Oenegemonismo antigitano: el incesante viento de frente En red, Opinión

En el espacio institucional, monopolizado por una fundación ‘para los gitanos’, los movimientos y asociaciones gitanas somos contempladas como satélites o rivales, subordinadas o vetadas y boicoteadas con celo. Para ello no se dudará en robar ideas e iniciativas de las propias asociaciones gitanos. Un reciente ejemplo: la burda estrategia de contraprogramar el I Congreso Internacional de Feminismo Romaní.

María José Jiménez Cortiñas y David Álvarez García- Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad

Mojar pan en el huevo frito es una “práctica arraigada.” El antigitanismo no. El modo y grado de racismo que sufren a diario y gratuitamente todas las gitanas y gitanos en este país es un elemento constitutivo de nuestra sociedad. Es una realidad sangrante, como la muerte por un millón de cortes. Es su ley no escrita, la norma más que la excepción y, además, una de las pocas cosas que siguen saliendo gratis a la mayoría en nuestro estado del malestar.

Cartel del congreso feminista que prepara la AGFD y que está siendo contraprogramado

Cartel del congreso feminista que prepara la AGFD y que está siendo contraprogramado

La letra puede cambiar, pero la música sigue sonando familiar a todas las mujeres en nuestra sociedad patriarcal, porque el machismo tampoco es una “práctica arraigada.” Por eso nos quedaríamos perplejas si leyésemos que “si todo es misoginia, nada es misoginia” y, a continuación, se nos afirmase que las feministas debemos limitarnos a las cuestiones más graves como el aborto, divorcio y malos tratos. Sin embargo, algo parecido es lo que argumenta la réplica de Sara Giménez en nombre de la Fundación Secretariado Gitano al artículo Antigitanismo.es de Silvia Agüero y Nicolás Jiménez. En este texto, los autores parten de una caracterización del antigitanismo como un fenómeno estructural e institucional para acto seguido compartir una serie de ejemplos, macro y micro, sociales y biográficos, de lo que consideran reflejos del antigitanismo en sus vidas. Uno de ellos es que la entidad hegemónica en lo relativo a las cuestiones gitanas en España sea una fundación dirigida por no-gitanos y que, a pesar de ello, sea la referencia para las políticas oficiales que sufren/benefician a los gitanos. Aquí parece que pisamos un callo.

Nunca aceptaríamos poner a un hombre al frente del Instituto de la Mujer, pero menos aun aceptaríamos como justificación que, aunque el presidente tiene voto de calidad en caso de empate, la composición del patronato del Instituto es paritaria respecto al género. Sin embargo, parece que con las gitanas y gitanos todo tiene un pase. Además, debemos dar las gracias porque la FSG hace mucho bien y nunca denunciar que a estas alturas de partido esto parezca normal. A nadie parecería medio normal que las políticas de atención médica dependiesen de la Cruz Roja, o las sociales de Cáritas Diocesanas. Sin embargo, el que la interpretación y tutela de las prioridades e intereses fundamentales de las gitanas y gitanos dependa de la buena voluntad de terceros parece que no escandaliza a nadie. Esto precisamente, la aceptación habitual de que la lucha por la transformación de la realidad social gitana en España no sea liderada por gitanas y gitanos es la interiorización del antigitanismo donde más duele, en casa.

Lo que resulta más preocupante es la estrategia utilizada para ocultar el elefante en la habitación. Esto es, la de recortar y jibarizar la definición de antigitanismo remitiéndose para ello a un documento oficial de la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI 13) para rebatir la experiencia de dos activistas gitanos. El documento de la ECRI, por cierto, es una recomendación a los estados europeos redactada “en 2011, tras los graves incidentes de romafobia ocurridos.” Es decir, se trata de un aviso a navegantes dirigido precisamente a los sospechosos habituales, un “no le pegues que no es tuya” para que entiendan los maltratadores. Se trata de un documento de urgencia en clave de mínimos dirigido a cómplices y responsables. No es un documento para activistas o agentes de cambio y transformación social, aún así, la concepción de antigitanismo de este documento también ha sido recortada a medida. De hecho, las recomendaciones de la ECRI van más allá de la punta del iceberg seleccionada por Sara Giménez. Entre las recomendaciones omitidas podemos leer que la ECRI es

Consciente del hecho de que toda política que se dirija a mejorar la situación de los Gitanos exige no solamente una inversión a largo plazo, sino también una clara voluntad política y la implicación de los propios Gitanos, así como de la sociedad civil; (…) Resaltando que es indispensable que la comunidad gitana tome conciencia del papel que debe jugar en la lucha contra el antigitanismo;

Pese a todo, Sara Giménez continua su defensa señalando de pasada que esta definición fue ampliada por la Alianza Europea contra el Antigitanismo, sin entrar en más detalles. No conviene porque esta vez sí, la alianza es una coalición de movimientos transformadores reunidos para converger en torno a una definición común y operativa del antigitanismo. Esta vez sí tenemos un auténtico documento de referencia y que, por supuesto, incide en ir más allá de las concepciones estrechas y de las casuísticas de infracciones y relatorios victimistas. El motivo confeso y necesidad de esta referencia común es, ni más ni menos, “que la actual carencia de una comprensión común del alcance, profundidad e implicaciones del antigitanismo dificulta la formulación de respuestas efectivas para hacerle frente.” Porque el antigitanismo es invisible pero omnipresente, como un “constante viento de cara.” Y es, además, un problema de la sociedad mayoritaria y de su incapacidad para percibir a gitanas y gitanos como iguales. Por eso nos parece especialmente preocupante que esta reacción proceda de la responsable de sensibilización del la FSG, porque no hay nada que reproduzca más eficazmente nuestra sociedad racista que el mensaje de que las gitanas y gitanos tienen que ser tutelados y dirigidos por instituciones intermedias que, ciertamente, hacen mucho bien y les consiguen muchas cosas. Esta era una oportunidad perfecta para reconocer lo lejos que estamos del objetivo y del propósito de que sean las organizaciones gitanas las que marquen las directrices. Por desgracia, en vez de autocrítica tenemos autobombo, incluso si para ello hay que mutilar la definición del antigitanismo y ponerle orejeras al racismo estructural. Esto, además de desafortunado, nos parece profundamente irresponsable.

Por desgracia las cosas están mal e irán a peor. La FSG no solo es la organización hegemónica en el terreno, la mejor financiada a todos los niveles y el mayor empleador de gitanas y gitanos de Europa. Es la mayor empresa de trabajo temporal de gitanas, no tanto por una cuestión de principios sino por la propia feminización de los servicios sociales. La misma desproporción (75/25) se da entre sus empleadas payas y payos, y es similar también entre su voluntariado. Sin embargo, el director y el presidente son hombres y payos, como corresponde. En esto es bastante normal. El Secretariado es también por su propia naturaleza de agente hegemónico del Tercer Sector, un gran cómplice involuntario de la externalización de servicios sociales de nuestros políticos neoliberales, de la creciente precarización laboral, de la desprofesionalización y de la subordinación, de la mano que alimenta y de la voz de su amo. Es una organización que tiene entre sus principios la Igualdad de Oportunidades y la Participación de la Población Gitana, pero en su patronato de 16 personas, solo hay 4 mujeres, y solo 2 gitanas. A pesar de todo, sigue teniendo en su misión, visión y valores, explícitamente, seguir siendo la “entidad de referencia en el Tercer Sector”, e “influir en las políticas dirigidas a la comunidad gitana” –incluso si muchas de ellas están dirigidas a las gitanas, esas desconocidas. Por supuesto, también figura el “poner el “tema gitano” en la Agenda Política.” En este caso supongo que quieren decir “el tema antigitano,” o sea, qué le pasa a la sociedad mayoritaria, a esa parte invisible del iceberg de la que la FSG, como Secretariado para los Gitanos, también es parte.

Lamentablemente, la cosa es aún más triste porque para boicotear una pertinente ocasión de autocrítica solidaria, se ha intentado desacreditar a dos autores, uno de los cuales (Nicolás Jiménez) es coordinador de la excelente y referencial Guía de Recursos contra el Antigitanismo, publicada por una entidad gitana (FAGA, la Federación de Asociaciones Gitanas de Valencia). Llegando ya a los surreal, resulta que tal guía es uno de los recursos recomendados en la bibliografía del propio Número Especial sobre Antigitanismo (2016) de la FSG, en el cual otro de los co-autores, el brillante Helios F. Garcés, contribuye con una definición que igualmente enfatiza la misma línea de priorizar, el ir a la raíz del problema ideológico mayoritario que repercute en la reproducción del orden racista y en su interiorización por gitanos subalternos. El propio Secretariado, y Sara Giménez como coordinadora del informe, son conscientes de lo pertinaz y profundo de la crítica como constatación del estado de la cuestión: “atención, todavía sois parte del problema de la sociedad mayoritaria.” Lo que está en juego es ser parte de la solución, y esto implica o convertirse en una entidad gitana o ceder el paso y transformarse en una plataforma real para agentes transformadores gitanos.

Lamentablemente, no sucederá, porque el Secretariado para los Gitanos es un actor hegemónico con capacidad y voluntad expresa de imponer su agenda. No sucederá porque en el espacio institucional, los movimientos y asociaciones gitanas somos contempladas como satélites o rivales, subordinadas o vetadas y boicoteadas con celo. Para ello no se dudará en robar ideas e iniciativas de las propias asociaciones gitanos. Debe ser porque no merecemos el crédito o el respeto, porque todo lo nuestro es folklore para ser explotado a nuestra costa, porque cuando somos activos y tenemos ideas o propuestas transformadoras pueden ser libremente robadas por payos a nuestra costa, y usadas contra nosotras, sentando cátedra y reduciéndonos a objetos de estudio académico -como bien denuncian Silvia y Nicolás sobre la Universidad de Alicante. El colmo ya es, por cierto, que estas dos entidades hegemónicas antigitanas se unan para hacer pinza común y neutralizar las iniciativas gitanas. Acabo de ver el anuncio urgente, precipitado e inminente, sin cartel ni programa aún, de la I Jornadas Valencianas sobre Feminismo Romaní, organizadas por la Universidad de Alicante y la FSG. Simplemente un formulario de inscripción con una vacía declaración de intenciones: un triste billete a ninguna parte vendido a nuevas reclutas oenegemonistas al servicio del antigitanismo.

Aunque parezca mentira, no escribo estas líneas desde la rabia sino desde el desencanto. Con bastante sacrificio organizaremos en noviembre el I Congreso Internacional de Feminismo Romaní en Madrid. Estamos entusiasmadas por compartir esta experiencia y nerviosas por la responsabilidad. Sin embargo, estábamos convencidas de que no asistiría nadie del Secretariado porque, aunque compartamos prácticamente los mismos principios y metas ideales, una asociación gitana, feminista y transformadora será vista como un rival, y sus trabajadoras saben a qué atenerse. Lo que no esperábamos es esta burda maniobra de contraprogramación para desplazarnos. Nos queda el consuelo de pensar que si nos temen tanto es porque algo estaremos haciendo y pensando bien. Debe ser porque precisamente cambiar el chip del antigitanismo es lo que retrata a las Fundaciones y Cátedras payas. Seguramente quedaremos al margen. En el margen de una definición de antigitanismo cortada a la medida de la foto oficial.

Lamentablemente, tengo que concordar con Silvia y Nicolás, con Helios, con Isaac Motos, con Valeriu Nicolae, con Markus End, con la Alianza contra el Antigitanismo y con tantas compañeras que han pagado el precio por decir “esta boca es mía”: antigitanismo es ser viento de cara cuando tienes el privilegio de poder ser viento en las velas.

Sólo nos queda pediros, compañeras píkaras y demás lectores, vuestra solidaridad, vuestra denuncia y vuestra nula complicidad con estas maniobras hegemonistas, explotadoras y perpetuadoras de un antigitanismo omnipresente.


REFERENCIAS

ECRI (2011) Recomendación de política general nº 13 de la ECRI sobre la lucha contra el antigitanismo y las discriminaciones contra los romaníes/gitanos. Estrasburgo, Consejo de Europa.

FSG (2016) Informe Anual de Discriminación y Comunidad Gitana. Número Especial sobre Antigitanismo. Madrid: FSG.

Jiménez, Nicolás; Garcés, Helios F. y Motos, Isaac; (2016) Guía de Recursos contra el Antigitanismo. Alicante: FAGA

Alliance against Antigypsyism (2017) Antigypsyism: A Reference Paper.

http://www.gitanasfeministas.es/

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