Marta Macho, una matemática en la frontera de las humanidades Entrevista, Voces

Esta profesora de la Universidad del País Vasco, Premio a la Igualdad Emakunde 2016, ha desarrollado su actividad universitaria, y humanística, entre la divulgación, la academia, la igualdad, la visibilidad, las ciencias, los agujeros del espacio, el compromiso y la creatividad.

Marta Macho, en Bilbao. / Foto: Helena Bayona.

Marta Macho, en Bilbao. / Foto: Helena Bayona.

Nació en 1962 en un barrio de Bilbao, Deusto, donde los vecinos se llaman a sí mismos “tomateros”. El año de su nacimiento, la rivalidad entre Estados Unidos y Rusia participó que se lanzaron ocho ondas o satélites al espacio. Probablemente no hay conexión alguna, pero el área de conocimiento de esta menuda profesora tiene que ver con la medición de agujeros en un espacio. Todo un enigm que explica más abajo.

Dígame, ¿usted sobre qué hizo su tesis?
La titulé Conjetura de Baum-Connes y foliaciones casi sin holonomía.

Y lo dice así, sin atragantarse. En este momento, nuestra lectora acaba de pasar la página.
Me ha costado decirlo.

¿Y eso para qué sirve?
La teoría de foliaciones se usa en diversas ramas. La matemática básica sirve para quien la necesite.

Skármeta escribe en El cartero de Neruda que la poesía no es para quien la escribe, sino para quién la necesita.
-Yo siempre me lo he pasado muy bien con las matemáticas… y con la ciencia. Mi hermana estudiaba Física y, por hacer otra cosa, me decidí por las Matemáticas.

¿Y por qué otra cosa en lugar de buscar el apoyo?
Por no interferir. No somos competitivas, nos queremos mucho. Cuando las matemáticas se dan bien, proporcionan un placer especial. Hay mucha creatividad. Es muy gratificante que salgan las cosas.

¿Es comparable al placer de cocinar un gran plato o escribir bien?
Yo la divulgación la hago a través de la literatura. Me gusta estar en la frontera de las cosas. Trabajo con gente de Humanidades y es enriquecedor.

Resultado de esa colaboración es, por ejemplo, ‘Mujeres con ciencia’, una web en la que se pone rostro y biografía a científicas importantes, pero olvidadas. Esa plataforma de visibilización fue el motivo de que el Instituto Vasco de la Mujer –Emakunde– le concediera en 2016 su Premio a la Igualdad.

No creo en Ciencias y Letras, creo en la cultura. Mucha gente de Ciencias cree que la de Humanidades es muy caótica. Y para nada. Trabajamos distinto porque la carrera nos forma en procedimientos de trabajo.

Da la sensación de que la carrera universitaria configura el cerebro.
Quizá. Son formas de comprender los problemas.

José Antonio Marina, el filósofo, contaba que un grupo de compañeros, años después de acabar los estudios, se juntaron y todos ellos se habían decidido por carreras relacionadas con las matemáticas. Y la razón había sido aquel profesor de primaria que les enseñó los números.
No me las doy de lista, pero si no te bloqueas, las matemáticas del bachillerato son fáciles. Si aprendes a jugar, es sencillo. Un profesor que incentive más es bueno. Yo lo tuve.

Pongámosle nombre.
Recuerdo su figura, pero no cómo se llamaba. Yo estudié en la escuela francesa, que es muy geométrica…

¿Perdón?
El tipo de matemáticas que enseñan está muy volcado a la geometría, que es muy visual. Aquí se renuncia a eso, se enseña más cálculo.

¿Por qué hay diez números?
Probablemente, porque tenemos diez dedos en las manos y es una forma fácil de contar, pero también se cuenta por docenas; y los números en francés van de veinte en veinte.

Con diez encajan muy bien los juegos de aritmética.
Porque estamos trabajando en base diez. Si tuviéramos otra base, sería lo mismo. Los ordenadores, por ejemplo, trabajan en base dos. Por eso hay 0 y 1; el no y el sí. La base dos tiene características especiales. Si trabajamos con diez dígitos, el 9 es especial porque es el anterior al 0.

¿Es una especialidad que no tiene el 2 respecto del 3?
Si trabajamos en base tres, el 3 no existe; serían el 0, el 1 y el 2, y el 2 tendría esas propiedades del 9 en base diez.

Usted es consciente de que esto es difícil de entender, ¿no?
Pues no lo pongas y ya está. Las matemáticas son mucho más que números.

¡Más!
Yo, por ejemplo, soy topóloga. Estudio espacios de manera cualitativa. Dicho de manera rápida, a mí me interesa contar los agujeros que tiene un espacio.

No sé si pedir socorro.
Las matemáticas estudian muchas más cosas que los números. Por ejemplo, la teoría de los números está vinculada a los números primos y las claves que usamos con las tarjetas de crédito tienen que ver con números primos muy grandes. Es muy complicado. Una parte del álgebra es la criptografía y permite hacer transacciones sin que nos roben las claves.

Socorro.
Sin matemáticas no podemos vivir. Están detrás de cualquier faceta de la vida. Y no están acabadas. Hay muchas cosas por hacer. Los matemáticos pueden modelizar el comportamiento de un banco de peces midiendo la temperatura, el volumen…

O sea que el azar no existe.
Existe en la medida en que las situaciones son irrepetibles: Tomas un café muy caliente, das un grito y la persona del piso de arriba se sobresalta y algo cae. ¿Eso es azar? Un acto puede provocar situaciones imprevisibles. La vida cotidiana es imprevisible. Los modelos en ciencias sociales son muy complicados porque entran en juego sentimientos, vivencias, reacciones, impulsos.

¿Hay doctrina en la ciencia?
Confío en que no. En matemáticas hubo un momento muy duro cuando se cambió de finito a infinito, porque conceptualmente es muy complicado.

¿Cuándo fue eso?
Mil ochocientos y pico.

Marta Macho, con el Casco Viejo de Bilbao al fondo. / Foto: Helena Bayona

Marta Macho, con el Casco Viejo de Bilbao al fondo. / Foto: Helena Bayona

¿Quién lo enunció?
Georg Cantor. Este hombre introdujo el concepto de infinito luchando contra la escuela en que se había formado, la alemana. El concepto de finitud estaba asociado a dios, que era el infinito. La ciencia era muy mística. Cantor era un genio, vio más allá. Se murió en un manicomio porque lo machacaron mucho. Últimamente se dice que en ciencia innova gente con otras cualidades, con síndrome de Asperger, que es capaz de salirse de la mirada general. A fin de cuentas, somos producto de lo que nos enseñan y estas personas pueden generar grandes cambios porque tienen otras habilidades.

¿Es compatible la ciencia con creencias religiosas?
Si no contaminan su ciencia… Hay una mujer cuáquera, física teórica muy reconocida, que separa con nitidez la ciencia y la religión. No recuerdo su nombre. Hay mala praxis científica, sin duda. Gente que plagia, que engaña…

¿Existe el infierno para los científicos?
Sí, a veces es el propio departamento [y ríe]. Como nos basamos en artículos de otros investigadores, la mala práctica a largo plazo deja un gran halo. Se puede acabar matando a alguien por una publicación engañosa con datos inciertos.

Mucho hombre en ciencia, ¿no?
Yo trabajo en una Facultad de Ciencia y Tecnología, y depende de las áreas. La Biología está muy feminizada, por ejemplo. Los que mandan son ellos. Los equipos están formados por varones, dirigidos por ellos y, si se trata de acudir a un congreso, se vuelve a beneficiar a los varones. ¿Quién elige los temas de investigación? Si hubiera mujeres, quizá optarían por estudiar otras cosas.

El sistema de elección tiene su importancia.
En igualdad de condiciones, se eligen entre ellos. Es lo que se deduce de una investigación que se ha llamado “el efecto John-Jennifer”. No creo que por el hecho de haber mujeres las cosas vayan a mejorar, pero es un primer paso. Tenemos diferentes intereses, distintas formas de pensar… En ingenierías, ellos están muy interesados por las máquinas, pero son mucho más amplias. Si las mujeres supieran que ciertos materiales se están usando en biomedicina, quizá se sintieran atraídas.

¿Cómo se contrarresta esa tendencia a elegirse entre ellos?
Con políticas de igualdad. En nuestra universidad, los órganos deben ser paritarios, aunque todos los cargos no tienen el mismo peso. Los buenos vicerrectorados o vicedecanatos los ocupan hombres. Hay que dar la lata. Las mujeres que llegan a los cargos deben ser feministas, porque para ser clones de ellos…

¿Y en el aula?
Se favorece a la gente que responde bien y rápido. Las personas lentas, dubitativas, inseguras están condenadas. No es necesario que sean listos, con tal de que sean seguros y tengan desparpajo.

O sea que su tesis fue sobre foliaciones.
Pero nada tiene que ver con hojas.

¿Eso debe de ser una perversión, no?
Sí.

Pongámosle adjetivo.
Una perversión intelectual.

 


Esta entrevista fue publicada originalmente en el número 5 de #PikaraEnPapel, publicado en octubre de 2017.

 

Mujeres con ciencia
Para mostrar lo que hacen y han hecho las mujeres que se han dedicado y dedican a la ciencia y a la tecnología nace ‘Mujeres con ciencia’, proyecto online del que Marta Macho es promotora a través de la Cátedra Cultura Científica de la UPV/EHU. El objetivo no solo es hablar de ellas y visibilizarlas, sino también explicar su trabajo o las circunstancias en las que lo han desarrollado. Todo ello a través de efemérides, entrevistas, datos, biografías, análisis y, por supuesto, mucha ciencia.

 

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