‘Harlots’: las prostitutas mueven ficha Ficciones, Reseñas

La productora de series Hulu, que acaba de arrasar en los Emmy con ‘The Handmaid’s Tale’ (‘El cuento de la criada’), estrena este drama de guion valiente, bien documentado y un punto macarra

En esta serie hay tanto sororidad como traiciones entre mujeres.

En esta serie hay tanto sororidad como traiciones entre mujeres.

A lo largo de los ocho capítulos que conforman la primera temporada, Harlots narra la historia de Margaret Wells (Samantha Morton) y Lydia Quigley (Lesley Manville), dueñas de dos burdeles rivales que luchan por hacer prosperar sus negocios. El burdel de Quigley ofrece unos servicios y a unas chicas perfumadas y empolvadas que parecen ser la copia exacta la una de la otra. Por otro lado, el negocio de Wells se ubica en un barrio popular y la marca de la casa es que cada una de sus chicas mantiene y refuerza sus propias peculiaridades. Pese a que la trama gira en torno a esta disputa, también desarrolla las historias de la mayor de las hijas de Margaret, Charlotte (Jessica Brown Findlay), quien ha dejado el burdel y está cerrando un pacto con un hombre para que la mantenga como su amante; así como de su hermana menor, Lucy (Eloise Smith), que se dispone a vender su virginidad al mejor postor.

La serie cuenta tanto con un equipo de dirección exclusivamente femenino como con un guión escrito por mujeres. Mucho más cercana a Peaky Blinders que a Downtown Abbey, Harlots es una apuesta arriesgada y (no nos cabe duda) polémica que retrata la vida de las prostitutas del Londres de 1763. En plena época georgiana, la ciudad era un hervidero de turistas, soldados, comerciantes y jóvenes que acudían a buscar su fortuna. Esta afluencia de público masculino ayudó a que la ciudad se convirtiese en la capital sexual de Europa, con una de cada cinco mujeres dedicadas al trabajo sexual. Fiel a la época histórica que representa, la serie no escatima en detalles. Veremos, por ejemplo, cómo se usaban las tripas de oveja como preservativos reutilizables que se lavaban después de cada uso o el catálogo de Harris’s List of Covent Garden Ladies, un libro de bolsillo que a modo de Tripadvisor de la época, reseñaba a las cortesanas de manera periódica.

Sin duda, ser una prostituta no era lo ideal, pero al menos ofrecía cierta independencia económica en una sociedad donde las mujeres eran vistas como una propiedad: el traspaso se hacía del padre al marido reduciendo las posibilidades de alcanzar esta ansiada independencia a enviudar y heredar la fortuna de un esposo pudiente. La prostitución era la única actividad lucrativa que quedaba plenamente en mano de mujeres. Quizás incluso cabría hablar de pornocracia dado el influyente papel de las madams en la política, quienes se relacionaban con jueces o aristócratas y conseguían, a veces, ejercer su autoridad en asuntos de la vida pública saliendo así de la vida doméstica a la que se veían recluidas el resto de mujeres.

Sería complejo afirmar que Harlots se posiciona de manera clara sobre el trabajo sexual cuando a lo largo de esta primera temporada encontramos opresión pero también poder, ambición y supervivencia; mujeres que deciden mover las fichas dentro de un juego no elegido. A veces encontramos sexo que empodera y se disfruta pero también violaciones y muertes provocadas por la sífilis. Hay sororidad, hay traiciones entre mujeres, hay venganza, hay homosexualidad, hay cuerpos diversos, hay hombres que ejercen la prostitución (galanes). Hay tantos desnudos masculinos como femeninos en un trabajo que deja de lado lo sórdido de la violencia cotidiana sin por ello dulcificar las situaciones y manteniendo, en la medida de lo posible, un sentido del humor oscuro que nos recuerda a Orange is the new black. Harlots no moraliza ni victimiza ni a clientes ni a prostitutas sino que (con reminiscencias a Transparent en ese sentido) proyecta todo el prisma de la realidad.

Harlots es una serie a la que sacarle mucha punta, en la que las relaciones de poder entre oprimidas y de ellas hacia sus opresores no son tan claras como parecen al principio, con lo que el análisis y el debate se ponen interesantes.


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Raquel Silva León

Raquel Silva León (Sevilla, 1991) estudió Traducción e Interpretación de Inglés y Alemán. Actualmente trabaja como profesora de inglés en secundaria aunque esto es sólo una excusa para educar y aprender de sus alumnas y alumnos. Escribe poesía y ha publicado en varias antologías y revistas. Colabora con el proyecto Mujeres Reseñando, entre otros.

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