Preguntas que nos hubiera gustado responder en relación al “Decálogo de ideas para una Escuela Feminista” Entrevista, Voces

Ante el aluvión de titulares que sacaban de contexto un artículo con propuestas coeducativas publicado en la revista de enseñanza de CCOO, sus autoras se auto-entrevistan para Pikara Magazine.

Yera Moreno Sainz-Ezquerra y Melani Penna Tosso

Puedes leer el “Decálogo de ideas para una Escuela Feminista” en la web de la revista de enseñanza TE – CC OO

Nombrar y reconocer nuestras genealogías feministas es una acción política fundamental

Nombrar y reconocer nuestras genealogías feministas es una acción política fundamental

Con todo el revuelo que se ha formado, ¿por qué no habéis querido hablar del decálogo en los medios hasta ahora?

Realmente nos ha sorprendido la difusión del decálogo y la respuesta que ha habido al mismo. En un principio asociamos las noticias que estábamos recibiendo, tan negativas, a que había sido publicado por un sindicato. Luego lo que vimos fue que esa reacción estaba ligada a una reacción post-8M y al hecho de que lo que se ponía en el decálogo, indignaba. Ninguna de las dos estamos mucho en redes, y han sido más nuestras amistades quienes nos han animado a dar nuestra voz en medio de todo lo que se estaba montando. Y ya que hablábamos, nos parecía importante poder compartir lo que pensábamos y cómo nos estábamos sintiendo en medios afines y seguros para nosotras y que tuvieran un contexto feminista en el que el decálogo pudiera tener otras lecturas y acogidas.

No conozco a ninguna de las autoras, artistas, científicas y pensadoras que nombráis en el decálogo (Remedios Zafra, bell hooks, Ángela Davis, Emma Goldman, Virginie Despentes, Chimamanda Ngozi Adichie, Judith Butler, Virginia Woolf, Gloria Anzaldúa, valeria flores, Audre Lorde, María Zambrano, Emily Dickinson, Marta Sanz, Jeanette Winterson, Ali Smith, Clarice Lispector, Sarah Waters, Alice Walker, Margaret Atwood, Alice Munro, Marina Garcés, Donna Haraway,, Hipatia de Alejandría, Mary Wollstonecraft, Hannah Arendt, Chantal Mouffe, Dora Maar, Artemisia Gentileschi, Sofonisba Anguissola, Mary Cassatt, Claude Cahun, Esther Ferrer, Adriane Pipper, Zoe Leonard, Camille Claudel, Ana Mendieta, Tamara de Lempicka, Marie Curie, Ada Lovelace, Rachel Carson, Rebeca Lane, Krudas Cubensi, Kumbia Queers, Viruta FTM, Alicia Ramos, La Tía Julia). Si tuvierais que recomendar alguna de ellas para empezar a conocer más del feminismo, ¿cuál o cuáles recomendaríais?

Te agradecemos tu pregunta, porque una de las cosas que más nos ha sorprendido en la respuesta mayoritaria que ha tenido el decálogo en los medios, ha sido que no se ha nombrado a ninguna de las autoras que mencionamos en el mismo. Lo que revela, una vez más, la misoginia y el androcentrismo que imperan en nuestra cultura hegemónica, y que se refleja en que han sido nombrados y requetenombrados los tres o cuatro autores masculinos que se citan en el decálogo y, sin embargo, se han ignorado todos los nombres de mujeres que aparecen. Para nosotras esta cuestión del nombrar es fundamental y es un gesto de acción política que tiene que ver con la necesidad de reconocer nuestras propias genealogías feministas. Detrás de cada una de las ideas que contiene el decálogo están todos esos nombres de mujeres que a nosotras nos han cambiado la vida y la forma de ver el mundo. Por eso mismo, vemos como indispensable la acción de nombrarlas, reconocerlas y transmitir la tradición feminista que nos está dando soporte.

Nos resulta difícil tener que elegir un nombre para empezar, ya que cada una de ellas se ha cruzado con nosotras en momentos distintos de nuestras vidas y seguimos descubriendo nuevos referentes. En el campo de la literatura, para mí (Yera), por ejemplo, algunas de las autoras de las que más aprendo y que me siguen acompañando son Virginia Woolf, Audre Lorde o Jeanette Winterson, en cuanto a la creación de un imaginario feminista y lesbiano. O en el caso de las artistas, alguien que me ha acompañado en mi forma de entender la identidad visual fue Claude Cahun. Y en lo relativo a la educación no puedo dejar de nombrar, entre otras, a bell hooks.

Por mi parte (Melani), coincido con Yera en que bell hooks en el ámbito educativo está bien para empezar, de hecho hace poco la editorial Traficantes de Sueños ha editado en castellano un magnífico libro suyo, El feminismo es para todo el mundo. También recomiendo a Virgine Despentes. Se acaba de reeditar Teoría King Kong y también me parece maravillosa la trilogía de Vernon Subutex. Igualmente me parece importante la música, hay ahora mismo muchas cantantes y grupos superpotentes feministas, ya se han nombrado algunos en el decálogo. En este sentido se han publicado muchos especiales en los medios feministas, en Pikara hay unos cuantos, sobre música feminista con recomendaciones chulas. La música en relación a la teoría es fundamental porque, siguiendo a Emma Goldman, si no podemos bailar ésta tampoco es nuestra revolución.

En todo caso, somos conscientes de que todo archivo es limitado, incompleto y excluyente y que se conforma desde el lugar particular desde el que estamos hablando, en nuestro caso, como europeas, blancas, con formación superior y un largo etcétera y nuestros referentes están atravesados desde ese lugar. Estos son solo unos pocos nombres, es una lista que está abierta y es incompleta.

¿Por que insistís tanto en la importancia del lenguaje dentro del decálogo?

Entendemos que el lenguaje es fundamental en las estructuras de poder y a la hora de nombrarnos y nombrar la realidad. Porque lo que no se nombra, no existe, y de esto sabemos mucho las personas pertenecientes a grupos subalternos y minorizados. Y en esa batalla del nombrar dentro de los centros educativos se juega buena parte del cambio social que se puede dar en estas cuestiones. La educación tiene que ayudar a formar una nueva ciudadanía capaz de ver de otra manera, de pensar de otra manera y, por tanto, de tener otras palabras para poder articular sus ideas.

En el ámbito educativo en estos últimos años el énfasis en el lenguaje lo están poniendo las pedagogías queer. En este sentido también la lucha de las personas trans en los últimos años se ha hecho visible en los centros de enseñanza y ha cambiado la manera de nombrar, de nombrarnos. Y nos parece fundamental hacernos ecos y partícipes de estas luchas. Creemos que el cambio se está dando desde hace mucho tiempo, se está popularizando y es imparable. Por ejemplo, para nosotras hablar con la “e” como un empleo neutro y el femenino como plural es básico. En esto del lenguaje no tiene por qué haber un acuerdo unánime, pero sí nos parece importante que se vayan normalizando nuevos usos del lenguaje, que no sean binarios ni androcéntricos. En referencia a esto, una de las autoras que para nosotras es un referente, y que deberíamos haber nombrado en el decálogo, es Monique Wittig. De ella podemos citar un libro suyo, Borrador de un diccionario para las amantes, escrito junto a su compañera y amante Sande Zeig y traducido al castellano por nuestra querida Cristina Peri Rossi (que también debería estar en el decálogo). Este libro refleja perfectamente ese intento revolucionario de inventar nuevos usos del lenguaje, nuevas palabras y nuevas definiciones. Seguimos necesitando producir otros lenguajes que nos den existencia, y que pugnen en los marcos de lo real y lo simbólico con el lenguaje hegemónico. El lenguaje es algo vivo, y por tanto, y a pesar de las resistencias que genera, y que denotan precisamente ese poder que conlleva el nombrar y el cómo lo hacemos, es cambiante y se va transformando.

Ahora en serio: lo del fútbol y prohibirlo de los patios, ¿no os parece un poco exagerado?

Esta cuestión del fútbol nos ha hecho hasta gracia teniendo en cuenta que hemos salido en periódicos deportivos que no se definirían por su perspectiva feminista, y es que parece que en este país el fútbol es tan “sagrado” e intocable como la religión católica. Como en otras cuestiones que están presentes en el decálogo, esto del fútbol y del papel central y hegemónico que juega en los patios escolares no es nada nuevo ni que hayamos cuestionado nosotras por primera vez. Hay toda una tradición feminista que viene, en el caso de España, casi desde los años setenta dentro de la coeducación, que viene demandado usos más diversos e igualitarios de los patios escolares y una nuevas formas de articular los propios espacios de ocio dentro de las escuelas. Cualquiera que haya hecho una guardia de patio en un colegio o en un instituto ha visto el monopolio de ese espacio que supone el fútbol y cómo deja fuera, en los márgenes espaciales del propio patio, a un montón de niñas, niños y niñes.

Además el problema del fútbol en los coles, tal y como se entiende este deporte en nuestra cultura mediática, no implica solo un uso sexista del espacio sino que conlleva también la defensa de unos valores que a menudo tienen que ver con la competitividad, la agresividad o directamente con la violencia. Ya hay en marcha un montón de iniciativas y las niñas, les niñes y los niños son las primeras que están contentas con dar otros usos a los espacios comunes en sus centros.

Una de las cuestiones del decálogo que más me intranquiliza es la de no incluir a autores que consideráis misóginos dentro de las lecturas obligatorias para el alumnado. ¿Podríais explicarme por qué Neruda figura entre ellos? ¿No es la literatura un campo para la libre creatividad donde la moral y la ética (feminista) no deberían de estar presentes, como dijo Vargas Llosa en su columna dominical de hace unas semanas aludiendo a vuestro decálogo?

El revuelo provocado por nuestra invitación a eliminar de entre las lecturas obligatorias para el alumnado a ciertos autores misóginos o, cuanto menos, señalar la perspectiva patriarcal que estos autores defienden (por ejemplo, en el caso de la filosofía contractualista, la figura de Rousseau) es de nuevo un ejemplo de cómo quienes ostentan el poder, en este caso el de la cultura hegemónica, se preocupan por que los cánones históricos permanezcan intactos. Cualquiera que haya leído con una mínima perspectiva feminista a un autor “consagrado” como Neruda es capaz de identificar la violencia simbólica que su poesía contiene. Esta violencia, y el papel que se otorga a las mujeres dentro de la cultura (su posición en cuanto objeto sexual, de deleite de una mirada masculina y heteropatriarcal, etc.), es la que sustenta, legitima y reproduce todas las otras violencias, cotidianas, que vivimos las mujeres. Por ello, consideramos básico que una educación en la no violencia priorice otros textos como lecturas obligatorias para el estudiantado y nos enseñe también a mirar y leer con ojos críticos aquellos productos culturales que están reproduciendo y legitimando formas de violencia hacia las mujeres.

Hacer creer que la literatura, como cualquier otro campo cultural, no está atravesada por estereotipos, prejuicios y toda una carga ideológica respecto al género, el sexo, la sexualidad, los cuerpos, no es más que una muestra más de una cultura patriarcal que pretende que sus productos sean universales y neutros y queden fuera de cualquier análisis crítico. Se nos enseña que muchos de estos autores fueron transgresores, pero cuando los lees desde una perspectiva feminista, lo que ves es algo muy distinto, y es que fueron tremendamente conservadores en cuanto a su forma de percibir y (re)presentar a las mujeres. Es absurdo, y falso pensar que lo que creamos está al margen de quiénes somos y de cuál es nuestra posición en la sociedad. Si tú eres un tipo misógino, y haces uso de tu poder en una sociedad patriarcal, lo que creas estará atravesado por esa misoginia, y no fuera de ella. Y eso no tiene que ver con quitarle peso a la creatividad, sino con entender que lo que creamos como artistas no está libre de los prejuicios que tenemos como personas.

Y ya para finalizar, ¿cuál va a ser vuestra siguiente publicación ahora que sois más famosas que Vargas Llosa?

Jajaja, no somos más famosas que Mario, esperamos que esto del eco mediático dure poco. Nuestro siguiente trabajo juntas es un proyecto visual sobre Gestos Lesbianos que queremos sacar para el día de la visibilidad lésbica.

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