Feminismo campesino popular. Una propuesta de las campesinas de América Latina En red, Opinión

El feminismo campesino y popular ha sido desarrollado en la CLOC (Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas), el referente en América de La Vía Campesina (LVC), y la idea es incorporarlo progresivamente en su discurso. Puesto que es un feminismo que viene del campo, es campesino. Y es popular porque es de clase, viene de la clase trabajadora. Lo explico y contextualizo en este texto.

Iridiane Graciele Seibert*

Este texto fue publicado originalmente en el nº29 de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas, dedicado a los movimientos campesinos.

Asamblea de mujeres durante la VII Conferencia de La Vía Campesina. Fotos: LVC

Asamblea de mujeres durante la VII Conferencia de La Vía Campesina. Fotos: LVC

Me llamo Iridiane y soy campesina en el sur de Brasil. Con 14 años, en 2004, empecé a acompañar a mi madre en su militancia campesina y poco después, en 2006, me invitaron a asistir a un curso de agroecología en la primera universidad campesina en Venezuela. Fue para mí un momento muy importante, en el que coincidí con 180 compañeros y compañeras de 14 países latinoamericanos. A mi regreso a Brasil, me sumé al Movimiento de Mujeres Campesinas, que actualmente coordino.

Entre las diferentes regiones de LVC hay una diversidad muy grande, las realidades son muy diferentes y los niveles de comprensión muy diversos. En la reciente VII Conferencia Internacional de La Vía Campesina, a propuesta de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas (CLOC), se ha hablado del feminismo campesino y popular, del proceso que ha vivido en su gestación en América Latina, y de su dinámica. Entendemos que es un proceso en construcción y en movimiento. Para entenderlo, es importante repasar cómo se ha ido incorporando en LVC el género y el feminismo a lo largo de su trayectoria.

Las demandas de género

En 1994 tuvo lugar el I Congreso de la CLOC, en el que se percibió muy poca presencia de mujeres. Fueron ellas mismas quienes reconocieron la necesidad de ser parte del proceso de articulación, de la toma de decisiones. También se percibió la necesidad de contar con la mirada de las propias mujeres campesinas respecto a las temáticas que se abordaban, como el acceso a la tierra, semillas, reforma agraria, acceso a créditos, etc. De alguna manera, lo que sucede es una demanda de paridad y de enfoque de género.

Fruto de ello, en el II Congreso de la CLOC en 1997, las mujeres tuvieron un espacio propio, una asamblea de mujeres para discutir sus temas y reivindicaciones, que les permitió presentar sus decisiones al conjunto del movimiento campesino durante el congreso. En ese momento se propusieron como temas la paridad y la transversalidad del género en todo el movimiento.

Este debate permitió una construcción política de las propias mujeres, de liderazgo, de formación dentro de la CLOC. Se hicieron profundos debates y se tomaron decisiones desde su perspectiva. Son los inicios de un discurso que se convertirá más adelante en una propuesta estratégica.

En ese momento, sin embargo, muchas políticas de los gobiernos y de las ONGs llevaban incorporado el enfoque de género, o mejor dicho, un trabajo específico con mujeres pero diseñado sin las mujeres y con lineamientos propios del FMI o el Banco Mundial. Esa no era la perspectiva de las mujeres campesinas de la CLOC. Ellas entendían que se trataba de una lucha contra el capital y tenían claro que no podían colaborar con ONG que decían que trabajaban el género, que trabajaban con mujeres, pero impedían, por ejemplo, la ocupación de tierras.

Un feminismo propio

Por entonces, incluso en el ámbito académico, el tema del género también empieza a tener espacio. Se hace habitual el debate ‘de mujeres‘. se habla de lucha ‘de mujeres’, etc., pero lo que sucede es que el sujeto (las mujeres campesinas) quedan invisibilizadas; están al margen. Además, se habla de mujeres en su globalidad, sin una especificidad de la realidad propia de las mujeres campesinas. Es a partir de ahí cuando se empieza a ver la importancia del feminismo como estrategia de lucha de las mujeres campesinas.

Las campesinas se dan cuenta de que hay muchos feminismos, pero con otras perspectivas. El feminismo que más se oye o se ve es el feminismo liberal, de mujeres que salen a la calle a protestar en las ciudades, con el que las mujeres del campo no nos sentimos identificadas.

Como campesinas, se parte también de la condición de sentirse mujeres de la clase trabajadora del campo. Lo importante para nosotras, en nuestro día a día es no tener acceso a las tierras, que no haya escuelas, no tener transporte, no tener acceso a la salud. Y es a partir de esta realidad que se construye el feminismo campesino. Partimos de la realidad que vivimos las mujeres campesinas.

También hablamos de feminismo popular porque es un feminismo de construcción colectiva. No es una propuesta que llega de fuera, de alguna pensadora intelectual o de una corriente de pensamiento determinada. Es una construcción nuestra, desde las mujeres de base, desde abajo, señalando nuestras demandas y nuestras luchas de forma compartida.

En este proceso se avanza cuando todas estamos de acuerdo con la comprensión de la necesidad de un feminismo con identidad propia (la campesina) y de la construcción colectiva (popular). Y así es como se asume formalmente en la CLOC, en el año 2015, el sentido del feminismo campesino y popular.

Feminismo para transformar

Nosotras decimos que no puede existir feminismo si no se plantea para la transformación de la sociedad. Nuestro feminismo habla de una nueva relación de los seres humanos con la naturaleza, que valora la agricultura campesina y cuestiona el proceso de explotación de la tierra, el acaparamiento de tierras y del agua, el extractivismo, es decir, cuestiona la concepción de la naturaleza como un espacio muerto y sin vida. Hay que comprender el proceso de producción de alimentos como una relación más armónica y también como espacio de vida en el que construir valores. Se trata de rescatar y de crear nuevas formas de vivir que se han perdido con la entrada del capitalismo.

Respecto a la relación entre los hombres y las mujeres, debe terminar la jerarquía de poder en las familias campesinas, en los espacios organizativos y en los espacios comunitarios. Hay que romper la sociedad patriarcal donde el hombre se considera el jefe de la familia, el que toma las decisiones, el que define qué hacer y el que recibe y gestiona la compensación económica, cuando es toda la familia la que hace el trabajo productivo y las mujeres, además, también el trabajo reproductivo. Este trabajo reproductivo, de cuidado de niños y niñas, de ancianos y ancianas, de la alimentación, del mantenimiento de la casa…, tiene que ser compartido. No puede ser un trabajo exclusivo de las mujeres.

En el trabajo productivo, las mujeres somos consideradas ayudantes, secundarias, un apéndice. El trabajo que realizamos debe ser valorado no tan solo en lo productivo sino también en los saberes, que permiten cuidar y reproducir las semillas, por ejemplo, o conocer el uso de las hierbas y las plantas medicinales como formas alternativas de medicina integral, puestas a disposición del cuidado de la familia y de la comunidad. Es necesario valorar esto como parte importante del medio de vida e incluso como fuente de ingresos, pues dejar de comprar alimentos o medicamentos porque se producen en casa a veces supone más de lo que se consigue vendiendo. Por tanto, ese trabajo realizado por las mujeres también es un trabajo productivo, puesto que genera ganancias, genera riqueza. Estos cambios deben darse en el interior de los hogares, pero también hay que provocarlos en la comunidad.

El feminismo en LVC

En la VII Conferencia, hemos hablado de cómo esta estrategia política aporta a la construcción de la autonomía, de la emancipación, de la liberación de las mujeres. La hemos mostrado como una experiencia, sin la intención de que las mujeres de África, de Asia o de Europa salieran de la VII Conferencia diciendo que eran feministas campesinas y populares. Respetamos los tiempos y procesos de las compañeras de otros continentes y sabemos que no hay que forzar algo que puede ser un problema incluso dentro del movimiento. Hemos detectado mucho interés y ahora son las mismas compañeras de otras regiones las que deben construir este concepto dentro de su propia organización y dentro de su región. Es muy importante que sea un proceso que tenga los pies en el suelo, que se construya desde abajo.

*Coordinadora del Movimiento de Mujeres Campesinas de Brasil

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