“Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros” El feminismo ante el reto de la discrepancia Participa

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Marcos Ventura Armas*

Ilustración Nuria Frago.

Ilustración Nuria Frago.

El pasado 18 de julio mi compañero de luchas, el doctor Ramón Martínez, publicaba un artículo sobre la gestación subrogada (“¡Cuidado, Gaychirulo!” El ‘movimiento LGTB’ ante el reto feminista) al que desde estas líneas pretendo responder, por considerar que trata de imponer una única visión del feminismo que hace flaco favor al objetivo común (casualidades de la vida, justo el día en el que recordábamos el fatídico Alzamiento del Bando Nacional).

Ignacio Paredero, un referente nacional del activismo LGTB, actualmente en Podemos y azote del neoliberalismo, contra el cual versan la mayor parte de sus declaraciones, demostró en su artículo “Gestación Subrogada: un modelo español” que era perfectamente posible establecer un modelo de gestación subrogada garantista, que respetase escrupulosamente los derechos de las mujeres gestantes (aunque soy consciente de que existen las personas trans y la gestación no es monopolio exclusivo de las mujeres, dado que la polémica se ha centrado en ellas, me mantendré en estos términos). Tomando como referencia la Organización Nacional de Trasplantes, propone un modelo gestionado desde lo público, donde el mercado no tiene cabida, y absolutamente altruista. Si se puede organizar un modelo público, altruista y garantista, que evite con certeza la mercantilización del cuerpo de las mujeres, y de hecho se puede, pues en España no existe un mercado de órganos ni nadie pide la prohibición de la donación de órganos para evitar la mercantilización del cuerpo, ¿quiénes somos nosotras para prohibir a las mujeres gestar libremente para otras personas si así lo desean?

Aquí surge uno de los, para mí, más peligrosos argumentos contra la gestación subrogada, el llamado “mito de la libre elección”, según el cual en una sociedad heteropatriarcal y neoliberal las mujeres no tienen capacidad de decidir libremente, sino que se ven forzadas a tomar decisiones por los condicionantes externos. Este argumento, en su versión de que serán las mujeres pobres las que gesten para las ricas por necesidad económica, queda refutado una vez aclarado que se defiende un modelo altruista controlado desde el sector público, que impida cualquier intervención del mercado, como ya se hace en la donación de órganos. Pero el peligro de este argumento radica en que ya se ha usado antes, y no siempre desde posturas feministas. Durante el debate constituyente de la II República, fue el mito de la libre elección el que llevó a muchos diputados (y también diputadas) a oponerse al voto de la mujer, que según ellos, en una sociedad machista en la que la inmensa mayoría de las mujeres eran analfabetas, no votarían en libertad, sino que votarían lo que sus maridos o los curas de los pueblos les dijeran que votaran. También es el argumento que usó Gallardón cuando dijo que, mientras una sola mujer en España se viera obligada a abortar (idea que no es descabellada, pues en una sociedad heteropatriarcal y neoliberal no es descartable que las mujeres aborten por la presión de sus parejas o para no perder su puesto de trabajo) él prohibiría el aborto. El mito de la libre elección como argumento para prohibir, en mi opinión personal, no solo es paternalista, sino que es contrario al empoderamiento de la mujer, pues en palabras de Clara Campoamor, la libertad se aprende ejerciéndola.

Otro argumento muy discutible es aquel que dice que no existe un derecho a tener hijos. Primero, porque la Declaración Universal de los Derechos Humanos recoge el derecho a fundar una familia. Segundo, porque más allá de los derechos humanos, los derechos se reconocen a través de las leyes: no había un derecho al aborto hasta que la ley lo instituyó. Y tercero, porque la negación del derecho a tener hijos puede llevarnos a contradicciones. Sin ese derecho no se entiende justificado que se paguen tratamientos de reproducción asistida con dinero público, y en una reducción al absurdo (a las que parece que se presta demasiado este debate) alguien podría llegar a plantear que, si no existe el derecho a tener hijos, las esterilizaciones masivas no son ilegítimas.

Pero el gran problema de este argumento es que descentra el foco. Al igual que el fundamento de la adopción no es el derecho a tener hijos, sino la protección de los derechos del menor, el fundamento de la gestación subrogada no es el derecho a tener hijos, sino la protección de la autonomía y autodeterminación del cuerpo de la mujer, proteger su derecho a gestar altruistamente para otras personas si así lo desea. Porque sí, aunque haya muchas a las que les resulte inconcebible, hay personas que actúan exclusivamente por altruismo, y hay mujeres dentro y fuera de España que gestarían para otras personas. Una izquierda que no entiende que el altruismo pueda ser una motivación suficiente es, y lo creo de verdad, una izquierda que tiene un grave problema. E incluso aunque no hubiera mujeres que lo hicieran altruistamente… ¿Acaso los derechos han de ser prohibidos si no se ejercen? Si tuviéramos 2 años consecutivos en los que, por el motivo que fuese, ninguna mujer abortara en España, ¿prohibiríamos el aborto?

Pasaré solo por encima del argumento del homopatriarcado. Parte de la base de que no es posible defender simultáneamente la gestación subrogada y los derechos de las mujeres, algo con lo que muchas discrepamos. Pero sí coincidimos con el doctor Martínez en que es un debate LGTB porque es un debate feminista, y el movimiento LGTB no puede dejar de defender los postulados feministas. Y por eso más de 25 entidades LGTB de todo el país, entre las que se encuentran algunas de las más destacadas del panorama activista, han creado la Plataforma Estatal LGTB por la Regulación de la Gestación Subrogada. Insinuar que el objetivo de estos colectivos, y de todas las que queremos una gestación subrogada altruista, es reforzar el homopatriarcado para utilizar en nuestro beneficio el cuerpo de las mujeres, me parece una insinuación muy desafortunada.

Con este artículo no trato de defender la gestación subrogada, sino demostrar que se puede argumentar desde posiciones feministas la defensa de la misma, pues la auténtica pretensión de este artículo es hacer un llamamiento al debate sereno y respetuoso entre todas las feministas. Porque todas buscamos lo mejor para las mujeres, aunque lo hagamos desde distintos enfoques. En su artículo, el doctor Martínez se hace eco de una concepción que ha cobrado fuerza en las últimas semanas en cierto sector del feminismo (entre las que he de citar, por ser un referente feminista de ayer y de hoy, a Beatriz Gimeno) que han decidido decir la última palabra y negarnos la posibilidad de mantener un debate fraternal entre iguales. Que han decidido que ahora estamos en una guerra entre enemigos, y que a partir de este momento ya no cabe buscar puntos de encuentro, sino que toda opinión que no sea su opinión (la prohibición total de cualquier tipo de gestación por sustitución) es machista y no merece ser considerada.

Desde mi punto de vista, en una sociedad que todos los estudios parecen demostrar que está mayoritariamente a favor de la gestación subrogada, con esta actitud lo único que conseguimos es debilitar los posicionamientos feministas, generando desunión entre nosotras, y abrir la puerta a los postulados neoliberales más peligrosos. Creo firmemente que la mejor forma de defender los derechos de las mujeres no es prohibir la gestación subrogada, sino regularla con las máximas garantías, y creo además que es una postura feminista, que huye de paternalismos y parte del principio de autonomía de las mujeres respecto a su propio cuerpo, también, por qué no, para decidir para quién quieren gestar. Pido humildemente a quienes tienen un papel mucho más relevante en este debate que yo, que rehúyan la actitud de tratar de imponer una única visión del feminismo y busquen alcanzar los consensos necesarios para garantizar la máxima igualdad y libertad de todas, sin despreciar a quienes, persiguiendo los mismos objetivos, pensamos que el camino es diferente. Porque yo no soy un “Gaychirulo”, y simplemente exijo respeto, especialmente de quienes considero “las mías”, mis compañeras en la lucha feminista.
*Marcos Ventura Armas es Licenciado en Derecho y activista LGTB.

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