Eres una y eres dos, eres tres y eres cincuenta Opinión, Voces

“Mi tía la Zimbra fue una mujer atrapada en unos genitales masculinos, atrapada en la exclusión rural ‘paleta’ denominada así frente al civismo de la ciudad.
Corrían los años 70 cuando decidió que no podía seguir así”.

Eres una y eres dos,
eres tres y eres cincuenta;
eres la Iglesia Mayor,
donde toíto el mundo entra,
toíto el mundo menos yo.
Canta por bamberas Pastora María Pavón Cruz, la ‘Niña de los Peines’

 

Manuel González Neff , pintor, artista carolinense, dejó inmortalizada a mi tía La Zimbra. Lo hizo por gusto, por pintar la diversidad de La Carolina (Jaén) .

Manuel González Neff, pintor, artista carolinense, dejó inmortalizada a mi tía La Zimbra. Lo hizo por gusto, por pintar la diversidad de La Carolina (Jaén) .

Ser, como dicen mis ‘admiradores’, una bruja comeplacentas, payofóbica y feminazi o, como afirmo yo, militante pro parto natural, lactivista, activista gitana y feminista tiene sus desventajas: la interseccionalidad de todo eso que soy hace imposible mi integración en la sociedad homogeneizada y homogeneizante, de ‘payos machos progres’ y mujeres blancas con camisetas de mango en las que reivindican su feminismo esponsorizado. No, ahí no quepo, ni siquiera quiero caber: no me da la gana de integrarme, que lo sepas.

En la realidad de mi vida existe DIVERSIDAD. Una diversidad normalizada, tan normal como la que veis ustedes, mujeres desprejuiciadas que leéis Pikara, en cualquier lugar. Una diversidad que no me causa sorpresa y que no veo como ‘extraordinaria’ porque no me resulta extraña. No me asombra ver gitanos gays, ni gitanas lesbianas, ni me asombra ver un gitano médico, ni de Japón. No me asombra ver una gitana militando en activo en el PP ni me asombra ver una europarlamentaria gitana por el partido sueco Iniciativa Feminista. Lo mejor de todo es que toda esta diversidad, diversidad sexual, de profesiones, de vocaciones, de orígenes, de pensamientos, de ideologías, de creencias ha existido desde siempre en mi vida y en la vida de las gitanas y de los gitanos que he conocido y de los que guardo memoria.

Mi tía la Zimbra fue una mujer atrapada en unos genitales masculinos, atrapada en la exclusión rural ‘paleta’ denominada así frente al civismo de la ciudad.
Corrían los años 70 cuando decidió que no podía seguir así, atrapada ahí, en ese cuerpo que tanto le dolía. Empujada, apoyada, empoderada por su familia gitana tradicional (sí, sí, por su ‘clan’) fue a luchar por su felicidad y por su liberación. Eso me contó mi abuela, su tía: “Silvia, que merezca la pena, lucha por estar bien y ser feliz. No hagas caso a nadie, a ti qué te importa lo que digan los demás”.

En estos valores me educaron, nos educaron. Así veo y vivo la tradición gitana: una alternativa al machismo, al patriarcado, una alternativa a la transfobia y a la homofobia. Una tradición basada en el respeto, la solidaridad, la biofilia (el amor a la vida: recordemos que incluso en las condiciones más lamentables y peligrosas como lo fue el Samudaripen, el holocausto gitano, nacieron niños, sí, sí, en Auschwitz, nacieron más de 200 niños y niñas de vientres gitanos) la no-violencia (jamás los gitanos hemos participado colectivamente en ninguna guerra más que como víctimas, sí, sí, jamás hemos montado ninguna guerra, insisto), una cultura que lucha por el bienestar global de la comunidad y no por el egoísmo de la individualidad.

Por supuesto que la obligatoriedad de la integración tiene su mella en esta cultura con base oriental (india) y es la de la moralidad impuesta por el catolicismo (antes, ahora y siempre) y por el evangelismo (más exacerbado en estos tiempos con el que se pretende en la comunidad gitana alienar y machacar la tradición de la solidaridad, el respeto y la moral gitana a golpe de asustar con el mismísimo infierno). Cosa que debe sonar a esta sociedad mayoritaria, de las que ninguna de nosotras formamos parte, ni ustedes, ni Pikara ni yo.

Mi tía la Zimbra, un referente de belleza femenina y de una prodigiosa voz que marcó una época de rumba en los 80 y se hizo famosísima con su disco ‘Vivan los gitanos guapos’.

La recuerdo por el mercado de La Carolina hace dos o tres años, comprándose una blusica, llamándome y preguntándome: “¿Prima, te has estrenao? Si es que el mercao está muerto ¡Con lo que tú vales, prima! Vuélvete a Madrid y ganas pa comer. Enga nena, te veo en el cultico esta tarde. A ver cuándo te vienes a la casa, te la enseño y tomamos café”.

Ese café que nunca nos tomamos.

 

La recuerdo en la puerta del culto, preguntándome si se le notaba mucho la rayita del ojo: es que estoy mu vieja, prima, me tengo que poner algo de maquillaje.

Lo mismo que un pajarillo que vuela y marcha,
seguro que cuando vuela no mira atrás
¡Déjame volar que yo ya he vivío!
Canta por Tangos ‘La Zimbra’

Este año, mi tía la Zimbra, cumpliría los 60 años. No pudo ser. Se murió hace un año por una enfermedad maliciosa. “Tenía eso, algo malo”, me dijeron. Murió como Antonio en un intento horroroso en su enferma desesperación por llevar su alma al mismísimo cielo a través de su paso por la Iglesia Evangélica de Filadelfia donde encontró lo que no necesitaba: la certeza de su pecado y de su salvación por el arrepentimiento. Se arrepintió de haber sido la Zimbra, esa mujer que, a ojos de Dios (como todos en la Iglesia le decían), le había hecho tanto daño.

No fue una historia bonita. No es fácil decir en tu entorno, seas quien seas y tengas la melanina que tengas o profeses la religión que sea, que eres lesbiana, gay o transexual. Así que… ¡¡Basta!! ¡Basta de preguntitas absurdas! Ya tuvimos bastante el día que Jesús Quintero hizo la entrevista a aquellas dos mujeres gitanas recién casadas: ¿Cómo se lo ha tomado tu Pueblo Gitano? ¿Has probado con un hombre? ¿Qué tal la noche de bodas?

¡¡Basta de hipocresía!! La vida de mi tía la Zimbra fue dura por la sociedad payificada y católicoacomplejada; fue dura por el antigitanismo y la transfobia que todavía nos inunda y nos atropella con autobuses naranjas y fue dura por el absurdo poder religioso de llevar almas al cielo mientras en la tierra pasamos las de Caín.

 

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Silvia Agüero Fernández

Gitana, mestiza, feminista. Trabajadora en mi hogar. En el gueto descubrí mi gitanidad, fuera de él he descubierto el acoso antigitano. A la playa voy con moño, marido y 4 chavorrillos (a los hospitales y supermercados también). Actualmente, colaboradora de Pikara con orgullo e ilusión. Gestiono, con mucho comadreo, La Revolución de las Rosas Romaní, en la lucha contra la violencia obstétrica y, con amor, el blog familiar: Pretendemos Gitanizar el Mundo https://gitanizate.wordpress.com/

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