La economía no será social ni solidaria sin feminismos Análisis, En red

La Economía Social y Solidaria se ha establecido como unas de las alternativas principales con las que cuestionar al sistema económico imperante. Aporta un marco de acción y unas herramientas con las que combatir las desigualdades que genera, pero sin una perspectiva feminista esa lucha no será efectiva.

A Womans Work is Never Done", póster de See Red Women's Workshop

A Womans Work is Never Done”, póster de See Red Women’s Workshop

En momentos tan desesperanzadores como el actual, se hace indispensable pensar en otras formas de hacer que nos permitan imaginar y practicar otras vidas alejadas de la explotación y la acumulación. La Economía Social y Solidaria (ESS) abrió un rayo de luz, proporcionando un marco de actuación con el que combatir algunas de las desigualdades que genera el sistema económico actual. Desde la sostenibilidad, la solidaridad y la redistribución se ponen en el centro cuestiones denostadas con prácticas que tienen el bienestar de las personas y la vida como principales objetivos. Pero ¿qué alternativas nos permite imaginar?, ¿ofrece oportunidades para hacer frente a las desigualdades de género?

En España, la ESS sugirió una senda que es transitada cada vez más, y que ha provocado que en ciertos sectores se popularice como una manera diferente de entender la economía. Ha pasado de facturar 171 millones de euros anuales a 379 en la última década, y además ha conseguido adentrarse en sectores como la energía, la banca o las telecomunicaciones que, como comentan en Alternativas Económicas, eran ámbitos que hasta hace muy poco parecían inalcanzables.

Esto demuestra que hay grietas y otras formas hacer fuera del ritmo acumulativo y más acordes a los tiempos de la naturaleza y de la vida social. Pero el neoliberalismo es un monstruo al que sobrevivimos desde hace tiempo y es difícil de esquivar; aun en el seno de la ESS se siguen reproduciendo algunas desigualdades contra las que se pretende luchar.

Como alternativa, presenta un conjunto de herramientas esperanzadoras y aúna algunas de las demandas de la economía feminista. La forma de organización horizontal y la democracia en sus procesos son algunas de ellas. También se ponen en valor otros factores ajenos al mercado y a la producción, y se reconoce que todos somos dependientes y necesitamos de cuidados.

Aún así, las mujeres del sector siguen teniendo menos peso en la toma de decisiones. Y sigue habiendo diferencias salariales¹, además de los triples roles que desempeñan las mujeres, en el trabajo, el ámbito doméstico y en el mantenimiento de comunidades; siguen existiendo espacios masculinizados en asambleas, hay mayor presencia de hombres en puestos relacionados con la contabilidad de las entidades, etc.

Feria de la Economía Social y Solidaria celebrada en Madrid. / Foto: Foto de Sophie y Guillem (Sepra). Flickr.

Feria de la Economía Social y Solidaria celebrada en Madrid. / Foto: Foto de Sophie y Guillem (Sepra). Flickr.

Y sí: podríamos repetir que los cuidados como trabajo que sostiene la vida es algo que entra en el discurso de la ESS. Pero el monstruo sigue ahí, y en la hiperracionalización de la sociedad actual, nos enfocamos más en obtener medidas que son fácilmente cuantificables. Cuántos empleos estables se crean en este contexto es algo importante, pero habría que ir más allá y ver cómo se mantienen esas vidas más allá de lo productivo.

Un primer paso podría ser ver cómo introducimos de manera efectiva el trabajo de cuidados. ¿Qué es una vida digna más allá del acceso a bienes y servicios? Aunque los criterios éticos y sociales sean primordiales en las iniciativas de ESS, su epicentro sigue siendo la producción. Esto hace que en la práctica, el muro de separación entre lo productivo y lo reproductivo se mantenga. Y al final, los trabajos y labores feminizadas quedan relegados a la periferia de las actividades de los proyectos. Así que entonces, ¿cómo hacemos para que todas las tareas que tienen que ver con la reproducción social sean asumidas al mismo nivel que las productivas?

El patriarcado es parte del sistema capitalista al que la ESS pretende combatir. Así que para seguir progresando en esa línea, es indispensable poner el énfasis en cómo pasar del discurso a la realidad práctica en lo que a la crisis de cuidados se refiere. Es cierto que, pese a todo, los proyectos de ESS conviven en un contexto en el que el neoliberalismo campa libre, y eso nos hace participar en los rituales del capital. Pero lo que no debemos dejar fuera es la crucial importancia de poner en valor, de manera real y eficaz, lo reproductivo. Porque al final, la ESS se basa en ofrecer alternativas en las que quepamos todas.

La Red de Economía Feminista trabaja desde hace tiempo en torno a estas reflexiones. La perspectiva feminista es tenida tenida en cuenta en los proyectos de ESS, pero en el ritmo diario, se diluye y deja de ser un tema central en las prácticas rutinarias. Para reclamar la importancia de tomar medidas reales, presentaron el Decálogo de la Economía Feminista en el contexto de la Feria del Mercado Social de Madrid el pasado mes de septiembre.

Decálogo de la Economía Feminista.

Decálogo de la Economía Feminista.

Decálogo de la Economía Feminista

En esta línea, se han producido diversos avances. Hace un año, Coop57, una cooperativa de servicios financieros éticos, aumentaba la baja parental de dos a ocho semanas. Esas seis semanas que quedan fuera de la legislación actual corren a cargo de la cooperativa e incluyen a parejas homoparentales y también casos de adopción. Esta medida trata de fomentar de manera concreta la corresponsabilidad en los cuidados, algo en lo que la comisión feminista de la entidad lleva trabajando desde su formación. Es una gran mejora pero, como aseguran desde la Red de Economía Feminista, “la conciliación no supera el sesgo de que quienes más concilian sigan siendo las mujeres”².

Por otro lado, la Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) propone una herramienta de auditoría que hace un balance social a las entidades que la integran. En un ejercicio de transparencia se evalúa y comparte con la sociedad cómo se ajustan a los valores que promueven y predican. Los principios de este examen social se basan en la Carta de la Economía Social y Solidaria, que establece seis: principio de equidad, de trabajo, de sostenibilidad ambiental; de cooperación, sin fines lucrativos y principio de compromiso con el entorno. Sin duda se trata de una iniciativa realmente útil, que debería extenderse e ir definiendo aún más sus principios cuantificadores para romper la barrera que sigue separando lo productivo de lo reproductivo.

Incorporar una perspectiva feminista consciente más allá de lo discursivo no está exento de dificultades, pero es indispensable para conseguir que una economía sea verdaderamente social y solidaria. Y también lo es reconocer que el monstruo seguirá apareciendo. Para combatirlo no hay nada mejor que un constante cuestionamiento y revisión de las prácticas cotidianas. Es en esos escondrijos comunes donde más le gusta ocultarse para, si nadie lo descubre, pasar a mayores y apretar aún más sus garras.

 


¹La Red Mujeres del Mundo construye herramientas para facilitar la automatización de las mujeres en la Economía Social y Solidaria, de Quartiers du Monde. Incluido en el Dossier nº 25 de Economistas Sin Fronteras.
²La Red de Economía Feminista de Madrid como experiencia, concreta y situada, del fortalecimiento de las demandas feministas dentro de la economía social y solidaria. Incluido en el Dossier nº 25 de Economistas Sin Fronteras.

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Gema Valencia

Periodista que se mueve entre la comunicación social y digital, los feminismos, la cultura y el crochet. Ha coordinado la comunicación de cuatro ediciones del Festival ZEMOS98, colectivo en el que además trabaja en el ámbito de la comunicación digital, la economía solidaria y la formación. Y aunque es una enamorada de los pájaros, el destino le ha llevado a tener un gato.

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