Las ‘espartanas’, la lucha obrera contra Coca-Cola Crónica, Planeta

Las mujeres de trabajadores de Coca-Cola se involucraron hace cuatro años en el campamento contra el cierre de la fábrica de Fuenlabrada (Madrid). Ahora presentan un villancico alternativo para estas fiestas y afirman que sus protestas siguen siendo más necesarias que nunca: “Debemos ser un ejemplo. Es un antes y un después en la lucha obrera”, dicen.

No llevan armadura, sino una camiseta roja en la que se lee: “Ni nos doblan, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar. La lucha sigue”. Se manifiestan por el centro de Madrid en plena campaña navideña. Sus aullidos se oyen por encima del trajín de compras y cenas de empresa. Jalean por el boicot a Coca Cola, por la unión obrera y por el cumplimiento de las leyes. Se las conoce como ‘espartanas’ y son –principalmente- las mujeres de los empleados de la fábrica que esta multinacional de refrescos tiene en Fuenlabrada. Acaban de publicar un villancico alternativo a la ubicua publicidad de la marca en estas fechas. En él, narran la situación de los empleados, hablan del paro o de los desahucios en el ámbito estatal y animan a dejar de beber esta bebida. “Quitarnos las mordazas. No parar de gritar”, avisan.

Pero su trayectoria es larga. Cumplen cuatro años de lucha. Cuatro años desde que la filial española de Coca Cola (Coca Cola European Iberian Partners) decidiera cerrar sus fábricas del territorio nacional y despedir a 1.253 personas. Entonces, el día del anuncio (22 de enero de 2014), se propusieron salvar este centro logístico del sur de Madrid. El mayor de toda Europa en la ciudad donde más se consume esta bebida ‘per cápita’. “Se llevaban la producción fuera de aquí”, explica Mercedes Pérez Merino, ‘espartana de 57 años que suma 35 de experiencia en la empresa. “Querían unificar todas las embotelladoras, pero al principio no dijeron nada del cierre”, recuerda.

No fue así: de repente, la compañía –con mala fe, apunta Pérez- preparó un ERE (Expediente de Regulación de Empleo) y dejó en la calle a los 350 trabajadores de Fuenlabrada. Les ofrecieron hasta 45 días por año y una indemnización de 10.000 euros. “Pero no queríamos el dinero, sino trabajar. Queríamos defender el puesto de trabajo con lo que eso significa, para nosotras y para nuestros hijos”, señala. Se declararon en huelga. Concluyeron que si un grupo con 900 millones de beneficios anuales cerraba y no hacían nada, sería “una hecatombe”.

Y empezó todo. Poco a poco los trabajadores y trabajadoras se animaron a acampar frente a la fábrica. “Lo hicimos 24 horas, 365 días”, cuenta Pérez, miembro del Comité de Empresa y una de las cinco ‘espartanas’ en plantilla. El resto se compone de compañeras, hijas o familiares de los empleados. El ímpetu de esta iniciativa congregó hasta a 180 mujeres que se fueron conociendo de repente. “Al ir a ver a nuestro maridos empezamos a hablar entre nosotras. Comenzó con una tienda de campaña y acabamos construyendo entre todos una instalación de madera”, presume.

Junto a ella está Aurora Jurado. A sus 59 años cojea por culpa de los golpes que se llevó aquel día en el que las intentaron echar del asentamiento. Su pareja, con 38 años de antigüedad en Coca Cola, iba a ser despedida. Y ella, profesora de cerámica, pensaba impedirlo. “Dejé las clases y me dediqué a esto”, dice. Mientras se formalizaban los despidos y se presentaban denuncias, ellas mantuvieron la pelea. Ese mismo mes de junio, la Audiencia Nacional anuló en ERE y tuvieron que readmitir a los ‘espartanos’.

Pero no cejó la lucha. Pidieron cumplir las condiciones anteriores. Y, sobre todo, reavivar el trabajo de un espacio ya casi desmantelado. “Les están haciendo ‘mobbing’ porque dentro no hay casi nada. No les dejan trabajar. Les quitan la luz. Son víctimas”, afirma Jurado, que cree que todo forma parte de un juego para “ganar tiempo”. “Quieren desanimarnos y conseguir degradar un recinto de 250.000 metros cuadrados para venderlo”, suspira.

Algunas de las 'espartanas' en la última manifestación celebrada en Madrid. / Foto: Alberto G. Palomo

Algunas de las ‘espartanas’ en la última manifestación celebrada en Madrid. / Foto: Alberto G. Palomo

“Sin embargo, el ánimo no decae. Tenemos una sentencia en firme y no podemos parar. Lo siguiente es ir al Constitucional y luego a Estrasburgo”, concede Jurado, resumiendo el camino legal hasta ahora: en 2014 la Audiencia Nacional resuelve que el ERE es nulo; en abril de 2015, el Tribunal Superior lo ratifica y pide que los trabajadores vuelvan en un plazo de cuatro días; cambian jueces, pasa el tiempo y al final regresan en septiembre de ese año, pero no a la fábrica tal y como estaban antes. Lo denuncian y el Tribunal Superior les quita la razón. “Cambiaron una sentencia firme del Tribunal Superior por un auto de la Audiencia Nacional, fallando el derecho de tutela del artículo 24 de la Constitución”.

En 2015 “tomaron la batuta”. “Ellos no están visiblemente”, apunta la ‘espartana’, “así que hicimos grupos de coordinación para distribuirnos las tareas y los horarios”. La protesta siguió en la puerta de la fábrica. Consiguieron tableros y hasta aire acondicionado o calefacción para los días de verano e invierno. Montaron un chat de whatsapp en el que aún se dan los buenos días unas 180 veces cada mañana, según cuenta riendo Parejo. Y algunos grupos políticos se preocuparon por su situación. “Desde el Ayuntamiento de Fuenlabrada, la entonces vicealcaldesa, de Izquierda Unida, nos ayudó mucho”, recuerda. “Y después hizo lo propio Podemos (que todavía no estaba constituido)”, añade.

El año pasado, Irene Montero, Pablo Iglesias o Alberto Garzón compartieron el anuncio que rodaron con la etiqueta #NavidadSinCocaCola: simulando aquella famosa campaña de ‘Para todos’, enumeraron sus reivindicaciones con botellas y latas de la compañía. “Para los que afrontan estas fiestas sin saber qué será de su trabajo en enero, para los que reciben amenazas si alzan la voz, para las que resistimos”, anotaban, entre otras cosas. ¿Quiénes eran? Parejo lo explica: “Mujeres, hijas, tías, abuelas: todas nos juntamos y empezamos a pedir el boicot a la marca y la vuelta a las condiciones laborales de nuestros maridos”.

“SON LA CIMENTACIÓN PARA QUE ESTO SIGA ADELANTE: SIN LAS ESPARTANAS, SIN LAS MUJERES, LA LUCHA ESTÁ COJA. GRACIAS A ELLAS ESTAMOS EN PIE. SON LAS MUJERES LAS QUE ESTÁN PONIENDO EN JAQUE AL CAPITAL”

“Las ‘espartanas’ son, en este conflicto y en la lucha, el denominador común”, argumenta Juan Carlos Asenjo, presidente del Comité de Empresa. “Son la cimentación para que esto siga adelante: sin las espartanas, sin las mujeres, la lucha está coja. Gracias a ellas estamos en pie. Son las mujeres las que están poniendo en jaque al capital”, sostiene. Se han erigido como mascarón de proa de una protesta que expele dos realidades contundentes: el peso de ellas a la hora de quejarse, y la invisibilidad entre las filas de la empresa. “En las calles estamos todas y en la fábrica solo cinco”, insiste Mercedes Pérez Merino. “Para mí, nosotras somos imprescindibles”, comenta a su lado Ana Isabel Galán, “porque si una mujer avanza, ningún hombre retrocede”. “Seguimos adelante hasta que se cumpla la justicia.

Están en un momento importante. Hace unos meses protagonizaron un desnudo en la revista Interviú para ‘destapar’ cómo siguen los trabajadores de la empresa: ordenadores apagados por la falta de actividad, traslados de botellas vacías de un sitio a otro, paquetes amontonados sin nada y unas instalaciones sin apenas mantenimiento. Sus esfuerzos están en demostrar que no se están cumpliendo las órdenes de revocar el ERE con las condiciones pactadas, aunque el Tribunal Supremo dio en enero la razón a la compañía, avalando las circunstancias en que se produjo la readmisión.

Por eso, las ‘espartanas’ siguen en pie. Los ánimos, exclaman, no decaen. “Estuvimos al día siguiente de los despidos y ahí continuamos, con unión y lealtad”, declara Gema Gil, que ha pasado de las protestas en el campamento al Consejo Ciudadano Autonómico de Podemos, antes de apostillar: “Somos necesarias. Sin la lucha de las familias no se consigue nada. Y esto enseña que tenemos que defender entre todos y todas los derechos de los trabajadores. Debemos ser un ejemplo. La lucha de las ‘espartanas’ es un antes y un después en la lucha obrera”.

 

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Alberto G. Palomo

Aunque formado como maestro, se dedica al periodismo después de escuchar a su hermano (también periodista) leerle columnas desde el sillón. Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Salamanca, colabora en varios medios nacionales como El País, El Mundo o Yorokobu escribiendo -sobre todo- de temas internacionales, viajes, sociedad o cultura.

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