El Feminismo de las Otras: ¿Qué es lo que no gusta de nosotras? Participa

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Pastora Filigrana García

Miriam Sánchez M.
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Pensamiento feminista desde los propios referentes identitarios.

En mi experiencia personal, apostar por la cooperación, el no consumismo, la autogestión de conflictos, el mutualismo de base y una espiritualidad propia desde mis propios referentes identitarios, como mujer racializada andaluza, y no desde relatos externos, hace que mi convicción y mi práctica emancipatoria sean más eficaces y me hagan sentir mejor.

Desde que leí la teoría del Blanco, Burgués, Varón, Adulto y Heterosexual (BBVAH) de Amaia Orozco me resulta mucho más fácil entender algunas realidades. Existe una vara de medir a partir de la cual las realidades y las personas son más normales o más correctas. La vara de medir es el BBVAH que define lo hegemónico, lo que se instituye como la normalidad. Lo demás somos las otras.

A medida que nos alejamos de este BBVAH encontramos personas atravesadas de un mayor número de opresiones que las colocan en las antípodas de lo que debemos Ser. Así que yo me imagino que al otro lado del abismo de la realidad, en el punto más alejado del BBVAH, estaría la mujer pobre, racializada y habitante de la periferia global (MPRP). La otredad por excelencia.

Para instaurar la supremacía de la hegemonía masculina, blanca, burguesa y occidental se hace necesario unos dispositivos de control de toda índole que resten la humanidad a esta MPRP. ¿Cómo se hace? Los dispositivos han sido y son numerosísimos y podrían ser ordenados en una escala de violencia de más a menos implícitas: ridiculizar, infantilizar, invisibilizar, criminalizar, expoliar, reprimir, y exterminar entre otros.

Este control y represión no se hace al azar si no que se dirige contra aquellas “cualidades” de ser y estar de las otras que ponen en peligro la propia existencia del sujeto hegemónico el BBVAH. Se reprime aquello que se teme. Se subalterniza aquello que supone un riesgo para la perpetuación del orden vigente, el orden que coloca en un lugar priviligiado al “super-humano” BBVAH. Cuantas más líneas de opresión atraviesa a la persona mayor es la peligrosidad potencial que supone para el orden vigente.

Siguiendo la teoría de Ramón Grosfóguel de los cuatro epistemicidios sobre los que se han construido la modernidad (orden vigente que coloca en un lugar priviligiado al super-humano BBVAH), hay que decir que estos no han sido casuales. Los epistemicidios se han dirigidos contra aquellas comunidades que suponían un peligro en sí mismo para la existencia del orden vigente.

Las formas de vida inter-dependientes y eco-dependientes que suponían las comunidades indígenas americanas y africanas, o los conocimientos de las mujeres sabias (brujas) en Europa, eran realidades incompatibles con la construcción del sistema actual (llámese este modernidad, o capitalismo).

Mi hipótesis es que cualquier comunidad que por su forma de estar y vivir en el mundo suponga un cuestionamiento a este individualismo imperante ha de ser oprimida por el orden vigente. Con oprimida me refiero a ser subordinada, controlada y puesta a disposición del orden. Pues bien, de tener algo de cierto esta hipótesis, la estrategia emancipatoria que acabe con este sistema de opresión globalizado pasa en primer lugar por tomar conciencia de estos “atributos” de las otras que el orden vigente se empeña en oprimir, porque en ellos reside la mayor amenaza para la subsistencia de este orden.

La pregunta a hacernos es ¿Qué es exactamente lo que el sistema ridiculiza, infantiliza, invisibiliza, criminaliza, reprime, o extermina?

Si hiciéramos esta misma pregunta dirigida a cada una de las comunidades situadas en la otredad y redactáramos juntas todas sus respuestas saldría un manifiesto coral de las mejores herramientas para desmontar el orden vigente.

Si me toca contestarla a mí tendría que situarme desde la otredad más atravesada de opresiones en el territorio que habito sería la mujer pobre y racializada que habita la periferia de Andalucía.

Antes de adentrarme en la respuesta considero necesario aclarar desde qué mirada situada voy a contestar esta pregunta. Me identifico como mujer, racializada-gitana y andaluza. Estoy sometida al chantaje trabajo-renta, y realizo una actividad laboral directamente remunerada en el mercado como trabajadora cualificada. Habito en la metrópolis y no en la periferia. Desde ahí voy a contestar la pregunta según mi experiencia directa con la realidad.

Estas son algunas de las cualidades que yo he visto reprimir a las mujeres pobres, racializadas-gitanas que habitan la periferia andaluza.

1. El no ajustarse a las formas de producir capitalistas. Las formas de vida que no ponen en el centro la carrera profesional como objetivo en la vida, la idea de que el trabajo no dignifica o poner en valor otros aspectos vitales por encima del trabajo asalariado son estigmataizados por el sistema. En el estigma de la vagancia, la delincuencia o el analfabetismo es como se materializa esta represión.

2. El no encajar en los modelos de consumo imperantes, el no cumplir el modelo estético se castiga con la inivisibilidad social, por ejemplo en el gueto o la marginalidad social.

3. El anti-autoritarismo. El rechazo a la autoridad o las formas de resolución de conflictos sin auxilio de las instituciones estatales que pueden darse aun en el medio rural o las periferias. Esto se criminaliza con el estigma de la peligrosidad.

4. Las formas de vida colectiva que abogan por la familia extensa o la crianza colectiva se reprimen con el estigma del atraso cultural o la sumisión de la individualidad que suponen.

5. La espiritualidad. Las creencias y ritos que rompen el imperio del paradigma racionalista son reprimidas con el estigma de la inferioridad cultural y la ridiculización.

Si vemos aquello que se reprime en esta enumeración podemos concluir que aquello que más ponen en peligro al orden vigente son formas de vidas que aboguen por unas fórmulas de producción y consumo alternativas, organización social mutualista, autogestión de los conflictos, o valores éticos y morales no racionalista.

Organizar las resistencias y la conquista de la vida digna desde los referentes y prácticas de la identidad que nos reprimen puede ser la clave para la emancipación.

Ante el análisis devastador de la realidad que habitamos lanzo una idea propositiva, una idea que vaya más allá del análisis y que de pistas para articular una estrategia emancipatoria que acabe con este dispositivo de opresión. Solo son pistas de donde puede estar la salida. La estrategia final será fruto de ese diálogo entre todas las identidades oprimidas, que partiendo desde las propias realidades y las respectivas estrategias de resistencia, hilará esa subversión colectiva.

El Feminismo de las Otras: ¿Qué es lo que no gusta de nosotras?
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