La manta es represión, pero Lavapiés es solidaridad En red, Opinión

Vender en la manta es la opción para aquellos inexistentes para el Estado, para los nadie de los “ayuntamientos del cambio”; mientras, durante la concentración del viernes pudimos ver a un barrio unido, un barrio que decía no al racismo y la represión, una comunidad que se aunaba para exigir un trato digno

Gloria Mbilla Sekor

Protestas en la plaza Nelson Mandela en la mañana del 16 de marzo por la muerte de Mame Mbaye. / Foto: David Fer

Protestas en la plaza Nelson Mandela en la mañana del 16 de marzo por la muerte de Mame Mbaye. / Foto: David Fernández (El Salto)

Dos más. Dos víctimas más de la violencia policial sobre los cuerpos racializados de los compañeros manteros. Digo dos más, porque la campaña de acoso y derribo sobre las personas negras lleva años, qué digo años, siglos existiendo. Por eso es especialmente grave que, a estas alturas, tengamos que presenciar cómo se castiga a las personas más vulnerables por ser negras y por ser pobres.

Ser pobre y negro han sido los delitos de Mame Mbaye. Ahogado por la Ley de Extranjería, que excluye a las personas migrantes de la capacidad de regularizar su situación, acceder a un puesto de trabajo, a la sanidad, a todos aquellos servicios que las personas con el privilegio de tener documentación consideramos imprescindibles. ¿Y qué ocurre cuando se te excluye? Que es necesario hacer lo posible y lo imposible por sobrevivir.

Trabajar en la manta no es un sueño para los compañeros manteros, ni una vocación. La manta es sobrevivir. Es la opción para aquellos inexistentes para el Estado, para los nadie de los “ayuntamientos del cambio”. Por esta razón, la solidaridad entre los manteros es esencial, solidaridad que se materializa en redes de apoyo como los Sindicatos de Manteros y Lateros de Madrid, el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes de Barcelona, la Asociación Sin Papeles de Madrid o la Asociación de Inmigrantes Senegaleses en España. Todas estas redes son muestras de la necesidad de compartir recursos, información y ayudas para resistir la violencia institucional.

La muerte de Mame no es un acto fortuito, sino el resultado de la constante represión por parte de las fuerzas policiales a las personas que intentan buscarse la vida para mantener a sus familias. El problema está cuando al muerto se le ve únicamente desde la perspectiva de “el inmigrante”, el sin papeles” o “el mantero”. Todas estas características, aunque ciertas, pretenden deslegitimar el discurso de los indignados, de los compañeros migrantes y quitar gravedad a la actuación policial. Ante estas etiquetas intencionadas, al revertir el discurso nos encontramos con Mame el amigo, Mame el hermano, el compañero y el vecino.

Como es de esperar, esta ola de violencia policial desencadenó protestas entre la vecindad del barrio y los compañeros de Mbaye. Por desgracia, este dolor fue aprovechado por grupos ajenos a los manteros para destrozar mobiliario urbano, con la consiguiente represión policial y altercados que se llevaron también la vida de Ousseynou Mbaye durante la noche del viernes. Una vez más, los castigos recaen sobre nuestros cuerpos racializados. También sobre Arona Diakhaté, quien recibió una brutal paliza, como se puede observar en los vídeos de los manifestantes, y terminó en el el hospital Fundación Jiménez Díaz de Madrid con un traumatismo craneoencefálico.

Las que conocemos el barrio sabemos que las redadas racistas en Lavapiés son constantes, que la violencia parte de las instituciones, aunque Esteban Ibarra, autoproclamado aliado antirracista, diga lo contrario para rellenar titulares y copar minutos televisivos.

Ante esto nos preguntamos: ¿y qué hay de los verdaderos aliados?, ¿qué hay de los responsables políticos?

Los verdaderos aliados de la causa antirracista entendieron que las que estuvimos presentes en el 8M por mujeres también precisábamos apoyo en esta ocasión por racializadas. Los aliados comprendieron que había que aunar fuerzas y mostrar apoyo al Sindicato de Manteros y Lateros de Madrid, así como al barrio de Lavapiés. Supieron que tocaba escuchar la voluntad de los manteros y difundir la información necesaria. Y los que no entendieron, quedaron retratados. Tan retratados como quedaron los miembros de los denominados “ayuntamientos del cambio”. ¿Cambio para quién?

La represión a los manteros, como ellos mismos afirman, ha aumentado extraordinariamente desde que los supuestos “ayuntamientos del cambio” llegaron al poder. La policía amable de Carmena y los municipales de Ada Colau han supuesto una presión enorme para ellos. El Ayuntamiento de Madrid respaldó la versión policial que dice que Mbaye no fue perseguido, como estrategia de deslegitimación maquillada por una investigación que esperemos (no sean ilusos) aporte algo de luz sobre las muertes.

Por si fuera poco, el sindicato de policía ha decidido querellarse contra Malick Gueye, acusándole de un delito de incitación al odio. España país de ironías. ¿No resulta cuanto menos curioso que el lobo se haya convertido en oveja a la luz de nuestros ojos? La realidad, su realidad, es que los policías de la ley y el orden se encaminaban a repartir el habitual almuerzo solidario para manteros y a uno de ellos le dio un infarto de la nada. Y las protestas fueron gratuitas. La segunda muerte en realidad no existe y es una campaña de odio por la que sin motivo alguno el ayuntamiento se ha visto envuelto. Que es que no os enteráis.

Una de cal y otra de arena. La solidaridad con los compañeros manteros en Lavapiés ha sido la cara más bella de este digno barrio. Durante la concentración del viernes pudimos ver a un barrio unido, un barrio que decía no al racismo y la represión, una comunidad que se aunaba para exigir un trato digno. Y la solidaridad es la ternura de los pueblos.

 

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