoderar a la gente. Les preguntamos qué querían hacer y nos dijeron que querían crear una historia sobre ir a la feria de caballos en Appleby. Es la reunión de romaníes más grande en el Reino Unido y tiene lugar donde yo vivo”, explica. Las niñas gitanas les dijeron que querían hacer una película sobre ir a esa gran feria pero que no querían ser ellas, sino convertirse en sus abuelas. “Cuando lo oí me inspiró tanto… Porque me di cuenta de que las niñas estaban diciendo en voz alta que querían conectar con su cultura, pero no solo querían conectar con ella, querían celebrarla y compartirla. Hicieron la película, tuvimos una Première, dimos premios como si fueran Oscars… La escuela al completo estaba tan orgullosa de tener a esta comunidad allí con una identidad cultural tan fuerte”, describe Ward. 

Ese fue parte del recorrido que la llevó a estar ahora, entre otros, en el Comité de Igualdad de Género y Derechos de la Mujer del Parlamento Europeo.

Tanto Post como Ward pertenecen al grupo de la Alianza Progresista de los Socialistas y Demócratas y trabajan para mejorar la situación de las mujeres y de los colectivos desfavorecidos, en un momento en que la Unión Europa (UE) no goza de gran estabilidad, a lo que se suma el auge de movimientos de extrema derecha.

¿Qué está fallando?

Julie Ward en el II Congreso Internacional de Mujeres Gitanas, en Barcelona./ Alícia Fábregas

Julie Ward en el II Congreso Internacional de Mujeres Gitanas, en Barcelona./ Alícia Fábregas

Ward asegura que “la UE como colectivo está haciendo mucho, el problema no es necesariamente la UE, sino los Estados miembros individualmente, algunos de los cuales se olvidan de que tienen que defender los derechos de todos”. Según ella, algunos países donde gobierna la derecha están retrasando sus responsabilidades o incluso desafiándolas. “Creo que tenemos que luchar aún más para mantener nuestro status quo”, continúa, “es la dificultad a la que nos enfrentamos. Tenemos las políticas, tenemos los instrumentos, que es el dinero, así que todo está ahí en teoría, pero esas políticas tienen que ser implementadas adecuadamente”.

Su compañera de grupo, Post, profundiza en ello con el ejemplo de la situación del pueblo gitano. Según explica, “los datos recientes sobre el acceso de la comunidad romaní a educación, empleo, salud, vivienda, justicia y políticas equitativas, su situación como víctimas del discurso del odio, de crímenes de odio… Todo revela que los gobiernos de los Estados miembros no se han tomado en serio sus responsabilidades acerca de los derechos humanos”. Y no solo eso, Post apunta directamente a los programas y los fondos de los Estados miembro y de la UE, que describe como “discriminatorios”, aunque a menudo pueda ser de manera inconsciente: “Porque no tienen en cuenta los retos y las realidades de la mayoría del pueblo gitano, como ciudadanos europeos. Por lo tanto, no cierran la brecha entre rromà y no-rromà”.

Pero no solo es un tema de ideologías políticas, es estructural. Así lo define Ward: “El sistema político todavía favorece a los hombres en el poder y luego a las personas con dinero en el poder. Desde la crisis económica, estas personas piensan que su posición, su poder, su riqueza, está amenazada, así que buscan chivos expiatorios a quien culpar y esos siempre son “los otros”. Cualquiera que sea ‘otro’ está ahora bajo ataque”, advierte. Y también hace autocrítica: “Como políticos, aquellos de nosotros que trabajamos desde una perspectiva inclusiva, que somos antirracistas, tenemos que defender con más firmeza los valores fundamentales que tiene la UE”.

Manos a la obra

Nada más llegar al Parlamento Europeo, Post exigió que se reconociera oficialmente la existencia del antigitanismo, se adoptara su definición y se reconociera también el Holocausto de la comunidad gitana. Consiguió todo eso en 2015.

Con ese primer éxito en el bolsillo, fue a por el siguiente. Redactó un informe titulado Fundamental rights aspects of Roma integration in the EU: fighting anti-Gypsyism (Aspectos fundamentales de la integración del pueblo gitano en la UE: luchando contra el antigitanismo) que contenía una serie de demandas y recomendaciones sobre qué hacer en cada área específica y ponía especial énfasis en la importancia de sanar el problema desde la raíz: eliminar el antigitanismo creando confianza entre la sociedad mayoritaria y la romaní. En otoño del 2017, una amplia mayoría del Parlamento Europeo lo aprobó.

Imagen del evento 'Anti-Gypsyism in the focus' celebrado en abril./ Foto: European Union

Imagen del evento ‘Anti-Gypsyism in the focus’ celebrado en abril./ Foto: European Union

Así zarandeaba Post a los principales grupos políticos, poniéndoles la problemática ante sus ojos y concienciándolos para encontrar soluciones. Pero para acabar de consolidar esos cimientos, ideó otra iniciativa más: la semana de los rromà en Europa, que tiene lugar en Bruselas cada año -conectada con el 8 de abril, el Día Internacional del Pueblo Gitano- y que consiste en una serie de eventos, actividades y charlas sobre la comunidad romaní, patrocinados por gran parte de las instituciones de la UE, como el Parlamento Europeo, la Comisión Europea, el Consejo de Europa, entre otras.

Por lo que no solo ha despertado a los políticos en el corazón del continente, también ha conseguido hacerles partícipes de la divulgación de sus reivindicaciones.

Gente activa a todos los niveles

Pero sigue luchando, porque aún quedan muchos pasos por dar. Pide una indemnización para las mujeres romaníes que han sido objeto de una esterilización forzosa en la República Checa, Finlandia, Alemania, Hungría, Eslovaquia y Suecia y también reclama un acceso equitativo a los servicios e información de salud de alta calidad -incluidos los servicios de salud sexual y reproductiva. “Estoy alarmada por la severa falta de seguros de salud y por las mujeres romaníes que están siendo abusadas por el personal médico. Esto tiene que parar. Además, varios hospitales de Hungría, Rumania y Bulgaria contienen pabellones segregados y las mujeres romaníes están sujetas a abusos raciales y físicos al dar a luz. ¡Esto es inaceptable!”, exclama.

Según esta europarlamentaria, las mujeres romaníes son víctimas de una discriminación múltiple e interseccional, por lo que concluye que “su participación activa en la vida pública y política es clave”.

Su compañera de la Alianza Progresista de los Socialistas y Demócratas, Ward, también expresa una reflexión similar: “Estar en contacto con políticas es una buena manera de que las mujeres entiendan que hay caminos hacia el poder y que ellas podrían estar en ese camino. Necesitamos a gente activa en todos los niveles”. Porque a veces, en vez de puentes se crean brechas. Como dice Ward, “hay algunos políticos que solo quieren estar en el estrado, hacer un discurso bonito, pero no quieren hacer el trabajo de verdad. El trabajo de verdad es estar en el espacio público y también en los comités traduciendo tus valores sobre igualdad y no discriminación en políticas y legislación. Así que es muy importante unir los puntos entre las comunidades de base y lo que hago cuando estoy votando en un comité”. Es decir, que una de sus tareas principales es escuchar las reivindicaciones de la sociedad y las organizaciones para luego transmitirlas a las esferas que tienen el poder para actuar.

Diferentes grilletes, misma libertad

Para acabar de darle impulso a esta lucha, Ward está convencida de la necesidad de “tener en cuenta la discriminación múltiple y entender y aplicar la teoría de la interseccionalidad”. Post, como feminista gitana, profundiza en ello: “El feminismo interseccional es entender cómo las identidades superpuestas de las mujeres -raza, clase, etnicidad, religión, etc. – afectan a cómo experimentan la opresión y la discriminación. El movimiento feminista, cuando no lucha por las mujeres de color o las romaníes, no está completo. Es solo una mitad y para estar completo necesitamos mirarnos a nosotras mismas y preguntarnos: ¿cómo podemos “hacer” la igualdad?”. Y pone el broche citando a la poeta americana feminista Audre Lorde: “No seré libre mientras cualquier mujer no lo sea, aunque sus grilletes sean muy diferentes de los míos”.

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Alícia Fàbregas

Como decía Maurice Maeterlinck, "no hay vidas pequeñas, cuando la miramos de cerca, toda vida es grande".

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