Islamofobia poliamorosa: somos los que molan En red, Opinión

La gran mayoría de webs poliamorosas de Europa, Estados Unidos o Canadá aclaran que “nosotros” no somos polígamos porque somos igualitarios. Esa lógica refuerza la construcción de un “otro” bárbaro y machista, a la vez que lava la cara a una comunidad que no es tan igualitaria como afirma ser.

Ilustración: Ana Penyas

Ilustración: Ana Penyas

Como en una novela policíaca, fue en un bar de Lisboa donde Daniel Cardoso me puso sobre la pista. Busca en Canadá” – me dijo – y habla con Nathan Rambukkana1. Dile que vas de mi parte”.

En 2011, la principal asociación poliamorosa de Canadá, la Canadian Polyamory Advocacy Associtation, lanzó una campaña para protestar sobre una sección del Código Penal que amenazaba con cárcel a las personas involucradas en relaciones sexo-afectivas de más de dos, denominadas polígamas. En Canadá, ese publicitado paraíso, también existe un texto legal denominado ‘Cero Tolerancia hacia las prácticas culturales bárbaras2‘, que habla con claridad de la prohibición de matrimonios simultáneos, sean o no consentidos por todas las partes.

Este tipo de leyes, pensadas obviamente para la migración musulmana, afecta directamente a las comunidades poliamorosas posmodernas y generan un conflicto de intereses difícil de resolver. Como racistas que somos, nos parece fatal la poligamia. Pero como poliamorosos, nos parecen estupendas las uniones de más de dos personas. ¿Cómo resolvemos tal conflicto? La Canadian Polyamory Advocacy Associtation lo tuvo claro: We are the NICE, reza su web. Somos la gente maja, somos los que molan. Y como por arte de magia, dejaron cerficado en una sola frase el opuesto binario, los que no molan, los malos, son los Otros. Los polígamos.

La máquina de guerra Oriente-Occidente va sumando tentáculos desde hace 2.500 años, si creemos las crónicas que sitúan el inicio de la confrontación fantasmagórica en la batalla de las Termópilas. Y a estos tentáculos se acaba de añadir una nueva vuelta de tuerca: el islamofobia poliamorosa.

La palabra poligamiani es coránica ni se usa en árabe, hasta donde yo sé. En este caso, no es necesario ni ser una experta: basta con ir a la aleya 4, versículo 3 del Corán y leer la única referencia al tema: Si teméis no ser equitativos con los huérfanos, entonces, casaos con las mujeres que os gusten: dos, tres o cuatro. Pero si teméis no obrar con justicia, entonces con una sola o con vuestras esclavas. Así evitaréis mejor el obrar mal(Traducción de Cortés)3. Estamos hablando del siglo VII del calendario cristiano: el islam no se inventa la práctica polígama, sino que la regula en una época donde hay documentados reyes y mandatarios, también cristianos, con miles de esposas literalmente.

Poligamiaes una palabra griega que se usaba hasta el siglo II d.C. para referirse a monogamias seriadas. Después desaparece de las lenguas europeas para volver a aparecer en 1558 en francés, y en 1590 en inglés. La presencia musulmana en Europa durante 800 años dio espacio suficiente para la reaparición del término de haber sido necesario, pero incluso las crónicas medievales de la península ibérica hablan de matrimonios múltiplesentre musulmanes y yo tampoco he sabido encontrar el término poligamia.

En el siglo XVI, sin embargo, Francia e Inglaterra empiezan sus expediciones coloniales a las que se unirá la antropología como ciencia, también colonial, en el siglo XVIII. En su búsqueda de la alteridad monstruosa, los antropólogos de la época organizan las posibilidades de relaciones sexo-afectiva de manera jerárquica y sitúan en su cúspide al núcleo heterosexual y formado por dos personas. Ésta será, a partir de entonces, la mejormanera de amarse, la forma más civilizada de relación, la más justa y adecuada. Hay autoras que incluso relacionan monogamia y democracia y que tienen doctorados defendiendo esta unión indisoluble de conceptos.

Una vez construida la jerarquía, se rellenan los puestos inferiores: la poligamia musulmana o los matrimonios grupales son formas inferiores de relación, formas bárbaras, salvajes. Aclaro que esta misma distribución jerárquica y su propaganda ha sido una de las herramientas para imponer la monogamia a las poblaciones europeas a través de maquinarias represivas como la Inquisición, que persiguió y aniquiló las disidencias sexuales, de género y reproductoras, y declaró heréticas las comunidades que quisieron incluir la sexualidad ritual en sus prácticas o que se negaron a acatar las normas de género hegemónicas que trataban de relegar a las mujeres a roles pasivos y de base.

Menos Foucault y más Shakira

En la actualidad, una nueva práctica sexo-afectiva viene a sumarse a la jerarquía: el poliamor y otras no-monogamias. Pero ¿dónde ubicarla? El discurso hegemónico poliamoroso no duda en situarse por encima de la monogamia. Somosmejores porque somos equitativos, igualitarios, consensuales y, sobre todo, somos éticos. Somos lo más. La relación entre poliamor y ética es muy curiosa, pues son dos términos que se definen de manera recíproca en estos contextos. ¿Cómo sabemos que es poliamor? Porque es ético. ¿Cómo sabemos que es ético? Porque es poliamor. Así, nunca salimos del círculo vicioso y el marco concreto de esta ética siempre acaba fuera del campo de visión. Lo es y punto; no discutas más.

La gran mayoría de webs poliamorosas de Europa, Estados Unidos, Canadá, etctienen un apartado específico aclarando que nosotrosno somos polígamos porque somos igualitarios. Eso quiere decir que tanto hombres como mujeres pueden ser poliamorosos. Bien. Lo que olvidan estas webs es la cuestión de la biopolítica que rige nuestras sexualidades y nuestros amores. Así, aunque los grupos poliamorosos digan que lo pueden hacerhombres y mujeres por igual, a la hora de la verdad la penalización de la sexualidad de las mujeres y de las identidades no binarias así como la exclusión de sexualidades disidentes hacen que sean los hombres cisgénero los mayores beneficiarios de esta nueva revolución de los de siempre en detrimento de la exclusión de las de siempre también. Y sabemos que la biopolítica existe, pero existe para los demás. Nosotros estamos tan seguros de nuestra superioridad post que creemos que leer a Foucault nos hace impermeables a la influencia de Shakira. Y no: la biopolítica, precisamente, va de Shakira, no de Foucault.

Ese discurso, por lo tanto, no es solo engañoso, sino que genera nuevas violencias hacia formas relacionales ya violentadas de por sí. “Nosotros, los foucaults, somos guays, y ellosson los chungos, los malos, los machistas. Así, la opinión pública general, incluso poliamorosa, ve completamente aceptable que las familias migrantes polígamas sean divididas en las fronteras, que solo a una esposa se le conceda el estatuto de esposa legítima, que el resto de vínculos de esa unidad no sean reconocidos por la legislación europea, y que esa familia quede dividida, hijos e hijas incluidas4. También aparece como aceptable que una parte de la familia obtenga permisos de residencia y otra quede indocumentada, porque nos consideramos con total legitimidad para decidir qué es amor y qué no, qué es una familia y qué no, qué es una relación ética y qué no, directamente y sobre el papel, sin acercarnos siquiera a esa relación.

Por si fuera poco, y a modo de pez que se muerde la cola, esta acusación indiscriminada contribuye también a lavarle la cara al poliamor normativo, que reafirma sus bondades estereotipadas frente a las maldades de una poligamia cliché y favorece las violencias en las relaciones poliamorosas, que aparecen siempre como incuestionables.

Mientras todo esto sucede, las personas poliamorosas paseamos por los platós de televisión con nuestras parejas múltiples explicando lo maravillosa que es la vida amorosa plural. Porque nosotras somos las que molan. Somos las guays.

Para que nuestros amores personales sean políticos, hay que hacer política de nuestra experiencia. Si algo puede aportar la vivencia poliamorosa al conjunto es precisamente cuestionar estas miradas moralizantes sobre las relaciones y construir una manera poliamorosa de estar en el mundo. Eso incluye, sin duda, acercarnos a las tradiciones que durante siglos han propuesto relaciones múltiples y aprender de sus estrategias, así como de las luchas de resistencia contra la poligamia obligatoria. El trabajo de las feministas islámicas contra los abusos del patriarcado musulmán en temas de poligamia es un trabajo cercano al de las feministas poliamorosas hartas del machismo no-monógamo. No podemos convertirnos en una nueva herramienta para la violencia. Y las fronteras, físicas y emocionales, son el lugar preciso al que tenemos que mirar para poner freno al neoliberalismo emocional y el etnocentrismo bélico.


2 http://laws-lois.justice.gc.ca/eng/AnnualStatutes/2015_29/page-1.html#h-5

3 Es extremadamente interesante comparar traducciones coránicas para ver hasta que punto pueden contener significados divergentes. En ese sentido, la web www.tanzil.net permite comparar ediciones en multitud de idiomas.

4 Imprescindible el trabajo sobre la cuestión de Pablo Pérez Navarro. 

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Print this page
Islamofobia poliamorosa: somos los que molan
0 votes, 0.00 avg. rating (0% score)

¿Quieres debatir en un espacio tranquilo, seguro y libre de (machi)trols? Vente al foro de debate de Pikara Magazine

Uso de cookies

Nosotras también hemos sucumbido a las cookies y eso que no son de chocolate. Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies