El pueblo gitano en Euskal Herria, David Martín Ficciones, Para más señas

La autora aprovecha la reseña para contarnos algunos datos sobre el pueblo gitano desconocidos para la mayoría e ignorados por los libros de Historia.

Portada del libro.

Portada del libro.

Allá por junio, quise hacer un regalo, así que me pasé por Elkar, a ver si alguna portada o título sugerente llamaba mi atención y hacía las delicias del cumpleañero en cuestión. Sin haberlo deseado…que soy poeta y no me subo la bragueta, vaya. Yo no sé si hoy en día lo de comprar libros o dvds es algo cliché y rancio, equivalente a regalar colonias o pasminas, pero si por un casual alguien tuviera dudas y no supiera por qué decidirse, os animo a que conmigo seáis unas rancias de mierda y me compréis la posibilidad de pasar un buen rato sin tener que depender de nadie que no sea yo misma. Los libros, como idea, son la hostia. Y aunque últimamente me ha dado por leer novela en francés porque este curso trabajo de profesora de la lengua gala, en realidad a mí lo que me da la vida son los ensayos. No sé vosotras, pero yo empiezo a leer un ensayo siendo absolutamente mema y siento que los termino y deberían darme un diploma. ¡¡¿Pero qué genial es leer ensayos por el amor de diosa?!! Es que me parece un filón, eso de tener la posibilidad de adentrarte en los tejemanejes de las cuestiones más inverosímiles y diversas, empapándote de conocimiento por ciencia infusa. Querida amiga, ¿qué quieres saber sobre psicofonías y escritura automática vía ouija? Dale. ¿Qué te apetece conocer la situación de las brujas en la Edad Media? A por ello. ¿Que ves en el escaparate una joya que te va a contar la situación de las personas de etnia gitana en Euskal Herria? ¡¡¡¿¿Pero cómo lo vas a dejar ahí??!!!

Yo no puedo agradecer suficiente a la gente que dedica años de su vida a investigar sobre temas que yo a priori no sé que me interesan, pero luego descubro que me fascinan. David Martín, nacido en Rentería en 1980, es uno de ellos. Y por cierto, no se lo he preguntado, pero creo que él no es de etnia gitana. Eso sí, tiene cuatro años más que yo, y es doctor en Historia. A veces me da rabia haberme salido del redil y no haberme quedado en la universidad cuatro años más post máster. Pero es que, para hacer doctorados, hay que sacrificar mucho: desde la puñetera constancia absoluta que debes tener para dedicar a un tema 24/7 de cuatro años de tu vida (porque a mí me apasiona la pizza, pero no sé si me la desayunaría, comería, merendaría y cenaría todas las noches) pasando por fases de crispación absoluta debido al abandono del tutor de turno que tiene otras gaitas que tocar, la falta de pasta, las malditas meticulosidades a la hora de redactar-citar-parafrasear-anotar…o sea, que para la academia no vale cualquiera, ojo, hay que ser absolutamente metódica y tener las cosas claras. Y cuando como yo, no te sale del sobaco subrayar, cursivear o negritear según te lo mandan, porque consideras que el Word también es arte y la estética de tu texto la decides tú porque para eso es tuyo…pues la cosa se complica. Así que gente que estáis en plena crisis de la tesis: si seguís con ella, toda mi admiración y aplauso; y si decidís que la dejáis, toda mi admiración y aplauso también. ¡A la mierda!

Bueno, pero a lo que iba. Este fascinante tomo publicado por Txalaparta, consta de 214 páginas legibles, y luego unas cuantas más de anexos, cosas y bibliografía que yo, francamente, no me leo nunca. Está dividido en 16 capítulos y, por enumerar unos cuántos, os cuento que sus títulos son tan sugerentes como: la llegada a Euskal Herria, mestizaje y creación del pueblo gitano vasco, la época de los condes gitanos, la legislación antigitana, los rasgos distintivos etc., pero básicamente lo que hace es un recorrido cronológico por la Historia de este Pueblo desde que puso un pie por estos lares. Añado que por lo que se cuenta en última página, esta reliquia se terminó de diseñar y maquetar en 2017, para ser exactas el día 8 abril, Día Internacional del Pueblo Gitano. ¿Coincidencia? No lo sé, pero apuntémoslo todas en nuestras agendas, que luego se nos olvida, leñe.

El lenguaje de la obra es sencillo de entender, pero suficientemente sofisticado para que de vez en cuando subrayes alguna palabra, la busques en Google y en la siguiente semana se te antoje meterla en cinco frases ante gente que no sabe que nunca la has usado antes. En lo que a feminismo se refiere, el uso de vocabulario neutro e inclusivo, a mí me ha parecido una gozada, y en ningún caso he sentido la centralidad de los hombres de etnia gitana en el texto, frente a las mujeres, como sí suele pasarme en los libros de Historia de Secundaria que el alumnado se mete entre pecho y espalda. Entonces digo yo: si este doctor en Historia usa lenguaje que deja entrever la existencia de mujeres y hombres del colectivo y las épocas históricas a las que se refiere, ¿por qué no pueden hacerlo las personas que trabajan en las editoriales de los libros de los institutos? Pregunto. Si alguien sabe la respuesta y me la quiere dar, pues que hable ahora, o luego, o cuando quiera. Pero esto es un tema que me altera las pulsaciones.

La frase del principio, el autor se la toma prestada a Pío Baroja, y dice así: Hablo el mismo idioma que los vascos, llevo su misma ropa, pero a pesar de ello desconfían de mí (…) no sé cuál es mi patria, porque allí donde voy soy un extraño. Y es que si no te has leído el libro, lo mismo piensas que la cosa es algo exagerada, pero cuando ves que los primeros documentos que hacen referencia a personas de etnia gitana en Euskal Herria se registran en 1435 en Nafarroa, te preguntas a ver qué demonios ha pasado, para que hoy siga habiendo tantos prejuicios rodeando sus existencias. En más de 500 años, ¿cómo puede ser que la asimilación, integración, interculturalidad, llámalo x, no haya sido exitosa con estas personas? ¿Queremos buscar responsables? Bien, pues me alegra que me hagas esta pregunta, porque la respuesta la tengo a la vuelta de la esquina. Vas a flipar. Por ahora sólo te digo que hasta el siglo XVI, no arrendarán casa y comprarán parcelas para sembrar, dos prácticas que luego serán usadas como prueba de las vidas más o menos sedentarias que llevaban. ¿Y para qué necesitaban pruebas? -se preguntará usted. Ya. Pues para defenderse de quien quería mandarles o a chirona, o fuera del territorio. ¿Y esos malnacidos quiénes eran?- estarás pensando entre aspavientos. Pues la ley, amiga, la ley. O sea, supuestamente, todxs. (¿?)

Para empezar, las personas de etnia gitana al llegar a nuestra región, al ser consideradas extranjeras, se instalarán en los barrios de agotes. Y como la cosa hoy va de preguntar, ahora me sueltas: ¿quiénes son lxs agotes? Pues este es otro tema que también tiene mucha tela que cortar, pero así rápido y pronto: un grupo de personas estigmatizadas y tratadas injustamente que poblaba nuestra zona. En el valle del Baztan, el barrio de Bozate en Arizkun, es el lugar que más se relaciona con ellxs. Pero como sobre esto también hay libros, otro día más. En cualquier caso, es importante subrayar que en lo que al pueblo gitano se refiere, la asimilación será paulatina (…) [ya que] la cultura gitana se invisibiliza o se absorbe. En el folclore vasco, la figura del gitano está muy presente en representaciones carnavalescas, mascaradas o pastorales, pero está asumido como algo propio vasco, no así en Andalucía, (…) donde lo gitano está muy relacionado con su sociedad.

Es curioso y esperanzador ver como las personas que son relegadas a los márgenes de la sociedad, conviven y se apoyan las unas en las otras. Subrayable ejemplo de esto es el documento de 1691 que refleja, como mujeres no gitanas que también sufrían algún tipo de estigma (véase: ser madres solteras) se unen en grupos con mujeres de etnia gitana para funcionar como tribu. Afortunadamente, sororidad entre mujeres, ha habido siempre, y este tipo de casos son prueba de ello. Además, y como esta reseña es mía y yo cuento lo que quiero, algunas páginas después, Martín explica la posibilidad de que ya que en muchos casos, las gitanas optan por hacerse llamar por el apellido de la madre gitana, no se sabe si este uso es debido a no tener ninguna relación con sus progenitores masculinos o a un intento de proteger a los mismos, o a una posible estructura matriarcal del pueblo gitano, donde gracias al peso de alguna de las mujeres más ancianas de la familia, se establece un linaje a través de su nombre o su apodo. Vamos que aunque ya sabemos que vivimos en un patriarcado mundial, escarbes por donde escarbes, ver el peso capital de las mujeres de etnia gitana en su cultura con el protagonismo de algo tan llamativo como los apelativos, a mí me gusta y me pone de buen humor.

Cambiando un poco de tercio, quiero rescatar como curiosidad que muchas de las palabras que hoy en día utilizamos a diario son préstamos de la lengua que las personas de etnia gitana usaban antaño. Palabros tan normalizados como ‘guirigay’, ‘currar’ o ‘molar’ no vienen precisamente del latín, amiga mía. ¡¿Cómo te quedas?! Asimismo me hace ilusión haber leído que dos trabajos que este grupo de personas llevaba a cabo con más o menos asiduidad era el de txistularis y bertsolaris. ¡Me encanta!

Claro que el intento de este pueblo de pasar desapercibido no influyó en la prisión general de personas de etnia gitana del año 1749. Como lo lees: por ley, se ordenó que en Euskal Herria, todas las personas de etnia gitana fueran encarceladas. ¿Y sus pertenencias? ¿Y sus vidas? Ya, pues cuando salieron del trullo, al de un tiempo, intentaron recuperarlas como pudieron. “Curiosamente” (dijo ella con tonito), en 1802 hubo también una gran redada, y este acto repugnante se cebó especialmente con las familias de etnia gitana en proceso de asimilación, que al fin y al cabo eran las más fáciles de localizar. ¿Pero vamos a ver, estamos tontxs? ¿Esto la gente lo sabe? Porque yo no tenía ni idea. Al leerlo me sentí como cuando en Nebraska me contaron que en USA hubo campos de internamiento de personas japonesas durante una temporada. ¿A qué jugamos? Lo de las personas judías se sabe. ¿Pero y el resto? ¿A quién y por qué le conviene que vivamos sumidas en la más ridícula de las ignorancias? No doy crédito. En serio os lo digo. ¡Esto tiene que salir en los libros de Historia porque es Historia, joder!

Para terminar, por si no habéis salido de casa corriendo aún, deseosas por compraros el must have de los libros de este año, sólo voy a añadir como curiosidad, la procedencia de la música flamenca. Y es que cuenta esta obra maestra que, al ser los hombres de etnia gitana de mediana edad sistemáticamente castigados a remar en galeras o ir al ejército, fueron obligados a veces literalmente, a veces por las circunstancias, a alistarse para ir a Flandes en tiempos de los Austrias. Quienes volvieron de allí, con permiso de campar libremente gracias a los servicios prestados, eran denominados ‘Los Gitanos de Flandes’, para algo después, quedarse con ‘Flamencos’ a secas. No es que trajeran la música de Flandes, sino que la música que germinó en ciertas partes de Andalucía, lo hizo en el seno de una población gitana cuya representación en los Tercios de Flandes debió ser alta  ¿¡A que no lo sabías!?

Me da pena haberos podido transmitir sólo un par de pinceladas del entusiasmo que he sentido mientras me metía en un jardín de estas magnitudes, porque tengo una lista de páginas con informaciones y anécdotas más larga que un día sin pan que me encantaría compartir con vosotras. Pero en realidad, no quiero destriparos la posible adquisición. Así que yo me bajo en esta, no sin antes recomendaros encarecidamente que os hagáis con esta peazo de lectura que no os va a dejar ni pestañear. Te juro, querida amiga, que después de leerla, vas a contar con mucha información para luchar contra los estúpidos e injustos rumores propagados contra este pueblo, que sin caer ni en maniqueísmo ni demonizaciones, es tan merecedor de respeto, como (al menos) cualquier otro.

 

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El pueblo gitano en Euskal Herria, David Martín
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María Unanue

Adoro aprender por ciencia infusa, las flores y las patatas en todas sus formas.

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