La identidad gitana como eje del movimiento feminista romaní Crónica, En red

No están solas. Eso es lo que quedó claro en el II Congreso Internacional de Mujeres Gitanas, celebrado recientemente en Barcelona. Porque poner en común las experiencias vividas en los diferentes rincones de Europa puede ayudar a izar velas.

Dos mujeres escuchan las intervenciones durante el congreso. / Foto: Alícia Fàbregas

Dos mujeres escuchan las intervenciones durante el congreso. / Foto: Alícia Fàbregas

“Creo que es una muy buena idea. No vemos habitualmente a mujeres que luchen en este ámbito y, en este congreso, nos damos cuenta de que hay en todo el mundo”. Eso es lo que se llevaba Daniela Hristache del II Congreso Internacional de Mujeres Gitanas. Se celebraba a finales de marzo en Barcelona y Daniela viajó desde Francia para acudir al encuentro. Acompañaba a su madre, fundadora de ROM Reussite, organización que trabaja para que la población romaní de una barriada de Montreuil -al lado de París- pueda tener una vida digna. Con solo 16 años, Daniela ya está completamente volcada en la defensa de los derechos de las rromnia -gitanas en rromanò, la lengua de este pueblo-. Especialmente de las jóvenes como ella; por eso se implica ayudando a su madre.

Piedras en el camino

La suya era una de las muchas historias que compartían las mujeres en los pasillos del CaixaForum o en los asientos de la sala de conferencias donde se celebraba el congreso. El primero tuvo lugar en 2010 y se titulaba ‘Las otras mujeres’. Tres palabras que concentran muchas más. Que hablan de esas piedras pesadas que es difícil apartar del camino: por ser gitanas, por ser mujeres y porque muchas de ellas tienen que sobrevivir en la extrema pobreza. Ellas lo llaman la triple discriminación. En cifras: un 80 por ciento de las personas romaníes que participaron en el estudio ‘Second European Union Minorities and Discrimination Survey (EU-MIDIS II) Roma’, de 2016, vivía por debajo del umbral de la pobreza de sus respectivos países; y un tercio del total analizado no tenía agua corriente en casa. En esos casos se produce una contradicción: el feminismo parece un lujo de primera necesidad.

Una de las vías para romper esas barreras es que las mujeres gitanas puedan dejar de ser invisibles, tanto en los medios de comunicación como en la política, ya sea como partícipes o beneficiarias. “Europa no nos ha dado apoyo, solo en estos congresos podemos abrir nuestros corazones”, decía una asistente del público en una de las rondas de debate.

Por eso una de las claves para las entidades organizadoras de este encuentro -la asociación Drom Kotar Mestipen y el Plan Integral del Pueblo Gitano de Catalunya, que depende de la Generalitat- es que pudieran acudir mujeres que normalmente no se lo podrían permitir. Personas a las que les hace mucha falta este congreso, para darse cuenta de que no están solas y de que el movimiento ya hace tiempo que se puso en marcha. Eso se consiguió gracias a que más de un 90 por ciento de las asistentes recibieron una beca que incluía transporte, alojamiento y otros gastos generados y derivados del evento. En total, cerca de 350 rromnia de todas las edades y de doce países diferentes se reunieron. Algunas era la primera vez que viajaban.

Porque para que la lucha gane fuerza tiene que conseguir llegar a todos los rincones. Por eso en el congreso no reinaron los discursos técnicos, ni teóricos. No se hablaba de filosofía, ni de grandes referentes en el mundo del feminismo. La fuerza de aquellas ponentes residía en su testimonio para inspirar a otras. Eso es lo que consigue que un movimiento avance.

En palabras de Saray Santiago, que vino de Albacete junto con otras cinco amigas: “Lo que nos llevamos es que ellas, cuando hemos salido de las charlas, se han animado a sacarse el graduado escolar. Se han motivado”. Desde el congreso se abrieron muchas puertas, aunque siempre se destacó la necesidad de seguir trabajando en esos nuevos caminos.

El poder de la educación

Fue necesaria la traducción simultánea porque participaron mujeres de 12 países. / Foto: Alícia Fàbregas

Fue necesaria la traducción simultánea porque participaron mujeres de doce países. / Foto: Alícia Fàbregas

Pero para que este movimiento -con características determinadas y diferenciales, que no se puede diluir en el feminismo mayoritario- avance hay varios flancos que abordar. Uno de ellos es la pobreza y sus derivadas, una de las barreras que se interponen en el camino de muchas mujeres gitanas, como se apuntó en el congreso, y que tiene una consecuencia muy habitual: la falta de formación. Teresa Vieira, estudiante de Sociología, describe la necesidad de superar ese obstáculo: “En Portugal estamos viviendo un momento de bastante racismo contra los gitanos, especialmente en las redes sociales. Por eso vale la pena estudiar, para tener palabras con las que defender a nuestro pueblo”. Mihaela Gheorghe, de Rumanía, añade otro punto de vista: “A través de la educación se incrementa la autoestima de las mujeres gitanas y se les invita a ponerse en pie para defender sus derechos y organizarse”. Una reivindicación que enlaza también con la de no casarse jóvenes, para que primero puedan terminar su formación.

Y todas cuestiones conducen a otro debate también abordado: la segregación que sufre el pueblo gitano. Se les suele concentrar en colegios donde más del 60 por ciento del alumnado pertenece a la comunidad gitana y muchas veces es discriminado por el propio profesorado, ninguneado y convencido de que, por ser romaníes, no van a llegar a nada. Sin olvidar de que para la enseñanza pública su pueblo no existe, en los libros de texto no hay rastro de la cultura gitana.

Cuando ir al médico se hace difícil

Otro de los puntos débiles es la complicada relación que existe en muchos países entre la población romaní y el sistema sanitario. Como se explicó en el encuentro, muchos rromà tienen miedo de ir al médico: por malas experiencias, porque esperan no ser tratados como se merecen, por no entender los diagnósticos complejos, sobre todo si no tienen formación. Ese sentimiento se traduce en datos. Por ejemplo, en Serbia la esperanza de vida es un 12 por ciento más baja entre la población romaní. Mientras que en la República Checa y en Hungría se llevaron a cabo esterilizaciones forzosas a miles de mujeres durante décadas -hay testimonios hasta principios de los 2000-, solo por ser gitanas.

Hay gente que intenta mejorar esas situaciones. Aniko Orsos está en el departamento de los Derechos de la Mujer en el European Roma Rights Centre (ERRC) e intenta ayudar en ese terreno. Es gitana, de un asentamiento en el sur de Hungría, y trabaja en el terreno, informando a otras mujeres de su misma comunidad para asegurar sus derechos reproductivos e intentando llevar a juicio los casos de esterilización forzosa para que, por lo menos, obtengan una indemnización. “No hay que tener miedo, hay que estar orgullosos de ser gitanos”, dice Aniko.

Hay otras asociaciones en Europa que realizan talleres con las jóvenes acerca de embarazos no deseados, sobre el VIH, etc… Muchas trabajan con los médicos para que conozcan al pueblo gitano y aprendan cuáles son sus necesidades, y viceversa. Incluso, algunos equipos se desplazan a los asentamientos y van casa por casa para tratar a los pacientes y saben, por ejemplo, que, además de recetar el medicamento adecuado, para que sea útil también, es importante explicar bien cómo debe administrarse.

Imagen del público participante. / Foto: Alícia Fàbregas

Imagen del público participante. / Foto: Alícia Fàbregas

El feminismo será antirracista o no será

Las mujeres reunidas en Barcelona reclaman que todo ello, esa manera de seguir empoderándose, pueda continuar su camino sin la necesidad de que haya payas que les digan cómo hay que poner un pie detrás de otro. Algunas gitanas, aunque no participaron en el congreso, también apoyan esta idea y la desarrollan más a fondo.

“LA INTERSECCIONALIDAD ES UNA COSA SÚPERPOTENTE Y MUY POSITIVA SI SE PRACTICARA”

“La interseccionalidad sería una cosa súperpotente y muy positiva si se practicara. Lo que pretende el feminismo hegemónico, eurocentrado, es universalizar las luchas. Pero centradas en dos conceptos muy básicos: contra el patriarcado y contra el sistema económico. Un movimiento feminista que no se considere antirracista y además que no practique con política el antirracismo, jamás podrá ser feminista. Y esto las blancas no lo entienden porque parten de un privilegio que no es capaz de ver todas las reclamaciones que hacemos las mujeres gitanas, las negras, las kurdas…Nosotras, cuando nos metemos en espacios feministas blancos, hacemos estas reclamaciones y nos sentimos todo el rato interpeladas, incluso acusadas. Si no escuchas nuestro malestar y nuestras opresiones nunca podremos ser vecinas en la lucha, mientras vosotras no cojáis como vuestra la lucha racista”, detalla María José Jiménez, ‘Guru’, miembro de Gitanas Feministas por la Diversidad.

Hay otros colectivos con los que las afinidades reivindicativas son más evidentes: “Sentimos como aliadas a las negras, a las aymaras, las mapuches, las kurdas… Sí es posible que haya un movimiento fuerte y político entorno a ámbitos que sí nos identifican, como la colonialidad, el poder blanco oprimiendo a los que no lo somos. Además, el movimiento gitano feminista como misión tiene eso, crear un movimiento social feminista real que una pueblos oprimidos por un poder blanco, que además es explotado por estos instrumentos que vienen a salvar a la comunidad gitana, negra, o migrada. Las políticas que nos ven como esos seres que hay que domesticar”.

Una minoría dentro de otra minoría

Sin duda, algunos temas que cuestan más que otros. En el Congreso Internacional de Mujeres Gitanas, por ejemplo, no se mencionó en ningún momento la defensa del colectivo gitano LGTBIQ, aunque algunas asociaciones sí que lo tienen muy presente. “Somos capaces de entender que dentro de la comunidad gitana existen colectivos que están mucho más oprimidos y culpabilizados por tener una orientación sexual distinta”, explica Guru. Y denuncia también la falta de ayudas: “Ningún gitano o gitana que se nombre gay, lesbiana, transexual, bi o queer puede acceder a ninguno de los recursos que ahora mismo están en marcha dentro de la sociedad mayoritaria. No hay recursos tampoco adaptados a estas realidades. Hay que atender a las familias y hacer pedagogía muy fuerte dentro de la comunidad. Y esa también es nuestra misión en esta lucha. No podemos ser tan insensibles y tan inhumanos como para machacar y culpabilizar en nuestra comunidad, que ya está machacada y oprimida, a un grupo minoritario que está sufriendo cargas identitarias y de resistencia y supervivencia mucho más fuertes que las que nos nombramos heterosexuales. En eso la comunidad gitana tiene que dar el paso al frente y defender a los suyos”, concluye.

 


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Alícia Fàbregas

Como decía Maurice Maeterlinck, "no hay vidas pequeñas, cuando la miramos de cerca, toda vida es grande".

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