El caso de la Driver Participa

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LADES CONOCIDA

En paro y precariedad desde hacía unos años, Marisa Pons había sido despedida de una sucursal bancaria en quiebra. Harta de la crisis pero con necesidad de pasta, había aceptado el puesto de camionera en la empresa de exportaciones de su cuñada. No se amilanaba con facilidad. Era una tipa culta y con principios y su deseo irrefrenable de conocer otros mundos la hicieron ponerse rápidamente en carretera. Sus peques la necesitaban. Había un alquiler que pagar y cuadernos que comprar ese septiembre inmundo, ese mes del año sin piedad para las miserias familiares.

Comenzó cubriendo Barcelona-París… Oh là là!

Consideró agradable conducir hacia el país del amor y la égalité pero en La Junquera y en su primer viaje, se encontró con un percance nada alentador cuando paró a tomar un café en un área de servicio.

-¡Agggggggggggrrrrrrrrr! Se escuchaban los eructos atronadores procedentes del interior del establecimiento. Decenas de barrigas deformes, peludas y sudadas bajo las inmundas camisetas imperio, tronaban al ingerir grasientos huevos y torreznos a las 10 de la mañana. ¿Cómo era posible que tales estruendos se escucharan a la vez si los hombres no eran una sola masa? El olor era detestable y el ambiente…, más propio de una película de serie B americana basada en hechos reales, que de una road movy made in Catalunya.

Si bien se lo pensó…, tal estampa no la contuvo a entrar. Necesitaba un café e ir al baño pero

-¿Por qué????- Se preguntaron muchos y muchas –¡Ella! ¡Mujer ! ¡Ella fue la culpable de lo que le sucedió! ¡Nunca debió entrarrrr!! ¡Ser camionera la hizo culpable! ¿pero…, por qqqqqqué lo hizo? ¿por qué entró con camiseta de manga corta blanca? ¡Se le transparentaba el sostén, señora!!! Y ellos…, ¡son hombres y tienen necesidades!! ¡Debió pensarlo mejor!!! ¡Sacrilegiooooooooooo….!!

No podía creer las preguntas que los vecinos y trabajadores de la zona le hicieron cuando salió de aquel antro y mucho menos pudo entender a la policía cuando llegó a interrogarla.

***

Los hechos:

El caso es que cuando fue a pedirse su café y su bocadillo mañaneros, el mismo camarero la atendió de manera excesivamente libidinosa:

-Si quiere… le ayudo a montar un verdadero camión… señora, aquí el café nos gusta… cargado… señora.

-No gracias, muy amable, es más, si puede… póngamelo para llevar si us plau, –respondió Marisa tan educadamente como pudo e intentando salir del paso cuanto antes.

El caso es que no iba a ser tan fácil. Tres compañeros de gremio ya se habían levantado. Uno de ellos ya le había puesto una mano cochina en la teta y otros dos la acorralaron al grito de “¡Ven aquí, gatita de carretera!!!”, antes de que pudiera llegar a la puerta. Nadie iba a escuchar sus gritos y sus más de cuarenta sesiones de Kill Bill no iban a servirle de nada, pensó.

Sin embargo, la suerte estaba de su lado. Dos jóvenes con acento extranjero, posiblemente prostitutas del local, salieron en su defensa al oír tanto alboroto. –“¿Es que no vais a dejarrrnos dorrrmir sucias garrapatassss?”. “Dejjjad a la chica en paz o…”.

Y es que las tías tuvieron los ovarios de lanzarles una botella de whisky y varios platos a los cerdos agresores con tanta suerte, que al más goloso le cruzaron la cara en vertical y le dejaron guapo. ¡Tremendas!!

El espectáculo fue brutal. Las tres mujeres se colocaron a modo de escudo humano y trataron de defenderse del misógino personal a ritmo de vasos de cubata. Alguien llamó a la policía. Las tres mujeres fueron heridas con varios golpes en la cara y el estómago. Suerte que los servicios médicos llegaron a tiempo porque casi no lo cuentan.

El interrogatorio posterior y los testimonios… pueden imaginárselos. Marisa detenida por daños en el local y las dos compañeras de batalla detenidas a pesar de las súplicas de Marisa. También detuvieron a dos de los agresores, entre ellos… al dueño del hotel pero… ¿acaso se había hecho justicia?

***

Las horas que Marisa pasó en el cuartelillo de la comisaría de la frontera prefiere olvidarlas. Solo pensaba en matarlos a todos pero tenía dos hijos que la necesitaban y no tenía el poder de “Las Exterminadoras”. En ellas justamente pensó ante tanta locura. Se agarró a los barrotes de su celda y gritó en su interior:

-¡Exterminadorassssssssssssss! ¡Exterminadorassss!!.

Cuando fue al lavabo aquella tarde y se miró en el espejo no hubo lugar para fijarse en las ojeras. Un mensaje en el cristal rezaba:

¡RESISTE! YA LLEGAMOS.

***

“Las exterminadoras” habían pasado unos días en la Costa Brava. Cómo les gustaba la pinacha y el mar para bañarse en pelota picada y hacer calvos a lxs turistas. Con sus gambitas y su vino de la terra no podían estar mejor. Entrenaban a primera hora con Bazoca que las ponía en forma y después… tejían nuevas estrategias para exterminar ”machistas”, que desgraciadamente se contaban por millares. Suerte que habían ahorrado un poco y lady Gas se conocía varios lugares donde pernoctar al aire libre sin que las pillaran. Aun hacía buen tiempo. Ya verían en invierno.

Se estaban justo tomando un café cuando sintieron de nuevo la sensación de lo que habían decidido denominar “la llamada”. Los ojos se les pusieron en blanco y la piel helada y muy tensa. En ese estado de trance eran capaces de reproducir imágenes de hechos que se producían en otro lugar al mismo tiempo, visualizando así a las víctimas y a los agresores. Escucharon la voz al igual que la otra vez y juntas, con una extrema compenetración… llegaron volando a La Junquera.

-¡Menudo asco de sitio! –gritó Veneno.

-¡Nos va a entrar triquinosis pero yo me meo! –dijo gas–. Voy a entrar.

-¡Para! –dijo Calasnicov–. Entremos todas a la vez para ponerlos malos. No saben a quién van a enfrentarse.

-¡Mirad! ¡El dueño ha vuelto a la barra! ¿No estaba detenido? –Prosiguió Bazoca–. ¡Me huele que este sitio es una turbia tapadera de frontera!

-¡Joder!!!!! ¡Qué sitiazo!!

Palillos vio cómo los zocomen se sacaban sus “paluegos” de entre los dientes con sus armas favoritas y se los tragaban y Casquería se flipó con los restitos cárnicos cebasebosos. ¡Deliciosa visión!! ¡Argggggg!

Entraron con unos nuevos antifaces creados para la ocasión.

***

-¿Pero qué fiesta nos ha preparado esta semana la vida, muchachos?? ¡Fiu fiuuuuu gatitas!! ¿Quien se sube a mi patita???

Había cincuenta hombres en el local. Solo salió vivo el trabajador en periodo de prueba: Un adolescente asustado y posiblemente explotado, que aun podía ser reeducado.

Para el resto… ni un vaso de agua.

Veneno lanzó un grito estremecedor. Los carajilleros fueron cayendo uno a uno con su rabia. Palillos les sacó los ojos con las gildas de la barra y les metía las guindillas por el culo, Casquería le cortó los huevos a diestro y siniestro y los iba colgando con los salchichones del mostrador a modo de puesto de embutidos. A continuación…, Gas roció el ambiente de puro hedor facilitando que Bazoca pudiera reventar la gasolinera entera a modo de ¡Catástrofe Nacional!

Todo bicharraco que intentara aparcar en las cercanías y fuera reconocido por “las exterminadoras” como agresor de Marisa y las dos compañeras detenidas, fue ametrallado sin miramientos por Calasnicov.

El paso de frontera estuvo intransitado durante semanas.

El joven trabajador de prueba salió con olor a pedo y los pantalones cagados. Desapareció.

El acto, reivindicado por “Las Exterminadoras” en un círculo de fuego que podía verse por vía satélite, se hizo viral en minutos.

Problema: el gobierno puso el asunto en manos del ejército.

Consecuencia: cientos de miles de manifestantes salieron a las calles al grito de “¡Todas somos Exterminadoras!”

***

Sinjuicio llegó días después al lugar de los hechos y pudo hablar con Marisa ya en su casa. La víctima, que por supuesto había logrado llevar su carga a París a pesar de las circunstancias y convertirse en la driver más famosa de la frontera, no podía expresarse con facilidad. Le brillaban los ojos al mencionar a sus nuevas heroínas.

Intentó explicarle a Sinjuicio, no sin pensar que había perdido totalmente la razón, el temita del mensaje en el espejo del baño.

Sinjuicio la creyó y la calmó.

La conexión con las víctimas se repetía y de nuevo se le habían escapado a Sinjuicio “las exterminadoras”.

¿Qué había en su llamada que no lograba conectar con ellas?

Debía encontrarlas antes que la autoridad.

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El caso de la Driver
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