Tramo de concentración de accidentes: libertad de expresión y espiritualidad En red, Entrevista

Hablamos con Elena Olartua, abogada, sobre las tensiones entre el derecho a la espiritualidad —no legislado en el Estado español— y el derecho a la libertad de expresión.

Elena Olartua durante la entrevista.- Ecuador Etxea

Elena Olartua durante la entrevista.- Ecuador Etxea

Son alrededor de las siete de la mañana. Un par de furgones de la policía autonómica vasca paran en frente de Hontzak, la txosna anarquista de la fiestas de Bilbo. Llegan para retirar ‘Carnicerías Vaticanas’, la decoración de este año, tras la denuncia realizada por el Obispado. Blasfemia, camaradas. En las imágenes que retiran, el cuerpo de Cristo aparece diseccionado en partes. Igual que un cerdo, por ejemplo. Cuentan en la Biblia que él mismo pronunció su cita más célebre: “Tomad y comed, este es mi cuerpo”. Días después, los movimientos sociales de Bilbo organizan una procesión para denunciar la censura y reivindicar el derecho a la libertad de expresión, pero ¿y el derecho a la espiritualidad?

Elena Olartua trabaja como abogada para Aldarte, un centro de asistencia para la diversidad sexual, y milita en Betania, un colectivo de personas cristianas LGTBQI de Bilbao. Habló con Pikara Magazine en una entrevista en directo durante las jornadas sobre diversidad religiosa y de géneroA los Diosxs rezando y el género cuestionandoque organizamos junto a Médicos del Mundo Euskadi- Munduko Medikuak Euskadi. Aún no se habían producido los hechos narrados al inicio, pero el choque entre ambos derechos se produce habitualmente.

En un momento de criminalización de la protesta como el que se está viviendo en el Estado español tratamos de acercarnos con ella a la espiritualidad desde un punto de vista jurídico y colectivo. Además, hablamos con ella de la importancia de cuestionar la insistencia de los movimientos sociales para que el Estado aplique medidas punitivas para condenar las actitudes y los discursos que se quieren combatir desde la izquierda. ¿Quién censura? ¿La puerta de qué infierno abrimos al tratar de dirimir qué opiniones pueden expresarse y cuáles no?

-¿Podemos hablar de derecho a la espiritualidad?

En la carrera nos tragamos tochos y tochos de teoría, pero no se habla del derecho a la espiritualidad como tal. Existen una serie de derechos: el derecho natural o el derecho constitucional en el que podría enmarcarse, eso sí. El concepto de espiritualidad ha evolucionado mucho en el transcurso de los años y ha ido adoptando connotaciones distintas. Habría que buscar un marco en el que intentar encajarlo.  El problema es que ,como la espiritualidad no está definida, abarca muchos tipos sentimientos, de maneras de vivir las cosas, de verlas, de trabajarlas, más allá de las religiones.

-¿No está regulado de ninguna manera?

En la Constitución no se regula específicamente. Podríamos encajarlo en en el artículo 15, que recoge el derecho a la vida, a la integridad física y a la moral, si entendemos la moral como un concepto más amplio espiritualidad. En el artículo 16 se dice que no hay una confesión estatal y renglón seguido se reconoce que se tendrán en cuentan las creencias religiosas, pero se presupone el catolicismo. Hay gente que tiene una espiritualidad que más allá de una determinada religión y el principio de igualdad tiene que cumplirse también en ese caso. No puede ser que quién no tiene una determinada confesión esté un peldaño por debajo de lo demás.

-¿Están más aceptadas socialmente las formas de espiritualidad que están vinculadas a una religión en particular?

Si alguien se define como espiritual, la siguiente pregunta es: ¿de qué religión? Hay que empezar a romper eso porque la definición de espiritualidad es muy amplia y no tiene que estar acompañada por ningún apellido: católica, cristiana, protestante, judía, ortodoxa. Todas las personas tienen una espiritualidad y luego cada cual ve cómo lo quiere definir.

-En caso de regularlo, ¿habría que tratarlo como un derecho individual o colectivo?

No creo que sea una cuestión de regular sino de cambiar o ampliar el marco normativo para que abarque todas las formas de  espiritualidad y romper con la idea de que la espiritualidad tiene que estar relacionada con las religiones. Me interesa más la espiritualidad desde un punto de vista colectivo. Parece que cuando hablamos de la espiritualidad hablamos del derecho a lo privado: a mis creencias, a mi religión si la tengo, a mí no religión si no la tengo.

Gloria Anzaldúa hablaba, por ejemplo, del activismo espiritual de la gente queer y de las personas LGTB, que tras vivir situaciones de adversidad y un trato injusto, encuentran en la espiritualidad una herramienta colectiva para luchar y contener esa adversidad. Ella reivindicaba la espiritualidad, el alma, los sentimientos… para lograr la transformación personal y colectiva. Una espiritualidad más… más política para una sociedad mejor, en la que la diversidad sea transversal, en la que todo el mundo quepa.

– Pero siendo algo tan abstracto y tan amplio, ¿cómo podemos lograr que el Estado garantice que tengamos un libre acceso a nuestra espiritualidad?,

Legislar es muy complicado porque cuando legislas algo y cuando se establece una normativa, lo primero que hay que definir es el objetivo. Es decir, ¿cuál va a ser el objeto de esta ley? En el Código Penal, los delitos, por ejemplo. Si hablamos de espiritualidad, en primer lugar tendríamos que ponernos de acuerdo con el concepto: ¿qué abarca la espiritualidad? Yo igual no iría tanto a definirlo porque creo que es imposible, pero sí tendríamos que incluir el concepto de espiritualidad en una normativa más amplia, incluirlo en el marco normativo para que todo el mundo vea contemplada la posibilidad de que su espiritualidad sea un valor constitucional. Es decir, la Constitución no legisla, no regula, lo que establece son principios rectores de la vida social, política, pública. Podría ser que en el artículo 15, que nombraba antes, se recogiese el derecho a la espiritualidad, por ejemplo o que en el 16 se sustituyese ‘religión’ por ‘espiritualidad’ para que no se presuponga la confesionalidad de las personas y para que se reconozca a quien no tiene ninguna confesión, pero sí vive su espiritualidad.

Tú te vas a un hospital y en un hospital, por lo menos, me viene a la cabeza Cruces y Santa Marina, tienen capilla. ¿Por qué? ¿Por qué no vas a tener en ese espacio público un espacio en el que tú puedas tener un momento de recogimiento tengas la espiritualidad que tengas? Igual habría que empezar también por abrir espacios más ecuménicos o más generalistas.

-Hablando de capillas, ¿cómo viviste como creyente la polémica de Somosaguas?

Aquel caso tuvo un planteamiento muy político porque acusaba la Fiscalía. Ahí chocaron dos derechos fundamentales: el derecho a la libertad religiosa o la expresión religiosa y el derecho a la libertad de expresión. Yo soy de un planteamiento mucho más líquido, mucho más flexible. A mí personalmente no me agrede, pero hay gente a la que sí. Puedo tener una opinión y decir que igual no es el mejor espacio para protestar, pero sí lo puedo entender como un espacio reivindicativo. Entiendo perfectamente los dos planteamientos. La petición de pena de prisión que se pedía me parece excesiva, vamos, no excesiva, me parece totalmente improcedente.

No es gratuito, baladí ni inocente cómo actuó entonces la Fiscalía. Hay determinadas acciones, actuaciones o expresiones que son perseguidas y otro montón que se dejan pasar. ¿Por qué? Porque se quiere mandar un mensaje muy concreto. ¿Qué es lo que se pretende acallar o enmudecer? ¿Qué es lo que se busca con esa homogeneidad? Acallar voces que puedan ser discordantes.

-¿Y las procesiones del Santísimo Coño?

Son cuestiones a flor de piel y por eso es tan complicado regularlo. No hay criterios unívocos, uniformes y grises. Igual no es el mejor día para hacerlo, no sé. Igual si quieres un espacio para la reivindicación que tenga carácter religioso para protestar contra la jerarquía católica puedes hacerlo en otro momento. No sé. ¿Tienes que interrumpir una misa, por ejemplo? ¿No podemos encontrar un punto intermedio sin perder ese espacio reivindicativo?

-¿Legislar para que no se hieran sensibilidades?

Claro, lo que pasa es que no sé si el marco normativo que hay ahora es suficiente. Soy de la idea de que socialmente no se puede regular y legislar todo. Después de muchos años estudiando Derecho a veces no entiendo tanto debate sobre leyes y normativas. No sé cuál es el objetivo que se quiere conseguir finalmente. Cuando tú regulas algo tiene unas consecuencias jurídicas que normalmente siempre son negativas, algo queda dentro y algo queda fuera. Siempre habrá alguien que considere que cuanta más norma y más regulación mejor porque también se transmite una idea de una seguridad, pero yo no sé si socialmente necesitamos tanta seguridad. Es más una cuestión sensibilización y de convivencia.

No tengo claro que la regulación sea el camino para conseguir que se erradiquen determinadas situaciones. Los delitos de odio, por ejemplo, van más allá de la norma. Los delitos de odio por orientación sexual e identidad de género ya están regulados en el Código Penal. ¿Necesitamos otro marco normativo que regule específicamente los delitos contra las personas LGBTI? ¿Por qué no nos vale con lo que hay? ¿No hay otras estrategias? Toda solución no viene por regularnos. Igual la cuestión es trabajar esa sensibilización, mediaciones, diálogo, espacios comunes en los que puedas conocer, romper los prejuicios, los estereotipos. Tenemos que ir más allá de la norma: buscar la puerta trasera. No sé, ¿si a una persona le imponen una pena consigues que cambie su mentalidad? Después de años de ejercicio, lo dudo, pero no digo tampoco que haya que dejar impunes determinados delitos. Es complicado.

 


Esta entrevista fue realizada ante el público que acudió a las jornadas sobre diversidad religiosa y de género ‘A los Diosxs rezando y el género cuestionando’ que organizó Pikara Magazine junto a Médicos del Mundo Euskadi- Munduko Medikuak Euskadi en mayo de 2017.

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Andrea Momoitio

Periodista. En la coordinación de Pikara Magazine. Adicta a los macarrones con tomate. Extímida, incombustible e indomable. Lesbiana y feminista, en ese orden. Contacto: andreamomoitio@pikaramagazine.com

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